martes, 24 de septiembre de 2013

Deber

El mayor deber de las personas consiste en ser grandes y orientar sus propios esfuerzos a alcanzar ello, más allá de cualquier situación de frustración inmisericorde del pasado o del presente, vislumbramos futuro con pensamiento y acción, y eso -al fin y al cabo- pienso que es lo más importante, pero esta tarea no se completa sino logramos del mismo modo hacer grandes a los demás que cruzan nuestra propia vida. Luego, hay un mundo allá afuera, sí, sí, afuera de nuestras comodidades, que espera ser atendido, son como nosotros y como nosotras, ríen y comen como nosotros y nosotras, se alegran y se entristecen como nosotros y nosotras, somos en suma nosotros y nosotras mismos reflejados en los otros.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La dimensión del amor: sobre los grupos, los individuos y sus consentimientos.


¿Qué tienta a nuestra propia consciencia a no poder superar nuestros propios errores? Los círculos viciosos que se forman cuando hacemos el intento por avanzar, y sin embargo, nada.

Las personas a veces no entendemos todo esto y nos enredamos en círculos viciosos. De allí, que siempre estemos tentados a salir con las personas equivocadas, aquéllas que se toman por apuro, luego de una noche "cómoda" de sexo vacío, o de un despecho pueril. Porque es verdad, fácil es dejarse llevar, tal vez guiado por conveniencia propia o por conveniencia del otro - y váyase a saber de qué tipo de conveniencia interpretemos por esto-,  en fin. Simplemente digamos que las conveniencias existen y subsisten, y están mucho más enraizadas en las personas que adolecen de una inteligencia emocional y empatía sana.

Algunas veces, ese "salir" con personas equivocadas obedece a una necesidad, pero no me refiero a esa necesidad propia y sana del individuo por buscar sentirse identificado y acompañado de alguien- y por ende gratificantemente realizado-, sino a esa urgencia enfermiza por aferrarse a ese alguien del pasado, o tal vez del presente, qué sé yo, por situación venial o banal olvidando lo más importante que el bienestar personal y moral. A veces, pienso que es mejor percibir, sentir y dejar pasar cuando sintamos que nuestra presencia sólo genere - y sabemos cuándo ello pasa- una sensación de incomodidad y vacío para el otro, y para los otros que devengan de éste, familia, pareja, hijos, hermanos, padres y demás familiares. Es difícil, pero es necesario para no ilusionar ni engañar a nadie, menos a nosotros mismos. Pienso que cuando se omite esa especie de regla del "percibir, sentir y dejar pasar" estamos abriendo -bajo los clichés de "amigos con derecho", "parejas sostenidas por relaciones abiertas", "paños de lágrimas", "confidentes anónimos y furtivos", y todos los demás adjetivos que acarreen estas acciones de doble propósito que están lejos  de construir afectos reales, sino más bien seudoafectos cargados de sentimientos de culpabilidad-   la posibilidad de eso que yo llamo relaciones afectivas por conveniencia o frivolidad, y entonces a partir de allí obran en nosotros todos esos elementos que se llaman: infidelidad, deslealtad, superficialidad, esquivez y mezquindad. De allí que las relaciones afectivas, hoy en día, estén supeditadas al interés, no propio, sino por el otro.

De grupos e individuos

Estamos rodeados de todo tipos de individuos: algunos justos, otros menos justos, y otros nada justos, pero individuos al fin y al cabo con quienes tenemos que convivir, vivir, y por supuesto tratar. Escuchamos palabras, leemos consejos, disponemos de experiencias, todo esto sirve, lo sé, pero a la hora de tomar las decisiones por cuenta propia- cosa curiosa- no podemos aplicar nada de esto, eso es muy común, pero preguntémonos si es normal y saludable, y el problema se agudiza más cuando estamos frente al grupo externo (qué importa lo que piense en  mis adentros), y a esa necesidad imperiosa de probarnos que somos tan igual como los demás con el fin de ser aceptados, congratulados y hasta reconocidos y "queridos" dentro de colectivos que no son nuestros ni pertenecemos. Sin embargo es raro todo esto, pero siempre he tenido la sensación que si el individuo no actúa conforme al grupo empieza a cavar desde ya, desde el instante preciso que reconoce su individualidad, su propia muerte social. Sin embargo no quiere decir con esto, que las razones externas no deban ser escuchadas ni respetadas , sino al contrario, analizadas y guardadas en aras del pluralismo común que debe regir nuestras vidas. Luego, el respeto es ante todo prioritario.

