martes, 24 de diciembre de 2013

Del hombre que es escritor, pero sobre todo ciudadano


La función ciudadana de la escritura

Al escribir esta última crónica del año me sobreviene al pensamiento las 58 que han precedido a ésta, todas escritas a lo largo de estos doce meses. En muchos casos constituidas y estructuradas bajo las formas de fragmentos narrativos, poemas sueltos , aunque muy pocos, tal vez mínimos, escritos de análisis y de cuestionamiento, ensayos, apuntes psicológicos, algunos otros cargados de matiz filosófico, en fin..., también subyacen a ésta, escritos y apreciaciones diarias como diarios pequeñas, como pensamientos libres y sueltos, como breviarios anecdóticos, como ligeras percepciones y anotaciones de lo que un individuo puede ser capaz de observar, de recoger, de mirar e inclusive de afirmar o rechazar cuando está convencido que su trabajo no es inmediato, al menos no en los resultados que espera, sino que la solidez y forma de éstos requieren de un tiempo prudencialmente largo, paciente, sacrificado, algunas veces insospechado, y hasta obstinado, pues la tarea del escritor es así, una tarea que calza perfectamente con el oficio del eterno joven titán Atlas de la mitología griega que consistía en sostener bajo sus hombros las columnas que mantenían la tierra separada de los cielos, o como el oficio del inmortal Prometeo, quien en su afán de solidaridad con la humanidad se es visto a robar la luz, el calor, el conocimiento de los dioses para dárselos a quienes él considera sus amigos, los hombres. En Atlas, y su eterna responsabilidad, su resistencia estoica para evitar que el peso de los destinos de los cielos caiga sobre los destinos de los hombres, o en Prometeo, y su eterna astucia para burlar a quiénes él considera los elegidos, pienso que está representado metafóricamente dos de las principales tareas de quién lleva bajo su consciencia el espíritu de la creación, y en la palabra escrita, el espíritu del compromiso y de servicio, el escritor.

Como Atlas, el escritor está destinado a sobrellevar sobre sus hombros el cuestionamiento eterno que hace de las consciencias colectivas de su tiempo con el fin de equipararlas a lo que él considera ideal, una sociedad o cultura ideal. El escritor -que también es un ciudadano- se obliga a sí mismo a reformular pareceres que se asumirían como normales, dogmáticos, aplicables y hasta saludables de aplicación, escondiendo en sus estructuras e intencionalidades más internas lo contrario, lo bajo, lo oscuro y absurdo, lo malo, lo maquiavélico que es necesario sea sacado a la luz y puesto a los demás para la reflexión. Nuestras sociedades también dividen a sus individuos en dos grandes esferas permitiéndoles agruparse entre sí según rasgos culturales y sociales, para dejar en evidencia luego, entre sus manifestaciones, lo de arriba y lo de abajo, lo moral y lo amoral, lo agradable y lo detestable, lo consciente y lo inconsciente, lo racional y lo irracional, lo crítico y lo permisivo, lo verdadero y lo falso, en fin, lo bueno y lo malo. Y es menester - y debe ser siempre- del escritor contribuir al entendimiento de estos grupos para acercarlos hasta equipararlos en ese gran rango que se llama condición humana, condición verdaderamente humana.

Por otro lado, Prometeo, nos recuerda la astucia para burlar a los elegidos, porque no sólo éstos son conocedores de la verdad, de la luz, del calor, sino que también pueden acceder a ella, a esta sabiduría seres mortales, seres sencillos, hombres de a pie como usted o como yo que no hemos ganado nada, pedido nada, ni proferido nada, que todo lo guardamos en el corazón. Total, nadie tiene la verdad absoluta, todos somos especuladores, y los escritores son los más grandes en este oficio de especular. Siempre he creído que no existen, que no existen personas malas, sino mal orientadas y mal encaminadas, que sus actos son los malos, y no ellos porque su esencia está en ser buenos, su esencia está hecha de bondad porque han sido creados por amor, por amor de dos seres que se llaman padres, y a quienes es necesario honrar y proteger mientras dure su existencia, sin importar las frivolidades judiciales, malsanas y burocráticas que intentan hacernos creer que denunciándonos entre nosotros podemos ser mejores, cumplir nuestras obligaciones, salvaguardar nuestras familias de ésos que la sociedad llama mal padres, pero que no les dio en sus tiempo el soporte educativo para tentar la otra vía de la ejemplaridad. El escritor está llamado a la comprensión de éstos, de los que se han equivocado. Él está llamado a ponerse al servicio de los que menos tienen, de los que menos conocen, de los que se han equivocado, de los que son los últimos y maltratados, los débiles y hasta mal adjetivados de "ingenuos", y "tontos", con el fin de extraer de ellos lecciones de vida, y de hacerlos partícipes también del conocimiento, de la luz, de la regeneración individual.

