sábado, 28 de febrero de 2015

Ciudadanía vs. TV

Escribió una vez, el británico, filósofo, y Premio Nobel de Literatura 1950, Bertrand Russell, por esos años en uno de sus libros, "Los caminos de la libertad. Socialismo, Anarquismo y Sindicalismo", "La miseria es el síntoma; la enfermedad es la esclavitud. Los extremos de riqueza y miseria siguen inevitablemente a los extremos de libertad y esclavitud". Pensar en ello, sin lugar a dudas me lleva a arrojar dos conjeturas, por un lado nuestra idea que tenemos respecto a la riqueza, y por lado, la idea que nos sobreviene al pensar en la esclavitud.

Riqueza, si bien es cierto, en el estricto orden de las definiciones, es la acumulación de bienes materiales, y que produce -como un consecuencia de esta misma- un poder, que extrañamente acarrea otra palabra, esclavitud, entendida como opresión, y servidumbre perpetua, la misma que genera atraso colectivo, y trastorno en la dignidad humana. Pienso a todo ello, que nosotros, ciudadanos de un nuevo mundo nos queda, o bien validar en nuestras sociedades propias estas afirmaciones y hacerlas - con resignación- nuestras, o bien, rechazarlas tajantemente, como quien rechaza un intento de maldad o tiranía. Decir, "Sí", o decir, "No", es de libre voluntad individual, es cierto, pero también conlleva un compromiso de asumir las consecuencias de estas desiciones. Recuerdo mucho, que mi maestra de historia en la escuela, allá por los años en que era un adolescente, nos dijo, un pueblo callado es un pueblo coactado, expresión tan acertada como aquélla que expresa, "un pueblo que olvida su historia, está condenada a repetirla, en fin. A todo esto, es importante, tomar siempre decisiones, pero no de forma apresurada, sino tras mucho discernimiento. Optar, como a veces digo, por una alternativa, siempre es bueno, pero más si es la correcta o indicada, y eso cómo se sabe, solo en la conciencia misma de los actos y convicciones.

***

Gracias a esos jóvenes universitarios, a esos padres con sus niños y niñas que estuvieron allí ayer, a esos adolescentes, a esos maestros y obreros manuales que acompañaron y gritaron, "El pueblo luchando también está educando","Queremos cultura", "Pueblo, escucha, y únete a la lucha".Ver de pronto carteles y pancartas, expresando en frases tan simples, verdades tan duras como la que tenían dos jóvenes adolescentes a mi lado, "Democracia protege a la basura porque la basura come de la democracia", e inclusive llegar a percibir por momentos, llantos desbordados de impotencia entre madres acompañadas de sus hijos pequeños al momento de dejar los pliegos de reclamo en los distintos canales de televisón, en fin.

Ahora bien, yo no puedo y no quiero pensar que haya gente del Perú que no quiera ver la realidad, que no quiera asumirla, solo trato de ver que los medios de información han cumplido- y siguen cumpliendo hasta hoy "bien"- sus cometidos, respecto a introducir letargos en el pesamiento, en fin . Ahora, es fácil salir a reclamar cuando se choca con nuestros bolsillos, ¿verdad?, pero lo que se hizo ayer, pienso yo, no fueron caminatas de desadaptados o de personas que no tenían nada que hacer, siempre hay algo que hacer en las casas, amigos, nadie tiene tiempo libre para malgastarlo.

Esta mañana, confirmé algo que era lógico, solo un diario informativo en su primera plana informaba esto, los demás? con las trivialidades de todos los días, policiales, escándalo, negocios en el mundo, en fin. Yo pienso que en este país, como en cualquier otra parte del mundo existen también deberes sagrados que cumplir, hechos por ejecutarse, marchas por asistir o petitorios por firmar. Esas son nuestras obligaciones como ciudadanos de un nuevo mundo, obligaciones que debemos asumir, sí, así es, asumirlas como ese algo tan sencillo y pequeño de decir, pero tan complejo de asimilar y comprender, eso que se llama, el bien. GRACIAS A QUIENES ASISTIERON A ESTA MARCHA EN LIMA, Y EN LOS DISTINTOS PUNTOS DE NUESTRO PAÍS. Marcha, que no duró tres horas como dijo un diario en su portal web, sino 4 horas y media, y no con una cantidad de apenas mil personas, sino con un cáculo aproximado de 10 000 personas.GRACIAS, finalmente a quienes también por el recorrido se fueron sumando. VAMOS PARA ADELANTE, y cómo ya dije anteriormente, ya desde anoche, hemos empezado a poner en jaque al gran empresariado nacional y trasnacional, les guste o no. Que venga ahora una SEGUNDA MARCHA EN CONTRA DE ESTA TELEVISIÓN QUE TANTO DAÑA LAS CONSCIENCIAS CIUDADANAS.



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham 

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Sr Oscar Sumar, y su sentido de relativismo pragmático

Hace unos días, estuve revisando unas páginas web. Trato siempre de hacerlo en mis ratos libres, luego de hacer pausas a mi trabajo de escritura diaria. De pronto me llamó mucho la atención un artículo, a propósito de todo lo que se ha dicho, y se sigue diciendo respecto a esta marcha contra la "TV Basura" (lamentable desde ya que se haya llegado a estos calificativos, pero cierto en el fondo de los argumentos), convocada para este viernes 27 de febrero. Artículo que a criterio mío, puede ser muy interesante, dependiendo de la óptica de quien sojuzgue su lectura, en fin.

La posición del Relativismo pragmático respecto a lo ético

Un abogado de la PUCP y analista en el portal web "Gestión", Diario de economía y negocios del Perú", de nombre Oscar Sumar, quien además es master en Derecho por la Universidad de California, Berkeley, profesor universitario e investigador en la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico, en Lima, y por cierto actualmente -según sostiene en su página- se encuentra en Berkeley haciendo un doctorado (¡títulos, títulos, y más títulos!), refiere que "esa idea (de la marcha) no solo carece de sentido, sino que es peligrosa desde varios puntos de vista", por lo que sitúa dos puntos de vista a evaluar,

(1) Los gustos son relativos… y qué es “basura” también

(2) Es políticamente peligroso establecer “objetivamente” que determinados gustos son basura.

Ahora bien, respecto al primer punto, refiere que: "aquellos que se creen cultos podrían no serlo a la vista de personas que consumen arte más elevado, y además los gustos son suficientemente subjetivos, por lo que es peligroso y arbitrario privar a las personas de sus placeres, (...) no lo deberíamos hacer". Dice el Sr Sumar:
"¿Cuál es la definición de alguien “culto” entre los jóvenes (y algunos chiqui-viejos) de Lima? Necesitas saber quien es Marcelo Wong o Fito Espinoza, escuchar a grupos “alternativos” como Arctic Monkeys y haber ido por lo menos una vez al museo de Mario Testino. Puntos extra por David Bowie y Andy Warhol. Con eso basta, por el momento. Una vez que hagan eso, podrán juzgar sin remilgos los gustos de los demás y tildarlos de ignorantes si no conocen algunos de sus ídolos pop. También podrán decir que la televisión es “basura”. (...) A ustedes les puede parecer basura la tecnocumbia, comparado al rock o pop que escuchan; pero luego viene alguien que escucha música clásica. A ustedes les puede parecer que ir al cine a ver El Francotirador es basura, porque ustedes ven películas de cine independiente europeas; pero luego viene alguien que ve películas de Ingmar Bergman… y así sucesivamente…"
Luego, respecto al segundo punto, afirma que:
"Una vez que comienzo a tildar a las cosas de basura, ¿qué sigue? ¿Podría censurar también a los periódicos? (algunos de ellos incluso reproducen contenidos de la “TV Basura”). ¿Dónde pararía la censura de la TV Basura? Combate es basura, ok, ¿pero también los concursos de canto? Para mi son basura. Para mi incluso varios noticieros son basura. ¿Los sacamos del aire también? (...) Luego, ¿podría clasificar a las personas por sus gustos? ¿No somos acaso todos iguales? ¿Nuestros gustos no merecen la misma protección que nuestras creencias? Si alguien puede decirme que mis gustos son una basura, también puede decir que mis opiniones lo son y por lo tanto no tengo libertad de expresión. (...) Es todo parte de la definición de “snob”, que es esencialmente la base de un tipo de discriminación. Existe un motivo por el cual el Estado es neutral (o debería serlo) en temas de creencias y opiniones.(...) Nosotros no respetamos la opinión o las creencias porque sean buenas objetivamente o culturalmente elevadas, las respetamos porque respetamos la individualidad de cada persona, su igual valor y su libertad para elegir".
La realidad de las cosas. Hacia una interpretación humana de lo absurdo

Una vez existió un hombre que escribió
"Cierto es que, tú nos proveíste de una nueva iglesia; pero, también, la llenaste de un espíritu nuevo, y no exactamente de amor. Es verdad, nos has construido nuevos caminos, pero caminos a la destrucción, como se evidencia claramente en las desgracias de muchos. Es verdad, has reducido nuestros impuestos; pero, también, has aumentado aquellos sobre nosotros mismos; juicios, protestas y equivocaciones no son bendiciones para una comunidad." (De: La vía del tren y el patio de la iglesia)
Este hombre se llamó Bjornstjerne Bjornson, prolífico escritor y político noruego. Ahora bien, cito estas palabras, porque al hablar de este tema tan controvertido como lo es la televisión, y su contenido nada acertado, pareciera ser que estas ideas cobran fuerza, a pesar de haber sido escritas hace un siglo atrás. Los equipos, las multimedias, las innovaciones, los programas televisivos y sus estúpidos ratings, las religiones, y hasta la misma prensa, dan la ilusión diaria al individuo de que está viviendo bien, cuando en realidad no es así. En realidad, no se está viviendo dentro de un orden natural y apropiado desde el punto de vista humano.