Las cosas son como son, si uno no quiere nada, mejor nada. A veces es difícil de entender esto, pero uno mismo se genera problemas, si camina en  dirección contraria.


La dimensión del amor

Yo creo en el amor, creo mucho en el amor entre dos personas, siempre y cuando no haya una intencionalidad de daño a terceros, y coexista - por supuesto- el libre  y sobre todo limpio consentimiento de amar por ambos lados porque las personas que llegan a nuestra vida merecen ser recibidas con el mayor espíritu sincero. A veces nos cuesta aceptar esto, pero es necesario, no puedo mentirme a mi mismo con alguien a quien en vez de querer sanamente, lo termine ilusionando, forzando o engañando sólo por puro capricho e interés personal. Las personas no se merecen esto.

Si alguien quiere una mujer o un hombre a su lado, debe salir a la calle y buscarlo o buscarla, serle claro desde el primer momento en cuanto a las intenciones reales; si en ese transcurso alguien se enamora bien, y si es correspondido mucho mejor, total, todo entra por el impulso físico, lo otro - el de las emociones- se desarrolla luego. A partir del consentimiento mutuo, surge una relación afectiva que después alcanzará la dimensión de valorativa. Todo a su tiempo. A partir de allí, se trabajará diariamente por fortalecer esto que ha nacido dando lo mejor de uno mismo al otro. Luego, las situaciones más insospechadas, raras y extrañas terminan por sobrecoger a nuestras emociones envolviéndolas luego en explosiones impetuosas de deseo físico, carnal y orgánico, pero también en explosiones afectivas de cariño y de reciprocidad. Ambos tipos de sensaciones enriquecen el enamoramiento.


Nunca debemos mentir al otro, porque entonces nos estaremos mintiendo a nosotros mismos, ya que de nosotros depende el orden de nuestra propia estabilidad y felicidad. No busquemos pretextos luego, para no decir que somos felices. El problema de mentir configura un problema mayor, esa sensación de vacío e indiferencia que uno mismo se genera y lo que es peor, genera también a la otra persona.Luego, el perdonar es inherente a toda persona, y depende de ésta llevarla a cabo o no, depende de la edad, de las circunstancias y de la persona a quien tenemos al frente.

Sólo los individuos capaces de dar todo, y de dejar de lado las mezquindades o remilgos de afecto diarios desarrollan,  pienso yo, esa capacidad de amar y de perdonar respecto al ser propio, y al otro. Esa capacidad de amar es inherente a nosotros, está en continua prueba y evolución, y depende de nosotros sobredimensionarla, en fin, el reto está allí y es menester de cada quien asumirlo, y más ahora cuando ese amar se hace mucho más difícil con cada día que deviene, porque es una realidad que hoy: las apariencias y las superficialidades han ganado terreno, y ya nadie quiere intentar amar. Sin embargo esto, esto no debe desanimarnos, en fin, cosas, cosas y más cosas.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El lenguaje de las palabras

pero las ideas no bastan, nunca sirven por sí mismas, fácil es pensarlas o arroparlas con palabras, ah, las palabras, las interminables palabras, que por sí solas carecen de validez, de ton y son; las experiencias son más importantes, los viajes, las conversaciones triviales e inesperadas, e inclusive las emociones y las pasiones juntas tal vez son más importantes que las ideas. Las ideas son mágicas, truculentas, seductoras, envolventes, sugestivas, eso lo sé, sin embargo son las vivencias y experiencias del individuo las que las vuelven con sentido, más certeras y dignas, más filosóficas, algunas veces más morales, otras, simplemente más sencillas, en suma vivificadoras.