El compromiso de ser peruanos

Siempre escribo desde mi país, esté en Lima, en Buenos Aires- y no refiero a la capital argentina, sino a la ribera de mi infancia-, o fuera de ella, en el interior- albergado en otras provincias-, en el exterior- sobrecogido por otras personas-, soy peruano, mis padres son peruanos, y sin embargo pienso que es necesario no quedarse en la categoría de "peruano", menos de "peruano provinciano", sino de universalizarnos, es necesario hablar de "peruanos universales", culturalmente universales, servicialmente universales. Es necesario y - ahora más que nunca- que el peruano también sea visto desde su dimensión más humana, más culta, más solidaria y fraterna, más comprensiva y respetuosa de otras culturas, la dimensión de un ciudadano no sólo debe quedar resumido a un estadístico PBI, o a un sujeto calificado por su incremento macroeconómico; no somos objetos, sí, ciudadanos. Los peruanos no debemos dejar, menos consentir que sólo se nos vea como un atractivo cosificado, como una suerte de empresas y bienes negociables, porque no debemos quedar reducidos a éso, nuestra dignidad debe ser puesta en primer orden, y a la más alta escala. Una idea que se me ocurre ahora, es la imagen de un peruano, o de una peruana con una consciencia elevada del espíritu que critique y analice llevando sus cuestionamientos más allá de la simpleza pasional o del mero despecho, para erigirlos sobre el plano del razonamiento lógico y coherente. Se me ocurre la idea, de un ciudadano del Perú, que cuestiona lo que ve, y lo que oye, que se preocupa por culturizarse, que no se esconde en modas snobistas de cultura, sino que su cultura y educación es real, y la demuestra en las calles y con todas las personas, más aún con los que menos tienen, a toda hora y en cada instante. Yo visiono -y tengo la esperanza en que mi visión se haga realidad con el devenir de los años-, un peruano como ciudadano no de un primer mundo frívolo y consumidor, preocupado por alimentar los egos de su sostenimiento material, sino un ciudadano de un mundo cada vez mejor humano, cada vez mejor sensible y respetuoso de los credos, de las razas, de las ideas contrarias. Yo visiono un peruano cuyo eje de vida esté sostenido por un respeto pluralista, un ciudadano que valore su formación actitudinal tanto como su intelecto, un hombre y una mujer que cuando dice amar, o dice ser amigo, ame verdaderamente, y sea amigo de verdad porque el tiempo, el tiempo determina todo, determina las ideas, separa la paja del trigo, y hace posible el cambio productivo.

El agradecimiento

No podría terminar esta crónica sin agradecer a todos, a todos y a todas que hacen posible que este peregrinaje iniciado hace mucho tiempo atrás sea - y siga siendo- aún consecuente, porque los peregrinos son así, así de extraños y paranoicos en sus resultados, maniáticos de sus virtudes propias y de las ajenas que observan, he allí el genial ejemplo que el novelista danés Karl Adolph Gjellerup nos muestra en su "Peregrino Kamanita" quien en su intento por acercarse a la verdadera certeza divina descubre que ésta solo es posible y está contenida en la comprensión de los hombres. Me imagino ahora a mi padre, y a los miles de padres que intentan inculcar en sus hijos valores convertidos todos ellos en "Enmanuel Quint, ese loco en Cristo", para cuya única verdad de vida y redención- según su autor el dramaturgo alemán Gerhart Hauptmann- está en asumirse así mismos como íconos de los valores universales encarnándose para ello en héroes solitarios, incomprendidos y hasta desdeñados por una sociedad adversa y contraria a los principios que intentan formar, en su afán de mostrar a sus hijos los caminos de las virtudes mas humanas que no deben ser dejadas ni apartadas de los hombres y de las mujeres. Gracias a esos padres, y a los hijos que hacen caso a esos padres. En fin.

Por otro lado, a quiénes hacen de la motivación diaria, dentro de las redes sociales, un eje de vida para otros actores sociales, a los buenos amigos y colaboradores, que en muchos casos sólo conozco de nombre y por rumores, pero sin embargo que siento que están siempre allí, y lo sé porque puedo percibir su acogida en cada palabra, en cada imagen, en cada ícono, en cada música que comparten; sigo pensando - y ahora con la mayor afirmación- que los mayores acercamientos no sólo se dan a nivel de conocimiento físico, sino también a nivel de ideas, de opiniones, de pareceres, porque a través de ellas (de las palabras y sus manifestaciones, de lo que escriben o expresan) descubrimos como piensan que es lo más importante. Un abrazo para todos ustedes, y también a aquéllas personas gratas, que al leer lo que he podido escribir este año, y lo que siempre escribo, me han permitido hacerme un espacio en su reflexión diaria. Se los agradezco infinitamente. Creo convencido una vez más que son ellos quienes se han se han constituido un año más en esas fuerzas espirituales y morales, y porque sé que sin ellos no tendría sentido este trabajo.

Un abrazo grande cargado de un inmenso saludo afecto para todos, y un buen año también.

Esta vez no les escribo desde Lima, sino desde Buenos Aires, Buenos Aires del Perú como suelo llamar a tan acogedora ribera a la cual debo mis primeros años de formación.

Víctor Abraham les saluda.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Olga Olivia, y la fuerza sensible convertida en escritura del corazón

"Alguien me dijo que escribo sin pies ni cabeza... Es verdad, le dije, escribo con el corazón."

Olga Olivia Reyes


Fuente: Imágenes de la autora 
y poetisa Olga Olivia Reyes
***

Delirios

Profesando entrar en el edén / nos soñamos pájaros, /  nos tejimos alas./ ¡Tan fácil era el cielo tocar! 

Palabras, miradas, caricias / y un eterno manantial de pasión /  dulce manjar en el banquete del amor, / serian después fruto prohibido / que amarga y envenena el corazón. 

Nos soñamos pájaros, / nos tejimos alas. / Pero ni las nubes, ni el viento, ni el sol / fueron destinados a nuestro favor.

Se abrieron los acantilados del mundo / nuestras alas deshilaron / giramos hasta caer,/ y mírennos hoy; / expulsados del paraíso / reptando / subsistiendo a ras del suelo / cuando fue el cielo nuestra más grande. ambición. 


***

La nada está... 

La nada
esta hecha de eso que tú y yo  somos
de eso que fuimos
de eso que no seremos jamás
de eso que no nos unió
o de aquello que nos separo
de aquello que siempre buscamos
y que no pudimos
o no supimos encontrar.

***

El dulce amor...

El dulce sabor de tus labios y la tibia lluvia brotando gota a gota de tus manos es la pócima que me ha hechizado. Ya no hay barreras, ni escudos, ni voluntad que se resista a la incordura.

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Es verdad que...

Es verdad que lo incierto / termina por morir, / se fragmentan los oasis / esperando un beso de luna.

Lo sueños se convierten en deseos / enterrados en el alma / y la esperanza es un espejismo / cada día más lejano.

En la conciencia danzan fantasmas/ resistiendo la muerte, / se derriban castillos de arena, / y entre penumbras de la soledad / no alcanza el sol para seguir forjando paraísos.

