domingo, 14 de julio de 2013

W. Somerset Maugham: Un observador e interpretador de la vida.

Foto tomada del portal:
http://www.waydn.com/frases/10-frases-de-william-somerset-maugham/
"Soy un pasajero que en época de guerra espera en el puerto la salida de su barco. No sé que día zarpará, pero estoy listo para partir en cualquier momento. Leo los periódicos y hojeo las páginas de una revista , pero si alguien se ofrece a prestarme un libro lo rechazo porque quizá no tenga tiempo de terminarlo y, de todos modos, ante la perspectiva del viaje, no estoy de humor para concentrarme en su lectura... Entablo conversación con quienes encuentro en el bar o en la mesa de juego, pero no intento trabar amistad con gente de la que pronto me separaré. Estoy a punto de levantar el vuelo".

El barco que W. Somerset Maugham esperaba llegó en diciembre de 1965. Tenía entonces noventa y un años y había escrito veintiséis libros, veintinueve obras de teatro y noventa y un cuentos. Su muerte desencadenó un diluvio de artículos y libros en los que los críticos literarios rendían tributo unánime de admiración al gran escritor.

Sin embargo, su vida y su personalidad fueron consideradas con más severidad. Los biógrafos comenzaron inmediatamente a analizar y criticar la vida de aquel millonario solitario, que había dicho: "La vida de los escritores es más bien aburrida", y que había esperado tanto y tan impacientemente su muerte.

Su propia historia contenía elementos de triunfo y de desengaño muy parecidos a los que trazó en sus obras.

Aquejado por una tartamudez de la nunca se curó, sus años escolares fueron clásicamente desdichados. Estudió medicina y, como a tantos otros médicos, el conocimiento que su profesión le proporcionó de la vida de los menesterosos y los desgraciados lo impulsó a escribir. Su primera novela, Liza of Lambeth, alcanzó enorme éxito. Lo pusieron por las nubes y las damas más encopetadas se disputaban su presencia en sus salones. Abandonó la medicina para dedicarse exclusivamente a la literatura, y entonces sufrió una serie ininterrumpida de fracasos. Cesaron las invitaciones. Puso sus miras en el teatro y comenzó a escribir piezas al estilo de Oscar Wilde. Al principio, no logró estrenar ninguna; luego súbitamente, los empresarios comenzaron a asediarlo pidiéndole obras. En 1909 batió el récord con cuatro piezas representándose al mismo tiempo en los escenarios londinenses.

La fama había vuelto y ya no lo abandonaría jamás, pero aún no había escrito sus mejores obras. En 1914 publicó su más destacada novela, Servidumbre humana, y luego durante la guerra, actuó como agente del Servicio Secreto en Suiza y Rusia. Este extraño episodio de su vida produjo un cambio vital en su carrera, agudizó su afición a viajar  y le suministró el material para los cuentos que probablemente constituyen su más perdurable monumento. Son ellos, y algunas de sus novelas, los que le permitieron alcanzar una posición única dentro de la literatura.

Otros escritores han ganado fama, o riqueza, o las alabanzas de la critica;: unos pocos han ganado las tres cosas, pero ninguno en la medida sin precedentes en que lo consiguió Somerset Maugham.

Sin embargo, a pesar de su enorme éxito, no se sentía feliz cuando en su magnífica villa de la Riviera, rodeado por su colección de valiosos cuadros, echaba una mirada retrospectiva a su amargada vida por el fracaso de su matrimonio, la pérdida de su fe religiosa que nunca pudo recobrar y la sensación de la soledad. Tenía una legión de admiradores, pero muy pocos amigos,  y por ellos sabemos que bajo su timidez se ocultaba la bondad más que el cinismo, y que la riqueza nunca logró superar  su modestia. Es preciso reconocer, asimismo, que su soledad constituyó para él una fuente tanto de fortaleza como de pesar. Maugham fue ante todo un hombre que observaba y escuchaba, que veía las cosas como realmente eran.

Fuente: Biblioteca de selecciones. Volumen III, 1969. Págs. 334-335

Dejo un enlace al libro: Servidumbre humana, 1914 en versión PDF
http://www.gutenscape.com/documentos/4074803a-53ec-48a9-91c9-7789f9120cad.pdf

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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