Desde Lima, ciudad capital del Perú. 

Víctor Abraham les saluda.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Ricos, pobres y consecuencias.

"La pobreza no justifica la destrucción de la Amazonía", eso ha dicho el ministro del ambiente Manuel Pulgar Vidal hoy, al menos así lo he leído en el diario La república esta mañana, hecho que me lleva a pensar dos cosas: la primera que es cierta, y la segunda que es otra vez cierta, y es que sucede que le creo porque pienso que indefectiblemente la pobreza no puede convertir al individuo en delincuente común, es más, no debe en ningún momento este adjetivo  ni sus acciones que de ello deriven, justificarse en la escasez material o viceversa.

El gran problema de siempre 

Foto tomada del portal:
http://blogs.gestion.pe/reformasincompletas/2013/08/mineria-ilegal-y-mineros-infor.html
Sin embargo, tras esto debo admitir también que mucho de parte y quizá de culpa mayor lo tengan los ricos que empujan a los pobres a deteriorar sus propios hábitats, so pretexto de proveerles un trabajo que en muchos casos se ofrece en las condiciones más execrables e inhumanas, pienso en esto y me reafirmo, ¡que cosa ilegal puede proveer estabilidad o legalidad!

Todo esto de ofrecer "remuneraciones adecuadas y exorbitantes", así puesto entre comillas, ya resulta algo pocamente creíble, una cosa paliativa, muy paliativa. Entendámoslo bien que digo paliativa porque tras esos pagos mediocres y "pobres" porque lo son frente a lo que obtiene el rico, producto de las relaciones sociales que teje y compra con todos los organismos de poder a escala nacional y mundial no tienen comparación, - total, ¿quién hoy en día no cede al dinero?, sinceramente que el hecho  mismo de pensar en esta posibilidad como opción de desarrollo y de vida, me produce un pavor, me produce una pena colmada y reprochable, en fin-.

Decía que más allá de estos ingresos momentáneos no hay nada, o no queda nada, absolutamente nada porque es cierto- y seamos claros en admitirlo-  que uno de los puntos más álgidos y que nadie quiere reconocer abiertamente, es que mucho de la bonanza de nuestra economía peruana, esa que nos arroja cifras macroeconómicas sin sustento real en el individuo de a pie, sí, sí, en el individuo común y corriente radica y se sostiene, y en porcentajes altísimos (cercana y alrededor de 5 mil millones de dólares), en la suma del blanqueo del dinero proveniente de la droga más el de la minería ilegal e informal que ya la está superando y que en cierta forma complementan los canales de ingreso de la minería legal que hipócratamente la desdeña, pero la alimenta con los canales de comercialización que van hasta los mercados legales internacionales, además de las maquinarias de gran tonelaje, equipos e insumos como el arsénico y el mercurio, y los canales financieros y políticos, obviando todo tipo reglamentaciones hasta convertirlos en un puro y simple saludo a la bandera.

Pienso que esta mafia monopólica trasnacional, porque hay que decirlo con todas sus letras, porque eso es, sí, esta misma que se ha enquistado para mal y vergüenza nacional en parte de nuestra historia, y que ha sido permitida por muchos gobiernos anteriores, o al menos en los de los últimos cuarenta años, y ocultada para beneplácito de poderes ocultos sin nombres ni rostros, esos mismos que hacen aparecer hoteles de lujo en la selva, flotas de buses modernos y de camiones de alto costo, y residenciales en las partes más caras y exclusivas de Lima y provincias, todo eso gracias a que colocan en el mercado mundial -sin que nadie diga nada -grandes tonelajes de minerales, al puro estilo de esas letras de salsa que se me viene ahora a la mente: "y cómo lo hace, cuál es el negocio..."