Es más, y vuelvo a parafrasear a Bjornson, "las viejas ideas del bien y del mal, tan firmemente establecidas en nuestra conciencia, han participado en todos los ámbitos de nuestra vida, son parte de nuestra búsqueda de conocimientos y de nuestra sed de la vida misma". Sustento por el cual, entonces atiendo a la lógica del Sr. Oscar Sumar, acerca de su idea, respecto de que los gustos sean relativos, y a partir de ello, qué es entonces "basura", a la hora de referirse a la televisión y medios informativos, los mismos que al parecer él no puede entender como estos degraden la consciencia del individuo.

Sr. Sumar, existe una expresión llamada Sentido común, que funciona algo así, como libre albedrío para discernir, luego de un análisis y razonamiento pertinente, lo que conviene o no conviene a alguien. Esas viejas ideas del bien y del mal, están en nosotros, podrían ser tratadas como relativas, tal vez, pero no creo sean acertadas. Para que una idea sea acertada, debe pasar por una validación personal, pero no solo de interés para un provecho individual, sino para un interés de bien mayor, más general, más humana, más colectiva, y aparece entonces allí la expresión que yo siempre defiendo, la necesidad de conscientizar. No todo, estimado profesor, debe caer en el saco de la interpretación relativa. Que alguien prefiera ver las películas de Ingmar Bergman, o escuchar de pronto la música de Arctic Monkeys, o visitar el museo de Mario Testino, o decidir comprar sus libros necesariamente a una de esas tantas Ferias Internacionales de Libro que hay por allí, que lo haga, es decisión de cada quien. Si tiene posibilidades, tiempo o puede viajar, o qué se yo invertir en ello, bienvenido. Sin embargo, pienso que este no es el punto acá, ni debe ser el sustento para decir que quien hace esto es más culto que otro, y luego viene otro que hace mejores cosas que las que hace el primero y se vuelve más culto que este primero,  y así sucesivamente según esta cadena de lo relativamente absurdo. (Este tipo de interpretación relativa de las cosas me hace suponer algo tan frívolo y nada comprometido con lo que en realidad significa una degradación sistemática).

Leyes y miradas nuevas

Ahora bien, se habla mucho de una ley, la misma que sustenta esta marcha denominada "Marcha contra la "TV Basura", acto cívico que considero justo y necesario por el impacto que pueda tener en adelante sobre sucesivas y futuras maneras de cómo ver los medios de comunicación ante nuestras propias idiosincrasias personales que nos atan siempre a un convencionalismo injusto para la gran mayoría, pero cómoda para una escasa minoría.


Es indudable que con estas propuestas Sr. Oscar Sumar, las mismas que usted tacha como preocupantes y peligrosas políticamente hablando, porque según su óptica,  resulta peligroso y arbitrario privar a las personas de sus placeres, o gustos. ya que según usted, se estaría incurriendo en un desmerecimiento de ellos, lo que originaria el comienzo de una supresión de opiniones, y por ende de una libertad de expresión. No señor catedrático y abogado, la colectividad peruana, no, la política, sino la del pueblo mismo pone en jaque ¿sabe?, al gran sector del empresariado nacional y transnacional que escondidos tras sillones cómodamente reclinables y desde oficinas con lunas polarizadas envían a sus "hombres de prensa" o "conductores de televisión", cada día a desvirtuar la realidad cultural, social, estructural y moral del individuo mismo. Aquí, señor, no hay intento de amordazar a nadie, sí, un intento de tirar abajo - o en todo caso frenar- toda esta maquinaria de degradación sistemática. La televisión es el opio del pueblo ignorante, nos guste o no, queramos admitirlo o no. Se nos acusa a los hijos del Perú, de ser incultos, y banales, hecho cierto, de tener una pésima educación, que también es cierto, y de no entender lo que lee, que en su gran mayoría también es cierto, porque pocos - y esa es una gran verdad- pueden acceder a niveles educativos con calidad y bajo los parámetros de los estándares internacionales, no porque no tengan dinero - a excepción de gente pobre que efectivamente no tiene-, sino porque no reciben una orientación adecuada por parte de sus formadores de lo que es urgente y necesario para el futuro.

La pobreza material es bárbara, eso lo sé, quién más que yo para saberlo, está latente cada día, pero creo que mayor es la pobreza moral de nuestros ciudadanos, hecho que es un fundamento más para salir a la calle y reclamar. Ahora bien, ¿De cómo o por qué la gente ve esto de los programas que no tienen ningún tipo de sustento? No lo sé con certeza, pero creo saberlo por inducción, y eso es algo que debo a mi carrera de maestro de formación básica, al estar rodeado casi todos los días de estudiantes adolescentes reales, con problemas reales y con padres reales, y obviamente desde escuelas reales, porque para un observador ser partícipe de la realidad es mejor que estar frente a universitarios provenientes de universidades caras, o inmerso en esferas ficticias que distorsionan la realidad, y que catedráticos o recintos universitarios saben muy bien, pero poco o nada hacen el esfuerzo por interpretar esta, salvo claro está, si hay una pensión de por medio para investigar o una trabajo de habilitación por sustentar para ascender de categoría, en fin.

Pero volvamos a nuestro objetivo central se pide específicamente el cumplimiento de un artículo, el 40 de la Ley de Radio y Televisión N° 28278, la cuál habla del horario de protección del menor, así como el hecho de que "La programación que se transmita en el horario familiar debe evitar los contenidos violentos, obscenos o de otra índole que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y los adolescentes. Este horario es el comprendido entre las 06:00 y 22:00 horas." (Empezar por esto, es ya un intento de limpieza moral y de orden público ciudadano).

Presencia necesaria. Deber ciudadano

Es por eso que, y vuelvo a reafirmar mi compromiso de escritura en ello, y espero me entienda Sr. Oscar Sumar, que es necesario y urgente salir a la calle, y reclamar por una señal abierta para todos -y en favor de todos y todas- en materia televisiva, porque es un deber moral y social como ciudadanos peruanos porque hay una realidad, y esa es que la televisión ha dejado de ser un medio de entretenimiento e información sana para pasar a convertirse -como ya dije- en un desagradable aparato de degradación sistemática; ahora, eso de que "el que no quiere ver que cambie de canal", o "apaga tu televisor y no veas", o "mejor veo mi cable", es una estupidez más de la indiferencia social que no debe imperar en el corazón de gente que quiere un cambio generacional. Ahora bien, el hecho de que exista un motivo por el cual el Estado se ha mantenido hasta ahora neutral en estos temas, no es por el hecho del respeto a las creencias y opiniones, o la individualidad de cada persona, su igual valor y su libertad para elegir, no, no señor Sumar, eso es lo que nos hacen creer en los centros de enseñanza, ¿sabe?, la razón es porque simplemente no quiere hacerlo, pero qué va a hacerlo si convive con los intereses de los grandes monopolios comerciales de este país, en fin.

Mis saludos y mis afectos, por otro lado, a quienes están moviendo todo este preparativo del 27 de febrero. Estaré presente. Gracias.

