viernes, 14 de febrero de 2014

Mientras esperábamos la presentación de Keiko Matsui.

A Ricardo Postigo

Sobre el atrapar la vida con las palabras

Siempre tengo por costumbre atrapar instantes de la vida - y ser feliz con ello a partir de esta experiencia-, y cuando digo esto me refiero a atraparlos a través de sus detalles más ocasionales, más simples, usando cómo único método válido que conozco y sé usar, que es la observación, ¿y la escritura?, la escritura sólo es el instrumento que utilizo para describir las cosas más elementales con las que me topo a diario. Cuando hablo de describir, no me refiero sólo al mero hecho de decir, "esto es así", o, "esto de de este color", o, "esto se estaba allí parado o sentado", no, no me refiero a esa suerte de descripción vacía y  convencional que no analiza ni profundiza, sino que sólo se remite a decirnos cómo es, o cómo está algo, en fin.

A veces, producto de mis andares, ni siquiera el color rimbombante de algún objeto mostrado tras la ventana de un escaparate, o accesorio decoroso adjunto al cuerpo de algún ciudadano o ciudadana puede atraparme y enternecerme con tanta fijación hasta acaparar mi mayor atención y detenerla por instantes, a veces segundos, a veces minutos, y hasta algunas veces horas completas, como cuando veo la cara de un niño alegre, o tal vez de pronto la de una joven llorando, o el gesto simbólico de un perro extraño que levanta la pata y no puede orinar nada, y hasta inclusive creo que el tono de voz de alguna señora que viene a mí a pedir algo, en fin.

Ahora pienso, en cómo del mismo modo también un fotógrafo podría percibirse así mismo, luego de captar alguna imagen en movimiento teniendo como único método válido al igual que yo, la observación, pero con la diferencia del instrumento que sería, el lente de la cámara. Luego, debe ser feliz, debe consistir en que se siente de pronto más feliz, si la fotografía sale como él lo ha planeado y enfocado previamente, en fin.

Nuestro encuentro con Ricardo Postigo

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Escribí esta pequeña crónica hoy a pedido de un amigo, en realidad debía hacerlo ayer por la tarde, pero la entrevista intempestiva que tuve en la universidad me obligaron a dejarla por la mitad. Hoy, ya en un nuevo día me siento a terminarla. Bueno, sucede que hace dos días salimos Magaly Victoria y yo, con destino a la Asociación Peruano Japonesa, aquí en Lima, ¿el motivo?, sí, el motivo era llegar a tiempo al Recital de Piano que ofrecería ya entrada la noche la reconocida pianista japonesa Keiko Matsui. Según el programa el evento presentaría piezas de jazz, smooth y new age. No nos quedó de otra que hacer la fila, nos dieron el boleto 53 y 54, que luego dejaríamos en la entrada. Lo curioso, aunque no tanto para mí, fue encontrar a Ricardo, Ricardo Postigo, una persona que se presentaba ante nosotros como gentil y grata, tenía el boleto 52- me imagino ahora, debido al orden correlativo-. De trato amable y voz pausada, atento y servicial. Es algo curioso sentir de pronto esa extraña sensación que se llama, impresión a primera vista, cuando uno conoce a cierto tipo de persona, porque hay que ser claros acá, la primera impresión siempre cuenta, y más si se trata de estimular en el otro una impresión agradable de amistad., en fin. Conversamos muchas cosas entre temas de desarrollo personal, filosofía, pedagogía, y hasta de investigación, así también tocamos temas más personales. Nos hicimos preguntas, y nos formulamos nuestras propias respuestas. Reímos. Mencionamos algunas opiniones. Hablamos de Tony Buzan y su libro de los mapas mentales, de Goleman y de cómo se hizo conocido y popular en el terreno de la psicología, hablamos sobre los nombres raros y sus formulaciones a partir de los antiguos Almanaques Bristol, que por cierto me hizo recordar a mis abuelos porque ellos lo usaban más, en fin.

Entre conversaciones nos tocó ingresar, lado derecho del Auditorio Dai Hall, quinta o sexta fila, si más no recuerdo. Magaly Victoria se sentó a mi lado izquierdo, y Ricardo, a mi lado derecho. Hubo una demora de casi veinticinco minutos aproximadamente, tal vez un minuto más, tal vez un minuto menos. Hubo incomodidad general, eso no hay que negarlo por la hora, sin embargo, seguimos conversando los tres. Y en una de esas fructíferas palabras, surgió un tema interesante, el cómo un escritor puede atrapar la vida a través de las palabras, intercambiamos opiniones que coincidieron, opiniones que se han desarrollado expositivamente en  los tres primeros párrafos de esta crónica, sin embargo creo que esto es sólo una pequeña porción de lo que significa realmente atrapar la vida a través de las palabras. No sé, pero esto me trae a colación ahora las múltiples autobiografías escritas. (Ricardo piensa que yo debería escribir la mía, pero no creo que tenga mucho que contar a mi edad, en fin. Tal vez algún día cuando esté más viejo, y haya cosas que realmente merezcan ser contadas y compartidas, es que sucede que a veces esto cae, si no se cuida bien la intencionalidad de lenguaje en una suerte de chisme que a nadie interesa). Luego, pienso que las autobiografías no son sino modelos de vivir expuestos con sumo valor humano, lo importante acá no es contar por contar, sino que finalidad subyace como trasfondo a este contar. Finalmente hablamos de Saramago, y de Pilar su esposa, me habló de un vídeo que vi hace apenas unas tres horas atrás, sumamente digno y ejemplar, sobre todo cuando Saramago refiere que son el tiempo y la vida lo que un hombre ansía a los 86 años para vivir, para amar a su mujer, para seguir haciendo lo que hace un escritor, escribir. Recomiendo ese vídeo, lleva por título, José & Pilar - O filme. 

Imagen: Asociación Peruano Japonesa.
Bueno, empezó la función, y con juego de luces impecables como trasfondos, y unas melodías genuinas Keiko Matsui dejó a su auditorio satisfecho. Los timbres acústicos de sonido estuvieron impecables. Estuvimos tres cuartos de hora con Magaly Victoria, luego nos retiramos. Nos despedimos de Ricardo y salimos. Quedé en escribirle, y espero que pueda leer ahora que ya está terminada esta crónica. Sin lugar a dudas que fue un día de nuevas experiencias. Fue miércoles 12 de febrero.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham te saluda, ahora amigo Ricardo.

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