domingo, 23 de junio de 2013

No existe en nosotros...

No existe en nosotros el sentido de nuestro origen y de nuestro final; 
existimos y ya, morimos y ya; y sin embargo es necesario 
conducir nuestros actos y hábitos de la manera más clara y duradera: 
nuestros actos tienen la facultad de vivir 
más allá de lo que podemos vivir nosotros mismos 
porque sencillamente determinan todo, 
absolutamente todo, 
y actúan -algo así- 
como si fueran variables determinantes 
a la hora de medir 
la intención que tuvo el pasar por este vivir material. 
Luego, estamos para demostrar 
que aún las personas son, en esencia, buenas, muy buenas...

(De: Los latidos secretos del corazón. Lima. 2013). Víctor Abraham





Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre los aciertos y desaciertos de los hombres


(...) luego fui dándome cuenta de que esa habilidad - sea innata o trabajada por varios de nosotros- para escribir y para interpretar no debía quedar encerrada en un mero placer por ser leído de la manera más ególatra posible por un grupo de amigos o de allegados a la palabra escrita cada fin de semana en algún confortable recinto; fui entendiendo de a pocos, a veces por mis propias decepciones de quienes me rodeaban, y también por esos solitarios y extraños  acercamientos a los viejos maestros de los libros antiguos de la post guerra -de quienes he aprendido mucho, y a quienes debo mi formación intelectual y humana-, que debía tomar otro derrotero, y salir de todo círculo o cofradía para alcanzar mayor sinceridad posible en mis pensamientos. Sentí que necesitaba una renovación, aún no sé si para bien o para mal, la verdad que hasta ahora no lo sé, sin embargo soy consciente de que toda reforma siempre es para bien. Desde entonces esta visión mía que tengo de las cosas y situaciones que me rodean se ha agudizado, de hecho de un tiempo acá se ha vuelto más cruda y realista, pero que a la vez ésta no ha debilitado mi fe en el cambio generacional, o lo que llamo siempre, el cambio para bien de las personas  y las nuevas oportunidades. Y es que a veces cuando uno pertenece a a...., siempre está metido y enfrascado en esa necesidad de pertenencia a a..., pienso por tanto que los hombres y las mujeres deben de romper esas pertenencias  hacia ciertas as..., para CONVERTIRSE finalmente en verdaderos trabajadores del pensamiento, libres en el mayor de los casos y sin temores a expresar lo que piensan o quieren para sí mismos o para los demás, así se tenga que correr el riesgo de ser apartado o denigrado.

A veces el hacer las cosas correctas es difícil, porque fácil es decir, pero hacerlas es otra cosa, pero me quedo con el hacer, y sin embargo vuelvo a pensar que está en uno mismo tomar el camino de hacerlo o de no hacerlo, y más cuando lo que necesita hoy este país, y creo que los demás países y sociedades, es justamente eso, no se necesitan -por tanto- redactores de términos sofisticados y de figuras retóricas paliativas, menos narradores ficcionales, o séquitos snobistas del pensar y del razonar, porque créanme, que los hay, los hay a montones, en todos los lugares y según las distintas convenciones sociales a las que pertenecen. Es mi punto de vista y apreciación consciente por tanto, que lo que hoy nuestro país necesita son hombres y mujeres que no tengan miedo a decir la verdad, sino a construir sobre esa verdad, ya sea construir sus propias familias, o construir sus propias ambiciones y sueños; se necesitan hoy en nuestra patria: hombres y mujeres que sean capaces de mostrarse como son, que intenten evidenciar lo que quieren o intentan conseguir, y defenderlo, sí, sí, defender sus propias convicciones a cualquier precio cada día, y en cada momento. Por último añado que lo que necesita este país no es gente que hable o escriba decorativamente, sino razonablemente sin caer en excesos, en recelos, en odios figurativos; gente que concerte antes que disuelva, que crea antes que dude, que cimiente esperanza vez de que la debilite con ironías a zancadas, por qué entonces no nos dejamos de ironías tontas e hipocresías remendadas y tendemos de una vez las cartas sobre la mesa para decirnos quiénes somos realmente. En fin...


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.


viernes, 14 de junio de 2013

Usted: Apuntes para una novela.

