domingo, 12 de agosto de 2012

Tauromaquia: ¿Arte y belleza..., por dónde?

"Ninguno de los dos tenían un enemigo tan poderoso como el hombre".  Estas palabras que Daniel P. Mannix colocara en su libro: "El zorro y el sabueso" (1967), cobran importancia, no porque se trate de zorros ni de sabuesos, que dicho sea de paso también merecen un comentario aparte, sino por esta  "barbarie" de matar animales so pretexto de inspiración, diversión y tradición. "Barbarie", así sarcásticamente expresada entre comillas como objeto de mofa e ironía a los propósitos nobles que se persiguen día a día en las calles, en las comunidades reflexivas y en las redes sociales con el fin de rechazar todo intento de abuso animal. 

Esta mañana, el diario La República ha publicado en sus páginas una columna titulada "La "barbarie" taurina", donde el Sr. Mario Vargas Llosa expone entre otras ideas las siguientes. Observemos:

"(...)Pero prefiero el toreo profundo, el que el que nos hace presentir eso que Víctor Hugo llamaba “la boca de la sombra”, el pozo negro que nos espera a todos y a cuyas orillas algunos creadores de excepción –poetas, músicos, cantantes, danzarines, toreros, pintores, escultores, novelistas- se acercan a veces para producir una belleza impregnada de misterio, que nos desvela una verdad recóndita sobre lo que somos, sobre lo hermosa y precaria que es la existencia, sobre lo que hay de exaltante y trágico en la condición humana(...)En los toros hay una violencia que para muchas personas, como Sánchez Ferlosio, es intolerable, algo absolutamente digno de respeto. Sería un atropello brutal que alguien quisiera obligarlo a nadie asistir a un espectáculo que malentiende y abomina. Es menos digno de respeto, en cambio, que él y quienes quisieran acabar con los toros, traten de privarnos de la fiesta a los que la amamos: un atropello a la libertad no menor que la censura de prensa, de libros y de ideas. Y tampoco es respetable la caricatura de la corrida como una expresión de machismo y chulería(...) Pero, tal vez, para entender cabalmente estos ensayos hay que amar los toros y no odiarlos, pues el odio obnubila la razón y estraga la sensibilidad. Los aficionados amamos profundamente a los toros bravos y no queremos que se evaporen de la faz de la tierra, que es lo que ocurriría fatalmente si las corridas desaparecieran. Pero no ocurrirá, no todavía por lo menos, no mientras haya corridas que, como esa semiclandestina de Marbella de la tarde del 5 de agosto, nos hagan vibrar de emoción y gratitud ante un espectáculo de tanta perfección, y nos den tanta voluntad y razones para seguir defendiéndolas contra la prohibición, la última ofensiva autoritaria, disfrazada, como es habitual, de progresismo.Marbella, agosto de 2012"

De lo expuesto con anterioridad, entiendo que la libertad -como lo ha precisado alguien esta tarde a través de las redes sociales-, implica que unos y otros defiendan sus puntos de vista que son terriblemente incómodos para otros, como en este caso. Pienso que eso no está en juego, es más efectivamente la libertad implica el respeto para estos puntos de vista, sin embargo no se puede ser ajeno, ni esquivo a la hora de hacer un alto para también reflexionar y denunciar, si actos de insana fe llevan esas palabras, sin importar que el error venga de tal o cual personaje importante; en el fondo hay una sólo esencia y característica, y esta es precisamente nuestra condición humana. 
 
El hecho de que muchas personas, artistas o no, necesiten acercarse a este vil acto para percibir el misterio de la belleza o en todo caso producirla a través de su arte es cuestión de ellos mismos, pero no debería ser compartido, menos expuesto, ya que es contradictorio que el misterio de la belleza y  la precariedad de la existencia como se sostiene en este artículo, sea reflejada necesariamente en el sufrimiento trágico de la condición no humana, sino animal, porque el individuo es en esencia también un ser animal de escala evolutiva más lograda.

¡Esto es cierto!Pienso que si tenemos de nuestro lado la palabra es casualmente para orientar y promover actos de humanidad y buenas prácticas, más aún si tenemos una legión de ciudadanos tras nosotros que esperan  un buen consejo o una buena orientación. No escribimos para hacer de nuestro trabajo "un arte por el arte", sino para hacer de nuestro arte un acto de justicia y solidaridad frente a cualquier manifestación de vida

El respeto a la vida animal no debe ser conculcada(infringida) por ningún individuo, ya sea ordinario o extraordinario. Rechazo este acto.  Una corrida de toros, jamás ha sido, es ni será a mi juicio crítico y valorativo por crianza familiar un arte, mucho menos una forma de cultura. Es probable que so pretexto de tradición popular se la intente disfrazar, esto es ya inconcebible, entendible debido al bajo nivel de apreciación consciente que predomina en sus manifestantes, pero jamás compartible. Es tal vez por eso, que el mundo hoy esté pasando de la visión humanamente racional a la insensibilidad precaria de almas mezquinas. El señor NAUPARI dice: Usted, ha ido a alguna corrida? Sabe que la mayoría de éstas se celebran en provincias recónditas y profundas de nuestro país? Leyó Yawar Fiesta? Yo le respondo, que no es necesario apreciar muerte y violencia para darse cuenta de que en tal o cual lugar se promueve muerte y violencia. Las fiestas populares llevan en su expresión ritos, festividades como parte de su tradición pero nada más, no hay un trasfondo mayor, salvo la jocosidad y la diversión.

Considero errónea la apreciación del Sr. Vargas Llosa, al referirse como "fiesta" a una corrida de toros, mas aún tratar de comparar estas marchas antitaurinas o estos rechazos que muchas comunidades denuncian cada día con una censura de prensa, libros e ideas. Aquí no está en juego las ideas, sino los actos Sr. Vargas Llosa. Actos deplorables que sólo muestran el lado más sórdido y brutal que ha quedado como rezagos de la Roma Antigua. ¿Qué es esto, un circo donde decidimos que animal preparamos para la plaza, o tal vez que animal muere o que animal no muere?

Para concluir hay mucho de cierto en las palabras del Sr. Llosa, "el odio obnubila(ciega) la razón y estraga(daña) la sensibilidad", es verdad, pero debo admitir que no se puede hablar de odio en quienes intentan hacer lo correcto, y lo correcto es como diría César Vallejo, "la defensa de la vida".

Mis afectos y totales saludos a los cientos de jóvenes propulsores de las buenas consciencias  que cada día siguen firmes en su lucha por la defensa de los animales. Sigamos adelante, sin desmayar!

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. 
Víctor Abraham les saluda.

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