domingo, 22 de junio de 2014

Capital de esperanza

Cuando escribo esta pequeña nota dos días después del día viernes 20 de junio, se me vienen a la mente dos historias que leí ya hace muchos años atrás cuando aún era un joven adolescente; por un lado, una de ellas que tenía que ver mucho con la Grecia Antigua, pues se trataba de un rey.

Un  rey y dos amigos

" Un rey muy tirano que había tomado como prisionero a un hombre ordenando su ejecución inmediata, luego de un edicto injusto. Dos días antes de ser ejecutado, vino otro hombre, era un emisario, trayendo nuevas para el viejo monarca. Durante su breve estancia, éste recorrió los pasillos de la cárcel, que tenían la fama de ser los más horrendos, dado la tiranía de su rey. Tras husmear por sus corredores, avistó a un amigo suyo, que antes había conocido en uno de esos viajes que hiciera al Peloponeso, mucho antes de que Esparta pudiera conquistar un tercio de ella. Al verlo, percibió su delgadez y sufrimiento. Si mediar tintas, se dirigió a éste, quien al verle contóle sus fatales penurias, agregando a éstas: la desdicha de saber que una de sus hermanas estaba muriendo, y que por tanto, él siendo el único capaz de poder asistirla en ese momento, no podía verla. Sólo de pensar esta tragedia le roía la cabeza. Este emisario, luego de escucharle, y comprendiendo la tiranía del rey, la misma que jamás entendería la situación del angustiado, se marchó cabizbajo. Durante unas horas meditó por la plaza, sabiendo las consecuencias que cualquier decisión que pudiese tomar en beneficio de su amigo podría llevarle a la misma muerte. "Éste no podrá negarse", pensó, "nada alteraría entonces la condena, en fin". Decidido acudió al palacio pidiendo al soberano hacer el intercambio."permítame tomar su lugar", dijo, "hasta su regreso, de no llegar, podrá usted disponer de mi vida". "Es lo justo", dijo el monarca. Entonces amplió la fecha de ejecución poniendo a prueba la amistad del otro. "Quince días", dijo, " si en quince días no has de volver, este emisario fatuo, habrá de tomar tu lugar en la ejecución". (Era tan sabido el grado de deshonestidad entre los hombres de aquel entonces como su espíritu inmoral, sí, sí, ellos mismos que un pasado vieron con buenos ojos la ejecución de Sócrates). El hombre marchó, agradeciendo a su amigo, diciéndole que volvería antes de los quince días, sea cual fuere la salud de su hermana. Partió. 

Fue el día catorce, y aún no había avistamientos del regreso de aquel hombre. El emisario comprendiendo el acto que significaría el día quince, aceptó con determinación firme su triste desenlace. "Bien por él", se dijo, "seguro que le habrá ido bien. ¿Fatuo?, no he sido un fatuo, he sido justo. Él me salvó de una muerte segura en uno de mis recorridos provinciales cuando fui asaltado. Es justo que ahora sea yo, quien haga algo por él." Viendo con resignación la asquienta celda se sentó en uno de los ángulos esquinares del cuarto. El día quince había llegado, todo estaba listo para la ejecución, un día soleado, la multitud: atiborrada a los alrededores de la plaza cuadrangular. El rey y su séquito estaban listos para presenciar la ejecución. "No vendrá", se dijo, "pobre tonto" (Era sabido que tal actitud como ésta en aquel lugar no merecía la más mínima compasión.) Entonces en medio de la multitud, salió el ex-reo diciendo, "Si alguien ha de cumplir una sanción ese he de ser yo mismo, dejad libre a este hombre". El rey, fascinado por aquel acto ordenó la liberación del ajusticiado, acercóse a este otro, y reuniéndose luego con ambos reconoció sentirse admirado por aquel acto jamás visto en su pueblo. "He de pedirles a ustedes que me dejen ser también amigo suyo." Ambos aceptaron. Entonces éste abolió la sentencia, aduciendo que en adelante, mientras viviese, ningún lazo de amistad habría de quedar separada por algún designio humano.

