jueves, 23 de diciembre de 2010

La Literatura de la vida.

Es para mí un agrado poder dirigirme a ustedes. Lo siento al empuñar cada deseo mío plasmado en estas palabras versadas aquí.

Como dije en una clase, dictada una mañana de noviembre de este año a jóvenes que me miraban entusiasmados: “Una persona no busca a la literatura; sin embargo es ella, la que busca a la persona, se revela a esta persona, tomando como excusa una acción violenta y caótica de su vida; entra por sus venas, revuelve telúricamente su pensar reestructurando y consolidando su fe, y lo lleva a sujetar con firmeza los instrumentos sagrados del oficio más fabulador y fantástico, pero también más comprensivo, servicial y sensible que existe: Un lápiz y un papel.

He finalizado un año más fuera de casa. Han pasado ya cuatro años desde que mis sueños de joven adolescente me empujaron a buscar mi propio derrotero vital. Comprendí que si había de tomar un camino, éste debería ser fuera del lugar donde nací. Así lo entendió mi ilusionada convicción que me ha conducido todo este tiempo en el que he vagabundeado errante fuera de mi terruño natal. Cuatro años que me han llevado a replantear muchas cosas en mi vida. Cuatro años de reflexionar, aunque los últimos meses de este año debo confesar que fueron totalmente exhaustos. Cuatro años de vacía soledad, pero también de inequívocos aprendizajes. Cuatro años de hacer muy buenos amigos, “conocidos” primero, pero que gracias a su paciencia, su tolerancia y su comprensión me permiten hoy llamarlos: Mis amigos.

Hoy terminó todo, todo lo que un escolar de primaria diría: -Mi aprendizaje inicial-. Coincidentemente también terminó mi labor anual de docente. Atrás han quedado muy satisfactorias experiencias.

Como ya lo expresé una vez este año, y lo terminé describiendo en mi autobiografía, al referirme que seguía atravesando una crisis existencial por encontrar mi camino real. Puedo afirmar que lo he encontrado, y sé que el mío es la escritura. Una escritura consciente y reflexiva; abierta, y a la vez cuidadosa; libre, pero a la vez cautelosa. Sobre todo viva; pues aún hay mucho por hacer, por escribir, por aprender y sobre todo por vivir.

La vida por azar del destino me llevó este año a conocer a nuevas personas a las que como ya he dicho sino hubiera sido por ellas hoy no los contaría dentro del vasto horizonte amical que me rodea. Como se lo escribí a una de mis estudiantes en un libro mío esta semana, y lo ratifiqué más tarde en un discurso que terminé elaborando: “La amistad nunca se busca; sólo aparece, siempre está allí esperándonos y cuando llega hay que cultivarla y hacer lo mejor por estas personas que ahora pasan a convertirse en amigos, sean pequeños o grandes, estén cercanos o distantes”. Eso lo aprendí de mi padre y aún lo recuerdo.

Este año ha sido también la consolidación de muchas ideas que venían flotando en una nebulosa, pero que terminó disipándose para permitirme ver con los ojos de la subjetividad y emocionalidad las cosas. He aprendido a amar más a mis libros, me he sentido encaminado gracias a ellos. Leer a Camus, Wilde, Exupery, Whitman, Shaw, Russell, Sartre, Stevenson, Paz, Gelman, Aleixandre, Lorca, Alberti, Cernuda, Hernández, Vallejo y Mariátegui ha sido una gratificante experiencia, ya que sus narraciones y poemas han contribuido a calar en mí: Mi ideología, mi convicción, mi verdad y mi vida intelectual.

Sin duda que el mayor logro para nuestra Literatura Peruana este año ha sido el aporte sustancial de Mario Vargas Llosa, quien un jueves 7 de octubre despertó a todo un país, que se mantuvo en los ojos del mundo durante casi dos meses. Sin duda un trabajo que terminó consolidándose el 10 de diciembre al recibirlo de manos del Rey de Suecia, me refiero al Premio Nobel de Literatura. Sin duda a pesar de las críticas y opiniones encontradas por varios sectores, ha hecho del Perú, un país sumamente grande y respetado otra vez, al menos como ya lo expresé en una nota pasada que escribí: “Ha abierto el camino de un incansable amor por la literatura”, al menos para las futuras generaciones entusiasmadas de esta fantástica pasión de la escritura.