Usted, sí, sí, usted, es a usted a quien hablo, a usted que se ha atrevido a decirme que soy un tipo torpe, pero a la vez interesante; un honesto, pero también un pésimo desquiciado; un ingenuo útil imprescindible para sus propósitos (No me dijo esto, pero sus argucias tontas y enredos ocasionales al dirigirse a mí me lo hicieron notar). Le hablo a usted, sí, sí a usted mismo que me ha dicho que detrás de esa ingenuidad que más pareciera trabajada hay un ser informe, elemental, trabajable. (Me río de sus palabras, me río sarcásticamente, y no por lo que es usted, sino por la clase de hombre que quiere ser. Es que ahora tantos quieren ser quienes no son. Discúlpeme si pienso así.) Me habla a mí como si fuera el tipo más elemental que hubiera conocido - y no lo juzgo, total ya me lo lo hizo saber-, y sin embargo no, no soy nada de lo que usted piensa, lamento decirle que no lo soy, no soy eso, ni nada, sólo soy un producto social de un tiempo que no debió haber sido nunca el mío ni el vuestro, y sin embargo nos fue imperioso encontrarnos aquí, sí, aquí mismo en este meollo, usted, bajo su lineamiento miserable de orgullo, y yo por otro lado, bajo mi épico intento por vivir de la manera más simple, más apacible, más rutinaria y monótona, más endeble y caótica. Y es que los hombres no torpes, sino simples -y no hay que confundir simpleza con torpeza aquí-, somos así, así de desquiciados, de informes y naturales. Los hombres como yo, jamás alcanzamos éxitos más allá que de lo que el promedio mediocre exige, ¿y sabe a qué me refiero con esto de mediocridad, verdad? ¿Sabe usted lo que es la mediocridad verdad? dígame que lo sabe, dígamelo por favor, me urge que lo sepa. (Silencio). ¿Sabe usted que los tipos como yo estamos condenados - de manera que no considero injusta porque eso sonaría a queja, sino más bien circunstancial- a llevar como camisa de fuerza el cliché de mediocre precisamente y de modo paradójico por los propios y reales mediocres, pero, ¿sabe?, esto sinceramente me tiene sin cuidado, al menos al interior de mi consciencia todo me tiene sin cuidado; creo que los vientos de mi propia brújula aún soplan en la dirección correcta, y sólo es cuestión de paciencia, de mucha paciencia,  trabajo diario, y de tiempo para dar en el clavo, jajajaj.

¿Sabe?, éste es nuestro tiempo, y no se me haga el difícil de entender, peor, ni siquiera intente justificarse, o justificar las cosas porque ellas son como son, aprendí de mi padre que no podíamos tapar el sol con un dedo cuando todo era evidente; pienso luego que sólo los imbéciles, o los cómodos, o los innecesarios moralmente, o los timoratos de consciencia, siguen tales procedimientos y lo que es peor: obran siguiendo tales procedimientos, en fin. Sí, tenga en cuenta que vivimos dentro de un tiempo donde se nos ha enseñado desde las escuelas y las propagandas televisivas a identificar al "emprendedor" y "exitoso" con una empresa- aunque fantasma legalmente, pero empresa al fin y al cabo-, con un fajo de dinero que hace posible el descalabro sexual y racional cada fin de semana, y con una capacidad de poder adquisicional bárbara que todo lo retiene, todo lo puede, todo lo compra- inclusive consciencias, nombres y famas-. Aplausos, aplausos respetables para este seudocrecimiento, y sin embargo pienso que no se nos ha enseñado que tras ese emprendedor hay un desfalco de desigualdad humanitaria, porque seamos claros y entendamos que ese crecimiento que usted halaga, se levanta sobre el excedente económico mal adquirido a partir del trabajo extra que no se paga, de esos contratos que se firman sin ser llenados o explicados, de esas cuentas que se blanquean, de esas buenas disposiciones de aquéllos que no son dueño de nada, salvo de su propio oficio o profesión que sin darse cuenta hay arrastrado su necesidad hasta la proletarización de sus propias bondades. Sí, sí, si esta es su categoría de exitoso, debo advertirle que no lo soy, y sin embargo tengo, tengo lo esencial para ser yo mismo, y eso, eso señor, es lo que me hace feliz, entera y existencialmente feliz.

De: Víctor Abraham en "Degradación humana" Lima. 2013.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

sábado, 8 de junio de 2013

Esperanzas fallidas... Sr Presidente.

Siempre he sostenido como parte de mis ideas y creencias que toda persona puede cambiar, es más creo en el cambio regenerativo de las conductas y de las actitudes de los individuos; no somos perfectos, y sin embargo bajo esta expresión no quiero justificar los actos deplorables e insanos que atentan contra la honra del prójimo, no soy partícipe de las disoluciones de parejas, ni de las piedras que se tiran de un extremo a otro desde nuestro lado más cómodo y oportunista, ni de las condenas que sentencian incomprensivamente bajo el odio y la hipócrita rectitud de hacer prevalecer justicia. 


Siempre he creído que es preferible conceder y dar, otorgar y ayudar, perdonar y olvidar, volver a empezar y dar ejemplo empezando por uno mismo, siempre creo y seguiré creyendo que no se debe privar a nadie de una oportunidad para mejorar. Detesto todo tipo de acción cobarde que se escuda tras otro rostro, tras otro lema, tras otro papel, tras otra frialdad e insensibilidad. Detesto todo acto cobarde que se escuda tras el silencio y la mirada esquiva. 

