lunes, 24 de diciembre de 2012

Los caminos hacia un sentido más humano y espiritual

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Cree siempre, cree siempre en las personas a pesar de todo, no les mezquines nada, sonríeles, abrázalas, prodígales cariño y ternura, entiéndelas, escúchalas y si está en tus manos ayudar: ayúdalas, no hay mayor muestra gentil de sencillez tras estos nobles actos. Créeme. Es difícil, créeme, pero pienso que no hay otra salida para enseñar a los demás a ser mejores personas, ese es mi compromiso y quiero que también sea el tuyo, ¿me has entendido?, ¿me has entendido, verdad? 
(De: Conocimiento del amor. Lima. 2013)

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La fe en un Dios cercano a los hombres  

Hoy es 24, veo el reloj y me doy cuenta que estamos a escasas tres horas de celebrar una nueva fecha especial en nuestro calendario, si bien no es la última reunión del año, por lo menos pienso que es la más principal de todas, y esa fiesta se llama precisamente: la navidad; sí, sí, esa navidad, esa blanca navidad que desde pequeño mis padres me inculcaron a respetarla y a guardarle cariño y afecto, no por los regalos ni por las personas, sino porque según nos decía mi padre, que ese día nació el niño Jesús en Belén en un pesebre, y éste era ya un motivo más que suficiente para estar alegre.

Aprendí lo que era un pesebre, por la construcción de un nacimiento elaborado cada año por nosotros. Era toda una tradición seguida por mi padre, mi madre, mis hermanas y yo. (Ahora que recuerdo mi padre era el que más se emocionaba con ello, él traía de su trabajo las cajas y los pliegos de papel de molde pintados de marrón o verde bajo el brazo, y los guardaba en un cuarto que llamaba depósito hasta llegado los días previos a esta fiesta navideña). En una esquina de la casa sobre una de las mesas del negocio que teníamos- porque fui hijo de comerciantes-, todos nos preparámos para edificar ficticios cerros y ficticias praderas, un espacio era destinado para la gruta, en cuyo interior depositaríamos a los personajes clásicos hechos de yeso antiguo con sumo cuidado para no romperlos, pues debíamos de conservarlos para el próximo año.  La vaca blanca, el burro oscuro, y el buey echados sobre un pasto ficticio hecho de paja escoltaban a la Sagrada familia: José, María y por supúesto al niño Jesús, nunca faltaron tampoco los tres corderitos blancos, uno que otro pastor, la estrella de Belen, en fin. Como ya dije, construir un nacimiento en casa era toda una conmoción.

De mi familia aprendí este modo de evocar el momento crucial del nacimiento de "El salvador", aprendí de ellos a esperar la navidad con entusiasmo y a celebrarla, aprendí a compartir el chocolate con leche y los bizcochos con las demás personas que nos rodeaban por esas fechas: los vecinos y amigos del barrio de Buenos Aires, Buenos Aires del Perú. Nadie más. Cuatro horas antes, era para nosotros ley sagrada ir a misa, y dar gracias a Dios por todas las bendiciones adquiridas durante el año. Mis padres fueron una pareja de fervientes católicos. La misa ofrecía una representación viva del nacimiento, era todo un espectáculo teatral muy llamativo, recuerdo que una vez fui invitado a participar como pastor llevando un corderillo vivo. El acto teatral estaba a cargo de un grupo de jóvenes pertenecientes al mismo movimiento católico al que pertenecíamos nosotros, nuestra familia. Terminada la misa entonábamos, mis hermanas y yo, los villancicos junto con los demás niños y niñas de nuestra edad. Panderetas, tambores, bombos, sonajas, guitarras acompañaban nuestras febriles voces aún pueriles. De regreso a casa, nos sentábamos alrededor de la mesa, y departíamos lo que con tanta impaciencia había preparado mi madre. Mi padre, a veces nos daba modestos regalos.

Siempre he dicho que son nuestros primeros años los más trascendentes,  y por tanto las primeras experiencias marcan la vida de una persona. Mientras más jóvenes seamos, el impacto es mayor, en un niño las primeras experiencias echan raíces muy fuertes que perduran para toda la vida. Éstas justamente cobran mayor solidez, son éstas las más significativas. Lo que viene luego -con los años-, sólo consolidan, moldean y complementan a las primeras. Recuerdo todo, absolutamente todo en mi memoria.

Mi primera formación fue católica. Mi familia profesó el credo católico. Mis padres fueron creyentes de un Dios vivo. Aprendí también a tener fe en este Dios vivo. Mi primera formación como escritor tiene mucho de ello, y por supuesto dejo claro que en el camino de mi vida he ido reafirmando y consolidando algunos principios aprehendidos durante estos primeros años en cuanto a mi fe; otros los he cuestionado duramente tachándolos para siempre, sin embargo esto no me lleva a considerarme un ateo o un no creyente. Creo en un Dios, creo en un Dios- como ya he dicho - no alejado de los hombres y de las mujeres, sino cercano a ellos y a ellas, a sus sufrimientos, a sus dichas, a sus frustraciones, y cercano a sus miedos y temores. En fin.

