domingo, 26 de mayo de 2013

Tipologías

Cuando me preguntan el motivo del porqué soy un atípico que jamás usa su nombre o por qué un tipo pesimista y sin respeto por las convenciones "correctas", como he escuchado muchas veces hasta el cansancio, sólo atino a mirar, tomarme un tiempo para terminar de escuchar y responder que cómo se puede ser un tipo positivo y convencionalmente típico cuando se ve - y se vive a diario- en todo lugar y en todas partes una degradación de valores familiares y sociales, un desarraigo político y moral de nuestros líderes que prefieren callar por conveniencia propia confabulados con medios informativos que no son capaces de discernir - o al menos es mi opinión- nada, absolutamente nada, en fin. Qué cómo puedo ser un tipo positivo, cuando percibo cada vez que paso por una calle una desconsideración real por los perros y gatos callejeros y los toros, qué decir de estos animales que ni siquiera su muerte violenta puede generar consciencia en nuestros amantes de la tauromaquia que sabiendo que está mal siguen aplaudiendo hechos deplorables, en fin. Oh, si hasta nuestro Premio Nobel admira esa estoica forma de morir animal. No, jamás podría ser un tipo positivo cuando veo que aún se trafica asolapadamente animales aquí y en el mundo- y hasta personas para colmo-, a pesar de las prohibiciones constantes. Es increíble percibir hasta dónde puede llegar a distorsionarse la condición humana. Eh!, y si hablamos de un cuidado ambiental aún estamos lejos de devolver a la naturaleza lo que ella nos ha ofrecido, aunque en eso debo reconocer que ha habido avances gracias a la política de consciencia mundial, pero que sólo países como el nuestro con poca injerencia en las decisiones mundiales estamos obligados a cumplir. Es por esas razones que creo - sin miedo a equivocarme- que jamás podría encasillarme como un tipo común, eso sería mentirme a mí mismo, eso sería callar y callarme a mí mismo, no, eso no es lo mío, lo mío es decir lo que pienso con las palabras más sinceras posibles, lo demás me parece puro sensacionalismo, convencionalismo o lo que yo llamaría tendencia a la aceptación desmedida.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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