miércoles, 31 de octubre de 2012

Una interpretación existencialista de la vida

"¿Pero, es que nadie está dispuesto a sentir?",  dijo mirando -de una vez por todas- con las lágrimas apenas contenidas para no seguir sollozando. Miraba a todas esas caras angulosas y desdeñosas, algunas de las mismas transitaban entre el test blanco y el tono mestizo, sin embargo eran al fin y al cabo, caras indiferentes.  

Estaba decidido esa tarde a hacer el encaramiento más valeroso que jamás volvería a intentar en adelante, seguro que sí, no por que no se atrevería después, sino porque ya no había tiempo. Su destino sería cortado dentro de poco por la misma inexistencia vacía de su vida . Luego, gritó inconteniblemente: "¡Necesitamos emociones, sentimientos, pasiones, en fin..., humanas sensaciones!" 

(...)

El suicida gritó: "¡Sólo un hombre que bordea el caos cerebral puede contemplar los límites de la vida misma, lo demás es pérdida de tiempo, te lo aseguro, una maldita pérdida de tiempo!" Le miré con los ojos, sí, sí con esos únicos ojos y con esas únicas miradas, que sólo un suicida que merece respeto debería recibir.

"¿Hay otra propuesta fuera de esta irresoluta pérdida de tiempo?", dijo mostrando unas lágrimas desesperantes, las mismas que discurrían piadosa y desconsoladamente por su faz tierna y desesperada.

"¡Sí, sí, la hay, la hay, le juro que la hay, esa, esa es la fe!", dije.

"La fe, nada más que la fe, la justa y necesaria fe en quienes creemos y de quienes esperamos- y volví a afirmar-, no perdemos, sino ganamos, y no importa si alguien se da cuenta, o no de ello al final. Lo importante es el intento de creer cada día y seguir creyendo con más fe cada día."

(...) 

(De: Los días van y vienen. Lima. 2012)


***

Introducción al problema

El cuaderno de:  "Los días van y vienen" constituye un libro de relatos. Allí se trata de hacer una interpretación existencial a la vida humana, por el momento está inacabado, pero si hay algo que debo afirmar es: que se viene retroalimentándolo de vivencias, sí, de esas humanas vivencias diarias, algunas propias y otras ajenas. Todos estos relatos tienen un similar corte -al menos en su mayoría, hecho que me enorgullece desde ya-, estos - en muchos casos- están tejidos bajo una misma madeja: la autobiográfica, quiero decir escritas en primera persona. Aunque aclaro: No siempre los escritos en primera persona llevan necesariamente relación directa con las vivencias del autor, tal vez indirectamente hayan pasajes propios sin quererlo, pero jamás habrá una proporción certera ni fehaciente. El grado de relación sólo lo sabe el autor. 


Decidí incluir a esta nota que hoy escribo, más crítica y analítica que literaria, fragmentos de uno de los relatos, tal vez con la única finalidad de ejemplificar lo que afirmaré posteriormente, y por supuesto dejar también en libertad a los lectores para que puedan emitir su fallo, total todos pensamos e interpretamos las cosas de diferente manera.


Las afirmaciones e interpretaciones filosóficas



Hoy parecería que las ideas han quedado supeditadas a los poderes económicos, esa hipótesis quizás sea más adelante una de las formas lógicas de explicar el por qué estamos atravesando una grave crisis de valores. 


Hoy más que nunca se hace necesario que entre las personas se promueva un llamado radical para despertar en las demás personas un compromiso individual de sensibilidad y una consciencia emocional para elevar la calidad de eso que llamamos en formación cívica, seres humanos.

Tal vez nuestra felicidad, hoy no es completa ni satisfactoria porque la anteponemos y la condicionamos siempre y a cada instante a factores externos que nada tienen que ver con ella, como la cosificación (mercantilización)del género -ya sea hombre o mujer-, la materialización de ambiciones que escapan al normal deseo de tener -sólo por el hecho de lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias-, la necesidad de mostrarse superior al otro, la anteposición de status socioeconómicos -o de piel en el peor de los casos-, y hasta las necesidades de cuerpos físicos. Todo esto, me temo que resulta incompatible con lo que solemos llamar felicidad, y lo que es peor esto no indica más que una pobreza del espíritu, sí, de ese espíritu humano que olvidamos que llevamos dentro. 

Hoy está claro que los problemas de estas sociedades actuales radica en sobremanera en su pobre estado de consciencia emocional, o lo que llamaríamos pobreza emocional. Tal vez hoy, el existencialismo sea una forma de explicación a los problemas emocionales de este mundo presente, porque es a través del existencialismo que se percibe al ser humano en toda su intensidad, en sus miedos, anhelos, sensaciones, frustraciones, odios, contradicciones y esperanzas de fe fallidas. 

El existencialismo más que una forma de suicidio mental como refieren muchos estudiosos de la psicología y de la filosofía, es al contrario el punto de partida para entender y comprender los móviles que mueven las acciones de los hombres y de las mujeres de este tiempo. Sólo por citar claros ejemplos: Heidegger, Rainer Maria Rilke, Dostoyevski, Kafka, Sábato, Fernando Pessoa, Hermann Hesse, Camus, Ingmar Bergman, Cèline, Heinrich Böll, en fin sólo por citar a algunos como ya dije.