Un año de sucesos inesperados

Por otro lado, este año, indudablemente que ha sido muy inesperado, debido a algunos acontecimientos mundiales acaecidos, sólo por citar entre ellos: los sucesos en el Medio Oriente, para ser más precisos el conflicto árabe - israelí que sigue ocasionando muertes, ésta vez ha tomado la vida de niños y niñas. Alguien diría, que ya no es novedad que en esta zona del mundo estemos acostumbrados a ver violencia más seguida, pero creo que el rechazo colectivo siempre está latente. Empero, me deja tranquilo, sin embargo la resolución de Las Naciones Unidas que en un intento -creo yo- preciso,  reconoció a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) como un Estado observador no miembro. En una votación directa en el pleno de la Asamblea General, la resolución impulsada por el líder palestino, Mahmud Abbas, contó con 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Todo un hecho histórico que habilitará en adelante a los palestinos a integrarse a las agencias de la ONU y firmar tratados internacionales. Un claro avance -queramos admitirlo o no- en el intento de pacificación sobre esta zona. 

En Occidente, los tiroteos en Estados Unidos han dejado develado una vez más la psicosis social generalizada por las que atraviesa un gran sector de la población de ese país. El nuevo gobierno mexicano deberá trabajar duro para poder ganarse el respaldo de la población, pues confío que México aún tiene mucho por dar y la imagen desgastada de Felipe Calderón no ha sido suficiente para llevar a cabo un amplio consenso social que tanto hace falta en ese país.  Si bien es cierto, Europa se ha puesto de pie, con la designación del Premio Nobel de la Paz para la Unión Europea, hecho que desde ya compromete a solidificar las relaciones entre los países miembros, aún hay mucho por hacer sobre todo con la ola de indiganados que aún persiste y las altas tazas de desocupación en España, o las corrupciones económicas desatadas en algunos países de la Eurozona, como diría en noviembre del año pasado  Guillermo Arbe, aludiendo al caso Berlusconi, "lo único que les interesa a los mercados financieros es si los gobiernos pueden pagar sus deudas o no. No les interesa la corrupción". La visita del Papa a  Cuba y a México ha sido un gran paso, si de intentos de acercamiento a la fe hablamos, a pesar de los duros cuestionameintos, sobre todo por un sector de cubanos.

Pienso que estos hechos deben ser vistos y recibidos como experiencias para seguir corrigiendo lo malo, y fortaleciendo lo bueno. Total, cada tiempo que transcurre es una nueva experiencia, y de los errores aprendemos a fortalecer  nuestro camino. Cada nuevo tiempo que nos abraza siempre trae nuevas oportunidades de vida unidos a nuevos proyectos, a nuevas opciones laborales, a nuevas personas por conocer- o ya conocidas, que simplemente esperan conocernos mejor-.  Cada nuevo tiempo siempre trae nuevos caminos por recorrer, aunque desconocidos a primera vista, nuevos al fin y al cabo, y  en nosotros está tomarlos y caminarlos.

Preocupados por el bienestar espiritual más que material

Saul Bellow, escritor estadounidense de origen judío y laureado con el Premio Nobel de Literatura por "la comprensión humana y el análisis sutil de una cultura contemporánea que combinaba en su obra",  dijo la noche del 12 de diciembre de 1976 en su discurso de recepción en la Academia Sueca para ser más exactos, que "nuestros logros colectivos al final excedían por sí mismos justificando así lo que siempre hemos sido desde nuestros orígenes, mientras tanto, mientras que no hayan logros colectivos, no era muy necesario creernos respecto a  lo que creemos ser".

Tras esas formas gramaticales de expresión, subyace como fondo principal, una enorme cualidad, la sencillez, y es precisamente esa muestra de sencillez la que debe primar en las consciencias de las personas de este tiempo. John, gran amigo mío, una noche de setiembre me dijo- y aún lo recuerdo con claridad-, "que las personas no importan tanto como sus legados". Pienso, que tiene razón, que lo más importante son los legados, los logros colectivos, la necesidad de dejar algo en los demás, no un "algo" material - que ya de por cierto es muy loable -, sino más espiritual y significativo, y pienso que lo más significativo está precisamente en poder cimentar la nobleza del espíritu o la formación humana incluído todo tipo de educación que de ella se desprenda porque queramos o no, una persona educada y bien formada vale, vale mucho.