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Fuente: Imágenes de la autora 
y poetisa Olga Olivia Reyes
En Tijuana, ciudad del estado mexicano de Baja California, vive una mujer, una joven que escribe, que departe poesía e imprime sensibilidad a sus palabras. Es una poetisa. Es una representante del género femenino, sí, sí, de ese hermoso género que la historia de la humanidad ha mostrado a los ojos de los hombres. Es una mujer de tez blanca, de sonrisa contagiosa y clara, de miradas felinas y de cabello aleonado. Ella es Olga, Olga Olivia. Y es que hay aquí una verdad, una gran verdad, y ésa es que siempre he admirado la cultura mexicana, y sus múltiples manifestaciones que de ella deriven. Cómo olvidar las clases de historia de Zapata, las poesías de Sor Juana Inés de la Cruz, las aventuras épicas náhuatls y sus intentos por entender el mundo bajo una cosmovisión grande y profunda, los "Los laberintos de la soledad" de Paz, los escritos de Fuentes, de Emilio Pacheco, las canciones antiguas de Javier Solis que mi padre escuchaba por las noches, las películas de Jorge Negrete y María Félix que nunca faltaron en mi niñez, las comicidades sociales -y justas- de un héroe de otros tiempos que conocí como Cantinflas y que reí a carcajadas viéndolo una y otra vez, y otra vez, hoy, pienso que de no haber sido por mi padre jamás hubiera tenido en mí tan vivos como hasta hoy, esos intentos de acercamiento e interés por los estudios mexicanos, en fin.

Fuente: Imágenes de la autora 
y poetisa Olga Olivia Reyes
Pero volvamos a la intención de escritura de esta crónica pequeña, volvamos a Olga, a Olga Olivia, grata amiga mía, colaboradora y gentil persona sencilla, y a la poesía, sí, sí, a su poesía con que nos envuelve cuando la leemos, y la tratamos de entender, cuando nos acercamos a la naturalidad y espontaneidad de sus palabras, y sentimos la fuerza constante de su sensibilidad, de su preocupación permanente por expresar lo contenido en sí misma. Gabriela Mistral pensaba- y concuerdo con ella luego de haber leído con impresión grata poemas suyos en "Desolación"- que "la poeta debía partir de la sencillez, y por ende rechazar todo intento de aniquilamiento en su espíritu, de altivez, de presunción orgullosa tan propia a veces, y tan inherente en la mujer misma, debía encontrarse en sí misma, y ser honesta con su propio pensar, cantarle a la sensualidad, a la niñez, al vacío de la existencia, a la ternura y su contrariedad, a la maternidad." Sin duda un gran mensaje, y gran contenido que arrastra consigo una responsabilidad mayor para toda mujer que intente labrar la poesía. Y es que Olga, está caminado esos senderos de escritura, esos caminos legados por Mistral, difíciles de caminar, pero no imposibles a la hora de crear y sentir, y es que en ella puedo percibir con claridad, los caminos de la sencillez de la palabra, del encuentro con el vacío existencial de la ternura, y de la búsqueda e intento de acercamiento hacia su propio pensar.

Felicito tu trabajo, y estoy de acuerdo contigo apreciada Olga, escribe, escribe con el corazón, no con la cabeza preocupada si sus pisadas son las certeras; escribe, escribe llevada por tu emoción y por tu propia lógica del sentir. Éxitos en tus futuras publicaciones.

Por otro lado, debo agradecer tu amistad que has tendido hacia mí desde el primer intento de acercamiento cultural, hecho que ha permitido que este diálogo deje de ser fortuito para convertirse en continuo, y de aprendizaje constante. 

Desde Lima del Perú, un abrazo hasta Tijuana siempre.

Víctor Abraham te envía sus cordiales muestras de aprecio personal a ti y a toda tu siempre gentil comunidad poética allá en México.

martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo XXIV

  • (...)  Tuve una fuerte y violenta sensación de besártelos, de hacerlos míos, aunque sea por esa anómala noche. Quise abrirte la blusa, arrancártela, hacértela pedazos, arrodillarme ante la gente, sentir mis rodillas en el piso, sentir la mirada disimulada e envidiosa de aquellos hombres, y besártelos suavemente, una y otra vez, así como un niño succiona feliz el pecho materno. No puedo sentir otra sensación que no sea esa. Su forma, su belleza, que apenas cabía en la palma de mi mano, parecería que aún lo estuviera sintiendo, estrujándolo con una suavidad endiabladamente lujuriosa.  Me gusta como te dejas medio amar, y acepto ese fragmento de deseo entre la oscuridad, entre espacios lejanos, entre una bebida que excita nuestro ánimo, nos pierde, nos hace suyo, y deja a la generosa imaginación lo que puede hacer en aquel momento. Me gustó sentir la piel de tus pechos, su pequeño suave pezón desinhibido, que me excita mucho más de tan solo pensar que existe como un sueño retador. Son las cuatro de la mañana, y abro los ojos llenos de recuerdos de aquella noche que hace estremecer todo mi cuerpo de un ardor ordinario en la hermosa soledad matutina. Atte. Pool. (Noche, 24)
Veo, y leo tus palabras, las pienso y las vuelvo a repensar, las medito con una atención única, despedazo mentalmente cada línea en mi afán de analizar cada una de las palabras que has descrito, bravo, aplausos, aplausos, tal vez porque yo no tenga una mínima capacidad de describir y narrar al detalle un encuentro furtivo amoroso con una mujer que tiene pareja, y sabes?, sabes una cosa?, no porque no pueda describir esas situaciones amorosas, sino porque no me interesa, tengo otras cosas sobre que escribir, definir, analizar y meditar; mis intereses de descripción van más allá que un simple juego de palabras envolventes de seudoseducción y engaño mediocre, el motivo, mi motivo de descripción, tal vez esa que esté orientado a definir y repensar las precarias consciencias como la tuya y la de tus amigos, meditar sobre el porqué, sobre el porqué actúan así, o qué los mueve a actuar así? (Uhm, pienso...consciencias desprovistas de todo sano razonamiento y autoafirmación coherente), exacto, de las tantas personas que como tú está plagada esta sociedad, amigos que creo que rebasan el límite del respeto por las demás personas, no sé si con consentimiento o no, no sé quién seas, ni me interesa saberlo, aunque sí deba de poner atención en adelante a los próximos desenvolvimientos de las extrañas circunstancias. Estoy harto de tipos como ustedes, tipos que siempre andan escondidos en nombres falsos, en actitudes falsas, y en palabras de doble sentido, cobardes que nunca dicen las cosas de frente ni encaran los problemas, hasta cuándo, hasta cuándo va a ser así, ¿sabes?, me pongo a pensar que también tú has tenido o tienes algo con ella, no siento pena por ti ni ánimo por redimirte, aunque por mis principios y mis ideas deba tenderte la mano y perdonarte, ellas, mis ideas son muy fuertes en mí, dan forma a mi personalidad, están arraigadas en mi configuración sincrética y moral, soy un hombre de ideas, un hombre que juega con las palabras, y que encontró en ellas su modo de realización y de vida, tal vez un mental interpretador, tal vez un discursivo actor, un furibundo cuestionador, o un maniático de la construcción y deconstrucción mental, no lo sé, en fin ese soy yo. Yo, yo que no las uso para engañar ni para ridiculizar, menos para intentar con ellas conseguir mujeres para la cama o banalidades, en fin, allá tú, pero sin embargo - y eso es lo peor- me da un sentimiento diferente por ella, por ella, porque aún veo que sigue aferrada a tipos como tú, y eso, eso, es lo que más me entristece, tipos que ella llama amigos, y que por fe antípoda dudo sinceramente que lo sean, en fin. Haz lo correcto, no lo incorrecto, tus amigos no merecen esto, ni las demás personas que rodean a tus amigos, esta sociedad está podrida moralmente, y no seas tú parte de esta degeneración, luego, piensa en lo que vas a escribir primero, pero sobre todo a quien se lo dices, me has entendido? me has entendido, verdad? 

