domingo, 1 de diciembre de 2013

Apuntes del cuestionamiento

El detalle es que eres incompatible con esa necesidad patética mía de defender la verdad, sí, sí, de decir siempre la verdad a toda hora y a cada momento. Sí, sí, tal vez dirás que estás harto de mí, de mí y de mi exquisita personalidad de bienhechor. No es mi culpa, a veces las cosas son así, no elegimos los senderos por los que ha de caminar nuestra alma durante nuestras primeras experiencias, no elegimos los espacios ni las fortunas e infortunios que esa suerte de azar misterioso haya provisto para ellos, no, ni siquiera elegimos las cualidades de nuestros padres, las aceptamos sin juzgarlas. ¡Ah, alma de niño, de ingenuo niño! Mi padre, mi padre, todo se lo debo a él, tal vez él sea el único a quien deba culpar siempre por estos raros, abruptos, desquiciadores, quisquillosos e impensados comportamientos míos. Nunca seré lo que fue él, ¿Estaré condenado a ser su sombra tal vez?, tal vez después de todo Freud y Alder tengan razón, en fin. Es que sucede que a veces también yo detesto la verdad, la detesto mucho, pero está en mí, en mi mente, es mi esencia, yo soy la verdad. 

(Silencio...ensordecedor silencio...Shhh). Ella, ronda mi pensamientos, mis hablares, mis decires, mis afirmaciones y hasta mis respuestas. Debo a ella, a esa patética y diaria urgencia mía de buscar y de decir siempre la verdad. Ya no recuerdo desde cuando ha anidado ella en mí, en mi alma, en espacio moral, proveyéndome de características harto conocidas por ti. Te he defraudado, creo que te he defraudado, pero no porque me haya encarnado precisamente dentro de una mentira, sino porque he reducido y quemado en mí todo intento de aproximación a ésta. Tal vez muchos no entiendan esto, ni siquiera entiendan sólo eso, el intento por ser verdadero. Soy diferente, lo sé, lo sé ahora, total qué más da. Sucede que cuando miento me recrimino a mí mismo, me odio a mí mismo, me detesto a mí mismo. Sólo el hecho de pensar en hacerlo me produce, de pronto, la frustración, sí, sí, la más tristísima de las frustraciones que mi propia consciencia pueda soportar.

(De: Degradación humana. Lima. 2014)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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