lunes, 11 de febrero de 2013

En defensa del existencialismo

A Lucero y Lorena, 
muchas gracias.



Cierta tarde un par de jóvenes me preguntaron qué como era posible que en este tiempo exista aún alguien que se quisiera encasillar como existencialista. Sabemos, dijeron, que esta opción de vida sólo conduce a la frustración y a la no realización material ni espiritual de una persona alejándola por completo de la realidad inmediata que vivimos, es probable que también lo lleven al límite de su propia vida, al suicidio, ¿me ha entendido? (silencio) Escuché, escuché muy bien toda su conversación con el mayor respeto que se merecían, pensé en la respuesta. Ellas no merecían una respuesta a la ligera. Pensé, y dije, "Contrariamente, a lo que se cree y se tiene, el existencialismo, sólo sirve para llevar al hombre a bordear el límite de su propia vida, el único límite que separa la vida de la muerte, el mismo que separa la consciencia de la inconsciencia, y una vez traído aquí, para escudriñar en sí mismo las marañas mentales e interpretativas de lo que le rodea, de ese mundo absurdo e idiota en el cual está obligado a vivir- pero también obligado a entenderlo-, de esa incompatibilidad penosa que existen entre el "hacer" y el "decir", no se toma el existencialismo para tirarse al suicidio ni físico ni mental, sino para comprender los móviles más humanos, lamentablemente muchos resultados desagradables obedecen a tristes consecuencias experimentales surgidas en el camino, en fin. El existencialismo, no es una pose snobista, menos una suerte de martirio, sí en cambio, un legado que uno mismo recoje y hace suyo en el camino de su vida, el existencialismo, es una muestra clara que los hombres y las mujeres de hoy necesitan tener como mayor aliado a la fe, sí, sí, esa misma fe, no la institucionalmente cristiana, sino la humana, la verdadera y esperanzadora fe humana.


Foto tomada del dibujante Max Aguirre, cito su página
http://maxaguirre.blogspot.com/2009/12/
adn-cultura-la-nacion-esnobismo.html
La vía existencial más que una pose puramente snobista, es el mayor compromiso de vida que pueda asumir un escritor en su propia existencia, de allí que imperiosamente sus personajes, sus diálogos, o versos deban llevar mucho de sí mismo, o de los seres más afectos a él, no me refiero a los conocidos o a los desconocidos, sino a los significativos. El existencialismo es en sí mismo una esencia, una esencia pura que lleva y trae al hombre como un fuerte viento haciéndolo divagar sobre sus propias emociones e interpretaciones. No se estudia para tomar esta vía, se la profundiza en la propia vida cada día, aparece, resulta de la nada, se revela al propio sujeto, y es allí cuando el individuo recién comprende su propio hilo conductor, finalmente es así como el mismo hombre se convierte en experimento de sus propios ensayos, dramas, comedias, afectos y desafectos que confluyen en conclusiones nada desagradables, la cáscara pueda que lo sea, pero jamás el interior. El mundo es en sí mismo el mayor laboratorio para el hombre existencialista, el pensamiento y las emociones sus instrumentos, él mismo el experimento, y las múltiples operaciones sus vivencias - cabe resaltar acá que como toda operación siempre hay un riesgo, pero ese el precio-, en fin. Sin embargo los resultados son los más maravillosos, ellos hacen posible la comprensión del hombre por el hombre. En fin.

Es muy probable que los destinos de los hombres y de las mujeres -o lo que yo llamo su trascendencia humana-, sólo pueda ser revelada a través de los ojos del existencialismo. Por eso, lo más importante aquí es vivenciar, vivenciar mucho existencialmente, sentir, sentir mucho existencialmente, dialogar, mirar, escuchar, sonreir y entregarse a la posibilidad de percibir todo, todo lo que sea posible de percibir.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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