miércoles, 30 de noviembre de 2011

Autoconfesión


Me defino como un hombre de ideas y de acciones. Mi compromiso es con toda sociedad abierta al progreso humano y con sus hombres y mujeres que la habitan, pero en sobremanera con sus adolescentes, sus niños y sus jóvenes. Mi patria es el Perú. Mi fuente de inspiración, mis estudiantes. Mi talento, escribir lo que pienso. Mi profesión, la escritura. Mi búsqueda, la libertad.
Hago y deshago maletas cuando tengo que partir en busca de nuevos aprendizajes. Mi ciclo de formación aún es incipiente, sin embargo mis deseos, mayores. Me proyecto al tiempo y al espacio, no como simple especulador, sino como su mayor actor. Un hombre de mundo.
Me entristece la indiferencia que socava los corazones humildes. Me regocija una sonrisa y si viene de algún menor, aún mi alegría es mayor.
Soy escritor, y también maestro. Vivo de mis estudiantes como trato que ellos vivan de sus propias experiencias. Soy un arquitecto, un guía, un hombre.
Me reconforto en la música y creo que debo tanto a mi soledad como a mis temores el hecho de haberme formado la terca creencia que de ella tengo, acerca de que si el hombre en su mayor esencia es bueno. Pienso, que todo hombre y mujer son buenos.
Pienso, que la música constituye la más sensual de las artes, porque es el lenguaje de lo inconsciente y escapa al dominio de la razón. Obra sobre nuestras emociones. La música es encantadora, porque derrama y disuelve en la magia de los sonidos las impresiones agradables y los sentimientos penosos. Es el instrumento de la liberación humana, de la liberación interior.
Un libro también es bueno, es una herramienta necesaria para combatir a esta caótica ignorancia que cada día acecha más al hombre, sin respetar ningún estrato ni condición, ni cercanía ni distancia.

Desde Lima, ciudad capital del Perú
Víctor Abraham.

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