Fuente:
http://blogs.gestion.pe/menulegal/2015/02/marcha-contra-la-tv-basura-yo-tambien-quiero-ser-un-pulpin-snob.html

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 21 de febrero de 2015

Día 10 de "Los días van y vienen"



Hoy, fue un día más que normal. No salí de casa. Todo el día pasé trabajando en el negocio. También llegaron los pedidos, las bebidas, los jugos en caja, los chupetines, los biscochos. María fue a hacer las compras de la semana al Mercado Central junto a Rosa. Mauricio llamó para saludarnos muy temprano. Dijo que estaba bien, y que estaba metido en unos trabajos de escritura. Quiere publicar un libro. Parece que a él le gusta también todo esto del escribir, que bueno por él. Pienso que tal vez ello obedezca al hecho de que es profesor, en fin. Recuerdo que una vez cuando era muy pequeño me dijo, “Papá, siempre he visto que tú escribes, que lees mucho, y que te gusta bastante este mundo de los libros y de sus escritores, que los coleccionas, hasta haz hecho en la casa cuatro bibliotecas, ¿por qué no escribes algún día un libro, y lo vendes? Así, te convertirías en un escritor muy importante”. Recuerdo que en ese momento estaba escribiendo un block de notas sobre las incidencias del día, ya que siempre me gustó escribir sobre los sucesos del día a día, comprar cuadernos y llenarlos de anotaciones personales, reflexiones, motivaciones, máximas y citas de autores clásicos del pensamiento universal, en fin. En ese momento, levanté mi vista, lo miré detenidamente, y vi que un mechón de su cabello lacio había caído sobre su cara, tapándole el ojo izquierdo. Tenía algo de doce años creo, Mauricio era aún un adolescente. Levanté mi mano derecha, y delicadamente, se lo retiré. Le di una sonrisa de agradecimiento, la misma que creo fue llevada más por la sensación de tener frente a mí, no a un hijo, sino a un lector que esperaba de mí grandes cosas, pero ya era muy viejo para ello, sí era muy viejo para dedicarme a ser escritor. Tal vez esa cobardía mía. Mi miedo a encontrarme de pronto frente a esa sensación de decir, que voy a hacer ahora que he decidido ser un escritor. Ese miedo a la incomprensión. No, no era posible, es mas, jamás hubiera sido posible para mí dedicarme a ello. Ello implicaba muchos sacrificios. Tal vez mi temor a la soledad, la necesidad de mi familia, María, sí, sí, ¿qué le diría a ella, “Mira, soy escritor, y tendremos que acoplarnos a esta vida”?, ¿y el negocio? ¿Y mi madre? ¿Y la economía de mi madre? Imaginé entonces a los muchos escritores que había leído durante mi infancia: todos, producto de obsequios que mi madre, a pesar de su esfuerzo hacía por conseguirme, ella me compraba muchos libros. Dickens, Balzac, Tolstói, Stevenson, Salgari, Bunin, Kipling, Shaw, Carducci. Lagerlöf. Imaginé sus vidas, sus inspiraciones y aspiraciones, sus juventudes, sus adulteces. Imaginé que algún día, ellos también sintieron el llamado de esa hermosa vocación, y cómo afrontaron a ello, al llamado de este oficio. Por un momento me sentí orgulloso, sí, sentí una gran alegría interna y una satisfacción personal por haber dejado que estos maestros de la palabra entraran a mi vida de pronto un día, por haberles permitido tomar mi mano, mi niñez y mi adolescencia, por haber pernoctado conmigo en los momentos más duros de mi primera existencia donde la miseria material era absoluta, y suplir así, de esta manera, las carencias culturales que mi fallecido padre no pudo darme. Mi madre no sabía leer ni escribir, pero se entretenía con las historias que yo le contaba luego de mis lecturas hechas, decía ella, “Hijo, haz de aprender a vivir como esos hombres y mujeres, haz de ver en ellos, en sus vidas, un ejemplo. Haz de mirar en estos modelos para tu existencia”. Cuando crecí, me dije que algún día me convertiría en escritor, y entonces viajaría, y escribiría mis propias historias, crearía mis personajes, y me convertiría así en héroe de las causas buenas. Dediqué mis primeros años a leer, a leer de todo, a coleccionar recortes de pensamientos, a armar álbumes con recortes de mis escritores favoritos. Con los años, cuando empecé a trabajar procuré – y me prometí a mí mismo- comprar cada fin de mes un libro diferente. Pensaba que esa sería la cuota de agradecimiento mía en pago a esas sabias enseñanzas y entretenidas ficciones que recibí por mis primeros años, y así ha sido hasta hoy: libros de literatura clásica que fueron ampliándose en temática a medida que fueron pasando los años, y que han ido desde superación personal, sexualidad, medicina, religión, alimentación, cocina, administración, economía, historia, psicología, educación, filosofía, familia, junto con revistas artesanales, de negocios, de magazine, de marketing y publicidad, y por supuesto diarios y suplementos culturales.


Los años que vinieron para mí luego, me llevaron a decidirme por los negocios, a optar por seguir los estudios de contabilidad y finanzas. Tenía otro sueño, tener un negocio propio, y así fue. Nunca llegué a estudiar en la Universidad Nacional por problemas judiciales que siempre envolvieron a mi madre, debido a la tenencia de sus terrenos en la sierra de Charat, Trujillo. Un hermano mayor quería quitárselas, y así fue finalmente, uno de sus hijos, venidos de una relación extramatrimonial terminó por quedarse con todas las tierras que mi madre había heredado de sus padres. Fueron años duros de luchas burocráticas, duraron casi treinta años, años que hicieron que yo pierda mis estudios de preparación, años de dureza económica, de líos con abogados que cada mes cobraban honorarios por mentir, y esconder o fraguar documentos. Testimonios perdidos en el proceso, tiempos de espera para que el Consejo de la Magistratura resolviera, y mientras eso sucedía cada día mi madre envejecía y yo maduraba más a la vida, a la rebeldía, a la necesidad de tratar de entender, ¿qué móvil inducía a los seres humanos a dañarse entre ellos mismos? ¿por qué esa ausencia de justicia en los estamentos burocráticos? ¿por qué esa necesidad enfermiza de mentir y alargar un proceso absurdo que podía haber durado dos años o hasta uno más? Fue así como fui entendiendo que los valores humanos cuando había de por medio dinero no valían nada, al menos no tenían consistencia para estos señores de ternos, corbatas, camisas blancas con gemelos, zapatos lustrosos, y pantalones bien planchados. Hombres que sabían muy bien cómo sacar brío a sus cartones, medallas y congratulaciones que estaban dispuestos sobre la pared de sus viviendas, viviendas a las que llegábamos con mi madre a dejar el dinero todos los fines de mes en sobres cerradas y blancos con la única inscripción, que me era indicado escribir, “Por concepto de honorarios para…., la cantidad de …”. Este proceso fue un terrible lastre que consumió mis esperanzas. Una rémora para mis sueños y mis anhelos futuros. Los almacenes del “Tayuen Hnos.”, fueron mi única tabla de salvación económica por esos años. Al final, ese tal Braulio, hijo bastardo de mi tío, terminó comprando a toda la mesa judicial rompiendo la mano de muchos abogados, e inclusive por lo que supe, también de jueces de la Corte de Justicia de Trujillo. Perdimos todo lo que habíamos intentado retener. (Pensar en esto ahora, sólo me arroja una conjetura, las herencias materiales sólo generan disociación entre los miembros familiares, generan atraso, necesidad de quitar, pero sobre todo ambiciones y sensaciones de envidia. Pienso ahora que más feliz es quien vive despojándose de lo absurdamente terrenal, y opta por una vida sencilla. Así es, ahora soy un convencido pleno de que el único legado y herencia válida y razonable que un padre o una madre pueden dejar a su hijo es su educación y su cultura porque con ello, este individuo podrá conseguir sus propios medios materiales, conservarlos, y saber hasta qué punto desistir a ello, al confort mediático o a esa necesidad de lactar cada vez más y más cosas de consumo). Ahora bien, creo fueron estas circunstancias las que me hicieron desistir a mis propósitos de escritura, y optar por convertirme empíricamente en un especialista de la administración.

***

Mi hijo seguía mirándome. Yo dije, volviendo por un instante a nuestros diálogos, “Hijo, un escritor no es cualquier individuo, la escritura se revela a estos hombres en un momento de su vida, y los invita a caminar los senderos de la consistencia moral y espiritual, del desprendimiento material, empujándolos a optar por una vida simple y sencilla. Un escritor, hijo mío, ve el alma humana, y no es fácil, créeme, para ello se requiere años de paciencia, de dedicación, de experiencia y de lucidez mental. Un escritor…”, dije, y resoplé, “es un comprometido con su sociedad, es un poeta, pero también un narrador, puede ser un dramaturgo o por qué no un ilusionista, pero lo más importante es que tras estos fondos, solo subyace una realidad es un ser humano, que se entrega a su trabajo de escritura diaria, y que hace de su oficio su vida, y de esta un servicio. No basta con escribir libros, uno tras otro, y venderlos todos. Un escritor, Mauricio, es un sabedor, un leído, un instruido en la gramática y todas esas cosas, que a mí me faltan. Pero sobre todo, es un ser que siente, que entiende, que comprende, y que intenta, a pesar de sus errores ser un poquito mejor cada día un ciudadano, un héroe de su propia vida y un interpretador de las demás vidas ajenas que cruzan la suya. Ese es un escritor pequeño Mauricio”. (Él, mi primogénito solo sonrió y dijo, “Papá, seré algún día escritor”, y se fue).

***

Hoy por la noche escribí, luego de leer unas frases del escritor italiano, Salvatore Quasimodo:

Día 7 
Tal vez haya que entender al ensayista honesto como un poeta crítico y realista, cuando no, social y político- un comprometido-, como decía Salvatore Quasimodo, "Un inconformista que pasa de la poesía lírica a la poesía épica para hablar sobre el mundo y el tormento racional y emocional en el que vive el hombre." Si atendemos a esta lógica, entonces el poeta estaría encumbrado en ser ese conscientizador del espíritu perpetuo, no mediático, total, asimilando el perfil propuesto por el autor de "El poeta y el político" se puede partir de una nueva concepción de poeta, un inconformista de la vida que no busca penetrar la cáscara de la civilización literaria falsa, porque seguramente ya haya descubierto que hay en su interior, una civilización llena de torres de defensa como en la época de las comunas medievales. El poeta, tal vez muy lejano a esta civilización a la que considera extraña, tal vez opte por estar solo, opte por recorrer las periferias, buscando encontrar en ellas cada día, encontrar en sus calles una imagen que contenga en sí mismo al hombre de los sueños, a la enfermedad y disvariamento del hombre, a la redención del hombre, a la miseria de la pobreza emocional. Por tanto, entre un hombre de letras y un poeta haya finalmente mucha diferencia, un político seduce al hombre de letras, pero no a un poeta porque el poeta va más allá de las simples pasiones políticas, partidarias, sectarias, un poeta universaliza consciencias practicando - no simulando o fingiendo- ante todo ese lado puramente ideal de nobleza en el Ser Humano.

