jueves, 6 de diciembre de 2012

Conjeturas y cosas

Lectura escrita para el libro de: Los días van y vienen. Lima. 2012, la misma que no hubiera sido posible de redactar, sin el mayor de los diálogos sinceros. Por eso, 
A Hanna Hernández, 
con mi mayor admiración y respeto.

***

¿Que opinión tienes sobre mí?, nunca te lo he dicho es sólo que hoy tal vez quisiera saberlo para poder saber si estoy en el camino correcto, ¿sabes? A veces uno mismo no suele darse cuenta de nada, observamos, sentimos, pero allí queda, en el vacío sin la debida interpretación o pobre interpretación de los sucesos y acontecimientos. Muchos creemos saber, y sin embargo llega el momento de darnos cuenta en nuestro pequeño personaje que damos forma cada día que vivimos que tampoco sabemos nada, nada de lo que realmente valga la pena, aunque sea del origen de esa pizquita de pena frustrante que nos hace rodar lágrimas o el destino de ese haz regocijante que nos hace estallar en risotadas, porque es verdad, es una verdad irremediable queramos o no que  somos artífices de nuestra propia novela diaria, novela en la cual hacemos de protagonistas o antagonistas y que por tanto nuestros descubrimientos y logros son los nuestros, pero también nuestros errores y desatinos. Es algo extraño todo esto, pero es cierto, en fin.

Es extraño de pedirte que me respondas a estas cosas, pero a veces pienso que estoy remando hacia un lugar solo. Únicamente solo. A veces no sé si todo lo hecho durante el día a día, como acciones mecánicas y elementales del trabajo rutinario, como el de ir a la escuela a enseñar, al almacén a seleccionar y clasificar cajas que desconozco en su interior, o a la dispensa de bebidas a atender o si lo que lo que escriba durante la noche tenga validez del todo, no me refiero a una validez compensatoria de un significativo y vital pecunio que sirve desde luego para pagar las rentas de la casa, o las deudas contraídas por quererse regalar día como verdadero ser humano, no, no me refiero a esto, sino a la validez del desarrollo personal y mental, o lo que es mejor de proyección social. No lo sé, ni siquiera sé que haya tras esa desconocida validez,  aunque debo confesarte que mi mayor esperanza  es seguir haciendo lo mismo, las mismas acciones, el mismo trabajo, las mismas rutinas, hasta inclusive valorando los mismos pecunios obtenidos día a día con el único fin de alcanzar algo que ni yo mismo sé si sea alcanzable al final.

A veces he recibido muchas criticas y calificativos. Eso no me importa ahora ni detiene mi fe. Me basta saber que tú eres una de esas personas a quien me une bastante cercanía, tal vez no física, pero sí en ideas, en fin, cosas, cosas, muchas cosas, cosas que pasan, cosas que van y que vienen. Hay cosas que no entiendo - o que tal vez no quiera entender a propósito ahora o por pura costumbre de hacerme el desentendido-, en fin.  Cosas, como el salir corriendo de un lugar a otro por la pura manía de estar en ese sitio, en ese sitio al que tal vez nunca haya sido invitado, o tal vez mi presencia no sea tan imprescindible después de todo. Cosas, como el cruzar la calle apurado para encontrarme con el mismo profesor o jefe del trabajo que me está esperando. Cosas, como el ver que alguien saca la lengua de un carro a otro carro- esto sí que es intolerante, aunque más intolerante fue haber visto a una anciana ser bajada del carro por no tener los treinta céntimos para completar el pasaje solicitado-. Cosas, como el tener que lidiar de la manera más afable posible- supongo que ante todo están los ideales de la tolerancia- con la estirada señorita recaudadora de la caja. Cosas, como el saborear una limonada a destiempo y salir corriendo para llegar a la hora indicada al trabajo. Cosas, como el saludar a alguien desconocido, sólo por el hecho de haberte ofrecido una sonrisa él primero, o cosas como el tener que lidiar otra vez amablemente con el conserje del edificio donde vivo a la hora de regresar más tarde a casa sólo por el puro hecho de cuestionar mi horario de regreso, tal vez me diga: Señor, ya son casi las cuatro y treinta y cinco de un nuevo día, y usted salió a las siete y cincuenta del anterior día. Cosas en fin, cosas que hay que sortear afablemente.

De: Los días van y vienen. Lima. 2012

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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