lunes, 28 de abril de 2014

Enseñar y escribir, razones fundamentales

Hoy por la tarde subimos la escarpada de una montaña, bueno no exactamente era un monte grande, pero yo así la llamo, la montaña. Estuvimos bastante tiempo mirando hacia abajo las hierbas y pastos secos, una que otra pareja pasó por detrás nuestro, pude percibirlas; estábamos sentados, ella y yo, sobre un tronco seco pensando, escuchando algo de música, y de pronto Magaly Victoria, me dijo, y has pensado qué vas a hacer cuando termines los estudios de la universidad? (Silencio...). Francamente no supe qué responderle, ya que habían tantas cosas sobre mi cabeza, y no precisamente desde ese instantáneo momento, si no desde hace mucho. Lo pensé, pensé en silencio, entonces guardé para mí mismo un suspiro breve, la tomé de la mano, y me sentí satisfecho de ser profesor (pensé por instante en la satisfacción que también debió haber sentido el profesor Stratman(*) esa tarde al contemplar a su enfermera personal cuando de sus labios dijo, "profesor Stratman...", sí, esa tarde supuse que también él debió haberse sentido orgulloso de que hubiese sido llamado precisamente "Profesor" al anticuado estilo europeo, y no "Doctor", a la manera norteamericana, más vulgar). Le dije a ella entonces, "no lo sé, supongo que seguiré ejerciendo mis labores de profesor, escribiendo y publicando mis libros; tal vez viajemos, cuando termines tu carrera. Y porque no, casarme contigo". En realidad, yo creo que ella me conoce muy bien, creo que sabe de mí mucho más cosas, de las que yo sé de ella. Y es que a veces las parejas somos así, así de inexplicables. Le di un beso, uno de esos que uno da cuando está enamorado. Me dio un abrazo, sentí su abrazo. Nos pusimos de pie y nos marchamos riendo. Una canción de Roberto Carlos creo que terminó sellando la tarde. Y es que en verdad, no concibo dos cosas más para mí, que no sean el escribir y el enseñar, y qué mejor si quien me esto pregunta es ella, la mujer que mejor me conoce y entiende estas dos aristas que contienen la mirada angular de mi vida, en fin.

(De: Anotaciones para un diario personal. Víctor Abraham)

(*) Max Stratman es el personaje ficcionario que recibiera el Premio Nobel de Física, en la obra: "El Pemio Nobel", 1961, del escritor norteamericano Irving Wallace.
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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