Citas de un Principito aviador

La otra lectura tiene que ver mucho con libro que leí durante los años que viví en Trujillo, y que - a partir de ese momento- produjo en  mi una clara muestra de lo que significaba el aprecio por los demás, entendí entonces gracias al aviador francés Antoine de Saint- Exupery, que el amor entre los seres humanos debería ser algo como invisible a simples ojos, pero visibles al corazón. Entendí que el gran móvil capaz de diluir los sentimientos mas apócrifos del individuo era el amor. Leer con asombro las páginas de  "El principito", y los múltiples diálogos de éste con los demás personajes del libro, entre ellos con el farolero, la flor, y por supuesto con el zorro, permitieron arrancar de mí todo ese extraño impulso a la negatividad del hombre. Creo que en ese mismo momento mi teoría de la bondad regenerativa recién empezó a bosquejarse. He leído varias veces esta obra maravillosa, y he aprendido mucho de ella. Subrayar citas, tales como:

- (...) "no se ve bien, sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.
- los hombres han olvidado esta verdad(...) pero tú no debes olvidarla. Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado".
- Para mí tú no eres aún más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no tengo necesidad de ti. y tu tampoco tienes necesidad de mí: yo no soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, tendremos el uno necesidad del otro. serás entonces el único del mundo para mí. Yo seré también para ti único en el mundo.
- (...)Los hombres no tienen tiempo de conocer nada. Compran las cosas ya hechas a los vendedores. Pero como no existen vendedores de amigos, los hombres no tienen amigos.

...han enriquecido la visión que tenía y que hoy tengo, respecto al ser individual que no es perfecto, pero si trabajable en camino a ello.

Los dilemas del mundo

En varias ocasiones mucha gente me ha preguntado, si creo en el amor, o en la amistad, o en la felicidad, o en todos esos anticuados valores que jamás se ponen del todo manifiestos, salvo raras ocasiones. O sencillamente, si tengo aún esperanza en que las cosas junto con sus individuos cambien algún día. ¿Hay esperanza me han dicho? ¿En dónde está? Utopías, me han dicho, son utopías tuyas. Sin embargo, yo no creo que se traten de simples utopías, ni preocupaciones desmedidas por saber dónde está esa matriz generadora de felicidad- al menos a mí no me seduce la idea de ponerme a buscar esa fuente, o buscarla donde no está, en fin- Pienso todo lo contrario, pienso que si hablamos de la esperanza, si existe o no, y cuál es- o bien, de intentos de aproximación a éstas-, debemos empezar por buscarla dentro de la capacidad del dar que cada uno tiene en sí mismo, sí, sí, de ese dar por igual que redime al alma humana.  Luego, tal vez podamos llegar a decir que la igualdad como concepto, no pasa de estar enmarcado como una categoría puramente utópica de la mente, algo intangible o irreal, que no es posible de concreción alguna, es cierto ello, sin embargo es necesario alimentar esa intangibilidad, alimentar este concepto en nuestra consciencia y en la de los demás, o suponer - en el mejor de los casos- que existe para hacer más llevadera esta vida. Puesto que, tanto justicia, igualdad y equidad son ejercicios trascendentales del proceder humano para alcanzar una mayor convivencia, tan importantes como esa necesidad de domesticación del conocimiento del otro que plantea el zorro de "El principito".

Por otro lado, dadas las dos historias que propuse al inicio, concluyo que el detalle aquí no está en en la existencia misma de los seres humanos. Existimos y ya, y ya está, nada más que eso, listo, punto final. El detalle está en algo más, en darle cada día algún tipo de valor o validez a nuestra existencia, y damos validez a nuestra existencia con el amor, el único, el arcaico, el imperecedero e inacabable sentimiento del amor que es el móvil más poderoso que tenga el individuo a la hora de mostrarse a través de sus actos. Uno no puede amar algo, si primero este acto no ha pasado por el conocimiento de la domesticación, y la experiencia misma de su ejecución. De allí, la importancia de la premisa bíblica afirmante del Corintios 13, "que aunque hablara todas las lenguas de los hombres- pero sin amor en el corazón-, sería como bronce que resuena o campana vacía que retiñe".

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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