jueves, 17 de octubre de 2013

Los caminos de los hombres

A mi apreciado amigo Himer Gómez, 
allá en Buenos Aires, en Buenos Aires del Perú.


Los caminos rectos de la coherencia y de la transparencia están enfrente de nosotros, los tenemos, se nos muestran, o mejor afirmaría que el desarrollo del curso normal de la vida nos lo muestra; y sin embargo es discernimiento nuestro, sí, sí, nuestro, tomarlos o dejarlos. Es difícil, lo sé, y más cuando sé que la decisión de hacer lo correcto es obra y gracia de muy pocos agentes, entiendo, entiendo todo esto, como también entiendo que los ejemplos confeccionados a imagen y semejanza humana, porque es cierto, carecen de ese espíritu noble, son arquetipos con pizcas de humanidad forzadas, y esto, y esto es lo que nos vende la industria del consumo, de la mediocridad intelectual, de la vulgaridad, e inclusive de la estupidez misma de reírse de la nada y sin un sentido lleno de justificaciones humanas como lo afirmaría Bergson. Entiendo, entiendo que ahora, estemos más ocupados y forzados a ocuparnos de lo más trivial y poco trascendente, porque es una realidad, tenemos que vivir o subsistir en medios más rápidos y competitivos donde no gana el más sincero, sino el más servil; donde el éxito que hoy se consigue ya no nos dignifica, sino que viene a nosotros como una suerte de maldición. Preguntémonos entonces, es compatible el éxito con la felicidad hoy en día, sí lo es para algunos, aplausos, y qué bueno por ellos, sin embargo creo que para la gran mayoría tal vez no sea así. Una cosa es decir hipócritamente, "Soy feliz" "Mis libros, mis títulos, mi confort, mi placer y hasta mis ornamentos me hacen feliz", y otra cosa es serlo realmente. En fin, apreciaciones mías.

Los caminos de la firmeza

Entiendo que últimamente estén más de moda todos esos conceptos psicológicos, de autoayuda, de literaturas light, de marketing y de sistemas, que no dudo que sirvan en algo al desarrollo de las consciencias, pero sin embargo estoy seguro que sólo tocan el problema de la consciencia humana muy leve, casi mínima, tal vez porque detrás de esos conceptos propagados en conferencias y pensiones universitarias caras, círculos cerrados en cuyas puertas siguen apareciendo, -tal vez no expresa, pero estoy seguro que de manera tácita-, esa famosa expresión de "se reserva el derecho de admisión". Es lamentable todo esto porque detrás de esta maquinaria subsiste el lucro, pero no ese lucro de recuperar lo invertido, sino sórdido de ambición, de lactancia material desmedida. Yo les hablo no a los poderosos que tienen su dinero, sino a los pobres de consciencia, de reflexión, de decisión. Yo no me sitúo en medio de los pobres y los ricos para atacar o para apoyar, sino que mi lucha se debate en el centro de los espíritus, de la consciencia y de la inconsciencia de cada ser humano porque esto es lo más grave, lo más perturbador, lo más detestable. Cuando era un adolescente universitario siempre abracé la lucha por los que menos tenían, hoy en mi edad de buscador adulto abrazo la lucha por los que más necesitan. Sigo pensando que las personas en esencia son buenas, no más que eso, no más bondad que lo que les podamos dar. Nuestro trabajo hoy por hoy, pienso que es el compromiso, nuestro compromiso con el amor, con el amor en todas sus dimensiones, y bajo todas sus matices.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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