De: Degradación humana. Lima. 2014.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La profesión del espíritu.

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http://centrokehila.wordpress.com/2013/01/09/
para-la-mesa-de-shabat-bendicir-a-lo-malo/
Estaba delatado, su propias palabras lo habían delatado. No era el hombre magnífico que se suponía que debía ser ante los ojos de la sociedad, de esa sociedad falsa e hipócrita que él mismo detestaba y rechazaba cada noche, empero pertenecía a ésta. Su relación con ésta -como hombre y como todo -era permanentemente de pertenencia e inclusión, y viceversa; ello, obra tal del principio impuesto desde siempre por la Lógica de clases y su Teoría de conjuntos, en la cual un elemento cualquiera que sea siempre pertenecería a un diagrama Venn, en fin. Y es que los seres humanos siempre pertenecemos a un conjunto mayor, a un universo mayor de seres también humanos como nosotros, nos dan esa misma categoría nuestras debilidades y pasiones, nuestros errores y nuestros aciertos, nuestras categorías personales de valores, y sin embargo, ello no quita el hecho que de pronto la relación de algún individuo deje de ser estrechamente de pertenencia para pasar a convertirse en una relación antípoda de no pertenencia, me explico: cuando diametralmente somos opuestos inversamente proporcional por principios y códigos de verdad ante los otros puntos o elementos del conjunto mismo. Total, cada quien es libre de definir el tipo de sus relaciones que a de asumir con respecto a sus otros pares dentro de este inmenso orbe de personas, en fin.

Me dijo, me dijo que era así porque sus propias autoridades en quiénes depositó su confianza por años le habían fallado, que no creía en nadie. Estaba preocupado, se le notaba preocupado, y no hacía falta mirarle a la cara, sus palabras eran suficientes, y es que siempre he tenido esa facilidad para denotar las expresiones de los rostros a través de las palabras: me resulta a veces fácil y en otras, divertido. Es más, creo que mejor he conocido a los hombres y a las mujeres por lo que escribían que por lo que su boca decía cuando los tenía frente a mí porque las personas son así de recelosas, en fin.

Imagen extraída del portal
http://urazanabogados.com/2013/imagenes/
internas/resconf.jpg
Llegué a pensar que tal vez quería zafarse de mí, de ella, y hasta pensé que de su propia consciencia que la acusaba, porque es cierto: en estos asuntos de  la mentira, del sexo furtivo y frívolo, del aprovechamiento ocasional, de los besos de callejón, y de las relaciones de superioridad, su consciencia no podía ser del todo generosa con él mismo. Pobre hombre, indudablemente que sus palabras insuflaban una fe pobre y débil, ésta estaba corrompida por nefastos y pésimos seudoejemplos de acción y de coherencia desde que había empezado a convertirse en un  neófito aprendiz de profesor. Su profesión  de maestro- tal vez- pesaba mucho más que su personalidad misma, tal vez su propio ejercicio ciudadano de maestro resultaba demasiado para su pequeña autoafirmación de individuo. Y es que hay una verdad, y debe ser innegable, no cualquiera puede convertirse en un maestro y educador, pero la categoría maestro y educador puede descansar en cualquier individuo que tenga propósito de cambio, de determinación y de fe en el futuro.

No lo culpé, sólo leí sus comentarios. Sentí pena, una pena colmada. Cómo un hombre de la verdad como yo podría juzgarlo, como un analista como yo, acostumbrado a encasillarse en las consciencias de los otros, y a lidiar en ellas, en sus pensamientos, podría Juzgarlo cuando mi deber era entender y razonar antes que zaherir, proferir e injuriar. No, no podía, no tanto porque no sintiera nada -salvo una extraña deferencia comprensiva por sus actos equivocados-, sino porque compartíamos el mismo oficio. Ambos éramos maestros. No pude verlo, pero sentí sus expresiones, sus sudores, sus preocupaciones, sus incomodidades, sus entrecejos y palpitaciones cardíacas que iban incrementándose como un boom, boom, boooom; siempre fui muy perceptivo, pude darme cuenta de mentiras y fraudes dónde otros veían verdad, y ello debía imponerse ahora más que nunca.