Pessoa y Hesse, dos interpretaciones distintas de asumir un modo de existencialismo


Una amiga mía y escritora, Patricia Tauma Romero, tuvo el buen gesto de compartir parte de este texto que hoy lo presento en toda su extensión, pues tengo por costumbre compartir fragmentos de mis crónicas y notas en las redes sociales previos a su construcción, los mismos que finalmente termino depositando en este blog o página virtual, o como quieran llamarlo. Precisamente, un joven hacía un cuestionamiento a estas palabras, por eso aclaré al inicio, son interpretaciones mías, nada más y cada quien es libre de dar también su propia interpretación a estas palabras. Él refería dos cosas, que considero necesarias e importantes analizarlas: 



  • la primera, que el existencialismo de Fernando Pesoa no era sino una actitud contemplativa y de permanente duda propia sobre el cristianismo esotérico. 



  • la segunda, que Hesse sería un existencialista, tal vez más cercano al sentido original de la sensación de Kierkegaard, pero con la diferencia que su compromiso apuntaba hacia otro lado.

Bueno, en primer lugar resaltaría algunos aspectos del existencialismo, como es la preocupación por el "yo" subjetivo, la nada, la desesperación e inclusive la angustia que no son más que engendradas por las emociones. Bajo esa óptica, debo reconocer que  Fernando Pessoa no existió, tal vez se resistió a existir, he allí su multiplicidad por lo que debo reconocer lo acercaría más a un post estructuralismo francés - que radica en la multiplicidad, sí esa multiplicidad que nos indica a un Pessoa que sólo existió como un cliché que nombraba a un cuerpo despedazado en múltiples personajes literarios - sus heterónimos-, o dramas de gentes que él firmaba, un hombre perdido en su obra, en sus personajes, que se animaron a cobrar la vida que Pessoa jamás pudo cobrar, sin embargo su preocupación y acercamiento a la razón, a la esencia, al sujeto lo acercarían, sino en forma, por lo menos en fondo, he allí me atrevería a citar su "Libro del desasosiego". 


En segundo lugar, Hesse y sus historias: "El lobo estepario", y "Siddhartha", sólo por mencionar estás dos nos da una evidencia clara sobre la preocupación existencialista, en la primera novela: el dilema expuesto sobre la identidad humana, el hombre y el lobo, la virtud y la humanidad, en contraste con la satisfacción salvaje del instinto y la misantropía -aversión al género humano-. En "Siddhartha", con una óptica más religiosa, cargada de una profunda desilusión e infelicidad. Este mundo está lleno de miseria humana, nos intenta decir, amargura de vivir entre seres deshechables, pero que es necesario adentrarnos al mundo interior pare encontrar las respuestas a los actos - tal vez he allí el lado más religioso y filosófico que sobre Hesse se pueda hacer-. Me quedo con estas interpretaciones más que suficientes para indicar que las emociones existencialistas de Hesse alcanzan mayor dimensión si son elevadas a la sabiduría filosófica. 

Hacia un deseo de búsqueda e interpretación existencialista


La respuesta, claro, claro que debe haber no una, sino muchas respuestas. El intento, debe hoy radicar en que nuestros estudiantes de la psicología, de la filosofía, de la antropología, y de las demás humanidades empiecen a desarrollar dentro de sus tesis de investigación muchas, hartas, bastantes teorías que expliquen y defiendan las emociones. Pues el papel de interpretar los múltiples problemas -de esos que yo llamo vacíos emocionales, y por ende existenciales y que es necesario hoy en día darles interpretación- , recae hoy más que nunca en los estudios de las humanidades.



Estar comprometidos con la historia hoy en día, significa estar preocupados por sentir, por querer, por sentir mucho, por querer mucho, por sentir mucho uno mismo, y por hacer sentir también a los demás, hacer sentir sensaciones de bienestar, hoy el reto es ese, sin embargo este mismo reto adquiere mayor dimensión cuando dejamos que esas sensaciones se hagan posibles en los otros, quiero decir cuando queremos a otros y nos dejamos querer también por los otros.

Como ya dije anteriormente en otras notas o crónicas que suelo escribir que son, han sido y serán las relaciones familiares a lo largo de la historia -esas, que se dan de padres a hijos, de hermanos a hermanas, o de cónyuge a cónyuge-, la tabla de salvación para encaminarnos hacia una sociedad de futuro más humana, más afectiva y sensible. Por tanto, es allí donde se requiere trabajar más, y este no es sólo un trabajo de los psicólogos o los maestros, menos de los religiosos, sino de cada componente social al interior de cada familia propia.

Al final, pienso que no somos más que fragmentos de experiencias conducentes a esa gran obra- tal vez esa obra cumbre que tanto busca un escritor joven en vida ensayando papeles tras papeles cada noche al interior de su cuarto y que siente que ya está cerca y sin embargo aún no llega-, sí, no somos más que instrumentos de una obra mayor, obra que casi nunca esta terminada sino hasta que el destino invisible hace un corte trágico a su desarrollo, siendo por fin terminada y presentada no por el que lo ansía, sino por otro u otros, todos pertenecientes a un distinto y posterior tiempo. Esa obra maravillosa hasta las lágrimas futuras, e irreconocible -producto del silencio absoluto que lo envolvió en el presente-, será finalmente develada. Total, trabajar en medio del silencio para proyectarse en el momento indicado, es lo mejor que podemos hacer para darnos esperanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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