Saul Bellow, elogiaba a los escritores europeos del siglo XIX, porque habían asumido una empresa rara e incomprensible para muchos de su generación, esa empresa humana. Los escritores de Oriente (Europa), distaban mucho de los escritores de Occidente, quienes habían levantado sus creaciones paradójicamente conmocionantes para el público, sí para ese público que ellos mismos sólo tocaban en sus momentos de inspiración, pero nada más. Detrás de esto no había nada más, no había sencillez verdadera, no había nada, salvo exhorbitantes y frenéticos desenlaces. Sin embargo, el público fue paciente con ellos, inteligente, continuaron leyendo con la esperanza de encontrar algo más. Ese algo más era necesidad de aproximación a una teología, una filosofía, una teoría social, o tal vez una ciencia pura, en fin. Y fue así como el siglo XX, según Bellow, trajo consigo desde el centro de la humanidad una lucha entre los poderes colectivos populares frente a los poderes desmedidos de brutalidad y engaño, los conocidos autoritarismos que trajeron con ellos persecuciones, odios y miedos, una lucha significativa de las personas humanas por hacer prevalecer su libertad, fue así como el panorama tocó otro matiz- siempre humano-, una lucha contra la deshumanización del alma. Ésa fue la puerta que se tenía que abrir. Fue ese propio contexto social, el que presentó esa puerta a los escritores del siglo XX dándoles la libertad para  abrirla y entrar o simplemente no, la lucha en defensa de la deshumanización estaba echada. Ellos más que nadie fueron libres de entrar, nadie más, y otra vez los escritores europeos estuvieron presentes. En Occidente, algunos tomaron el camino de cruzar esa puerta. El existencialismo, estaba servido a los ojos de la interpretación individual que un gran colectivo intelectual de ese tiempo escudriñó y después deploró.

Para Bellow, "la esencia de nuestra condición humana está en la complejidad, la confusión y el dolor del que somos partícipes cada uno de nosotros". Él afirma, que "Tostoi y Proust las consideraban ideas verdaderas, y que muchos saben que estas cosas existen y atañen nuestras consciencias, pero no encuentran las palabras para explicarlas porque estos estados provienen de lo más profundo de nuestro interior, o lo que llamaríamos el espíritu."

Las trampas de la mercantilización exagerada

Si hay algo que debo reconocer son los grandes saltos tecnológicos que ha dado la humanidad en este último siglo, y tal vez no me sorprenda que más adelante en este siglo XIX hayan mayores desarrolllos en estos campos, inclusive en cuanto a creación de nuevos artefactos y sistemas logísticos. Eso está muy bien, sin embargo muchos son diseñados sin un propósito real, su único propósito son las ventas y ganancias que de ellos se desprendan so pretexto de facilitar la vida humana, por tanto resulta muy paradójica y muy falsa toda afirmación respecto a sólo la tecnología pueda llevarnos a la felicidad e incluso hacernos creer que ésta pueda depender exclusivamente de ella. 

Digo paradójico porque "hoy nuestra felicidad, no es completa ni satisfactoria porque la anteponemos y la condicionamos siempre y a cada instante a factores externos que nada tienen que ver con ella, como la cosificación (mercantilización)del género -ya sea hombre o mujer-, la materialización de ambiciones que escapan al normal deseo de tener -sólo por el hecho de lactar cosas ya no necesarias, sino innecesarias-, la necesidad de mostrarse superior al otro, la anteposición de status socioeconómicos -o de piel en el peor de los casos-, y hasta las necesidades de cuerpos físicos. Todo esto, me temo que resulta incompatible con lo que solemos llamar felicidad, y lo que es peor esto no indica más que una pobreza del espíritu, sí, de ese espíritu humano que olvidamos que llevamos dentro."

Tal vez como ya dije en crónicas anteriores, si se logra un equilibrio entre el pensamiento que desea tener y la sensibilidad que necesita sentir habremos dado un gran paso, para volver a ser esos seres más conscientes, reflexivos y respetuosos de los demás, pero sobre todo seres más afectivos y valorativos por el prójimo.

Acotaciones finales

Finalmente no importa si los caminos que tomamos para llegar a una verdad sean distintos, no importa eso, de verdad no importa, lo que sí importa es llegar a esa verdad, la misma que tanto defendía en vida Julio Cortázar, llegar a esa verdad, percibirla por uno mismo y repetirla cada día con la misma fe, pero no sólo a los mismos amigos y en mismo café como él mismo refería, no, no sólo a ellos, sino -pienso-, que esa verdad debería ser repetida a la mayor cantidad de sensibilidades posibles. Esto es al fin y al cabo lo más importante!

Del mismo modo pienso que hoy y más que nunca es necesario creer mucho en la bondad de las personas, creer en la educación como única fuente de desarrollo y creer en la intensidad de las emociones como fuente de humanidad y consciencia social.

Es para mí al final, tras un breve análisis, no por el mero hecho de una crítica social sin fundamento o "tonterías" como alguien dijo por allí una vez, sino más bien de aproximarme a una teoría social esperanzadora, una teoría social humana y existencial.  Felicidades por el año que viene y sendas reflexiones por el que se va. Entrañablemente para todos de manera abierta y sin medida un fraternal saludo desde donde me encuentre, sea cercano o lejano a cada uno de ustedes. Atentamente. 

Víctor Abraham

Lima, Perú. 2012


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