Debo a mis maestros muchas virtudes que rigen mi vida hoy en día, en ese instante pensé en ellos, en los maestros de quiénes hube de aprender lo que con mi padre quedó inconcluso en su momento. Mis maestros, debo todo a ellos, a los geniales escritores de la postguerra, de las entreguerras,  de los períodos duros de la Guerra civil española, de la filosofía existencialista y humanista, de la psicología analista, aquéllos hombres y mujeres a quiénes nunca conocí, pero asimilé demasiado bien. Me pareció por momentos que me hablaban, que me hablaban cuando discurría mi mirada por cada línea de sus escritos, que me hablaban cuando estaba anímicamente y materialmente perdido. Siempre han sido - y los he sentido así: como enormes consejeros- los mejores educadores de mi oficio incierto de pulsómetro de consciencias.

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articulos/2013/09/pecdor.jpg
Me dijo no sé que palabras, me habló de su mujer y del divorcio que sobrevino a esta relación, de su aburrida existencia, de sus relaciones hipócritas con la gente, de su necesidad de sentirse apreciado y querido otra vez, de sus necesidades imperiosas de conseguir sexo a cómo de lugar en muchachas ingenuas y tontas- todas estudiantes suyas-, de sus hijos de quiénes esperaba sean mejores hombres que él mismo. Me habló de las religiones del mundo, de este mundo, de los falsos líderes políticos y de sus mentiras engorrosas y demagógicas, de sus compañeros de trabajo que también como él se acostaban con estudiantes suyas, obra de artimañas y chantajes mediocres de aprobación de cursos. No cabía la menor duda, el tipo buscaba justificarse, creo que todo lo que me contó eran pretextos suyos para esconderse falazmente, pensé, "estos tipos siempre se escudan en sus propias flaquezas espirituales sabe Dios porqué." Había traicionado mi confianza, era indudable, no sólo él sino también ella. Le dije que ambos eran unas víctimas más de este absurdo juego de mediocridad que tejen los sistemas adormecedores de espíritu. Le dije que no era su culpa, que dejara de autoculparse, que tratara de ser mejor, no lo dije más. Me calle por un instante, luego dije: " Yo no necesito encontrar a nadie que me sirva como ejemplo, es más, yo no creo en nadie, ni en autoridades, ni en religiones, ni en órdenes establecidas porque los sistemas ideológicos fideistas no van conmigo, no soy seguidor mucho menos los busco, creo en algo, y ese algo son mis propios códigos de verdad y mis principios: los muchos o pocos que asimilado en mi vida producto de mis propias frustraciones y alegrías. Estoy acostumbrado a lidiar con todo tipo de gente, con sus incomprensiones, sus vicios y sus reniegos, y no espero nada, sinceramente nada que no vea en ellos una couta al menos pequeñas de esperanza, porque la esperanza es la que nos permite sobrevivir en medio de tanta desidia."

Lo que vino en adelante, sólo fue un saludo cortés de despedida. Intercambiamos algunas palabras breves, parafraseamos otras, y algo, algo era indudable, tal vez más que indudable, aquella noche, una vez más la extraña naturaleza con forma de hombre triste había puesto a prueba mi capacidad redentora y esperanzadora.

Víctor Abraham
De: Libertad bajo comparecencia. Lima. 2013

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 10 de diciembre de 2013

De las necesidades patéticas del bienestar.

Moses Herzog - personaje central de la obra del escritor canadiense-estadounidense Saul Bellow- que lleva el mismo nombre que su protagonista- pensaba que nuestra civilización es burguesa, no por el mero hecho marxista de definición, sino porque el universo, según vocabularios modernos del arte y la religión, fue hecho para que pudiésemos disfrutar  de él sin peligro y para darnos comodidad y ayuda. Tal vez pienso, que llegó inclusive a coincidir con esa caracterización que Alexis de Tocqueville, su pensador de cabecera, daba a lo que conocemos como cambio social, ya que según este ideólogo francés, éste era el producto de la aspiración a la igualdad de los hombres, lo que supone por tanto que el impulso humano siempre estuvo y está orientado hacia el bienestar, y por tanto éste era y sigue siendo uno de los impulsos más fuertes dentro de una sociedad democrática, sin embargo- y vuelvo a las consideraciones de Herzog-  que este impulso de buscar bienestar así como genera satisfacción, genera también poder destructivo, poder estridente y tirano. Un ejemplo de ello, el hecho mismo de que los crímenes de ahora sean menos privados y más colectivos, menos desapercibidos, y más célebremente seguidos. Yo diría inclusive que los crímenes se han vuelto hoy en día organizacionales porque se actúa y se daña en grupo -me imagino y pienso por tanto que el bienestar ¿o se ha distorsionado o es que hay mucha necesidad imperiosa de bienestar?- lo cierto es que los crímenes de hoy son cada día más violentos e inhumanos sin respeto por la muerte del otro, ya no solamente se mata, sino se mutila el cuerpo, ya no solamente se acaba con el sujeto, sino con la familia de éste sin motor ni motivo, hablamos y eso es lo peor de una violencia enquistada dentro en las familias, dentro de las escuelas. Por tanto, el odio y las violencias- móviles principales de ese desfigurado impulso por lograr el bienestar personal antes que común- están llevando a ello, a un desarraigo completo de la condición humana que debe cimentarse en teoría en el ejercicio de los valores fundamentales de la persona, tal vez -pienso para mis adentros dos posibilidades de no realización ética, es que hoy estos valores: o son muy débiles en su ejercicio para no poder causar un impacto real , o son muy fuertes para no tener la coherencia y determinación suficientes de no practicarlos, en fin.