10 pm

Fragmento de "Los días van y vienen", Lima, Perú. 2015
De: Víctor Abraham.

jueves, 19 de febrero de 2015

Visita a Pepe

Hoy salí muy temprano. Decidí ir a visitar a Pepe Pazurro, lo que pasa es que hoy era su cumpleaños número sesenta y nueve, y cuando eso sucedía, él no iba a trabajar. Él era muy respetuoso de las convencionalidades, de las formas, de las fechas memorables. Además Tito y Juanita, lo querían mucho. Lo engreían bastante, y con mayor razón tras la muerte de Sofía, su mujer.

José se había dedicado también a los negocios como yo, había sido toda su vida vendedor de frazadas, las que llevaba y traía constantemente de Arica o de Desaguadero, en muchos casos burlando la frontera. Lo conocí en la Escuela Técnica de Comercio allá por los años de 1960, ambos éramos estudiantes de contabilidad. Siempre me decía que algún día formaría una cadena de tiendas, parecidas a Super Rey, que era la tienda importadora más grande de ese momento en Trujillo. Su padre, al igual que el mío también sirvió al ejército, pero no murió en ninguna guerra, mas bien fue a morir de cáncer a la próstata debido, decía él, a las muchas mujeres que había tenido fuera de su matrimonio. Ambos, Pepe y yo, fuimos, y hasta hoy hemos sido buenos amigos. Nos frecuentábamos mucho. Un tiempo trabajó en el “Tayuén Hnos.”, pero luego se fue a “Super Rey”, donde trabajó cinco años más en que empezó su propio negocio, compra y venta de frazadas al por mayor y menor. Gozó de buenas épocas. Él, no muy alto, rechoncho, moreno, de ojos vivaces y cabello levemente ondulado; yo, flaco, algo escurrido, medio palúdico, no tan vivaz, y de cabello liso castaño. Fuimos buenos amigos.

Solía visitarme periódicamente al “Tayuén Hnos”, donde conoció por a mí a Sofía. Ella era una joven delgada que rozaba sus diecinueve años, usaba anteojos que descansaban graciosamente sobre una nariz respingada y siempre movible por un extraño y curioso tic que en vez de hacerse notar prominentemente, daba a ella un aire de niña eterna, sí, infantil y eterna, digna de una emperatriz de la época, de tez un poco blanca. Solía llevar atuendos sobrios y largos, cuando no vestidos florales con vivaces colores, y hasta a veces llevaba sobre sí, estilos naif a lo Jacqueline Kennedy, esto es vestidos de un solo color, conjuntados siempre con chaquetas de punto. Los pantalones de campana anchos y rectos también estaban dentro de sus exquisiteces de vestir. Cuando salíamos con Pepe, o sea los tres, ella llevaba un bolso de asa corta, pequeño, y de charol. A veces sombreros de hala corta y en otras boinas curiosas. Los pañuelos de colores, en la cabeza o en el cuello, también eran de su preferencia. Recuerdo que una vez, para ir al cine, se presentó ante nuestros ojos con unas botas altas, que le daban casi por la rodilla, eran de charol y con tacones algo gruesos, añadidas a una minifalda recta y blanca.

Sofía, vivía con una tía en un cuarto alquilado. Decía que su madre había muerto de una extraña enfermedad dejándola muy pequeña al cuidado de su padre. Tenía por esas épocas una hermana, siempre hablaba de ella con nostalgia. Decía que murió cinco años después de la muerte de su progenitora, enfermedades del corazón. Al quedar ella sola se fue a vivir con su padre, que se volvió un alcohólico empedernido al poco tiempo debido a la impresión familiar que tuvo a raíz de estos sucesos, y que por cierto, al poco tiempo desapareció para no volver más. Ella decía que también había muerto, aunque a veces se contradecía renegando de él y su abandono repentino. Se fue a vivir con la señora Gloria que era la hermana mayor de su madre, una anciana solterona y muy católica. Vivían en la calle Independencia 854, donde hoy funciona una agencia de pagos de luz. (Parece que el predio de esa casona antigua fue vendido a la agencia de cobranza por sus propietarios legítimos).

Sofía se casó posteriormente con un trabajador de la hacienda azucarera “Roma”, que pagó todos los derechos de nupcias correspondientes, un tal Filipo de Charat, zona de la sierra de Trujillo, pero que al poco tiempo, dos años creo, murió. Yo estaba por ese tiempo con mi madre en Lima. (No sé de qué murió exactamente, ella nunca lo quiso confesar, pero una vez oí decir a Julio, ya años después, que ese hombre padecía trastornos cardíacos, en fin).

Ella, Pepe, y yo fuimos muy buenos amigos solíamos ir al cine los domingos, o frecuentar de pronto concursos de marinera en épocas de fiestas. A mí me apasionaba el teatro; a él, los bailes; y a Sofía el cinema. No sé cómo, pero una vez ellos me dijeron riendo, que algún un día yo tendría una mujer muy buena y comprensiva a mi lado, de buen vestir, conversadora, y trabajadora, y que por fin pondría un orden a mi desordenada vida. Era evidente, que no se referían a ninguna otra mujer que no hubiera sido en ese momento Sofía, hasta inclusive Pepe me hacía bromas de vez en cuando, “Eh, pillón, dale el sí, se ve que te gusta, y tú a ella, no lo dudes porque si no mira que aquí hay otro gavilán escueto, jajaja”.

José Pazurro también se casó, pero al poco tiempo enviudó. Su mujer había muerto de un derrame cerebral. Solo le dejó una niña pequeña, Juanita, que llevaba el mismo nombre de su madre. Ya el tiempo hizo que ambos, Pepe y Sofía se enamoraran, y se casaran. Fueron muy felices, y me invitaron a su boda. Boda a la que no asistí por razones de juicios pendientes que había heredado por los terrenos de mi madre, que por esas épocas estaban en litigio con un hermano mayor que intentaba arrebatárselas. Fueron muy felices, ya dije, y ambos tuvieron un hijo, Tito, quien sacó los mismos ojos y la nariz de la madre, aunque el cabello y la complexión eran notorio que le pertenecían al padre. Me hice su padrino. Aún tengo conmigo la foto de los tres, y al pequeño bebé sobre mis brazos. Cómo ha pasado el tiempo desde ese entonces.

Tito, hijo único de ambos, había heredado de su madre ese extraño tic de mover la nariz constantemente. Algo que detestaba mucho su padre, pero que terminó finalmente enamorándolo de Sofía. Ambos decidieron que era mejor darle una profesión, total, “es la educación, decía, ella, su madre, el mayor legado que los padres pueden dar a sus hijos”. Fue así como Juanita, se hizo contadora, y Tito, arquitecto. Yo por esas épocas, ya había abierto un negocio propio dedicado al rubro de licorerías, bares y restaurantes. Seguía soltero, viviendo y velando únicamente por mi madre. Los tres, nos seguimos frecuentando con continuidad hasta que me casé. Supe luego, que ambos cambiaron de residencia. Perdí el rastro, hasta que años después me los volví a encontrar, un día por la Plaza de Armas cuando estaba paseando con María, ya había nacido Mauricio. Me dejaron su dirección, y su número, pero los perdí posteriormente. Con Pepe, nos seguimos viendo, se había dedicado, ya viejo, a manejar y hacer servicios de taxi a turistas. Nos encontrábamos esporádicamente, hasta el miércoles de la semana pasada en que me contó el trágico desenlace de su mujer. Muerte, cardiopatía coronaria.


