sábado, 30 de junio de 2012

Manifiestos de la palabra honrada

Manifiesto de la verdad y la libertad

Escribió una vez  José Saramago entre otras cosas,  antes de morir,  y que a propósito sirvió de contraportada para uno de sus libros póstumos, la siguiente expresión: " el escritor tiene que decir quién es y qué es lo qué piensa.”  Frase muy certera, puesto que llega el momento en que uno mismo debe empezar a cuestionarse, a analizarse, a darse cuenta qué está haciendo, y que está logrando. A entender cuáles son sus motivaciones, y cuáles son sus temores.  A aceptar sus virtudes y a encarar sus defectos. Tarea harta difícil, por el hecho de no existir la perfección, sí, la bondad esperanzadora de los actos. Pues debo admitir que sólo cuando se tiene el conocimiento propio y el control sobre sí mismo es probable alcanzar la profundización no sólo del cuerpo, sino también la del espíritu, de allí que una de las opciones para encontrarse consigo mismo sea la profundización.

Siempre ando diciendo tercamente que somos instantes de un tiempo nada más, que somos instrumentos de una obra mayor, que la honestidad y verdad son secretos del artista, que somos lo que somos, que lo demás es lo de menos, que es necesario un cambio generacional, una mayor apuesta por los niños, por los adolescentes y por los jóvenes, que la libertad tiene caminos únicos e indivisibles que nos empujan a rechazar patrones que van contra nuestros propios códigos de verdad, que debemos ser rebeldes, rebeldes honestos, que vale más crear y proponer que obedecer y seguir, que el diálogo y la comprensión son ante todo las mejores armas, y que la defensa de nuestra convicción es nuestra mayor carta de presentación ante esta realidad que nos envuelve. Pienso que el pensamiento dibujado tras estas afirmaciones son lo que en parte pueda comprender hoy en día acerca de esa misión y compromiso como ser humano en esta vida, luego de muchos intentos de análisis, idas y vueltas, acciones y decepciones, aciertos y caídas, en fin experiencias que son posibles de trascender cuando están fundamentadas en el estudio, la comprensión y las buenas lecturas que moldean en suma nuestra personalidad.

Luego, la personalidad del individuo está definida por la vivencia diaria, y por el constante aprendizaje teórico de leyes y fundamentos, pues ambos aspectos confluyen en contextos determinados que se llaman espacios temporales donde aparecemos, donde vivimos, donde nos movemos, donde amamos  y donde nos posicionamos, espacios que exigen luchas, buenos estados motivacionales, diálogos, comprensiones, pero sobre todo una búsqueda firme y constante de libertad y equidad.

Manifiesto del pensamiento soñador

Soy un hombre que juega con las palabras, un hombre que cree en el poder de ellas. Un hombre que le enseñaron desde pequeño que su patria era el Perú, y sin embargo veinticinco años después se tuvo que dar cuenta que su patria no sólo estaba definida por un territorio geográfico, sino por un territorio humano, un territorio colectivo, porque debo entender, y así lo entiendo desde entonces que donde haya un ser humano vivo allí habrá patria, una patria humana diría yo. Un hombre que sueña, que sueña una realidad mejor y distinta a la que hoy vive, sin descuidar por supuesto el aquí y el ahora.

Por otro lado, cuando uno sueña, no busca pintarle a los demás ideas inexistentes, sino realidades existentes. Cuando uno sueña, no habla o piensa sólo en la posibilidad de diseñar un mundo mejor, qué es la razón de ser de un soñador, sino en prepararlo cada día juntamente con quienes le rodean, prepararlo cada día, cultivarlo cada día con fe y decisión, con palabras que remuevan el corazón. Ya dije una vez, pensar con la razón y el entendimiento, pero elegir con el corazón sincero.

