domingo, 6 de octubre de 2013

Sobre la escritura y el arte

Cuando uno lleva implícito en la personalidad propia ese extraño sentimiento de escribir- y es consciente de ello- no anda por ahí dando recetas, ni explicando a los demás los misterios que encierran este proceso, ya sea el de escribir poemas, el de escribir narrativas fantásticas o detectivescas; pienso que eso al fin y al cabo obedece más a un aspecto de marketeo personal y económico que consiste en atiborrar escenarios con individuos provistos de cuadernos y lápices -previamente seleccionados-, aspectos que no he entendido hasta hoy porque no ha existido nunca ni existirá - al menos para mi imaginario propio- una escuela para creadores de la palabra, no se pueden formar creadores de palabras, expresiones, versos o párrafos así como así, quien hace esto: está mintiendo; sí  en cambio puedo imaginar escuelas de normatividad ortográfica reglamentadas al interior de universidades o instituciones competentes en ello, con sesiones de redacción validadas y llevadas a cabo por profesores especialistas, tal vez lingüistas, filólogos, o maestros de gramática, total, es esa su función, y están competentemente preparados para llevar este tipo de empresa a cabo, puesto que la escritura es una facultad humana inherente a cada uno de nosotros, es aprehensible, trabajable, asimilable en el sentido literal de la palabra, escribir desde ya nos hace escritores todos y a todas, sin embargo, lo otro, eso de la creación misma como arte, es otra cosa: esto va más allá de un simple interés ortográfico o gramático, e inclusive estético.

El creador siente las palabras y las coloca todas, todas una tras otra, seguidamente por impulsos cíclicos, algunas veces alegres, otras veces no tan alegres, estas relaciones de palabras obedecen más a sensaciones extrañas e inquietas de carácter interno que externo, esa capacidad se forma día a día a veces - inclusive- en la soledad misma, en la angustia personal, en el paroxismo emocional, en las vivencias propias, en los deseos internos, ect; por tanto pienso que son todas estas extrañas circunstancias que rodean al individuo -y que muchos llaman, inspiración-, lo que lleva a la escritura a convertirse para los críticos en aceptable o no aceptable, empero a veces todas esas extrañas sensaciones no son todo, no son suficientes; la otra parte vital, la otra formación, se consigue diariamente en base a las lecturas personales que cada quien selecciona y por la cual opta.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

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