Una historia nada buena


Foto tomada del portal:
 http://www.portalnet.cl/comunidad/historia.945/1028813-hu-el-mal-del-opio.html

Todo esto que he mencionado, no es sino, parte pura de una historia heredera que se repite de lo que fuera en el pasado la guerra del opio en la que una Inglaterra a cañonazos hacía abrir sus puertos a la China para introducir el opio (droga) en  el siglo XVIII, o el crack estadounidense que vendían las agencias secretas norteamericanas para financiar la contrarrevolución en Nicaragua entre los años de 1980 1990. No es raro que quienes acumulan hoy en día grandes fortunas, producto de la extracción de minerales ilegales sean inmensos grupos financieros que compran dólares baratos en la selva para colocarlas en el mercado legal, poderes trasnacionales que subsisten gracias a grandes paraísos fiscales, fortunas sin nombre ni apellido, y que la televisión sólo no muestran a pequeños paqueteros que venden ketes, o a bellas burriers que intentan ganarse algo dentro de un gran mercado de pobreza y desocupación para las mayorías populares . No es raro, y esto se me viene a la mente en estos momentos  que en el Perú del virreinato el indio haya prodigado su trabajo a cambio de grandes dosis de alcoholismo, fiestas patronales y coca promovidos desde el poder colonial para domesticarlos y embrutecerlos. Sin olvidar, por supuesto, el trabajo intermediador de los grupos bancarios financieros,  donde políticos, curas y altos mandos militares y policiales han estado envueltos - y lo siguen estando hasta hoy- junto con los poderes judiciales.

¿Qué hacer?

Todos estos lastres se han tapado por años  hasta llegar al extremo de ser hoy en día innegables porque es real, todo es real, inclusive los daños que han rebasado todo lo "permitible legalmente", ya que estas fuentes retroalimentan al sistema capitalista en el que vivimos, y cuyo vigor viene perdiendo fuerzas, especialmente en cuanto a sus tazas de ganancias.
Foto extraída del portal http://www.tvperu.gob.pe
Pienso por tanto, y sosteniendo mis propias ideas vertidas al inicio que la pobreza debe alimentar ante todo principios, normas, códigos de verdad para evitar caer en la propia ignorancia de creer que un puñado de dinero o  la propia necesidad material puede justificar tal abominación depredadora. Total, qué podemos ofrecer a los miles de desocupados que caen en estas redes, sino áreas de producción que generen valor agregado, apertura de mercados a los productos vilipendiados como la coca para darles alternativas productivas saludables, revisión de cláusulas de los tratados internacionales sin reglamentación que fomentan mercadería subvaluada o de mala calidad que hacen competencia desleal a  nuestros productores, y tantas otras sugerencias que espero los lectores a esta crónica sumen a los distintos ángulos de opinión propios.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Me deja tranquilo...


Me deja tranquilo el hecho mismo de tener mi consciencia tranquila, fácil es arroparse bajo una falacia, ya sea directa o indirecta, y al parecer creo que esto está de moda, sin embargo, eso en realidad no me llama la atención tanto, no me preocupa, no me llama la atención el daño en sí, sino el móvil que lleva a dañar al otro, ese móvil tan extraño y repentino. Fácil es safarse de la responsabilidad del orden y de la reflexión premeditada, del respeto a sí mismo y del respeto al otro, no cuesta nada, y más cuando existen tipos de personas diseminadas por allí- porque los hay y existen a montones- esperando un traspié nuestro, esperando una ansiedad nuestra, o una confusión propia para aprovecharse de ese transitorio caos estacionario y hacernos caer en una honda sensación, sí, sí, en esa honda sensación de vacío irrevocable, existen y subsisten estas personas porque nosotros mismos lo permitimos, personas que nos hacen creer que un confort pasajero suple las disvariaciones de la consciencia, ingenuos razonamientos, y digo ingenuos porque esas disvariaciones de la consciencia no se cubren con escapes, sino diálogos sinceros, y es allí cuando recién damos forma a esto que llamamos entendimiento. Nada es más tranquilizador y revitalizador que la propia condición de ser auténticos, de decir "siento esto", y seguir creciendo. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.