Me imagino que esa necesidad de bienestar está mal encaminada, producto del relativismo y consumismo en los que están sumidos la mayor parte de los elementos constitutivos de  nuestra sociedad de este tiempo. Las violencias ahora - gracias a los propulsores de leyes débiles, y juzgados confabulados con el comercio de consciencias- se amparan en justificaciones tontas, ni siquiera el mayor monto económico ofrecido y posteriormente suministrado  a un joven sicario, producto de la situación de pobreza o necesidad, o ausencia de escolaridad, o ausencia de padres, o corta edad, o lo que sea, pueden ser motivos justificables, razonables y defendibles. El respeto por la vida no puede ser subvalorado por dinero o poder. Por Dios, hablamos de personas humanas que violentan a personas humanas.


Sin embargo, a todo esto - y parafraseo a Herzog- "...en toda comunidad hay una clase de gente profundamente peligrosa para los demás. Y no me refiero a los criminales para ellos tenemos castigos. Me refiero a los dirigentes, a los jefes. Porque, invariablemente la gente más peligrosa es la que trata de tener el poder en sus manos. Estamos destinados a ser esclavos de los que disponen de ese poder para destruirnos." Indudablemente que esto es harto ya más razonable, pero a la vez disparatadamente incomprensible, pues los verdaderos peligros tal vez no sean después de todo estos delinquidores del orden público por más trastornados que parecieran -o lo estuvieran en el peor de los casos-, no, ellos no son, ni deberían ser el objeto de nuestras incomprensiones y condenas brutales, tristemente ilógico, ¿no?, total estos no son sino componentes abyectos de un Sistema más grande y mayor que se mueve y daña a escalas inimaginables, indudablemente que no matan nunca ni se tiñen las manos de sangre, les basta teñir sus consciencias, qué va, eso no es perceptible a la vista. Los dueños de los medios de comunicación, los que jalan las cuerdas desde lo más alto de las cúpulas partidarias, los agentes silenciosos de la burocracia estatal embarrados en la peor corrupción de uno más uno somos todos, sí, sí, ellos son la gente más peligrosa que promueven ignorancia, enquistan la frivolidad respecto del verdadero sentir al prójimo, callan por defender lo indefendible, los que llevan a los ciudadanos desde sus cortas edades a una ausencia total de consciencia social generando luego, en pequeños sectores de pensamiento honesto: rechazo, rebelión, manifestación, desborde de pasiones con matiz de indignación. Hecho que sólo promueve una cosa, un divorcio más marcado entre los mismos hombres.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El Perú y nosotros, los otros

Mi país, el Perú, es hoy una suerte de civilización en donde la corrupción se ha democratizado, en donde el fideísmo ha ganado terreno al interior de  la organizaciones políticas porque es un hecho claro que no hay –por dónde se mire-  liderazgo alguno, no hay ideólogos, subsisten, eso sí, seguidores, y el problema está allí porque cuando uno se propone seguir, ya de por cierto siembra una especie de conformismo en sí mismo, y esto en toda sociedad abierta debe ser rechazada siempre sin ningún tipo de contemplaciones.

Un país como el Perú va camino a convertirse – y es deber propio decirlo- en un lugar inviable en donde el vivir moral, social, económico y, hasta ecológicamente se va convirtiendo  en sombra de lo que debe ser y no es concretamente hablando, y que me temo se reafirmará con mayor agudeza los próximos treinta años ( Si es que ya de por medio no se toman en cuenta ciertos indicadores que hacen suponer esto como el inicio de esta grave generalización, por ejemplo: las violencias e ingratitudes al interior de las familias, cual explosiones sociales desordenadas obran de modo substantivo en la frivolidad de los comportamientos ; las defensas raras e indefendibles como la minería que dañan la ecología, y desnaturalizan los servicios básicos de las comunidades adyacentes a ella;  los procesos educativos a nivel de ministerio que ha olvidado cuál es el papel real de la educación llevando a sus beneficiarios directos por las ramas antes que al afronte y ataque del problema general , cual es la inconsciencia poblacional; medios de comunicación desprovistos de toda ética y faltos de compromiso para con la niñez y adolescencia de este país;  y esto es si menciono apenas la manipulación y adormecimiento de los espíritus críticos y argumentativos al interior de las escuelas públicas y privadas. En fin.)

Miradas equivocadas 

Nuestra generación - y entendámoslo bien-,  no es la generación de Vargas Llosa, en donde las dictaduras militares eran inminentes monstruos y lastras sociales, no niego que sus remanentes aún estén latentes, porque las hay, subsisten, esto es innegable, pero ya no constituyen la regla general, no me preocupa eso, pienso por tanto que quien se ocupa hoy en día de eso: está engañándose así mismo y haciendo creer a otros que el sistema aún funciona así, y que debemos combatirla en esa dirección con armas que no sirven, porque para el problema de la inconsciencia y de la desidia frívola – problema actual y existente- no hay arma más poderosa que la combata tenazmente que la educación misma, y ésa, ésa es la que está precisamente descuidada y minimizada.  

Digo esto, porque la democracia liberal sostenida por una economía de igual adjetivo que defienden Hernando de Soto, Pedro Pablo kuczynski y hasta nuestro ministro actual de economía y los agentes funcionarios del BCR (Banco Central de Reserva) es sinónimo, hoy en día, de una democracia manipulable que no sirve a la gente de a pie como usted o como yo, salvo a los grandes poderes internacionales del mundo, quienes al parecer se han dado cuenta que su intento por implantar dictaduras militares fue nefasta y con altos grados de repudio y rechazo generalizado. Pienso que para estos agentes de la economía liberal -amparados en regímenes tramposos y leyes de embudo- la manipulación informativa, obra y gracia de medios de comunicación y pequeños sectores de las redes sociales complacientes al poder les resulta más satisfactoria porque así compran consciencias de "seudoliderazgo" débiles, entretienen al poblador común con vulgaridades televisivas y periodísticas, y alcanzan sus objetivos que es enriquecerse más a causa de la mediocridad generalizada, sin descuidar por supuesto a sus detractores que como piedras en el zapato de vez en cuando causan problemas. El mundo está sí y es innegable su no cuestionamiento.  