***

Hoy, al llegar a casa por la noche, me encontré con una sorpresa. María había comprado una torta de chocolate, según ella por iniciativa de mi hijo Mauricio. Me habían guardado una parte en el conservador. Además, Rosa me alcanzó un dinero, eran S/. 250 soles que mi hijo había dejado para mis gastos. A ellas también les había dejado una propina. Me fui a mi cuarto, y lloré dando gracias a Dios por tener a un hijo tan agradecido. “Con este dinero”, dije para mis adentros, “podré pagar finalmente los trámites para mi evaluación por parte de la Junta Médica Evaluadora del hospital Lazarte, que me exige la OEP, para mis trámites de jubilación. Y es que sucede que últimamente no he podido llevar a cabo estos exámenes, debido a la falta de dinero, y en las dos únicas veces que lo he intentado por el SIS (Sistema Integral de Salud), me han dicho que, para caso extraño mío, no cubre los exámenes porque estos son muy costosos, además que escapa al presupuesto establecido por este sistema, que por cierto está destinado a gente como yo, que no tiene nada, ni seguro, ni condición económica que ampare nuestra vida. Vida de paupérrimos. A veces pienso, que todo esto de los fondos de salud y de jubilación se mueven por fuerzas cercanas de apego al dinero, por intereses de ambición particulares, en el que conviven diariamente abogados, funcionarios públicos y hasta médicos, quienes han terminado usufructuando la profesión del servicio por la vida humana, porque en ellos, en los agentes de la salud, está la vida de las personas, pobres o ricas, elevando así esa necesidad particular de obtención cada vez mayor de mercancías económicas sobre el plano de su propia condición de seres humanos. Pienso luego, con una relativa tristeza, que la mayoría de estos profesionales han terminado soterrando su verdadera pasión de servicio reemplazándola por otra, de ganancias y de status sociales. Por Dios, qué degradación profesional.

Hoy escribí en el diario una reflexión de ANDRIEUX, que leí por la mañana en uno de los escaparates de una boutique, y que decidí anotar en su momento:
Día 6
Vivir en sí mismo no es nada. ¿A quién podré ser útil, ser agradable hoy? He aquí cada mañana lo que debes decirte. Y por la noche, cuando la luz del cielo ves irse, feliz si tu corazón en voz baja ha respondido: El día que termina, Señor, no lo he perdido; merced a mis cuidados vi en un rostro humano, la señal de la alegría, el olvido de una pena. François Guillaume Jean STANISLAUS ANDRIEUX. 
(…) 
Espero Dios Mío, ampares a mis tres hijos siempre, y a María, que son lo único que tengo. Imprime alegría al camino de Pepe, y de su familia. Ten en tu misericordia al alma de Sofía, dále, por favor, descanso eterno. Haz, Señor, que estos médicos certifiquen de una vez por todas mi precario y difícil estado de salud para poder agilizar mis papeles del seguro. Ablanda su corazón PADRE, y dales paz a su vida como a la de sus familias. AMÉN. 
11.15 pm.


Del cuaderno de: "Los días van y vienen". Lima, 2015.
De: Víctor Abraham

martes, 17 de febrero de 2015

Lunes 7 de julio, de "Los días van y vienen". Lima, 2015


Pasamos el día tranquilo. Todo volvió a su calma, era evidente que el enorme hoyo dejado por Mauricio en nuestros corazones es muy notorio. María, retomó su quehacer silencioso; Rosa, su vida melancólica; y Lupe, sus ausencias matinales. Fue hoy a estudiar temprano. Por la mañana atendimos en el negocio con el desayuno. Sí, sí, nuestro trabajo consiste en tener listo todos los insumos posibles que sirvan para desayunar, entre sándwiches, mermeladas, pan de todas las variedades, quinua, avena, soya, leche, mantequilla, aceitunas, tortillas, en fin, y bueno, uno que otro plato de comida ligero, como lomo al jugo, o pescado frito con yuca. Ahora bien, para ello se necita levantarse muy temprano, cuatro y media a más tardar y empezar por lo básico y esencial que es prender la cocina a querosene, freír las papas, lavar las verduras, y empezar a preparar las tortillas; de allí a hacer la limpieza del salón, limpiar los mostradores, las mesas y las sillas, hacer la pizarra del día, y bueno, abrir finalmente, no sin antes poner la música de la mañana, melodías acompasadas por instrumentos de cuerda y de viento, en otras veces rancheras mexicanas, o pasillos breves. A María, mi mujer le gusta las notas de El Cholo Berrocal; a mí, las rancheras de Pedro Infante, que siempre fue para mí desde niño mi máximo ídolo, en fin.

Del mismo modo, es necesario precisar que la mayor parte de los clientes son, en su gran mayoría, cobradores y choferes conductores, miembros de la empresa de micros azules Santa Rosa de La Esperanza, además de taxistas, y algunos que otros escolares que pasan a su colegio temprano, o bien padres de familia que llegan a coger su movilidad para ir al trabajo, al centro de Trujillo.

Trujillo es una ciudad muy pequeña, una urbe que se comporta como cosmopolita, sin serlo. Llena de callejuelas pequeñas y estrechas, eso sí bien pintadas y coloridas. Su centro histórico acoge a muchas personas laboralmente hablando. Casi todos los centros de trabajo están dispuestos dentro de la histórica avenida circular España, compuesta de unas veinticuatro cuadras pequeñas, -y esta a su vez circunscrita por una avenida circular más grande, que se divide en norte y sur, la gran avenida América-, por supuesto que hay algunos centros laborales en las periferias a ella. Sobre todo de calzado, y de telefonías. Las universidades también se encuentran a su alrededor. La estructura del centro antiguo tiene forma de tablero de damas, una plaza, que dicen sus pobladores ser amplia, pero no la es, límpida, sí, es muy limpia. Cuando era niño vivía con mi madre en pleno centro histórico, en un cuarto alquilado del 525 de San Martín. Los almacenes “Tayuén Hnos”, donde trabajé con Aurea, la hermana de Gellman; y con Sofía, la que en vida fue mujer de Pepe Pazurro, y gran amiga mía, quedaba en el 345 de la calle Gamarra cerca al Mercado Central, y pensar que fue allí donde me empecé a trabajar por primera vez, hace ya mucho tiempo desde que era un jovencito. 20 años. Sí, 20 años que me arrojaron un tiempo de servicio útil, con el cual pude comprar por fin mi terreno propio en Buenos Aires, y levantar mi casa en compañía de mi madre y María, mi esposa. ¡Cómo cambió Trujillo desde ese tiempo!, antes había más dignidad en el vivir, digo esto porque hasta el vestir era sencillo. Algo sencillo, pero fino. Una vida muy reservada y conservadora, cuando no, con ensoñaciones de pequeñas aristocracias dada la condición de los apellidos Santa María, Ganoza, Landauro, en fin. Uno de ellos, Juan Servat Santa María, se hizo médico, y luego alcalde, para finalmente afiliarse al Partido Aprista, y una vez en el poder despacharse con todas las resoluciones departamentales de obras médicas. Lo último que supe de él es que se fue a Lima, y hasta hoy sigue sirviendo fideísta, y servilmente a su jefe que ya no es ni la sombra de lo que solía ser en sus años mozos, hoy día convertido en un político viejo, arrugado y parlanchín. Y es que a veces los individuos son así de repulsivos cuando se vuelven adictos al poder, enfermizos por este, oscuros, al extremo de volverse cosas raras y degradables, en las que sin darse ya no hay esencia propia, sino caretas. Sí, y son estas caretas las que se enquistan en sus rostros para siempre, desde el momento mismo en que abandonan sus ideales. Caretas, que han terminado cubriendo finalmente sus rostros y consciencias.


***

En el almuerzo dos, tres clientes; por la tarde y por la noche, la venta fue escasa.

María fue hoy a Trujillo a hacer algunas compras. Leyendo el diario, encontré interesante esta máxima del día
"Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo renunciar a ella". Benjamin DISRAELI.

Hoy terminé escribiendo:
Día 5
SOBRE LOS USOS DEL CUESTIONAMIENTO 
El poder se levanta sobre la ignorancia, el fideísmo estúpido, y el circo de la mordacidad diaria; éste, teje argucias - y está seguro de lograrlas- porque sabe que hay seguidores y fideístas enceguecidos que por un cargo temporal son capaces de socavar su propia dignidad. Es triste ver ahora a jóvenes repartiendo volantes, pintando paredes, vistiéndose absurdamente o consiguiendo firmas para inscribir a sus partidos. Si actuamos bajo esas sórdidas premisas entonces se estará dando mal ejemplo a las generaciones que están tras de ellos. Un joven, no puede doblegar su fresca capacidad libertaria y su autonomía creativa por una galleta o una propina monetaria, porque - y seamos claros-, ya de antemano se sabe quién toma las riendas al interior de un partido. Sucede que simplemente quien decide ofrecerse lo hace a sabiendas que nada obtendrá allí, salvo -como ya dije- un pequeño cargo temporal que lo tendrá atado al servilismo permanente.

Por otra parte, los dirigentes políticos compran el poder, o simplemente lo heredan, esa es la verdad. Esto que afirmo, tal vez no lleve nada novedoso, salvo por una excepción, que quienes los eligen jamás reciben nada a cambio de sus votos- es más, ni se interesan en exigir algo-. Los ciudadanos se contentan con obras provenientes de presupuestos participativos, que en muchos casos son seleccionados por burócratas al interior de oficinas cerradas. Así, un contribuyente de a pie jamás hace respetar sus derechos porque sencillamente predomina la viveza de estos primeros. y si hablamos de herencia política que recibe un ciudadano, sí, sí hay una herencia, hay muchas herencias, y estas son entre otras, obras hechas a última hora, pistas que se descascaran, fuentes de aguas de colores, monumentos estrambóticos, estrechas lozas deportivas, pero nada, absolutamente nada, que tenga que ver con programas de talleres artesanales para jóvenes, programas de productividad familiar, e inclusive mejoras en la calidad educativa de los niños y niñas. "¡Qué va!", dicen ellos, "¡Dale un circo, lugares para que se tomen fotos y de vez en cuando ponles un concierto!". Uhm, ¿Qué pasaría- y parafraseo al genial Czeslaw Milosz, escritor polaco-, si el poder cambiara de manos?, en fin.

