viernes, 26 de septiembre de 2014

Capítulo XII de La degradación humana.

Sabes?, veo y percibo últimamente mucho odio en muchos sectores de la gente joven que van desde palabras hasta actos, injurias. Se supone que este conglomerado nuevo debería ser fresco y rebosante de ideas progresistas, pero no, no hay nada de eso en la gran mayoría. Las pocas ideas progresistas que se intentan dibujar en el grueso social de esta población que hoy tiene el presente en sus manos están lejanas de ser coherentes, y esto sí que es un problema. Existe mucha desidia y frivolidad, se ha hecho de lo material una figura tremendista. Este odio sistemático y relativo se ha encauzado gracias a los malos ejemplos de los mayores. Esta sociedad de hombres mayores ha intentado seguir sus propios derroteros, también equivocados, por muchos años alejados de la realidad. Pienso que su generación siempre ha estado de espaldas a la realidad, mucha preocupación ególatra, mucha necesidad y ansias de poder, pero poco sentido de caridad, y digo esto porque no han sabido atacar el mal general que hoy ha desbordado en una corrupción democratizada, ese mal que radica en la consciencia ciudadana. No se ha cuestionado el aspecto moral y ético de la conducta ciudadana, y hoy, cuando se la quiere hacer, ya no se sabe simplemente cómo hacerla.

Y esto dicho, me lleva a pensar curiosamente que en el amplio sector popular de esta comunidad las ideas y análisis sean muy pobres, los debates sean muy superfluos, y los pocos ideólogos y analistas existentes tengan que vender sus ideas por una cátedra universitaria o un cargo político. La educación superior sigue bajo ese modelo clasista, y dudo de que los enormes teóricos puedan hacer algo por esta sociedad mayoritaria desde estas clases sociales porque simplemente - y seamos francos-, a éstas no les interesa, por ende los conocimientos de calidad están vedados para los amplios sectores, merced de la clase económica y  académica. Los encauzamientos, y percibo mucho ello, hacia algún bando de opinión siempre tienen que llegar a confrontaciones que dañan la imagen del contrario y victimizan su estado de ciudadano: se hace leña del árbol caído, y esto francamente es desde ya una pena lamentable.

Sabes?, percibo - y esto es lo que más temo-, que este encono se generalice, que este encono forme y eche bases en el establecimiento de una sociedad de odio, en donde no haya cabida para el perdón, la reconciliación y la regeneración humana. Cuando un modelo de sociedad como ésta se implanta impulsada por mecenazgos e "íconos" creados por estos patrones entonces origina una necesidad abrupta de hacer daño de alguna u otra manera, y este hacer daño se extiende de pronto hacia la mayor parte de los ámbitos vitales: en el aspecto político y social, económico, familiar, escolar e inclusive dentro de las relaciones humanas mismas.

Si te digo todo esto es porque la otra vez (ya no recuerdo exactamente la fecha, pero a veces eso no importa, el tiempo es muy relativo, es impasible con la memoria, sin embargo es benévolo para retroalimentarnos con imágenes que nos angustian y causan desilusión porque ello hace que la reflexión se active, o en otras veces -triste consuelo de nuestra alma cautiva- admiración y ansias de volver a  repetir un mismo acto, en fin),.. te decía... que la otra vez volví a ver jóvenes en las calles, volví a ver pancartas y oír vociferaciones que se confundían entre arengas e injuriaciones. Personalmente, vi un vacío de consciencias generalizado, un miedo a perder algo, una necesidad de catarsis extrema e insidiosa, ¿libertad? o ¿libertinaje? ¿lealtad? o ¿remedos de lealtad? ¿democracia? o ¿desnaturalización de ésta? ¿fidelidad a la coherencia? o ¿desfachatez de ésta? ¿virtudes expresadas? o ¿miedos sembrados?¿consciencia de seguir? o ¿inconsciencia de no hacer nada?. Mira, mira Andrea, francamente yo no creo en alguien que sale a la calle y protesta diciendo, "no más corrupción y tolerancia contra ella", pero sin embargo forma parte de un partido político más contrario al que critica. El problema no está en que la gente salga a la calle y levante pancartas o denuncie hechos delictivos o corruptos, el detalle más bien está en el hecho que no se pueda ser capaz de sostener sus propias convicciones morales más allá de un tiempo mediático de cara a unas elecciones porque resulta más fácil y cómodo emplazar y juzgar cuando los ánimos están caldeados colectivamente, el reto está en sostenerlo, en sostener esa imagen de vigilante honesto todos los días a cada hora y en cada momento.