Sobre el estilo y el método de trabajo


Lo interesante aquí sería definir cuál es ese estilo de trabajo que se plantea a sí mismo un escritor -cualquiera sea su dimensión, como poeta, narrador, dramaturgo, o ensayista-, no basta la tensión y la intención ni siquiera los elementos y recursos de estilo, ni las formas importan tanto, es necesario que sepa así mismo hacia donde apunta su personalidad, y eso sólo es posible de determinar cuando uno encuentra en sí mismo su propia filosofía de vida producto de las experiencias vividas, eso es tan importante como encontrar el método de trabajo para la creación porque no basta la emoción de escribir, sino ¿bajo qué forma escribir y qué método usar?, total, los elementos y las formas giran en torno a la personalidad original del escritor, y esta personalidad solo se constituye finalmente cuando hay de por medio- como ya dije-, una filosofía de vida, entonces allí el oficio de escribir recién puede desarrollarse. Para mí, los principios espirituales de mi niñez marcados fuertemente por las lecturas de la biblia, las experiencias diarias de maestro, los viajes planificados y no planificados, los sitios donde he vivido esporádicamente (entre ellos, Buenos Aires del Perú, lugar de mi infancia), la convivencia con todo tipo de personas - y su aceptación o no aceptación-, las lecturas de Aleixandre, Pirandello, Sartre, Camus, Bellow, Solzhenitsin y Böll en mis momentos solitarios, mis acercamientos a los planteamientos filosóficos de Kierkegaard traducidos en un existencialismo espiritual, mi propia inclinación al psicoanálisis y al humanismo psicológico de Maslow han dado forma a esas particularidades mías de escribir: la sensibilización, el desasosiego, la rebeldía, la fe, la franqueza, el cuestionamiento total, la no aceptación, todas, peculiaridades todas y mías unidas bajo un sólo método silencioso de trabajo: el existencialismo. 


Manifiesto del trabajo diario

Mi trabajo es describir la realidad no por el mero hecho quejoso, sí, reflexivo. No persigo más allá que mis palabras no puedan generar algún día con ambición: ese cambio, ese cambio de espíritu generacional, ese cambio de esto que daña y corroe a los individuos; en todos casos asumo para tal fin una crítica con el fin de evitar que más personas sigan viviendo sumidos en la pasividad y la insensibilidad de lo mismo. (Algo muy distinto a no saber cómo hacer las cosas.) Sé muy bien lo que quiero y lo que busco. Me proyecto, todos los días proyecto lo que pienso. 

Mi trabajo no se orienta a un propósito “congraciador” propiamente estético y simplista, donde se aclama con palabras difusas a una belleza física que en realidad no existe- salvo la del alma-, sino a propósitos románticos – en la acepción ideal más amplia de la palabra- donde el corazón y la buenas intenciones se baten a diario en decepciones y en problemas sentimentales, donde  el enamoramiento, sentimiento que obra sobre nuestra voluntad y que alimenta la esperanza de encontrar personas nobles, es tan vital como nuestra fuerza esperanzadora de cambiar muchas cosas de este sistema. Tal vez, por esto sea que el enamoramiento nos cambie a nosotros primero más de lo que imaginamos antes que podamos vernos cambiando al mundo. 

Mi arte va más allá. Mi comprensión del mundo va más allá, va a una marcada realización y reafirmación por definirme y redefinirme cada día, por evolucionar cada día – y tal vez más que evolucionar con esta realidad, evolucionar con lo que pueda significar más adelante-. Mi trabajo va encaminado a sugerir cada día nuevas definiciones en las demás vidas ajenas, un trabajo orientado a una motivación a favor de la esperanza. Mi compromiso está referido a la comprensión del espíritu y a la búsqueda de un diálogo justo  y coherente. Tal vez la igualdad como concepto, no pase de estar enmarcado como una categoría puramente utópica de la mente, algo intangible o irreal, que no es posible de concreción alguna; sin embargo pienso que es necesario alimentar este concepto en nuestra consciencia y las de los demás, o suponer - en el mejor de los casos- que existe para hacer más llevadera esta vida. Tanto justicia, igualdad y equidad son ejercicios trascendentales del proceder humano para alcanzar una mayor convivencia. Pienso que hoy más que nunca se hace necesario, muy necesario que asumamos con mayor valentía estos valores.

Por otra parte, debo aceptar que no distingo religión si hacer el bien es más justo y gratificante. Anoche alguien refirió muy bien que el compromiso y el estudio son pilares para la realización diaria, creo en esto también, sólo que a mi modo. Pienso que ante todo está el respeto y las buenas opciones para generar un bienestar, ya sea en intención o en proceder. Total estamos para compartir y enseñar. La soledad y la indiferencia en muchos casos son difíciles de entender y de asimilar, sea tal vez por esto que la soledad no sólo conlleve a la meditación personal, sino a desarrollar según Thomas Mann: “pensamientos más confusos y más intensos, más graves, más extraños, más originales y atrevidos.”  A comparación -pienso- de la indiferencia, que nos muestra siempre los lados más sórdidos del alma humana.