Pienso que cada persona tiene la respuesta a su propia duda o la salida a esta misma por más indecisa que ésta sea o parezca, pero me parece patético y tonto el dar vueltas a un asunto que de antemano no se tiene intención de aclarar; es más escribí hace poco que cada persona era libre de tomar la decisión que creyera conveniente, cualquiera sea esta: sabia o absurda, inteligente o necia, pero sin embargo sí era obligación humana - y nuestra- tomar la mejor decisión que a consciencia propia sabemos que es la correcta, sí, sí, la obligación para tomar la mejor decisión, aquélla que no permitiera nunca dañar a otra persona ni así misma, Sr. Presidente Ollanta Humala, usted me ha decepcionado una vez más, no por la decisión tomada de no otorgar un indulto de gracia a un individuo al margen de quien sea, sino porque no ha sido capaz de enseñarnos a perdonar, sí, sí, exacto, exacto, su error ha sido no enseñarnos a perdonar ahora que nuestra sociedad más requiere de muestras de conciliación y de amor, sí, sí justo ahora cuando nuestra sociedad - y lo seguiré repitiendo las veces que sea necesaria- se devora a sí misma entre odios, insensibilidades y carencias afectivas. En fin... 

Ya sostuve una vez en un artículo que pude escribir el año pasado, y cuando aún mi esperanza era mayor y mejor respecto a este caso, me preguntaba en ese momento: ¿A qué tacho estamos enviando hoy por hoy nuestra sensibilidad? ¿A qué tacho estamos tirando esa frase que aprendemos cuando somos niños: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"? ¿y dónde queda la expresión que fervientemente repetimos cuando participamos de las celebraciones cristianas los domingos, los Te Deum, o cualquier otra fecha: "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"?, en fin, ¿ A qué tacho estamos tirando nuestra calidad humana?

Por otro lado no me interesa ni me ha interesado nunca - lo aclaro ahora, como lo he hecho siempre que he podido- pertenecer a ningún partido político, gremio, colectivo cívico o social, frente, logia, movimiento literario o círculo de vanguardia que lleve en su organización un estatuto al que tenga que obedecer para no ser "expulsado" o "discriminado" o tachado de anormal, no necesito de esto para decir lo que pienso y expresar lo que siento, hablo y escribo lo que a mi juicio creo más conveniente cuidando siempre de que las palabras que puedan acompañarme en cada defensa o sustentación épica mía frente a los demás sean las más necesarias y correctas. Un escritor está obligado a ser un pulsómetro de consciencias, antes que ser un cómodo beneficiario de esas consciencias. Mi única motivación es el ejercicio pleno y consciente de mi propia libertad para opinar.


Finalmente, entiendo el malestar que mis palabras puedan generar en sus ópticas y sentires, pero si afirmo lo contrario sería mentirme a mí mismo para seguir una corriente ajena que no comparto, y sin embargo respeto; por otro lado, sería tonto de mi parte reír cuando no estoy de ánimos para reír, o aplaudir lo que detesto, o lo que ya es peor tirar por la borda lo que creo e impulso cada día que es la conscientización de personas, total, soy un humanista social que usa como método de trabajo el existencialismo, mi filosofía de vida es esa, y ni modo. En todo caso gracias por escribir y compartir.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

domingo, 2 de junio de 2013

Las cosas de los individuos

Ser hombre antes que poeta, y ser ciudadano antes que ser escritor. Ser honesto antes que ser perfecto, y ser mejor persona antes que ser cristiano. Preferir el silencio antes que cualquier alegría hipócrita, y decir, decir lo que se piensa y expresar lo que se siente antes que cualquier suposición absurda. Leer lo que llegue a nuestras manos, no importa qué, pero leerlo al fin y al cabo. Y dar amor, amor desinteresado, aunque parezca tonto y melodramático. Volver a las memorias de nuestros orígenes siempre que busquemos en ellas fortaleza para avanzar. Ayudar, ayudar mucho en la medida que nos sea posible. Seguir los ejemplos de los viejos maestros; y enseñar, enseñar aunque no se tenga nada previsto de por medio porque a veces los mayores aprendizajes son los menos esperados. Anotar todo lo vivido, todo lo existencialmente vivido. Usar como método de vida la franqueza. Optar por la sencillez porque pienso que es un camino perfectivo. No olvidarse de Dios como fuerza creadora de bien, ni alejarlo del pensamiento de los hombres y de las mujeres con argucias tontas e infundamentadas. Servir, servir al próximo más inmediato; y esperar con fe, trabajar por la fe, sumarse a la fe colectiva para contrarrestar esa pobreza emocional que invade las consciencias. En suma, ser cada día un mejor ser humano.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.