lunes, 16 de junio de 2014

El valor de educar en la libertad

Enseñar para la libertad

El “es” y el “deber ser” constituyen una realidad innegable. Por tanto es necesario unir ambas brechas, unirlas a través del proceso educativo, y no me refiero al mencionar esto al proceso puramente formal que sólo dan las escuelas, sino al otro que escapa a la rigidez y la formalidad, al otro que se forma y opera desde el interior de las familias y que se fortalece más tarde en las aulas, pero sobre todo - y he allí lo más admirable- si ese “es” y “deber ser” se forma desde las edades más tempranas.

Partimos siempre en nuestras prácticas educativas del concepto de la diversidad, sin embargo, una vez dentro, al interior de las aulas, homogenizamos, homogenizamos mucho y limitamos. Creemos que así funciona el método de la enseñanza. Por mi parte siempre he sido partidario de la pedagogía libertaria de Alexander Neill, de la auto-regulación libre. He incluido en mi prácticas de enseñanza modelos que van desde los conductismos clásicos de Watson y Skinner hasta los planteamientos de la pedagogía crítica, sin dejar de atender por supuesto en el camino: el aprendizaje significativo de Ausubel,  el desarrollo próximo de Vigostki y la pedagogía humanista de Maslow. Tal vez el empeño por aplicar todo ello, obedezca a esa necesidad mía de intentar enseñar para la libertad, o por lo menos bosquejarlo en el intento. Es difícil, lo sé, y cuesta, cuesta mucho, sobre todo porque es el maestro quien está llamado a dar el ejemplo tanto a nivel de actitudes como a nivel de conocimientos. 

De profesión maestro

Como profesor que soy siempre he mirado modelos, he buscado en algunos maestros escritores algunas formas que pudiera extraer para mi  mismo, y debo reconocer que leer sus vidas y sus obras me han conmocionado. Gabriela Mistral siempre defendía el concepto de una escuela abierta con maestros creativos y llanos a aprender. Sus reformas en México fueron innumerables y loables. Fue un ejemplo de mujer, mientras enseñaba escribía sus rondas, mientras contemplaba numerosos niños y niñas diseñaba un proyecto de ciudadano, un niño capaz de valerse a partir de sus emociones propias, las mismas que ella tuvo que templar a lo largo de su vida. (ni siquiera el incidente de haber recibido el calificativo injusto de ladrona cuando era niña, pudo mellar su espíritu libre y sincero) Y es que se me ocurre otro ejemplo vivo, sí, el límpido ejemplo de la maestra sueca  de Landskrona, Selma Lagerlof, quien, mientras escribía esa maravillosa "...saga de Gösta Berling " enseñaba en una escuela de primaria a niñas.  Y podría seguir citando a otros grandes de la literatura que también incursionaron en la pedagogía, he de ver allí al maestro Vallejo, dando forma a ese genial "Heraldos negros" mientras enseñaba en Trujillo, o al maestro francés de historia y geografía Julien Gracq, que por los años que dictaba secundaria venía escribiendo su ".. mar de las Sirtes", o al maestro y dramaturgo italiano Luigi Pirandello quien por los años que dictaba en el Instituto Superior de Magisterio y en pleno debacle anímico familiar venia escribiendo su "... El difunto Matías Pascual", en fin. Es curioso que Borges haya tenido que desdoblarse a veces resignado de verse colocado en la terna de los profesores de Buenos Aires. Cortázar enseñó muchos años la educación básica durante su estadía en Argentina, Sartre y Simone de Beauvoir también enseñaron, y así muchos filósofos. 

Lo que quiero decir al mencionar a todos estos hombres y mujeres, es que tuvieron algo en común, la enseñanza para y por la libertad humana. No me imagino, de pronto a un Sartre represor y pasivo, o a una  Beauvoir sumisa, no. Me imagino más bien a un Borges retando a sus estudiantes al análisis mental, y hasta un Vallejo enseñando a descubrir el mundo por los propios sentidos. Sea como sea, estoy seguro que habiéndose formado como docentes o no, les bastó el ingenio y la convicción moral para poder llevar a cabo semejante tarea. Por tanto, no espero que los docentes hagan exactamente lo mismo, pero por lo menos tengan en cuenta que hoy el reto  de nuestro país - dadas las circunstancias sarcásticas de la vida social que está siempre preocupada en ofrecernos cosas y enseñarnos a maniobrar y a provechar muy bien de las utilidades que ello nos genera-, es grande, la labor del maestro y de la maestra es grande, y es consiste en enseñar a pensar y cuestionar. Luego, cada quien ha de buscar sus propios modelos, y adecuarlos a su propio trabajo, no importa si los extrae de los libros de Teoría educativa, o si aún los recuerda de alguna clase de formación magisterial. Lo importante es acá estar atentos lo más flexibles posible a los cambios de comportamiento que de alguna u otra forma a veces rompen el esquema que ni el propio libro lo explica. He allí la importancia y el peso que dan los años de experiencia educativa, en fin. ( Y es que a veces lo resultados más brillantes son los que escapan al formalismo).

Reconocernos como agentes de la trascendencia para nuestros propios beneficiarios 

Por otro lado, es curioso percibir cómo los estados relativos de la memoria a largo plazo siempre tienden a hacernos recordar aquellos momentos gratos provenientes de pasadas relaciones nuestras con personas también gratas, que vuelven a nuestro consciente inmediato convertidas en relaciones fuertes, ello debido a dos factores, por un lado el paso del tiempo, y por otro el grado de significatividad que alcanzaron en el momento mismo del conocimiento mutuo. Me explico, una joven estudiante del pasado, me parecerá siempre grata, no porque esté o no esté a mi lado, o porque sea o no su profesor en el presente, sino por el hecho de haberle enseñado, por tanto esa relación humana del pasado entre profesor- alumna constituirá una experiencia gratificante que el tiempo se encargará de enriquecer. Por tanto, infiero a partir de ello, que si esto es así, que si una relación humana trasciende al momento para prolongarse en el tiempo al margen de la edad, el espacio físico, o cualquier otro estado entonces habremos dado un paso a constituir eso, que se llama consolidación de la amistad verdadera porque entonces las categorías convencionales, que encierran nuestras relaciones humanas diarias de profesor- alumno, jefe-subordinado, analista-paciente con el tiempo quedarán proyectadas a una sola categoría, la de sencillamente amigos, en fin. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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