jueves, 10 de mayo de 2012

Fernando

Fernando es muy amigo mío, un íntimo colaborador, muy modesto y sencillo. Tan original es este hombre de unos cuarenta y tantos años, -tal vez los tenga todos, no lo sé ni me interesa. En realidad, cuando se trata de personas valiosas la edad no importa. La esencia de un hombre o de una mujer que piensa y sobre todo que siente jamás discurre ni  se desvanece, menos muere ahogada por el devenir del tiempo, aunque pareciera ineludible y contrariamente cierta la premisa que el tiempo se lleva todo. Sarcásticamente, pienso que si, que sí se lleva todo, todo lo pobremente ingenuo y mezquino de una personalidad joven. Cuando quien está condenado a recibir los estragos finales  de la vida (en realidad todos llegamos a recibirlos, al fin y al cabo, sólo que unos antes que otros) Para el genio creador, para el idealista, para el rebelde sincero, para el obrero de a pie que cada día vive más imbuido por su trabajo, el devenir del tiempo casi no es perceptible o cruel, diría más bien es generoso, que es generoso con este pobre creador, con este pobre idealista, con este pobre rebelde, en fin con este también pobre obrero quienes viven tan preocupados en sus escritos del día a día, preocupados por absorber todas las experiencias posibles, preocupados por devolver un utópico equilibrio a la vida de sus propias sociedades, preocupados por sus quehaceres nobles y honrados para llevar un pan a la mesa de su hogar, no, para ellos que viven preocupados en sus propios asuntos sanos y sinceros jamás pasa el tiempo, y si pasa no se dan cuenta que ha pasado, sino hasta cuando logran ver sus resultados. Así es la vida que intentamos llevar Fernando y yo. Él, me provee de libros, que yo, leo y resumo. Hay que resumir para quedarnos con la esencia en muchos casos. La esencia nos permite moldear cada día nuestro pensamiento. Tal vez este amigo mío, no tenga una tienda exclusiva de libros en los más acomodados lugares de la "cultura limeña", pero lo que vende sirve. Nos dejamos llevar por el vestir y ese gran estilo de dicción que alcanzan algunos mal llamados críticos culto, vestir con aires donosos, pero francamente vacíos de humanidad (llenos eso sí de egoísmos "refinados") y comprensión verdadera de la vida. Fernando vende libros, siempre me los ha vendido. Lo considero porque es uno de los más humanos que he conocido. Si se puede llamar humano a quien no sólo pregona ideas de humanidad, sino que lo vive en su vida misma. De él he adquirido en parte las pequeñas obras rusas, que he leído noche tras noche hasta quedarme dormido, y alguno que otro ensayo latinoamericano, cuando no una obrita del Gabo, o de la Mistral, alguna antología de poesía hispanoamericana, y hasta apuntes psicoanalíticos y filosóficos del mismo Freud, o del mismo Sartre. Todos los sigo conservando en la pequeña biblioteca artesanal que construí en el cuarto de libros.

Siempre he dicho que ser un rebelde honesto vale mucho, eso sí un rebelde preparado tanto moral como intelectualmente. Creo, a mi juicio honesto que tanto moralidad como intelectualidad son dos componentes básicos que debe tener toda persona que quiera ser llamado buenamente un rebelde honesto. En fin, hay tantos tipos que se llaman a sí mismos "rebeldes", que no hacen más que andar por allí con sus planeamientos sórdidos de ofender al prójimo cada día.  Sinceramente, que para estos tipos también debemos hacerles un espacio en nuestro perdón.

Termino escribiendo esta madrugada de jueves desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham agradece la gentileza de su tiempo.

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