Este año he cerrado magníficamente un ciclo pendiente que tuve, al menos profesionalmente y de la mejor manera como siempre lo ambicioné al llegar a Lima. El dictado de una asignatura que desde que me la asignaron supe que implicaría: El contar historias, el crear junto a un bello puñado de jóvenes redacciones de pensamiento, el establecer diálogos y escucharlos, el contarles alguna anécdota biográfica de algún escritor que inspire más su amor por la literatura, el permitirles ojear libros y el escuchar de sus voces como ésta cautiva tanto a varios adolescentes, aunque a algunos de mi generación no comprendan, igual los entiendo; no se les puede pedir más cuando el medio en el que vivimos, se torna cada día más consumista, superficial y menos moral al punto de terminar imbuyendo también en sus concepciones de ver el mundo.

El curso de literatura o como la he llamado entre mis amigos: La cátedra de Literatura, si es que se puede llamar así, con respeto de muchos catedráticos que a quienes estimo, a la noble asignatura que se dicta en un colegio. Esta experiencia me permitió profundizar más y aclarar muchas lagunas, temores y dudas que tenía en cuanto a qué tan importante era ésta para mi vida.

La vida me ha permitido conocer a muchos estudiantes este año, más de lo que pensé cada uno con sus respectivas individualidades y reencontrarme con otros; desde bulliciosos jóvenes que debatían entre ellos por resaltar su criterio, en cuanto al juzgar la acción de tal o cual personaje, hasta señoritas afectuosas y alegres deseosas de escuchar una nueva historia o un nuevo poema cada clase. Ellos me ayudaron a ver y comprender la esencia de mi trabajo, el de profesor y escritor; porque mi trabajo ante todo ha sido constantemente escribir y describir las inquietudes ajenas.

Ha sido para mí un gusto recoger estas innumerables inquietudes y muestras de estima. No niego que me llegó a faltar un poco de paciencia a veces, pero siempre encontré frente a ello, -y siempre lo hay- una sonrisa o un gesto amable de gratitud que hizo mi trabajo más grato. Me sentí conmovido con las palabras que un buen alumno redactó en una carta a uno de los personajes de “El túnel”. Me conmovió el cariño que le tomó una alumna a unos libros de poesía española que terminé prestando, o tal vez a otros estudiantes que les fascinaba las historias contadas en clase como las inolvidables “El viejo y el Mar”, “Enma Zunz”, “Marianela”, “Una rosa para Emily”, “Don Juan Tenorio”, “Los cachorros” y tantas historias que tal vez extenderían esta crónica.

Quilca, y sus libreros a quienes debo en gran parte mi pequeña biblioteca que pude armar en Lima. Un amigo y hermano muy apreciado que de no ser por él no hubiera comprendido la magnitud de mis acciones, recalcándome a cada instante: “Tenemos que seguir apostando por los jóvenes”. Gracias hermano y amigo. Los colegas, de quienes he aprendido y que me han rodeado este año donde he trabajado; así como a los nuevos amigos que hice en la nueva ruta que decidí iniciar: Los amigos del Colegio de Periodistas de Lima; y los amigos y maestros de la Escuela de Letras de San Marcos.

Sin duda que seguiría hablando en la mente agradecido de todo ello, pero siento que me extendería más de lo que debo y lo que debe significar esta crónica. Gracias a todos ustedes por hacer de este año: El año de las satisfacciones. Agradezco a todos de manera muy amplia.

Sólo me queda por reafirmar que: “El éxito llega cuando menos lo esperamos y creo firmemente que es fruto de nuestra constancia y perseverancia en sobremanera. Así como cabe necesario siempre ponernos a realizar un balance sobre lo que ya pasó y sobre lo que vendrá más adelante. El reflexionar es importante.”


Entrañablemente para todos de manera abierta y sin medida un afectuoso saludo desde donde me encuentre, sea cercano o lejano a cada uno de ustedes. Sendas reflexiones por el año que se va y venturosas satisfacciones por el año que viene. Éxitos.

Fraternalmente desde la Civdad de Los Reyes del Perv.

Víctor Abraham

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sobre las memorias de una morada

La ribera y el mar

Buenos Aires, ribera pequeña, polvorienta y de muchos carros varados; cuya gente, convive a diario con un mar olvidado que lleva el mismo nombre, y en cuyas arenas cada verano llegan niños y juegan a ras del horizonte azul marino pleno, mientras sus padres, ya entrada la tarde, entre redes y faenas de pesca miran con ilusiones la despedida solar esperando llegue un día distinto, día que por cierto nunca llega.
***
Allá desde las orillas del Buenos Aires, que encierra una ribera no tan famosa al comparecer frente a otras. Asentóse un hombre, quien a su vez asentó una casa de adobe comprada a medias, váyase a saber con quién. Se casó con una mujer muy humilde y muy bella y tuvo tres hijos con ella. La mujer que hizo de su familia de amor un seno cálido era la madre de tres hijos. Tres Hijos que una vez habitaron una casa grande y a la vez pequeña, pintada a veces verde, pintada a veces amarilla.