En realidad, creo convencido que el escritor escribe para un colectivo mayor, al margen de ser o no comprendido. ¿Quién en realidad es comprendido a cabalidad? Las escasas explicaciones y difusos cuestionamientos internos que hace el artista- sea escritor, músico, pintor, qué sé yo- de su vida quedan resumidas a eso, a simples explicaciones y especulaciones, que jamás son descifradas. Quedan sumidas a preguntas sin respuestas, a acertijos sin soluciones, a falacias ambiguas que sólo pueden ser resueltas al final de la vida, cuando ya la reflexiva experiencia es superior a la joven impaciencia.


Manifiesto de la elección

Me equivoqué una vez, y debo ser justo en aceptarlo con el fin de tomar un rumbo nuevo, hace mucho tiempo creí ser un escritor de izquierda. Me definí como un hombre de izquierda, sin embargo me he dado cuenta que esto no es así. Mi comprensión me ha llevado a determinar que no debe ser así, aunque mi intención fue buena, sin embargo creo que no era suficiente. No, no considero que un escritor deba inclinarse a una derecha o a una izquierda determinada, y más orientar sus palabras para llevar a otros a su decisión. No, no considero que un escritor para expresar lo que piensa y defender lo que cree tenga que situarse en uno de esos extremos. Así no funciona el desarrollo de la vida, ya que estas denominaciones: de derecha o de izquierda,  salvo como categorías conceptuales, no existen en la sociedad. Sí existen sus actos y sus elecciones y las consecuencias que se desprenden de estas elecciones, de sus creencias, en fin de todo lo que acarrea. La mal llamada derecha y la mal llamada izquierda dividen al mundo quizás más de lo que ya la han dividido sus hemisferios geográficos. Generan en los hábitos humanos rencor, no cooperación, choque de fuerzas por imponer su propia verdad y poder sobre otros, generan discusiones, víctimas, atrasos,  hasta temo que algún día puedan desatar guerras de exterminio como en el pasado. Creo que los buenos hombres y las buenas mujeres dejan más que clichés nominativos, actos de justicia y de amor, actos de solidaridad y de compromiso diario, actos de valentía y terca creencia en la buena fe, actos de lucha en su incansable defensa por llevar a cuestas sobre los hombros y sobre sus vidas lo que piensan. Soy un escritor, un escritor humanista, un escritor humanista social.


Manifiestos de la esperanza


Finalmente, quiero dejar por escrito a los hombres y mujeres de mi país que hoy más que nunca necesitamos tener a los 30 millones de peruanos unidos bajo un mismo objetivo y bajo un mismo pensamiento. Necesitamos familias comprometidas con sus miembros integrantes; necesitamos grupos sociales más predispuestos al diálogo que a la confrontación; necesitamos escuelas que promuevan la investigación, la invención, el buen estudio, pero sobre todo los espacios de libertad necesarios para formar individuos conscientes de su propia libertad; necesitamos organizaciones políticas que se levanten como escuelas de ciudadanía y liderazgo, más que de ideologías partidarias y mezquinas; necesitamos una comunidad de migrantes peruanos en el exterior más solidaria, desde embajadores de todo tipo hasta obreros asalariados que proyecten buena imagen para nuestra comunidad afuera; necesitamos que esos miles de jóvenes que conforman esa gran población económicamente activa de nuestra sociedad sigan aportando con su trabajo diario al crecimiento económico sostenible del país, pero también dejando ejemplos firmes en nuestras nuevas generaciones: en esos niños y adolescentes que hoy están en la escuelas. Necesitamos dejar de lado todas nuestras creencias y estereotipos de discriminación que en la práctica real siempre están presentes, así como esas falsas creencias sobre el hecho de que Dios sólo está presente en los altares y no en los hombres mismos, porque es necesario- y urge hoy-  creer en un Dios cercano, y amigo de los hombres y mujeres, no lejano a ellos. Necesitamos que esos pensamientos adolescentes constructivos y rebeldes circulen con más fuerza en las redes sociales, que circulen sus frases, sus canciones, sus pareceres hasta liderar poco a poco la opinión pública joven, porque hay muchos, muchísimos, y pienso sin temor a equivocarme, que mientras más jóvenes y frescos sean estos aportes, mayor será la esperanza de los adultos.


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