viernes, 16 de diciembre de 2011

SÓLO ESCRIBO de SUEÑOS DE LA REALIDAD. Lima.Perú. 2012

SÓLO ESCRIBO
I

Sólo escribo para acompañar la voz del apagado hombre.
Sólo escribo para responderle a la injuria injusta y
para comprender a aquellos albaceas de sus propias penas.

Sólo escribo para que usted, joven de prometedor futuro,
conozca mis palabras.
Sólo escribo para que cuando el anciano me lea,
sonría diciendo emocionado, "¡éste es!"

Sólo escribo para usted señorita y para usted señora.
Sólo escribo para una mujer
que representa a la totalidad del género femenino.
Sólo escribo para un hombre que es un padre asalariado.
Escribo en memoria de un hombre
que durmió piadosamente una tarde de diciembre.

Sólo escribo para limpiar los actos de alguno u otro
que sin darse cuenta, tiró la piedra y escondió la mano.

Para el que con su encono profundo miró,
y el ojo mirado al otro lado lloró despavorido.

Escribo para una madre de familia
que a diario tiene que reunir moneda a moneda
y luego salir al mercado para conseguir su diario alimento.

Escríbole a los huérfanos de unos padres pobres
que duermen eternamente en algún cementerio olvidado.

II

Escríbole a aquéllos que en noches de navidad
apenas consiguieron un té abrigado y un pedazo de pan reseco
con el cual sus tres hijos untaron desesperados
la fría mantequilla, y
sin embargo esto no fue un impedimento
para compartir sonrisas,
para compartir abrazos de unión
e incontables palabras de emoción,
que nunca se pudieron contar
porque salieron de la pobreza del corazón.

Escríbole al poeta sojuzgado
que salió de su país a compartir su humano universo.

Para el hacedor de sopaipillas, escribo.
Para el que está sentado en la esquina de la Catedral
Para el que está sentado en la plaza de Santiago, escribo.

Para el hombre desconocido,
que en un arrebato de fantasía creyó ver alegre
el vasto mar Caribe, la imagen perfecta del Taj Mahal,
los nudos oceánicos que se remecen con la brisa,
en fin, el celeste cielo.

Para una niña que en su inocencia,
una tarde de agosto
protegió a un hermosísimo gatito.

Para un hombre que creyó estar libre,
al fin inerme y descubierto,
sin embargo en un abrir y cerrar de ojos
volvió a la celda de su prisión estupefacto.

Para el vendedor de comida peruana en “El Caracol”,
escribo.
Para el repartidor de bebida y para el que la consume;
para el comerciante, para el amigo; yo escribo.

Escríbole al niño adulto,
que aún guarda a ese infante escondido.
Escríbole al hacedor de un soñador que fue mi padre.
Escríbole a la mujer que me infundió siempre la victoria,
mi madre.

Para la amiga sincera que dos años y medio
en un cuarto me brindó su abrigo.

III

Para el amigo hermano que es escritor,
para todos ustedes escribo.
Para el pelícano, que fue capturado
y juzgado inocentemente en el mar de Buenos Aires
una remota tarde del 94´

Para levantar de las cenizas a la apagada esperanza.
Para llevar calma al desesperado.
Para poner mis escritas palabras
en favor de quienes están silenciados.
Siguiendo estos fines también escribo.

Para los dardos mortales de justicia
que son los reclamos de un necesitado.

Para el albor y para el ocaso.
Para el carpintero que hizo la mesa de la cena.
Para la hermosa ilusión que infunde un poema.
Para tu miseria y para tu grandeza.
Para tu amor y para tu deuda.
De la manera más amplia, yo escribo.

Escribo para encontrar en el mundo irreal de la fantasía
una realidad de la vida.
Para mover voluntades y remecer sensibilidades.
Para todos los perfectos e imperfectos, también escribo.

Yo escribo a tus padres.
Yo escribo a tus hermanos.
Yo escribo a tus hijos.

A aquéllos que vencieron,
o a los que se convirtieron en cautivos tácitos del consumismo.
A aquéllos que nacieron en tu país o en el mío.
A aquéllos que se creyeron hermanos y amigos
por el simple hecho que se conocieron fuera de su suelo.

Escribo para unos estudiantes
que trasmiten cada día
las mejores experiencias de vida
a sus maestros
y para los maestros
que funden cada día ciencia y conocimiento.

Para todos aquellos serafines
de bondad y humanidad
que viven en esta tierra, escribo.

De: Profesión del pensamiento. Lima. 2011

***







Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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