Solos los días domingos y  feriados,  se habla de industrialización, nuestro PBI solo está copado y ”fortalecido “ por sectores de servicio, y de comercio, finanzas, planillas del Estado, en parte de un turismo volátil; en la práctica no existe la gran empresa industrial capaz por sí misma de resistir a los embates de la competencia transnacional, la realidad, sin embargo está provista de pequeñas industrias artesanales y familiares para cuyos miembros se autoexplotan así mismos  con tal de obtener un ingreso mayor, desprovistos en el mayor de los casos  de seguro médico. Así, bajo esta dinámica no es nada fácil imaginarnos  cuántos llegarán con rentas al final de sus días que les permitan alcanzar por lo menos una vida digna.

Realidades innegables

Por otro lado, soy un escéptico cuando se habla de la quinua y de todas esos alimentos caros para el consumidor normal, sólo por poner el caso, la revista AGRONOTICIAS en su edición 385, habla de la quinua como el cultivo estratégico para la seguridad alimentaria, de su valor nutricional y comparación proteica frente a otros granos andinos, de sus ventajas,  de su consumo y exportación, sin embargo me pregunto e invito a una reflexión  abierta y masiva que hay un hecho, y eso está claro que muy pocas familias peruanas hoy en día pueden acceder  a ésta porque sencillamente su precio fluctúa entre los nueve y diez dólares por kilogramo, sin contar a cuánto llegará en los mercados internacionales. Luego, la agroindustria será más realista y respetable, cuando la prioridad de la producción sea el mercado interno, muy  aparte de los sueldos a los que puedan acceder los trabajadores. En fin.

Es probable que el Perú sea un país de oportunidades, eso es innegable, pero también de oportunistas que dañan la imagen misma de lo que es un peruano en el exterior. Un país, donde la argumentación y justificación de los actos es pobre y leve, un lugar – y esto es lo que más me apena- donde la mediocridad y la vulgaridad han ido tomando forma rutinaria de entremés diario para muchas consciencias colectivas, pero me temo que más para las individuales. A veces pareciera que existe en el común denominador ese intento enfermizo y frustrado por parodiar nuestro sueño peruano a otro norteamericano u europeo que nada tiene de nosotros mismos. Hablamos del Perú como un país de emprendedores, eso es cierto, sin embargo muchos levantados  sobre el esfuerzo propio de otros más vulnerables y débiles. Me es indiferente la posición de aquéllos- estén arriba o abajo socialmente, me interesa más donde están ubicados cultural y formativamente-  que llevados por una pasión moralista de marketing, porque eso es lo que se hace con la moral hoy en día: venderla mediante anuncios publicitarios y titulares de prensa, intentan dar recetas de cómo ser un buen ciudadano. Cómo puede decirme alguien que haga bien las cosas, si este alguien que me lo dice nunca hace nada bien- o lo que es peor, ni siquiera lo intenta en sí mismo-.

Decisiones y acciones

Los escaparates falsos provistos de sentimientos y pensamientos de doble decir y de actuar sobreabundan hoy, y tal vez mañana será igual o un tanto peor, siempre han sobreabundado y sobreabundarán, esto es irremediable, empero pienso – y es un deber- hacer subsistir  la esperanza diaria porque están los otros, no sólo los tipos ajenos e indiferentes como los hubiera en cualquier espacio físico y tiempo, sino los otros, los sanos y los rebeldes, los inconformistas y preocupados, los progresistas aunque desconocidos que también aportan a este país. Luego, el pluralismo debe acercarnos más en ese camino fraterno, pero también soy consciente que  a veces el pluralismo no basta ni alcanza, sino está acompañado de ese espíritu crítico y creativo que no sólo debe ser mirado como forma de interpretación cálculos complicados y algoritmos difíciles, sino de aplicación práctica y de sentido común.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Treinta y un años después: Apuntes para una degradación humana.

Tomada del portal:
http://indisorder.com/artistas/coco-riot/
Tenía razón, tenía razón, después de todo Moses Herzog tenía razón, a setenta y cinco años de haber nacido- y cosa verdaderamente curiosa porque nació viejo, siendo profesor y con una frustrada y neurótica necesidad de escribirlo todo desde escribir a un héroe hasta escribirle a un muerto-, porque los personajes de las historias fortuitas de la vida somos así, caminamos confundidos entre las gentes sin ser percatados más tanto menos que nuestros creadores, yo, también profesor, neurótico y viejo, jamás hube de haber admirado a nadie que no haya sido un melodramático norteamericano de nombre judío, y un payaso alemán de corte escéptico, y debo confesarme a mí mismo que cuando los personajes encontramos nuestros pares, nos quedamos así, así de apareados por pensamientos y revoluciones, en fin. Como decía, hasta hace unos pocos treinta y un años - porque fue más o menos la época en que nos conocimos, en que hube de habérmelo cruzado por mi vida existencial una tarde otoñal de mayo-, y es que me parece como si hubiera sido ayer todo: el lugar, las circunstancias, los ropajes, y las palabras-, porque es cierto yo tenía entonces treinta y uno en ese entonces, era algo delgado y sin rumbo fijo como hasta hoy, eso sí con una solidez única de principios cuyos campos de acción eran- y siempre fueron -las consciencias individuales y colectivas, sí, sí, eso mismo, en fin.

Tomada del portal:
http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/17163575/
La-conciencia-individual.html
Ya dije, (refiriéndome a Moses) que después de todo había mucha certidumbre en sus pensamientos, y es que a propósito de ello, en los espíritus visionarios y sufrientes como nosotros siempre el pensar, el prevenir, el vislumbrar, y hasta cierto punto, el orientar se nos es ofrecido dionisíacamente por fuerzas extrañas, y creo que son nuestras personalidades difusas y nuestras divagaciones mentales las que obran este extraño poder de adelantarnos a nuestro propio tiempo- espacio inmediato. Coincido y reafirmo con una vaga tristeza que la vida de cada ciudadano si hace setenta y cinco años estaba convirtiéndose en un negocio, hoy, tres décadas después, ha terminado agudizándose con la mayor desidia abierta generalizada y abyecta sin que nada ni nadie haya podido detener: realidad que se ha hecho desde entonces más fuerte, creciendo, colmando y alimentándose a merced de la mediocridad insana colectiva diaria que terminó rebasando y minando sus pobres y propias consciencias humanas.

