sábado, 4 de febrero de 2012

Alexandr Solzhenitsin, el escritor de la trascendencia ética.


" Sobre la superficie de una corriente rápida es imposible distinguir los reflejos, tanto próximos como lejanos; aunque el agua no sea turbia, aunque la espuma no la cubra, la constante oscilación de la corriente, el inquieto burbujear del agua hacen que los reflejos sean deformes, imprecisos, incomprensibles. " (Archipiélago Gulag. Fragmento.)

Este formidable escritor, cuyos relatos "perpetúan por su fuerza ética, las tradiciones de la literatura rusa", como explicó en 1970, la Academia Sueca, la misma que le otorgó el Premio Nobel de Literatura, ha sido como tantos hombres de la humanidad, un perseguido dentro de su misma patria por su pensamiento independiente.

Él fue un creyente en Dios, creyó en la individualidad del hombre, de un hombre irrepetible. Pensaba que más allá de la materia había algo más. Alexandr Solzhenitsin, el soldado y maestro, no deseaba dedicar su obra a una instrumentacion utilitaria de apologías que no sentía, más bien- según sus perseguidores- tenía la desfachatez de conservar un pensamiento independinte, y además de expresarlo.

A espaldas de la comunidad soviética de escritores, sus trabajos alcanzaron la trascedencia, por la descripción la realidad que no era otra cosa que su vida misma, una vida de sufrimiento, tragedia y dolor, pero también de reflexión, respeto, y admiración en la cual fueron tomando apariencia muchos de los propios pesonajes de sus historias.

La contextura moral de este escritor ruso, queda sin duda de manifiesto, si agregamos que es capaz de decir, de hacer y de ser todo eso, a pesar de continuas represiones de las que fue víctima, de campos de concentración, de torturas, de clínicas falsamente llamadas "psiquiátricas", de requisas sorpresivas, de secuestro de sus papeles, en fin tantas cosas indolentes llegando incluso a soportar el dolor de que sus amigos pasaran y pasen por las mismas pruebas  por el solo hecho de ser sus amigos.

Este escritor nunca "desapareció" a pesar de la peligrosidad que representaba para su época, porque sencillamente su obra fue más grande que los propios obstáculos para su misma vida. Una obra que no quedó por cierto alejada de los problemas de su tiempo, sino al contrario eternamente relevante para su tiempo y espacio.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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