Esta casa donde habitaron alguna vez cinco seres era la casa de papá y mamá.

La casa
Por allí, transitando mi preocupada madre cocinando por la cocina porque ya son las doce y aún no está la comida. Por allí, paseando sus esperanzas mirando el reloj, que hace tic tac de rato en rato, con su mirada tierna que me parece aún sentirla, que me parece aun verla.
***

Al caer la noche en la mesa del rincón amarillo se ha sentado solo mi padre y tras meditar por un momento ha escrito la poesía más pura de niño con sus setenta y cinco años vividos que hasta me parece aún verlo todo sumiso, pero a la vez recto; de carácter híbrido, con los ojos cautivadores, la nariz aguileña y los mostachos tupidos.

Los animalitos
“Con los animalitos de cabeza rota…”
Federico GARCÍA LORCA. “Poeta en Nueva York”

En el corral muchos diálogos se escuchan; los cuyes del corralito
-¡cuí! ¡cuí! ¡cuí! - , han dicho contritos;
la pavita blanca glugluteando
¡huir! ¡huir! ¡huir! ¡huir! ¡huir!
¡huir! ¡huir! ¡huir! ¡huir! ¡huir! ,
también ha dicho; los patos de la patera enllantada graznando ¡cua!¡cua!, también han dicho. El reverendo gallo con su arrogante y majestuoso canto también con su ¡cocoroco!, presente ha dicho; mi gallina fina, la esposa del reverendo gallo, esa que escarba toda la tierra y la cama de los inocentones y miedosos cuyes que sólo a esconderse atinan, revolviendo en su inocencia, cacareando también ha dicho; y a coro todos los bellos animales del corral, finalmente han coreado ¡Estamos aquí, no te hemos olvidado! Que bello concierto animal, el que se oye siempre acá en la casa de papá y mamá.

El jardín
...
Entonces a mamá la veo paseando por el jardín cultivado con aromáticas hortalizas de vez en cuando, las milagrosas sábilas reverdecen y las tunas al peso de sus jugosos frutos acaecen. Yo moviendo la tierra con mi barreta y mi padre puesta su gorrita también el jardín riega, me ayuda a sacar la maleza y al final con su bondad me contempla.

Mis hermanas corren toda la vuelta y yo miro en el corral. ¡Qué gran fiesta! Mi madre me incita a avanzar porque la noche llega y por el otro lado mi padre exhausto sólo me alienta.

Mis hermanas me vuelven a mirar y dicen: ¡Ay mamá, mañana será!, pero mi madre sigue clavada su cabecita sufriente a la tierra.

Las flores reverberan, la planta de México y los cartuchos se alegran porque están en la casa de papa y mamá.

Lo vivido

La casa de papá y mamá por donde tantas veces anduvimos, donde se ha guardado lo que ayer vivimos; donde se encuentra todo, todo lo que puede hoy ser y ayer no pudo haber sido; consejos de papá, caricias de mamá, risas, correrías y llantos de dos hermanitas.

El pequeño niño que fue, ya no está; como los recuerdos que impregnados todavía quedan en la antaña muralla de la casa de papá y mamá.

Las anchas calles
Uno que otro carro varado va quedando. Dos o tres pequeños muchachos que al frente todos los días limpian carros con sus grasosos y oscuros trapos y sus cabellitos negros todos desgreñados, así van dibujando mi hasta hace poco pasado; por ellos, es que también escribo porque también sueñan como niños, porque mi padre también tuvo los sueños de un niño ...
(...)

Los niños, el mar y la iglesia

Junto a la casa de papá y mamá siempre tuvimos como vecino al mar, fueron tantos murmullos que escuché de sus olas que me parece aún oírlos, oír su canto que aún quiere alegrar el alma de algún bonaerense niño, una niña sonriente e ingenua hace pocitos de estanque en la arena, mientras las más pequeña de lejitos sólo mira al mar.