Es que un payaso, un melodramático, o un neurótico como yo no fuimos suficientes cuando advertimos en su momento estas cosas. Fuimos nosotros tildados de neuróticos, de radicales, de aburridos y hasta de insanos porque no complacimos  las demandas culturales de nuestros espacios físicos. Las generaciones de charlatanes del pasado - esos viejos que cada noche salían en las pantallas de televisión o en algunas columnas de diarios desprovistos de toda ética sana, y que fueron aplaudidos, sino servilmente por lo menos ignorantemente- ya no están físicamente, desaparecieron, y con ellos: sus teorías de la economía liberal, de los subsidios hipotecarios que dejaron a muchas familias al desamparo y al desconsuelo, de la educación sin contenido moral validada únicamente por cuantías porcentuales mediatas, sí, sí, desaparecieron los que escandalizaron a la población haciendo de titiriteros y cortineros de humo, porque hace treinta años todo era así, y nadie se percató de ello. He aquí los resultados que recién se están empezando a observar, una degradación sin marcha ni retroceso, en fin.

Imagen tomada del portal:
://el-pelifomano.blogspot.com/2010/04/la-strada.html
Señor Moses, como escribiría Usted en una de sus cartas sin destinatario fijo ni publicación precisa, que una de las peores interpretaciones que la historia, ya no del futuro, porque es el futuro, lamenta hoy, es que el sentido de la vida humana haya quedado relegado a eso mismo, a un negocio patético y consumista que no sólo dañó las relaciones humanas, sino al interior de ellas: sus confianzas. Indudablemente, que la indignación basta y sobra para llamar a todo esto injusticia, pero no me refiero a una injusticia social donde unos imperan sobre otros, sino a una injusticia personal donde uno impera sobre sí mismo, porque - y hay que decirlo y debo comunicarle- que cada uno supo lo que estaba haciendo, y a dónde caminaba, y sin embargo, nada o muy poco hicieron para contrarrestar esto, simplemente, decidieron que lo mejor era estar al margen debido al temor de no haber podido encarar por una única vez en su vida, su característica de distintos y que hoy viven con la nostalgia de no haber sido lo que debieron ser en su momento; muy pocos, muy pocos Sr. Moses hicimos algo, algunos que lo intentaron en muchos casos fueron comprados por poderes adquisitivos de su tiempo que supieron embadurnarlos en premios, en  reconocimientos, en cargos públicos, privados o eclesiales, en salarios exorbitantes, en condominios que sólo sirvieron para ilusiones porque los cimientos jamás fueron fuertes y cayeron, merced de los contratos corruptos de obras que se hicieron entre gobiernos y constructoras, fue un gran grupo ese. Los otros Señor, fueron desaparecidos, se exiliaron con sus familias porque debían protegerlas y escapar, algunos quedaron internados en sanatorios psiquiátricos o casas de retiros convencidos de que habían hecho algo malo, algo considerado más que un pecado mortal, su maldad era haber renegado contra el orden social impuesto y sus normatividades, y su castigo era por tanto, el desempleo y el infortunio- cuándo no la indigencia- que los llevó a una suerte de locura segura. Sólo pocos escapamos a este deseo de despedazar las pocas esperanzas que nos quedaban, vivimos aquí en medio de la gente, mezclados, pero a la vez sin nombres ni apellidos. Yo con suerte, sé que tengo aún el mío, y ése, ése Señor Moses Herzog es Isaac Jeremías, en otro tiempo profeta sin tierra, un tipo que ha reído las veces suficientes para poder olvidarlas, pero también ha llorado las veces necesarias para poder contarlas.

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Apuntes del cuestionamiento

El detalle es que eres incompatible con esa necesidad patética mía de defender la verdad, sí, sí, de decir siempre la verdad a toda hora y a cada momento. Sí, sí, tal vez dirás que estás harto de mí, de mí y de mi exquisita personalidad de bienhechor. No es mi culpa, a veces las cosas son así, no elegimos los senderos por los que ha de caminar nuestra alma durante nuestras primeras experiencias, no elegimos los espacios ni las fortunas e infortunios que esa suerte de azar misterioso haya provisto para ellos, no, ni siquiera elegimos las cualidades de nuestros padres, las aceptamos sin juzgarlas. ¡Ah, alma de niño, de ingenuo niño! Mi padre, mi padre, todo se lo debo a él, tal vez él sea el único a quien deba culpar siempre por estos raros, abruptos, desquiciadores, quisquillosos e impensados comportamientos míos. Nunca seré lo que fue él, ¿Estaré condenado a ser su sombra tal vez?, tal vez después de todo Freud y Alder tengan razón, en fin. Es que sucede que a veces también yo detesto la verdad, la detesto mucho, pero está en mí, en mi mente, es mi esencia, yo soy la verdad. 

(Silencio...ensordecedor silencio...Shhh). Ella, ronda mi pensamientos, mis hablares, mis decires, mis afirmaciones y hasta mis respuestas. Debo a ella, a esa patética y diaria urgencia mía de buscar y de decir siempre la verdad. Ya no recuerdo desde cuando ha anidado ella en mí, en mi alma, en espacio moral, proveyéndome de características harto conocidas por ti. Te he defraudado, creo que te he defraudado, pero no porque me haya encarnado precisamente dentro de una mentira, sino porque he reducido y quemado en mí todo intento de aproximación a ésta. Tal vez muchos no entiendan esto, ni siquiera entiendan sólo eso, el intento por ser verdadero. Soy diferente, lo sé, lo sé ahora, total qué más da. Sucede que cuando miento me recrimino a mí mismo, me odio a mí mismo, me detesto a mí mismo. Sólo el hecho de pensar en hacerlo me produce, de pronto, la frustración, sí, sí, la más tristísima de las frustraciones que mi propia consciencia pueda soportar.

(De: Degradación humana. Lima. 2014)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.