Por otro lado, resulta fácil ser un opositor mediático cuando se tiene un respaldo político y partidario detrás, cuando se tiene la certeza que siempre hay seguidores detrás, seguidores que no cuestionan sino hacen precisamente esto, "seguir". Todos podemos ser opositores, o simplemente no serlo, cada quien su decisión. Yo respeto mucho la decisión que las personas toman para seguir a otras sin cuestionarlas, pero no comparto sus acciones porque dejan mucho que desear. Me entristece cuando veo a mis contemporáneos, a estos jóvenes, que - sin darse cuenta- se convierten en agentes pasivos de otros cuyo espíritu vil socava sus corazones. Un joven no está hecho para escuchar y callar, o para ser usado mediáticamente. Ni siquiera, estos colectivos de dignidad ofrecen hoy en día transparencia real. Ya dije una vez, enseñen a sus menores a cuestionar desde las escuelas, enseñen a esos adolescentes y niños el valor de actuar con ejemplo y firmeza, enseñénles a ser justos y solidarios, díganles que esta sociedad esta llena odios, díganles que estamos inmersos en esta sociedad, pero que sin embargo no podemos, no debemos ser parte de ésta ni de sus ajusticiamientos absurdos, díganles que la ambición al poder corrompe. Enseñen a sus menores, y díganles que aún en las peores circunstancias hay esperanzas. Luego, pensemos en que si logramos que un niño y adolescente sea un cuestionador crítico, y no un simple seguidor y agitador de pasiones acaloradas habremos hecho más que salir a una calle y gritar, "corruptos".

Así tenemos Andrea, que un librepensador vale más, no porque sea un todista omnipresente (hay quienes incluso catalogan a este ser extraño de mezquino o indiferente a los actos colectivos), sino porque al menos allí en ese estado se goza más de la libertad plena y absoluta para decir y expresar abiertamente lo que uno piensa o lo que uno conjetura a partir de sus propias interpretaciones sin temor a una tacha, y precisamente no se tiene miedo a la tacha porque sencillamente uno no pertenece a nada, es decir no se está institucionalizado. Ellas, las instituciones, con todas sus atribuciones y membresías minimizan el pensar.

Por eso, un escritor no defiende nada, salvo lo que a juicio propio considera correcto y valorable, y es que sucede que yo no creo en los políticos- nunca creí en ellos-, menos aún en los abogados porque siempre, detrás de ellos, hay mentiras, mienten mucho y dañan las consciencias ciudadanas, usan su poder para influir sobre los otros, para comprar voluntades y juventudes: sus testimonios falsos son más grandes que sus obras mismas. Estas mentiras a la larga operan como inmensos "bonk" sobre las cabezas de quienes los eligen. Pienso convencido por ello, que un buen político o un buen abogado siempre tienen un sello de deslealtad y vileza, tanto así como decir que por estos tiempos, la palabra honestidad no está muy de moda que digamos- y creo que nunca lo ha estado, sería iluso pensar ello-, no obstante sucede que hasta a pensar que las palabras "coaching" o "colaborador" tienen más pegada.

Sabes Andrea?, yo pienso que todo esto que te he referido se está dando PORQUE PRECISAMENTE LA GENTE YA NO CULTIVA SU MENTE NI SU ESPÍRITU, no lee, y si lo hace no es lo adecuado ni conveniente, sí, sí, yo, Isaac Jeremías, también pienso eso, pienso que los individuos han olvidado que existen para pasar a convertirse en simples alegorías rutinarias que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Es triste esto, pero es la verdad, tal vez ello me lleve una vez más a refirmar mi tesis sobre el hecho de pensar - y de plantear- que ya inició, cual "peste" de Camus, nuestra propia degradación humana, aquélla que es probable de dar consistencia también a esas imágenes verbales tiernas que Alexandr Solzhenitsin afirmaba hace ya casi medio siglo, "Los hombres han olvidado a Dios, por eso todo esto ha sucedido".

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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