El tañer unísono de campanas de la pequeña iglesia de la Santa Rosita calle llama al niño que asido de la mano de mamá de su Creador cada domingo se acuerda, papá con las dos pequeñas en la banca de a cinco están.

¡Qué bello es tener una familia! con quien jugar, con quien soñar, a quien valorar, saborear las nostalgias vividas cuando una vez más llegue hacia aquella casa pintada a veces verde, a veces amarilla, cada vez más grande, cada vez mas vacía, la casa de papá y mamá.

De: La casa de papá y mamá. Lima 2010
Víctor Abraham les saluda

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sobre la entrega del Premio Nobel de Literatura 2010. Vargas Llosa ha abierto el camino de un incansable amor por la literatura

Este 10 de diciembre, en una ceremonia celebrada en el Kontserthuset (Casa de Conciertos) de Estocolmo a partir de las 5:30 de la tarde, el escritor peruano Mario Vargas Llosa recibió de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia la medalla de oro, el diploma y los diez millones de coronas suecas de que está dotado el Premio Nobel de Literatura.

En un recinto adornado con flores rojas, procedentes de la provincia italiana de San Remo, lugar donde hace 114 años falleció Alfred Nobel, se congregaron los miembros de la Academia Sueca, así como destacadas personalidades, representantes de los gobiernos de Perú y España —país cuya nacionalidad adoptó Vargas Llosa— y parientes y amigos del escritor.

Entre los presentes estuvieron los ministros de Cultura de España y Perú, Ángeles González Sinde y Juan Ossio, respectivamente; el vicedirector de la Real Academia Española (RAE), José Antonio Pascual, y la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, entre otras personalidades.

Al inicio de la ceremonia de premiación, Marcus Storch, presidente de la Fundación Nobel, dio un discurso donde recordó el aporte de los ganadores de los años pasados en las distintas disciplinas. “Los premios en ciencias son un premio a la investigación del propio Alfred Nobel”, sostuvo.

El escritor Per Wästberg, miembro de la Academia Sueca y del Comité del Nobel, fue el encargado de presentar al ganador ante la familia real y los 1.400 invitados a la ceremonia con un breve discurso en el que destacó el papel de la literatura como “baluarte contra el prejuicio, el racismo y el nacionalismo intolerante, ya que en toda la gran literatura, los hombres y mujeres de todo el mundo son iguales. Es más difícil acabar con un pueblo que lee mucho”.

“¡Estimado Mario Vargas Llosa!”, dijo Wästberg, quien finalizó su discurso con un párrafo en español. “Usted ha encapsulado la historia de la sociedad del siglo veinte en una burbuja de imaginación. Ésta se ha mantenido flotando en el aire durante cincuenta años y todavía reluce. La Academia Sueca le felicita. ¡Acérquese y reciba el Premio Nobel de Literatura de este año de la mano de su Majestad el Rey!”.

En la ceremonia estuvo ausente, por problemas de salud, el ganador del Premio Nobel de Medicina, el británico de 85 años Robert Edwards. “Estamos complacidos de que la señora Ruth Edwards esté con nosotros hoy”, dijo Storch.

Los demás premiados son el holandés Andre Geim y el ruso-británico Konstantin Novoselov, en física; el estadounidense Richard F. Heck y los japoneses Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki, en química, y los estadounidenses Peter A. Diamond y Dale T. Mortensen y el británico Christopher A. Pissarides, en economía.

En un discurso previo, la Academia rindió un breve homenaje al ganador del Premio Nobel de la Paz, el escritor chino Liu Xiaobo. “Más temprano en Oslo, el premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, quien no pudo estar presente, fue premiado por su larga y no violenta lucha a favor de los derechos humanos fundamentales en China”, destacó.

Tanto la ministra española de Cultura, Ángeles González Sinde, como el traductor de las obras de Vargas Llosa al sueco, Peter Landelius, destacaron el hecho de que en la ceremonia del Premio Nobel se hablara en español. “Qué hermoso, en la ceremonia se ha hablado español”, dijo González Sinde, mientras que Landelius exclamó: “¡Fantástico. Vargas Llosa ha hecho que en la ceremonia se hable español!”.

Desde que el mexicano Octavio Paz recibiera el premio en 1990, un año después que el español Camilo José Cela, el Nobel de Literatura no recaía en un representante de las letras hispanas, que han sido premiadas once veces por la Academia Sueca, incluyendo el premio a Vargas Llosa.

Tomado de: http://www.letralia.com/243/1210nobel.htm




Víctor Abraham les saluda