jueves, 4 de octubre de 2012

Hacia una sociedad del perdón

Yo estoy de acuerdo con el indulto al Sr. Fujimori. No es una cuestión de coyuntura política, ni de normas legales. Reconozco y respeto sin embargo los procedimientos que se tengan que tener en cuenta, sin embargo creo que esto va más allá de una medida de fuerza, de urgencia o de pedido humanitario, es una medida de plano ético en cuanto a mejores condiciones humanas para una persona se refiere.

Sr. Presidente Ollanta Humala de ejemplo de perdón y demuestre su lado concertador, estados que hoy tanto hacen falta a esta sociedad que nos envuelve. Al diablo, si los informes médicos dicen o no lo necesario para proceder a esta medida porque es sabido que por más temas de constitucionalidad internacional referidos, al final la soberanía presidencial es vital para llevar a cabo esta acción que considero justa y necesaria. Estoy seguro que estos papeles o informes médicos no expresarán jamás lo que es convenientemente ético. La consideración a la persona es ante todo más importante.

He escuchado decir a varias personas que probablemente no compartan esta opinión – y desde ya respeto su decisión-, que el Sr. Fujimori está encerrado en una cárcel de oro y que vive mejor que muchos de nosotros. (Hecho que no lo creo porque la libertad siempre será sinónimo de bienestar, y quien no la tenga o la tenga parcialmente dudo que viva bien o mejor que otro, y más si hay una enfermedad de por medio.)

En busca de una sociedad del perdón

Entiendo y comprendo esta desazón. También la he sentido a veces, sé también – y tal vez más que nadie-.como muy bien refieren algunos que existen desconocidos que mueren en el olvido, no sólo en cárceles, sino en hospitales, o en la desidia. Sin embargo, como ya dije este hombre -el Sr. Fujimori- hoy se presenta como una clara oportunidad para entender todos la importancia vital que debe tener en nuestras sociedades el perdón, al margen de la probable persona a indultar, no me refiero a personas, a nombres, a si están o no en cárceles doradas. Me refiero a personas que son capaces de perdonar y promover concertaciones de paz. Pienso ahora con la única esperanza que me sobrecoge que tal vez ese sea el inicio para que otros hombres o mujeres puedan ser perdonados e indultados. La culpa ya la tiene la persona que ocasionó lo desagradable. El detalle es que precisamente ahora la pelota está en la cancha del otro, y es obligación no política ni coyuntural, sino humanitaria mostrar ese lado conciliador y noble que tiene la persona humana. Mi posición supongo que ya está afecta y expresa.

Hay quienes dicen también que  esto del indulto se hace con fines políticos sosteniendo una  polarización de fuerzas políticas e inclusive alegan exámenes médicos de por medio, hablan de crímenes de lesa humanidad y de corrupción generalizada, hablan de querer escuchar un perdón primero para ser perdonado. En realidad, pienso que todo esto es muy absurdo, pues ya no estamos en la época en la que rige la ley del Talión o “lex talionis” : “Ojo por ojo”, sino en la que rige una cultura de paz, de diálogo y de concertación.


Ya dije que hablar de un indulto para un hombre es una cuestión de perdón y de sensibilidad humana. Entiendo que siempre se nos haya enseñado a juzgar a las personas por sus actos y a condenarlos o a premiarlos, pero está en nosotros ampliar esta visión y llevarla más allá de cualquier entendimiento coyuntural o de odio de fuerzas políticas. No, no estamos para promover una sociedad de odio. Dónde está lo que tanto buscamos los humanistas cuando hablamos de una cultura de tolerancia, de paz y de humanidad, si seguimos enarbolados en nuestros pasados. No, así no funcionan las cosas. Nosotros somos parte – o debemos serlo, si aún no lo somos- de una nueva generación que no está cimentada por el odio , sino por la oportunidad de cambio, de perdón y entendimiento. Estamos hablando de un hombre que merece estar con su familia en estos momentos más álgidos de su vida, nada más. Esto no es más que un principio de humanidad. Entendámoslo, de humanidad.

Como ya dije anteriormente llevo el mismo sentir y entendimiento de muchos compatriotas peruanos, soy tan joven o tal vez algunos lo sean más que yo, eso no importa. Sé muy bien las consecuencias funestas que este régimen dictatorial político significó para el país. Sé muy bien lo que significó vivir parte de mi infancia y parte de mi adolescencia dentro de un gobierno como el del Sr. Fujimori, las consecuencias hoy saltan a nuestro alrededor, este caos moral y esta selva de atropellos a la sensibilidad, esta falta de compromiso social y vacío individual de algunos tantos de mi generación -hoy profesionales, tal vez más que yo- a quienes no juzgo, sino entiendo porque sin proponérselo ellos mismos son los niños de éste régimen ambientados en el silencio y el miedo a expresar lo que piensan y sienten, ambientados en la desconfianza (Sin embargo, me llena de esperanza el hecho de saber que hay nuevas generaciones que están dispuestas a ser distintas, nuevas generaciones más insumisas e inconformistas, más rebeldes y libres y creo que también más cercanas al desarrollo y seamos justos aquí para reconocer también los logros de este régimen en materia de desarrollo: un Perú con nuevo rostro, más estable y abierto al mundo en materia de desarrollo sostenible.)  Entiendo todo, lo entiendo muy bien, sin embargo sigo pensando que al margen de acciones y de condenas debe primar ante todo nuestra cultura del perdón, esa de la que tanto adolecemos muchos. 

Que este hecho, como ya dije sirva más que para dividir, para mostrar al mundo que también nuestra sociedad ha evolucionado o al menos está evolucionando en materia de sensibilidad y reconciliación.

Para terminar  debe quedar claro que el "indulto" es una especie de perdón. El reo no queda excluido de la culpa, sino que se le libera por diversas causas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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