Es por ello que, el cuestionamiento es importante porque hace que las personas no sojuzguen su propio poder de realización creyéndose desmerecedores de su propia felicidad. Si la gente aprende a cuestionar, a criticar, a negarse a seguir, esto es si la gente destierra por completo todo intento de fideísmo entonces, será capaz de rebelarse a su propia debilidad individual de sólo oír y callar para pasar a convertirse en entes activos que promuevan actos colectivos abiertos y propongan teorías de pensamiento, en fin. Luego, el acto del pensar es importante porque nos hace darnos cuenta de quiénes somos realmente e individualmente, ya que vale más el no seguir que el obedecer. De allí que sea imperioso reafirmar ahora más que nunca que se necesitan escritores comprometidos con los cambios radicales; se necesitan pensadores que formulen teorías y propongan sugestivas propuestas desde sus múltiples campos de aplicación cognitiva, amparados y fundamentados sólo en eso que se puede llamar subversión mental y consciencia crítica. Se necesitan individuos disidentes y claros a la hora de expresarse, alejados de todo lenguaje retórico, procaz y mordaz.

Todo ello me lleva a pensar finalmente que, yo no puedo ni podré criticar una corrupción jamás, si soy parte de ella, si convivo con ella, o si disimuladamente le saco la vuelta a mi consciencia con el fin de soslayar lo que debe ser cuestionado en su momento. El hecho de que yo denuncie una corrupción, no me hace menos corrupto: si alguien calla o no, eso es cuestión de cada quien. No me interesa el hecho de que alguien salga y pregone su moralidad, la consciencia juzga mejor. Luego, - y pienso mucho en ello- hay una forma de combatir socialmente la corrupción de una vez por todas, y esta radica precisamente en decirle (y enseñarle) a la gente a cuestionar, a reclamar, a no callar. Si enseñamos a la gente a revelarse contra su propia debilidad y miseria moral estoy seguro que habremos empezado a cimentar nuevos tiempos. Esto me hace pensar en una parábola, aquella que habla del trigo y la cizaña, pues aquí ambas deben crecer juntas, cuestionamiento y corrupción, y una vez listas para ser segadas corresponderá a las nuevas generaciones cortar las indicadas o no indicadas. ¿Y nuestro papel? Ah, sí, claro, el nuestro, por supuesto, para no olvidar, nosotros pasaremos a ser adscritos a esa generación de hombres y mujeres que quedó en el pasado llena de precursores y próceres de una nueva sociedad.

9.00 pm

Fragmento de: "Los días van y vienen. Lima, 2015. Víctor Abraham


Deber de educar

Abro el periódico de la mañana y leo, veo, y percibo sentimientos de frustración, dolor, reclamo, angustia, superficialidad, temas irrelevantes. Es indudable que nuestros periodistas, para nada independientes, siguen afanosos de llenarnos - cuánto no, de transmitirnos- sentires absurdos, sin embargo, esto no hace más que afirmar mis especulaciones diarias en cuanto a la pobreza del alma humana. La televisión, convertida hoy en aparato de degradación sistemática ya no tiene nada que ofrecernos, salvo programas irresponsables de cable, en muchos casos llenos de películas ficcionarias, magazines divertidos, con algo de cultura es cierto porque no voy a negarlo, pero poco, poco en comparación a lo que debería ser o hacerse desde ese medio comunicativo (además, me pongo a pensar ahora que no es la gran mayoría la que accede a una señal de cable, sino una minoría, a pesar de la baja de tarifas económicas. Al diantre con esto, la gente en su mayoría tiene - y ve todo por- señal abierta). Escucho a los líderes de opinión decir, "ni la televisión ni la prensa educan, sino la escuela, es tarea de los padres y profesores", y pienso en dos cosas: qué irresponsable e infantil manera de zafarse de esa responsabilidad de la conscientización permanente que urge de más héroes anónimos en vez de acusadores de actos ajenos, pero también tal vez tengan razón, nadie da lo que no tiene, dudo que estos señores periodistas de prensa escrita o señoritas animadoras de TV, tengan algo que dar, y eso es lo más lamentable; sí, es lamentable cuando alguien, probablemente más por el hecho de no poder, que de no querer, tira la toalla y dice, "esto es así, o no es así, no sé pero no es mi problema".
 Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 15 de febrero de 2015

Convicciones y razones, dedicada a Rosario Salazar

Pero, si hay algo que me apasiona más, mas que el hecho de ser un vendedor de libros, o encontrar lectores, es ser un trabajador constante de la palabra, y encontrar amigos y amigas, encontrarlos en espacios, momentos, bancas, situaciones inesperadas, por la mañana, por la tarde, por la noche, con el fin de poder aprender algo - o quizá mucho- de ellos, ya que pienso luego, que es esa la necesidad de ser y hacer amigos, la razón de ser de la prolongación de la existencia. Un buen amigo es una bendición permanente, y mantenerlo todos los días es de héroes, en fin. Una amiga de Huancayo, muy apreciada y querida, me pregunta, ¿por qué no escribes para un portal de maestros y publicas tus escritos allí? La verdad es que lo pienso, y decido decir que no, sé muy bien cuál es la realidad del magisterio peruano hoy en día, y sé muy bien que valoración tendrían mis escritos allí. Hay mucho por contribuir, lo sé, quién más que yo para saberlo como educador mismo, sin embargo entiendo que para eso están los técnicos y especialistas en tecnología educativa. Y no soy un tecnólogo educativo, ni un edecán de las formalidades del Ministerio. Estudié para ser maestro, no para ser funcionario público. Mi necesidad de escribir, mi propio desasociego, apunta a contribuir al desarrollo del espíritu mismo, de la conscientización misma, al margen de cualquier actividad formal o ciudadana. Me obliga y me preocupa más aportar significativamente a este cambio sistémico global que durante años ha estado aletargado. Lo sé, sé muy bien, que las generaciones de esta patria - y probablemente las de otras patrias más- han caminado sumisas durante años, en sí, salvo momentos heroicos en circunstancias admirables como las de Argelia o las de Egipto, o las de República Dominicana, en fin, y tantos otros hermosos ejemplos de amor por la tierra que los vio nacer, pero cómo decía al margen de éstas, la mayoría de las consciencias ya están hechas para bien o para mal. Ya se formaron y tienen sus propios ideales e idiosincracias provenientes de sus legados anteriores, que los respeto, que respeto mucho, pero que soy muy exhaustivo e incisivo al momento de compartirlos.

Me interesa más hacer un trabajo, tal vez uno que quede como plataforma o base, ya no para éstas que están con nosotros, que nos acompañan diariamente, sino para que tal vez, unas terceras o cuartas (generaciones) posteriores a las nuestras puedan ser mejores. Me agrada alguien que ve que algo que está incompleto, o que no le agrada, y entonces dice, "¡Tenemos que hacer las cosas ya!", y a partir de allí, empieza a hacerlo desinteresandamente.

Es por ello que debemos seguir, seguir dando lo mejor de nosotros mismos, sigamos haciendo de nuestros análisis propios y diarios, claras muestras de rebeldía sistemática, porque hay mucho por hacer y cambiar aún: Que nuestras palabras y nuestros actos sean sinónimo de nobleza y apunten siempre al cimiento y fortalecimiento de mejores individuos, que abracen ellos mismos, movidos por nuestras propias intenciones, la imagen de ese hombre por el hombre, y de esa mujer por la mujer, de esa escritura que redime; en suma, que abracen ese ideal de construir un mejor ser humano.

El acto de ser quien se es

Hace una semana atrás, Rosario Salazar, una poetisa amiga, muy sensible y comprometida con las causas nobles de la gente, y que vive por cierto, en el estado mexicano de Mérida, tuvo el gesto de hacerme una entrevista en su programa " Yo amo las letras", la misma que se trasmite todos los jueves por la tarde. Salió muy amena la plática, y es que conversamos de todo, nos reímos mucho, y disfrutamos bastante de este espacio, hecho que fue trasmitido por una emisora virtual llamada Radio Más, en fin. Ahora bien, entre las tantas preguntas hechas llegó una que me llamó la atención y que me ha dejado pensando hasta hoy . me decía ella, "Víctor, hasta dónde quieres llegar con todo esto de la conscientización? Me llamó la atención, lo pensé entonces, y tras meditar la respuesta atiné a decir brevemente, "La verdad", dije, "es que solo sé que de pronto uno está allí parado, y decide hacer algo, y bueno... lo demás, ya no nos corresponde a nosotros, sino a los otros, que escuchan, y deciden ser partícipes o no de ello, en fin".

