miércoles, 19 de junio de 2013

Sobre los aciertos y desaciertos de los hombres


(...) luego fui dándome cuenta de que esa habilidad - sea innata o trabajada por varios de nosotros- para escribir y para interpretar no debía quedar encerrada en un mero placer por ser leído de la manera más ególatra posible por un grupo de amigos o de allegados a la palabra escrita cada fin de semana en algún confortable recinto; fui entendiendo de a pocos, a veces por mis propias decepciones de quienes me rodeaban, y también por esos solitarios y extraños  acercamientos a los viejos maestros de los libros antiguos de la post guerra -de quienes he aprendido mucho, y a quienes debo mi formación intelectual y humana-, que debía tomar otro derrotero, y salir de todo círculo o cofradía para alcanzar mayor sinceridad posible en mis pensamientos. Sentí que necesitaba una renovación, aún no sé si para bien o para mal, la verdad que hasta ahora no lo sé, sin embargo soy consciente de que toda reforma siempre es para bien. Desde entonces esta visión mía que tengo de las cosas y situaciones que me rodean se ha agudizado, de hecho de un tiempo acá se ha vuelto más cruda y realista, pero que a la vez ésta no ha debilitado mi fe en el cambio generacional, o lo que llamo siempre, el cambio para bien de las personas  y las nuevas oportunidades. Y es que a veces cuando uno pertenece a a...., siempre está metido y enfrascado en esa necesidad de pertenencia a a..., pienso por tanto que los hombres y las mujeres deben de romper esas pertenencias  hacia ciertas as..., para CONVERTIRSE finalmente en verdaderos trabajadores del pensamiento, libres en el mayor de los casos y sin temores a expresar lo que piensan o quieren para sí mismos o para los demás, así se tenga que correr el riesgo de ser apartado o denigrado.

A veces el hacer las cosas correctas es difícil, porque fácil es decir, pero hacerlas es otra cosa, pero me quedo con el hacer, y sin embargo vuelvo a pensar que está en uno mismo tomar el camino de hacerlo o de no hacerlo, y más cuando lo que necesita hoy este país, y creo que los demás países y sociedades, es justamente eso, no se necesitan -por tanto- redactores de términos sofisticados y de figuras retóricas paliativas, menos narradores ficcionales, o séquitos snobistas del pensar y del razonar, porque créanme, que los hay, los hay a montones, en todos los lugares y según las distintas convenciones sociales a las que pertenecen. Es mi punto de vista y apreciación consciente por tanto, que lo que hoy nuestro país necesita son hombres y mujeres que no tengan miedo a decir la verdad, sino a construir sobre esa verdad, ya sea construir sus propias familias, o construir sus propias ambiciones y sueños; se necesitan hoy en nuestra patria: hombres y mujeres que sean capaces de mostrarse como son, que intenten evidenciar lo que quieren o intentan conseguir, y defenderlo, sí, sí, defender sus propias convicciones a cualquier precio cada día, y en cada momento. Por último añado que lo que necesita este país no es gente que hable o escriba decorativamente, sino razonablemente sin caer en excesos, en recelos, en odios figurativos; gente que concerte antes que disuelva, que crea antes que dude, que cimiente esperanza vez de que la debilite con ironías a zancadas, por qué entonces no nos dejamos de ironías tontas e hipocresías remendadas y tendemos de una vez las cartas sobre la mesa para decirnos quiénes somos realmente. En fin...


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.


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