lunes, 16 de septiembre de 2013

Ricos, pobres y consecuencias.

"La pobreza no justifica la destrucción de la Amazonía", eso ha dicho el ministro del ambiente Manuel Pulgar Vidal hoy, al menos así lo he leído en el diario La república esta mañana, hecho que me lleva a pensar dos cosas: la primera que es cierta, y la segunda que es otra vez cierta, y es que sucede que le creo porque pienso que indefectiblemente la pobreza no puede convertir al individuo en delincuente común, es más, no debe en ningún momento este adjetivo  ni sus acciones que de ello deriven, justificarse en la escasez material o viceversa.

El gran problema de siempre 

Foto tomada del portal:
http://blogs.gestion.pe/reformasincompletas/2013/08/mineria-ilegal-y-mineros-infor.html
Sin embargo, tras esto debo admitir también que mucho de parte y quizá de culpa mayor lo tengan los ricos que empujan a los pobres a deteriorar sus propios hábitats, so pretexto de proveerles un trabajo que en muchos casos se ofrece en las condiciones más execrables e inhumanas, pienso en esto y me reafirmo, ¡que cosa ilegal puede proveer estabilidad o legalidad!

Todo esto de ofrecer "remuneraciones adecuadas y exorbitantes", así puesto entre comillas, ya resulta algo pocamente creíble, una cosa paliativa, muy paliativa. Entendámoslo bien que digo paliativa porque tras esos pagos mediocres y "pobres" porque lo son frente a lo que obtiene el rico, producto de las relaciones sociales que teje y compra con todos los organismos de poder a escala nacional y mundial no tienen comparación, - total, ¿quién hoy en día no cede al dinero?, sinceramente que el hecho  mismo de pensar en esta posibilidad como opción de desarrollo y de vida, me produce un pavor, me produce una pena colmada y reprochable, en fin-.

Decía que más allá de estos ingresos momentáneos no hay nada, o no queda nada, absolutamente nada porque es cierto- y seamos claros en admitirlo-  que uno de los puntos más álgidos y que nadie quiere reconocer abiertamente, es que mucho de la bonanza de nuestra economía peruana, esa que nos arroja cifras macroeconómicas sin sustento real en el individuo de a pie, sí, sí, en el individuo común y corriente radica y se sostiene, y en porcentajes altísimos (cercana y alrededor de 5 mil millones de dólares), en la suma del blanqueo del dinero proveniente de la droga más el de la minería ilegal e informal que ya la está superando y que en cierta forma complementan los canales de ingreso de la minería legal que hipócratamente la desdeña, pero la alimenta con los canales de comercialización que van hasta los mercados legales internacionales, además de las maquinarias de gran tonelaje, equipos e insumos como el arsénico y el mercurio, y los canales financieros y políticos, obviando todo tipo reglamentaciones hasta convertirlos en un puro y simple saludo a la bandera.

Pienso que esta mafia monopólica trasnacional, porque hay que decirlo con todas sus letras, porque eso es, sí, esta misma que se ha enquistado para mal y vergüenza nacional en parte de nuestra historia, y que ha sido permitida por muchos gobiernos anteriores, o al menos en los de los últimos cuarenta años, y ocultada para beneplácito de poderes ocultos sin nombres ni rostros, esos mismos que hacen aparecer hoteles de lujo en la selva, flotas de buses modernos y de camiones de alto costo, y residenciales en las partes más caras y exclusivas de Lima y provincias, todo eso gracias a que colocan en el mercado mundial -sin que nadie diga nada -grandes tonelajes de minerales, al puro estilo de esas letras de salsa que se me viene ahora a la mente: "y cómo lo hace, cuál es el negocio..."

Una historia nada buena


Foto tomada del portal:
 http://www.portalnet.cl/comunidad/historia.945/1028813-hu-el-mal-del-opio.html

Todo esto que he mencionado, no es sino, parte pura de una historia heredera que se repite de lo que fuera en el pasado la guerra del opio en la que una Inglaterra a cañonazos hacía abrir sus puertos a la China para introducir el opio (droga) en  el siglo XVIII, o el crack estadounidense que vendían las agencias secretas norteamericanas para financiar la contrarrevolución en Nicaragua entre los años de 1980 1990. No es raro que quienes acumulan hoy en día grandes fortunas, producto de la extracción de minerales ilegales sean inmensos grupos financieros que compran dólares baratos en la selva para colocarlas en el mercado legal, poderes trasnacionales que subsisten gracias a grandes paraísos fiscales, fortunas sin nombre ni apellido, y que la televisión sólo no muestran a pequeños paqueteros que venden ketes, o a bellas burriers que intentan ganarse algo dentro de un gran mercado de pobreza y desocupación para las mayorías populares . No es raro, y esto se me viene a la mente en estos momentos  que en el Perú del virreinato el indio haya prodigado su trabajo a cambio de grandes dosis de alcoholismo, fiestas patronales y coca promovidos desde el poder colonial para domesticarlos y embrutecerlos. Sin olvidar, por supuesto, el trabajo intermediador de los grupos bancarios financieros,  donde políticos, curas y altos mandos militares y policiales han estado envueltos - y lo siguen estando hasta hoy- junto con los poderes judiciales.

¿Qué hacer?

Todos estos lastres se han tapado por años  hasta llegar al extremo de ser hoy en día innegables porque es real, todo es real, inclusive los daños que han rebasado todo lo "permitible legalmente", ya que estas fuentes retroalimentan al sistema capitalista en el que vivimos, y cuyo vigor viene perdiendo fuerzas, especialmente en cuanto a sus tazas de ganancias.
Foto extraída del portal http://www.tvperu.gob.pe
Pienso por tanto, y sosteniendo mis propias ideas vertidas al inicio que la pobreza debe alimentar ante todo principios, normas, códigos de verdad para evitar caer en la propia ignorancia de creer que un puñado de dinero o  la propia necesidad material puede justificar tal abominación depredadora. Total, qué podemos ofrecer a los miles de desocupados que caen en estas redes, sino áreas de producción que generen valor agregado, apertura de mercados a los productos vilipendiados como la coca para darles alternativas productivas saludables, revisión de cláusulas de los tratados internacionales sin reglamentación que fomentan mercadería subvaluada o de mala calidad que hacen competencia desleal a  nuestros productores, y tantas otras sugerencias que espero los lectores a esta crónica sumen a los distintos ángulos de opinión propios.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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