Yo pienso, respecto a ello, que escribir es una forma de rebelarnos contra nuestras propias limitaciones, frustraciones, vacíos e inconsistencias, contra nuestra rutina, y animadversiones. Escribir, es un proceso que tiene su propio curso, nace a partir de una experiencia detonante que remece el sentir del individuo; crece y se desarrolla dentro una maraña emocional- con la que incluso tiene que aprender a lidiar-, la maraña de la fugacidad y del libre -y propio- albedrío del corazón mientras aún se es joven en edad, tiempo mismo que implica un sobreponerse para no desmayar; madura en la soledad del silencio reflexivo, y de los yerros de la experiencia; para finalmente, no morir, sino consumarse en el acto mismo de la trascendencia liberadora. Se escribe para decir, yo soy, esto quiero, y esto estoy haciendo, tras estas verdades, más nada.

Por otra parte, soy un hombre que cree convencido en que la moral y la ética deben volver a instalarse en los actos de las personas... no somos perfectos, eso lo sé, pero es bueno ir mejorándonos aunque sea de a poquitos cada día, y para eso es necesario un llamado personal a nuestra propia sencillez de corazón. Una vez, en las postrimerías de su vida, mi padre me llamó y me dijo, "Hijo, el hombre no es malo, él se comporta así porque nadie se ha mostrado bueno con él. El odio y el resentimiento son malos, nunca dejes que ellos se aniden en tu corazón. Obra siempre con rectitud, pero lo más importante, sé siempre sencillo porque el hombre mientras más sepa, debe ser más entendible y cercano a la gente". Sinceramente, luego de estas palabras, sucedieron pocos diálogos. Fueron dos días más creo (ya no lo recuerdo con claridad, lo siento) los que siguieron a este, mis viajes a Lima, mis ajetreos diarios, no permitieron más conversaciones como estas, sin embargo, luego volvieron a mí, volvieron estas palabras a mí, años después, como un címbalo moral para hacer enormes boomks sobre mi cabeza. Francamente, que sí, debo reconocer que fue mi progenitor el hacedor del hombre que soy ahora, por supuesto un ser muy distinto y diferente, de aquel que mi educación formal de aquellos años, cuando era niño y adolescente, esperaba que fuera algún día.

Ahora bien, por otro lado, creo convencidamente que los escritores hoy en día, tienen que decir quiénes son, qué piensan, y que están haciendo, por sus próximas generaciones, tal vez por las terceras o cuartas, como ya he dicho anteriormente, a estos mismos. Digo esto, de mostrarse como se es, no por la necesidad de mantener una pose puramente snobista y simplista, sino porque ello debe implicar algo más grande, un acto de sensiblización y de transparencia, en fin. Un acto que no tiene fin, pues no debe tenerlo, sin embargo, sí permanencia y sostenibilidad en el tiempo. Pienso en todo esto, y se me viene a la mente, el eco estentóreo de esas magníficas palabras que un día Miguel Hernández, dejara a Vicente Aleixandre, otro poeta de su tiempo, "...una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada hasta nuestro corazón esparcido".

En cuanto a mí, soy un escritor, sí, pero también un ciudadano que siente, y dice lo que piensa. Luego, haber entregado mi vida a ser un periodista independiente, y un maestro de escuela a jornada completa, me ha ayudado mucho - al menos a mí- a esta tarea del pensamiento.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Domingo 6 de julio, de Los días van y vienen.

“Dia del maestro”, día de reconocimientos y homenajes a todos los maestros como mi hijo, maestros y maestras, hombres y mujeres anónimos, que hacen de nuestras sociedades con su labor sacrificada, sociedades educadas y formadas, en fin. Siempre he guardado un respeto profundo y una admiración por esta noble entrega de sacrificio humano. Mauricio descansó hasta buena hora. (¡Pobre chico, debe de trabajar mucho allá!) Minutos después, luego de levantarse, nos ayudó a atender al público. (Hubo mucha gente hoy, faltaron manos). Más tarde, departió con nosotros, sus hermanas, su mamá y conmigo, el desayuno. Leche, mantequilla, pan, y unos cuantos chicharrones de pescado. Creo que este ha sido uno de los mejores desayunos de mi vida, no por la comida en sí, sino por las personas sentadas alrededor de ella, en fin. Hubo de todo, preguntas, respuestas, risas, ocurrencias, juegos como antaño, como mis hijos eran pequeños. Me dio gusto por ellos. Los quiero. Hasta Rosa que es poco comunicativa, terminó riendo. Esmeralda advirtió que era mejor tomarnos una fotografía, y así fue. Así fue como obtuve la última fotografía familiar, la misma que ha quedado pegada en el álbum dorado de fotos convenientemente y que cuido con mucho celo personal. Es raro sentirse atado a estas imágenes del pasado, es algo así como si el solo hecho de tenerlas conmigo me hiciera más feliz, más dependiente de mi felicidad última.

Son pocas veces, lo sé, las que podemos estar juntos, reconozco ello. Cuánto quisiera que retroceda el tiempo para poder hacer todo lo que por mis hijos aún no he podido hacer. Entiendo la distancia de Mauricio respecto a nosotros, el trabajo que nos imbuye entre clientes, lavadas de platos, vueltos, preparación de sándwiches, deshilachados de pollo, en fin, todos los días de cada día, pero allí estamos para darnos siempre espacios familiares. Nos contó que regresaba a Lima. Con un poco de pena comprensiva, nos quedamos en silencio. Luego, se levantó y salió para alistar su equipaje, un maletín y unos libros. Cómo ha crecido este muchacho, me siento orgulloso de él. Pienso, que a veces él ha logrado lo que yo no pude en mi tiempo, ser profesional. Perdí a mi padre, estando yo en las inmediaciones de mi primera infancia, y los recuerdos que tengo de este son muy borrosos, creo que de no ser por una foto - otra vez estas imágenes fotográficas-, no tuviera el recuerdo exacto, de saber que fue sargento mayor, y que murió defendiendo a su patria en una guerra absurda que pudo en su tiempo haberse evitado de no ser por las intransigencias y demandas del momento, de allí que mi rechazo sistemático por las guerras sea total, y la percepción que pueda tener de los conflictos ajenos siempre terminen produciéndome un cierto asco porque es allí donde la gente, guiados por otros, sus superiores – o esa estúpida irracionalidad propia de sentirse con poder-, matan y son matados por otros, denigran y son denigrados por otros. Cuando era niño, mi madre me contó que un día, ese apuesto y moreno caballero de quien se había enamorado se fue con la promesa de volver antes de cumplir un mes. Luego de dos meses, un día, tocaron a la puerta del cuarto alquilado donde vivían en Trujillo. “Señora”, dijo un joven flaco y esmirriado con corte militar, “Debo decirle, que…”. Llantos desconsolados, una ropa sucia con manchas de sangre, y una inscripción hecha en una carta de papel de sello de agua con el símbolo del ejército, con letra casi indescifrable, según mi madre, que decía, “Lucía, te amo, siempre te he amado, tanto como amo a nuestro pequeño Vicente, nuestro hijo, cuídalo, cuídalo mucho, y haz de él un hombre de bien. Te quiere, Tomás”. Eran los años de 1942. Lo que vino en adelante, diantre, qué dolor para los deudos, fueron trabajar, trabajar mucho, luchando, cayendo y levantando. Sí, esa fue mi frase desde ese momento, algo que siempre les inculqué también a mis hijos. Nunca llegamos a tener nada, mi madre murió, siempre en la misma casa alquilada. Yo tuve un poco de suerte. Mi liquidación, luego de veinte años de trabajo, en “Tayuén Hnos”, me dejó un pequeño dinero, con el cual me fui a comprar un terreno cerca de una playa, llamada Buenos Aires, en el norte del Perú. Ahora que recuerdo debo agradecer a esta empresa que me permitió, gracias a un sueldo estable y nada indecoroso poder llevar mis cursos de contabilidad en la Escuela Técnica de Comercio, ya que había truncado mis primeros estudios de Contabilidad en la Universidad Nacional, en fin. Así fue como empecé a rechazar de mi vida sistemáticamente la violencia, el odio irracional, la guerra, la brutalidad, la destrucción y la muerte causada por estos actos. Un trauma quedó en mí, que nunca pude superar, no concebía que mi padre, hubiese muerto, por defender algo absurdo que tranquilamente podría hacerse evitado con entendimiento y diálogo. No entendía cómo había gente insana dispuesta a morir por servir los ideales de otros, de terceros, de superiores, de personas que nunca mueren, pero que mandan a otros a morir por ellos. Fueron años duros de pobreza y conmiseración durante mi infancia. Por aquellos años, vendimos con mi madre perritos para subsistir, y promocionar una marca de jabón en las plazas de la ciudad, actividades de las que obteníamos ganancias minúsculas, pero que servía para sobrevivir dentro de una vida modesta. “Te extraño papá”.
***

