sábado, 24 de agosto de 2013

Escribir, por ejemplo...

¿Somos lo que escribimos realmente o sólo somos una ínfima parte de toda ese mundo complejo que subsiste en nosotros mismos?

Escribir por ejemplo...

Todos podemos escribir, es más, todos lo hemos hecho, sino en todos los momentos de nuestra vida, por lo menos en algunos pasajes de ella; escribimos por necesidad de liberación (y se me viene a la mente todas esas rarezas - aunque ciertas, citadas luego de alguna presentación de un libro- que dicen los poetas cuando se les interroga sobré cómo conciben la escritura para sí mismos), lo cierto es que sea liberación, estado de trance inspirador, o que sé yo, la acción de escribir en sí misma es - valga la redundancia-: la misma, coger un lápiz y una hoja y divagar sobre ella, o situarse frente a un ordenador y hacer lo mismo.

También existe escritura del otro lado, una escritura por situación meramente rutinaria de redacción cuando por ejemplo un estudiante cualquiera se siente de pronto forzado a transcribir literalmente temas asignados para alguna materia o asignatura de estudios dejados por algún profesor para ser trabajados durante un fin de semana, sacrificando así un tiempo que debería estar dedicado a una llevar una estadía -de sábados y domingos- más placentera, cosa cierta, o no, estoy seguro de que ésta también es una forma de escritura, aunque direccionada, forzada, o utilitaria bajo el afán de "necesariamente útil para aprender" es sigue siendo también el mismo proceso, coger el lápiz, los libros y el cuaderno y divagar - aunque más objetivamente- sobre esas páginas rayadas o cuadriculadas. He incluso llegado a escuchar que este tipo de escritura es la más aburrida, pero creo que al fin y al cabo útil, por lo menos a largo plazo, en fin.

Existe también otro tipo de escritura, el de las relaciones laborales y formales, es que está destinada a las secretarias de oficina de por vida, cual albaceas de la formalidad siguen al pie de la letra todos los convencionalismos. (Las admiro por ello, porque aunque su trabajo me resulte bastante mecánico, me resulta loable admitir sí, la dedicación que ponen a dicha documentación al momento de cuidarlas sagradamente bajo "siete llaves"). Con este tipo de escritura pasa algo extraño, porque está enmarcada bajo una necesidad de comunicación tal que reduce al milímetro -hasta desaparecerla- cualquier tipo de pequeña creatividad, es el formato y punto. Así, predomina aquí una situación de solicitud, encargo o justificación, ejemplo de ello, el escribir para evitar un descuento justificando una inasistencia laboral, o una salida temprana antes de la hora (y a quién no le ha pasado ésto), a ello debo reconocer que esta escritura resulta la más cuadriculada de todas, porque es la que más se debe pegar a los procesos formales, y estilos de redacción. Ahora que se me viene a la mente este ejemplo, que es lo más común, y sin embargo me resulta aún algo indecoroso que tengamos que someter nuestra verdadera intención comunicativa a meras formalidades cuando en el decir - y escribir-: "falté por esto o por aquéllo", tenga mayor valía por lo que intentamos decir cuando escribimos, en fin, como una vez afirmé, y me resulta tedioso aceptarlo hasta hoy son los escritos que más detesto hacer, pero entiendo que son necesarios a la hora de subsistir dentro de este espacio de convivencia institucional en nombre de la sagrada formalidad social, ésa llena de esquemas, sangrías, pegados a la derecha e izquierda, vocativos, firmas y post firmas, ah, y no menciono el cuidado de no sobrepasar los trazos en la línea de la firma.  Aquí otra vez nos encontramos con el mismo proceso, coger un modelo preestablecido, cambiarle de datos, y bueno, seguir escribiendo, pero esta vez bajo una intencionalidad.

La esencia de la escritura

Podría citar muchos ejemplos más, pero me alejaría de mi verdadera intencionalidad a la hora de escribir este artículo, y que planteé al inicio con esta interrogante abierta, fácil es escribir, resulta fácil hacerlo, usar las palabras y hacerlas encajar entre sí mismas unidas a conectores tan simples, pero a la vez tan difíciles de memorizar- y esto, no le quita su simpleza- como cuando contemplamos la línea de una circunferencia desde el interior sintiéndola como cóncava, y viceversa si la vemos desde el exterior como convexa. Cada uno, entiende, comprende e interpreta a su propia manera el orden de las cosas, esto de cóncavo y convexo resultaría a simple vista algo presuntamente intrincable o confuso de asimilar, pero no lo es, es fácil, ya que nuestra intención comunicativa, en muchos casos cuando no es objetiva o clara, puede perderse en los múltiples entendimientos y miradas, tal es el caso de una poesía subjetiva; aquí, siempre el lado interpretador será avistado desde el punto personal en función de una cultura propiamente estética, de allí que el interpretar conlleve una suerte divorcio respecto a la intencionalidad real del poeta. Por otro lado, cuando un escrito resulta bastante objetivo, llámese en una nota informativa o dentro de un ensayo las interpretaciones resultan de pronto más concienzudas y menos divagables, pero aún así no resultan tan convergentes, dado el hecho mismo que lleva implícito una interpretación que es ante todo una visión personal, y por ende distinta entre una y otra, en fin.

Sea como fuere, estoy seguro y discrepo abiertamente con quienes conciben a  la escritura como un don místico propio de una clase selecta, esto me resulta patético, y admitirlo, aún más, reconozco sí, que la escritura, entendida en sí misma como una virtud del Ser humano, es uno de los canales de expresión - porque el otro es la oralidad- más importantes, siendo por tanto necesario cultivarla, y se cultiva, practicando, escribiendo día a día, el leer ayuda mucho, amplía el vocabulario, nos acerca a un estilo propio, no copiado, por tanto la escritura se trabaja constantemente hasta hacerla una habilidad motora fina, pero esto es sólo una parte de ello. La práctica enseña, pule, perfecciona; sin embargo, y allí está la mayor responsabilidad a la hora de escribir: la otra parte, la más relevante, que es el uso que se le da a ella en sí misma respecto a la ciudadanía, cuando es hecha con honestidad, limpieza y transparencia alejada de toda intención burda, de todo lenguaje soez, y de toda intención manipuladora y perjudicial. La escritura es indefectiblemente vivificadora y formadora, no tergiversadora, por eso he allí, el gran compromiso de los que hacen de la escritura su trabajo, porque la escritura es en sí misma un trabajo que requiere dedicación propia.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario