sábado, 1 de febrero de 2014

Sobre la valoración del amor, la gratitud, y los problemas que genera la admiración

Los deberes del amor

A veces no son necesarias las formalidades, las intenciones exageradas y las palabras difíciles para identificarse como amigo o amiga - o en todo caso para dar amor al otro-, ni siquiera las reiteraciones de éstas son imprescindibles. Basta la sencillez que albergamos en nuestra consciencia personal, ésa que sale de nuestro espíritu y que nos embarga por momentos - y que románticos clásicos definieron en su tiempo "guardar en el corazón para amar con el corazón"-, para demostrar con gestos concretos nuestra amistad, afecto o cariño a quienes realmente nos son significativos. Pienso que en la medida en que los individuos seamos capaces de mostrarnos más auténticos, y comencemos a aceptar nuestro deber de amar al otro y de corresponderle con todo bien posible vamos a sentirnos más felices con nosotros mismos, empero, ¿qué es la felicidad?, dirían contrariamente los teóricos del relativismo pragmático, sino algo relativo y ocasional que no es duradera porque pasa según las intenciones y los móviles de los individuos, y que además obedece a las relaciones de cosificación que ellos mismos han terminado estructurando para sobrevivir.  Esto, tal vez en parte sea muy cierto, sobre todo en el aspecto de la cosificación de las relaciones humanas, sin embargo a mí personalmente no me convence esta idea, me seduce más la otra posición que plantea Kierkegaard, cuando refiere en sus "Obras del amor", que "el amar es la gran revolución en el sentido de la eternidad, algo desconocido totalmente para el juego dinámico de las pasiones. Sólo como deber, el amor estará protegido eternamente contra todo cambio, eternamente liberado y eternamente asegurado contra la desesperación". Luego, concluyo afirmando y preguntándome, si esta es mi verdad, entonces, ¿por qué no seguir persistiendo en esto que yo mismo creo? ¿por qué no tomar como opciones de vida el camino del servicio que implica el dar, y el de la sencillez que implica el mostrar?

Total, en realidad, todos intentamos ser buenos, todos somos buenos, nuestra esencia es la bondad porque somos seres humanos, sin embargo a veces pienso que lo olvidamos, en fin.

Sobre las relaciones de gratitud y admiración entre los individuos

Por otro lado, el problema está en que mitificamos o deificamos mucho a las personas tan simples y comunes a nosotros diciéndoles cumplidos absurdos, o en todo caso atribuyéndoles características inexistentes que nosotros mismos - y eso lo sabemos con certeza- forzamos en nuestros razonamientos. La admiración es muy relativa, es efímera, es una categoría banal e intrascendente (diría incluso convenida); decimos admirar a alguien por lo que hace, por lo que es,o lo que ha logrado, sin embargo no hacemos nuestras estas acciones en la práctica, empero la gratitud es diferente, es distinta, es una categoría reconfortarte y hasta muchas veces superior a la vacía admiración momentánea. La gratitud nos hace personas mejores porque nos permite estar cuando muchos ya no están, esta categoría nos hace reconocer nuestras propias limitaciones y las de los demás. Esta tiende puentes y nos acerca más, nos eterniza y nos une porque nos hace apreciarnos a pesar de nuestras imperfecciones y flaquezas a diferencia de la admiración que nos supone perfectos e inalcanzables cuando no es así. Tal vez por eso sea que los "fervientes" seguidores siempre terminen desilusionándose de sus "benefactores" y perfectos líderes: muestra clara, el fideísmo patético que se forma al interior de los movimientos ciudadanos, y partidos políticos.

(Anotaciones para el libro de la : "Teoría de las emociones". Lima, Perú. 2014)

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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

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