viernes, 22 de junio de 2012

Formadores de actitudes, no preparadores de aptitudes. Fragmento del prólogo del libro: "Las actitudes científicas"

(*) Siempre escucho decir, se requiere mayor tecnología operativa y mayor presupuesto a cuestiones netamente investigadoras, como estudios profundos de ingeniería, medicina, ciencia ambiental, y técnicas de exportación e importación. Se necesita mayor presupuesto para los sectores judiciales, y hasta para los sectores vulnerables- cosa paradójica, dado que estos sectores se hacen vulnerables precisamente porque no hay atención especial a su educación y desarrollo temprano-. Escuelas dotadas de poco o nada que signifique valor académico y formativo, salvo construcciones externas y equipos multimedia frívolos que en nada contribuyen a reducir el bajo nivel de desarrollo cultural. No hay una atención real al problema, que es en realidad la desatención generalizada a la parte formativa, cultural y cognitiva de los niños, niñas y adolescentes. Todos están preocupados en tantas cosas, de carácter más de forma que de fondo. Bajo esta óptica, sólo grupos privilegiados – y debo reconocer aplaudibles y respetables por la forma en cómo se dirigen institucionalmente- acceden al desarrollo real y por ende a aprendizajes significativos. Pero, nuestra realidad es otra, qué pasa con el común general, qué sucede con los otros alumnos, aquellos que no pueden acceder por medios socioeconómicos a estos tipos de formación. Esto hace pensar que la gran mayoría sólo se dedicaría a “practicar por practicar” sin tomar en cuenta la vital importancia que tendrían entonces sus resultados, esto muchas veces producto de la escasez de materiales y profesores que no cuentan con una verdadera formación en el campo de investigación, y no teniendo en cuenta que la educación es comprensión más no un activismo.

Como ya dije sólo algunas escuelas experimentales y particulares cuentan con una infraestructura adecuada y materiales educativos apropiados para satisfacer las inquietudes de sus estudiantes, sin embargo poco o nada hacen para estimular aquello, ya que prima más el aspecto lucrativo y comercial, asumiendo ante todo roles de una “Escuela-Empresa” más que de una “Escuela-Esencia”. Y aunque en estos centros de formación se trabajara esta segunda premisa “Escuela-Esencia” solo generaría- triste consuelo para nuestro desarrollo social- el ambiente para desarrollar y fomentar aspectos de carácter investigador a un sector de nuestra población estudiantil.



La propuesta entonces debe ser otra, una propuesta más real y adaptable a cualquier estrato social y económico en el que todos – niños, niñas y adolescentes, razón de ser del desarrollo nacional- puedan acceder a mejoras de desarrollo, acceder a una investigación de calidad en dónde se les enseñe desde temprana edad a investigar, acceder a una orientación tutorial ejemplar que les permita desarrollar sus actitudes científicas y potenciar sus talentos- porque los hay, y he conocido a lo largo de estas experiencias docentes a muchos, muchísimos estudiantes talentosos y creativos-, acceder a una educación de calidad preocupada más por medir resultados cualitativos que cuantitativos. Un 20 (veinte) resulta insuficiente hoy en día. Se necesitan resultados reales, investigaciones que partan de un pensamiento inventivo, libre y creador de gran trascendencia para un desarrollo personal y nacional. Se necesitan maestros formadores de actitudes, no preparadores de aptitudes para rendir exámenes mediocres de ingreso a universidades que también atraviesan por serios problemas. He allí la importancia de impulsar políticas de investigación educativa gradual que se inicien en las escuelas a temprana edad y se consoliden en el nivel superior universitario.



Nuestro sistema educativo siempre ha sido criticado por sus propios beneficiarios porque ha estado desligado de la realidad y además de las necesidades económicas y sociales de la región y del país, porque no ha estimulado convenientemente la investigación, la creatividad y la invención, porque no se ha partido de la premisa de que todo aprendizaje debe ser significativo y que lo conlleve a una adecuada reflexión de un “saber hacer”, porque se ha asumido con mayor frecuencia y rapidez “modelos alienantes o copiados”, en vez de asumir actitudes más innovadoras dignas de cambio. Pienso, que tales críticas parten en muchos casos de las escuelas, porque que es allí donde debe empezar a formarse “el Ser como Ser” con nuevas vistas y derroteros predispuestos y atentos para un posible cambio.

Los estudiantes hoy en día que tener otra formación, porque estamos en la Era del Conocimiento, pues las sociedades que produzcan y tengan mayor conocimiento, además que generen actitudes para investigar, crear e inventar estarán a la vanguardia globalizadora. Se desarrolla cada vez más la Informática, el que no se adapta a su tecnología tendrá menos posibilidades de conservar y de aplicar estos nuevos conocimientos para su desarrollo. Del mismo modo se necesita conocer y practicar el idioma, el arte y el deporte en la formación integral del educando, así como las buenas prácticas ecológicas frente a los problemas de contaminación.

Por lo anterior es que se hace un deber impostergable para los educadores tener que proponer, crear y recrear planteamientos, modelos y programas que promuevan la creatividad en nuestros estudiantes para que desarrollen y produzcan cada vez mejor tecnología, mejor conocimiento, mejores formas de adaptación para insertarnos de a pocos dentro de un mundo más humano, no sólo competitivo, sino también justo y equitativo. Pienso, que éstas vías son más que necesarias para impulsar por fin cambios substanciales, tanto cognitivos como evolutivos sumados a un mayor desarrollo formativo y cultural.


(*) Fragmento extraído del libro: "Las actitudes científicas" Editorial Académica Española. 1era Edic. Saarbrücken, Germany. 2012

PD.- Para mayores informes del libro, ver en el link. https://www.morebooks.de/store/es/book/el-desarrollo-de-las-actitudes-cient%C3%ADficas/isbn/978-3-659-03023-9

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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