sábado, 7 de diciembre de 2013

El Perú y nosotros, los otros

Mi país, el Perú, es hoy una suerte de civilización en donde la corrupción se ha democratizado, en donde el fideísmo ha ganado terreno al interior de  la organizaciones políticas porque es un hecho claro que no hay –por dónde se mire-  liderazgo alguno, no hay ideólogos, subsisten, eso sí, seguidores, y el problema está allí porque cuando uno se propone seguir, ya de por cierto siembra una especie de conformismo en sí mismo, y esto en toda sociedad abierta debe ser rechazada siempre sin ningún tipo de contemplaciones.

Un país como el Perú va camino a convertirse – y es deber propio decirlo- en un lugar inviable en donde el vivir moral, social, económico y, hasta ecológicamente se va convirtiendo  en sombra de lo que debe ser y no es concretamente hablando, y que me temo se reafirmará con mayor agudeza los próximos treinta años ( Si es que ya de por medio no se toman en cuenta ciertos indicadores que hacen suponer esto como el inicio de esta grave generalización, por ejemplo: las violencias e ingratitudes al interior de las familias, cual explosiones sociales desordenadas obran de modo substantivo en la frivolidad de los comportamientos ; las defensas raras e indefendibles como la minería que dañan la ecología, y desnaturalizan los servicios básicos de las comunidades adyacentes a ella;  los procesos educativos a nivel de ministerio que ha olvidado cuál es el papel real de la educación llevando a sus beneficiarios directos por las ramas antes que al afronte y ataque del problema general , cual es la inconsciencia poblacional; medios de comunicación desprovistos de toda ética y faltos de compromiso para con la niñez y adolescencia de este país;  y esto es si menciono apenas la manipulación y adormecimiento de los espíritus críticos y argumentativos al interior de las escuelas públicas y privadas. En fin.)

Miradas equivocadas 

Nuestra generación - y entendámoslo bien-,  no es la generación de Vargas Llosa, en donde las dictaduras militares eran inminentes monstruos y lastras sociales, no niego que sus remanentes aún estén latentes, porque las hay, subsisten, esto es innegable, pero ya no constituyen la regla general, no me preocupa eso, pienso por tanto que quien se ocupa hoy en día de eso: está engañándose así mismo y haciendo creer a otros que el sistema aún funciona así, y que debemos combatirla en esa dirección con armas que no sirven, porque para el problema de la inconsciencia y de la desidia frívola – problema actual y existente- no hay arma más poderosa que la combata tenazmente que la educación misma, y ésa, ésa es la que está precisamente descuidada y minimizada.  

Digo esto, porque la democracia liberal sostenida por una economía de igual adjetivo que defienden Hernando de Soto, Pedro Pablo kuczynski y hasta nuestro ministro actual de economía y los agentes funcionarios del BCR (Banco Central de Reserva) es sinónimo, hoy en día, de una democracia manipulable que no sirve a la gente de a pie como usted o como yo, salvo a los grandes poderes internacionales del mundo, quienes al parecer se han dado cuenta que su intento por implantar dictaduras militares fue nefasta y con altos grados de repudio y rechazo generalizado. Pienso que para estos agentes de la economía liberal -amparados en regímenes tramposos y leyes de embudo- la manipulación informativa, obra y gracia de medios de comunicación y pequeños sectores de las redes sociales complacientes al poder les resulta más satisfactoria porque así compran consciencias de "seudoliderazgo" débiles, entretienen al poblador común con vulgaridades televisivas y periodísticas, y alcanzan sus objetivos que es enriquecerse más a causa de la mediocridad generalizada, sin descuidar por supuesto a sus detractores que como piedras en el zapato de vez en cuando causan problemas. El mundo está sí y es innegable su no cuestionamiento.  

Solos los días domingos y  feriados,  se habla de industrialización, nuestro PBI solo está copado y ”fortalecido “ por sectores de servicio, y de comercio, finanzas, planillas del Estado, en parte de un turismo volátil; en la práctica no existe la gran empresa industrial capaz por sí misma de resistir a los embates de la competencia transnacional, la realidad, sin embargo está provista de pequeñas industrias artesanales y familiares para cuyos miembros se autoexplotan así mismos  con tal de obtener un ingreso mayor, desprovistos en el mayor de los casos  de seguro médico. Así, bajo esta dinámica no es nada fácil imaginarnos  cuántos llegarán con rentas al final de sus días que les permitan alcanzar por lo menos una vida digna.

Realidades innegables

Por otro lado, soy un escéptico cuando se habla de la quinua y de todas esos alimentos caros para el consumidor normal, sólo por poner el caso, la revista AGRONOTICIAS en su edición 385, habla de la quinua como el cultivo estratégico para la seguridad alimentaria, de su valor nutricional y comparación proteica frente a otros granos andinos, de sus ventajas,  de su consumo y exportación, sin embargo me pregunto e invito a una reflexión  abierta y masiva que hay un hecho, y eso está claro que muy pocas familias peruanas hoy en día pueden acceder  a ésta porque sencillamente su precio fluctúa entre los nueve y diez dólares por kilogramo, sin contar a cuánto llegará en los mercados internacionales. Luego, la agroindustria será más realista y respetable, cuando la prioridad de la producción sea el mercado interno, muy  aparte de los sueldos a los que puedan acceder los trabajadores. En fin.

Es probable que el Perú sea un país de oportunidades, eso es innegable, pero también de oportunistas que dañan la imagen misma de lo que es un peruano en el exterior. Un país, donde la argumentación y justificación de los actos es pobre y leve, un lugar – y esto es lo que más me apena- donde la mediocridad y la vulgaridad han ido tomando forma rutinaria de entremés diario para muchas consciencias colectivas, pero me temo que más para las individuales. A veces pareciera que existe en el común denominador ese intento enfermizo y frustrado por parodiar nuestro sueño peruano a otro norteamericano u europeo que nada tiene de nosotros mismos. Hablamos del Perú como un país de emprendedores, eso es cierto, sin embargo muchos levantados  sobre el esfuerzo propio de otros más vulnerables y débiles. Me es indiferente la posición de aquéllos- estén arriba o abajo socialmente, me interesa más donde están ubicados cultural y formativamente-  que llevados por una pasión moralista de marketing, porque eso es lo que se hace con la moral hoy en día: venderla mediante anuncios publicitarios y titulares de prensa, intentan dar recetas de cómo ser un buen ciudadano. Cómo puede decirme alguien que haga bien las cosas, si este alguien que me lo dice nunca hace nada bien- o lo que es peor, ni siquiera lo intenta en sí mismo-.

Decisiones y acciones

Los escaparates falsos provistos de sentimientos y pensamientos de doble decir y de actuar sobreabundan hoy, y tal vez mañana será igual o un tanto peor, siempre han sobreabundado y sobreabundarán, esto es irremediable, empero pienso – y es un deber- hacer subsistir  la esperanza diaria porque están los otros, no sólo los tipos ajenos e indiferentes como los hubiera en cualquier espacio físico y tiempo, sino los otros, los sanos y los rebeldes, los inconformistas y preocupados, los progresistas aunque desconocidos que también aportan a este país. Luego, el pluralismo debe acercarnos más en ese camino fraterno, pero también soy consciente que  a veces el pluralismo no basta ni alcanza, sino está acompañado de ese espíritu crítico y creativo que no sólo debe ser mirado como forma de interpretación cálculos complicados y algoritmos difíciles, sino de aplicación práctica y de sentido común.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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