miércoles, 31 de octubre de 2012

Carta para un corazón de melón (apuntes de "Libertad bajo comparecencia". Lima. 2012)


Corazón de melón:

Sabes?, no podía concebir el sueño, es raro para algunos, y tal vez lo sea para ti también, verdad?, aunque debo decir que para mí esto es frecuente- ¡Lo siento!, tal vez porque sé que te preocupas por mí-, sin embargo debo afirmar que es la noche la que da materiales a mi trabajo de creación cada día, ha sido así siempre, en fin,… Sólo quería escribirte hoy,  a pesar de ser muy tarde, o ser muy noche o estar envuelto por una nueva amanecida.  ¡Diantre!, qué rápido se pasa la hora, ya es muy temprano del día presente.

Es curioso, que sin pensarlo haya sido posible pactar un encuentro casi sin saberlo  y sin proponerlo hace sesenta y cuatro o sesenta y cinco días- tal vez más- no lo sé, ni recuerdo. Tal vez eso ahora sea lo de menos. Sin embargo lo que no puede ser menos es el juego del destino- esa especie de suerte invisible- que me ha conducido todo este tiempo a buenos puertos – esos buenos cariños y buenos afectos que he recibido de ti-.  Fue un sábado, uno de esos tantos y apáticos sábados a los que estaba acostumbrado. Es curioso que de pronto haya podido encontrarte, pero no tanto porque sin pensar te busqué, sino porque sin buscarte te he terminado pensando. Pensando demasiado. ¿Cuánto ha transcurrido desde hoy en que nos vimos por primera vez? ¿Lo recuerdas? ¿Lo recuerdas? , yo hago el remoto esfuerzo por recordarlo. Ya he perdido el cálculo desde ese entonces, ya ni recuerdo los detalles externos, pero sí tengo vivos los detalles internos- que son al fin y al cabo los más importantes-. Las cosas que solemos decir, las cosas que solemos hacer, las cosas que solemos pensar, todas estas cosas son las que realmente importan, ¿me has entendido?, son estas y nada más.

Cuando un escritor alcanza la etapa de la creación propia, no ajena, sino ésa que va acompañada del estilo, la intencionalidad y la temática de su pensamiento muchas cosas cambian, cambian alrededor de su vida y su visión por la comprensión general. Sólo cuando un escritor alcanza esa etapa, se puede decir que está empezando a escribir lo que realmente debe escribir, lo anterior  a esto, sólo constituye el legajo de borradores imprecisos y miedos impropios de una mente aún infantil.  La mente revela al cuerpo. El escritor que empieza a alcanzar la etapa de la creación propia pule la mente, y esta se revela al cuerpo, ya no de manera imprecisa, sino precisa.

Espero, que al leer esta nota, sólo puedas regalarme dos cosas, aunque no pueda verte: la primera, una sonrisa, y la segunda, otra sonrisa. Esto es lo más importante, lo importante debe ser siempre estar alegre, lo importante debe ser siempre sonreír, no una, ni dos, sino las veces que te sea posible hacerlo. Vale? Un abrazo sincero y te estaré esperando hasta el próximo regreso.

Pequeña querida, mi querida pequeña.

Pd.- ¿Sabes lo que haré cuando te vea?, ¿Lo sabes, verdad?, dime que lo sabes…

Inmensamente tuyo.

V.A.

(De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2012)


***
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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