Salí a comprar un ratito al mercado cebolla y zanahoria. A las 11.00 am se despidió de nosotros mi hijo. Su mamá fue a dejarlo a la agencia. Se dirigieron al terminal del Óvalo Grau. Yo me quedé a cargo de la venta. Encontré limpiando la vitrina los recibos de luz y de agua. Caramba, cuánto ha subido el nivel de vida dentro de los seis últimos meses, pagamos ahora el 30% más de lo que ya estaba estipulado, y es que debe ser en el caso del agua, por la fuga que tenemos. El problema es no poder encontrar un gasfitero honrado que haga bien su trabajo, y no saque plata por sacar. Recuerdo que en mis tiempos, había buenos hombres dedicados a este oficio, e inclusive hasta los materiales eran de mejor calidad, ahora ya nada es lo mismo, o bien trabajan como debe ser, pero cobran un dineral que no se les puede contratar, o bien vienen, dan picotazos en la pared, en el piso, se hacen los que pegan codos, miran, y vuelven a taparlos con cemento, que al poco tiempo se termina descascarando, ya lleva tiempo este problema, en fin, seguiremos buscando. A la hora del almuerzo llegó el Sr Castaño con su esposa y sus dos hijos, ellos, los chicos, han sido siempre compañeros de estudio de mis hijas. También llegó la hermana Eva y su esposo, miembros de mi comunidad religiosa a visitarme. Después de un día muy agitado cerramos a las 7.00 pm. Hoy solo anoté algo breve en el diario.
Día 4
REFLEXIÓN 1 
"La deshumanidad, la intolerancia y la brutalidad no pueden vencer a los nobles sentimientos y bondades del hombre y de la mujer. La vida antes que la muerte. La sonrisa antes que la tristeza. La emoción antes que el cálculo frívolo y trivial. Lo hermoso ante lo bello. Lo plural ente lo singular. El amor ante el encono. La solidaridad total, total. Ese es el mundo que debemos buscar, ayudémonos todos y démonos fortaleza. La meta es larga, pero no imposible". 
REFLEXIÓN 2 
Querer con el corazón siempre, a todas las personas, a todas sin excepción. Sé que es duro y cuesta, lo digo porque es cierto; sin embargo es necesario, ahora más que nunca es necesario. Esta sociedad hoy hace más difícil ese querer con el corazón, sin embargo para eso estamos, para querer y dejarse querer. El orgullo no es a veces lo mejor. Hemos perdido tanto por hacerlo notar, tal vez más de lo que nos hayamos imaginado y ganado, sin embargo no hay marcha atrás. No la hay. Los yerros enseñan a hacer las cosas bien. Ofrecer disculpas y seguir. Seguir para adelante. Un "lo siento" nunca está demás como tampoco está demás un "gracias". Querer, querer con el corazón siempre y dejarse querer también con el corazón siempre, ojalá sea esa en adelante la mayor consigna que los años que han de venir nos hayan de demostrar.

8.25 pm

Extracto de: "Los días van y vienen". Lima, 2015 de Víctor Abraham
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Sábado 5 de julio

A las ocho de la mañana. Llegó de Lima mi hijo Mauricio. Nos dio mucha alegría verlo en casa después de varios meses. Nos trajo regalos. Para mí, una bonita chompa color beige y gruesa, especial para abrigarme en este invierno. Esmeralda recibió un lindo delantal a cuadros, en cuya esquina angular derecha resaltaba un frase que decía en letras cursivas y bordadas, “Para mi mamá con cariño”; Lupe, un reloj de pulsera color dorado, cuyo brazalete tenía la forma de pequeños corazones unidos y entrelazados entre sí mismos; y Rosa, una cadenita de plata, cuyo dije tenía la forma de la primera letra de su nombre. Un hermoso gesto de gratitud para la familia, el mismo que sé, Dios recompensará en su momento. Esmeralda preparó un cuy para el almuerzo que todos saboreamos con apetito. No sé, pero por primera vez después de mucho tiempo me sentí el jefe de la familia. Todos mis hijos, por fin reunidos al lado mío y de mi esposa. Dimos gracias a nuestro creador. Después, por la tarde, Mauricio se fue de compras con su mamá. Yo me quedé cuidando el negocio. En tres horas solo se vendió un par de bebidas, media bolsa de biscochos, y tres plátanos, en fin, “algo es algo”, pensé. Me senté en mi rincón favorito, y aprovechando mi soledad natural y la caída de la noche, decidí anotar algo breve para el diario que vengo escribiendo, y que espero algún día sirva a mis hijos, o a los hijos de estos. Y es que la vida es a veces tan insensible con los individuos, que apenas podemos anteponernos a sus retos. Somos débiles en el fondo, pero no por ausencias de fuerza, sino por demasía de ella, en fin. Transcribí un fragmento de uno de los pensamientos de Constancio C. Vigil., llamado “Hijo mío”.(*)
Día 3
Para tu dicha, hijo mío, levántate con el sol y traza el plan de tu día.
Ten una sonrisa a tiempo, una palabra bondadosa a tiempo.
No des a quien no merezca.
Condena el mal con la alabanza de lo opuesto.
Para corregir al malo, elogia ante él lo bueno.
Avanza en línea recta hacia tus fines.
Abrevia siempre el camino yendo derechamente a tu propósito. Si éste es perjudicial, así lo será menos.
Prepárate, hijo mío, para vivir un día o diez mil días. Esta actitud, esta tranquila y valerosa guardia ante lo impenetrable, es la suprema dignidad del hombre.
El hombre crea su mundo. Un día es el padre de los días que siguen. Vienes de tu propio ayer.
No esperes al porvenir: avanza hacia él.
Te aseguro, hijo mío, que llegarás adonde quieras.
Te aseguro que puedes lanzar certeramente a tu ser como a la flecha, desde el tenso
arco de tu voluntad, y que irá adonde pongas la mirada.
Te aseguro que nada de la tierra ni del cielo se opone a tu destino.
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(*) Versos extraídos de “El Erial”. Uruguay, 1915. “Hijo mío”, de Constancio C. Vigil.
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Por la noche no asistí a mi asamblea “Bodas de Samaria”, una congregación que se dedica a estudiar la biblia, y los consejos morales que lleva implícita en su interior. (Se desarrolla todos los sábados en la capilla “Espíritu de luz”, y son años los que llevo como congregante ya). Me sentía cansado, además tenía que atender a mi hijo y conversar con él, soy su padre, y así nada más es difícil nuestro encuentro. Su trabajo. La distancia. La escasez de dinero para comunicarnos. Le leí el fragmento de Constancio C. Vigil, el mismo que transcribí hoy por la tarde. “Espero seas un buen hombre”, dije, “pero no porque seas mi hijo o porque yo sea tu padre, no, no por eso, ni por una gratitud de quedar bien conmigo, sino porque es un deber, un compromiso con el mundo. Necesitamos hombres verdaderos hijos, necesitamos hombres de luz”. Mauricio me miró, quiso decir algo. Calló. Pensé por un instante en el viejo candelabro de mano que estaba sobre la mesa, el mismo que heredé de mi abuelo; me parecía que durante aquel instante paternal no solo iluminaba la oscuridad del cuarto ni los bordes de la cama sobre la que nos encontrábamos, sino que daba lumbre a nuestra propia penumbra del alma, a nuestro propio desasosiego. Y sentí un breve un calor filial que hizo estremecerme, me sentí más humano, más protector, más sabio. Conversamos sobre sobre sus próximos planes laborales, su próximo viaje, su próximo proyecto de escribir un libro, sobre su vida sentimental. “Con cuidado”, le aconsejé, “Haz de caminar siempre con cuidado, y pisar firme sobre el llano de las inconsistencias, porque ellas, tarde o temprano, acecharán tus mayores ideales personales” “Gracias padre”, dijo. Creo que fueron tres cuartos de hora. No tenía el reloj a la mano. Se levantó, y esta vez fue él, fue Mauricio, quien me dio un beso en la frente. Se fue. Me quedé sentado al borde la cama. Derramé unas ligeras lágrimas. Pedí perdón a Dios por haber faltado a mi reunión de cada sábado, y alabé a mi Señor en mi cama como todas las noches. Hice una oración breve por mi familia. Dios, perdóname por no reunirme hoy con mis hermanos de comunidad, pero tú señor, sabes las razones, bendice a mi familia, y a sus familias también. Conduce siempre por el camino de la rectitud a mis hijos. Líbralos de todo mal, y provéeles de gozo en su corazón. Que puedan acercarse a ti, y servirte como yo te sirvo. Haz de nosotros instrumentos de tu amor porque eso somos señor, instrumentos de una obra más grande. AMÉN.

Me recosté sobre la cama. Apagué el candelabro, y me sobrevino a la mente la imagen de mi padre, un padre que nunca conocí, pero que sin embargo, sé que se hubiera sentido orgulloso de mí por intentar serlo con mi hijo. Afuera las ramas de la planta de plátano del jardín que cultivamos silbaron con el viento.
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Fragmento de "Los días van y vienen. Lima, 2015. de Víctor Abraham

martes, 3 de febrero de 2015

Vejámenes e inconsistencias durante épocas difíciles

"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar" 

De: "De cómo una carta jamás fue leída" por Hugo Velazco Flores. 
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Con estas palabras Hugo Velazco, de Huancayo, Perú,  ha retratado la imagen de ese hombre, ese cartero, estudiante, muchacho, iluso, y cuzqueño de nacimiento llamado Nicanor Blancas, alguien, quien debe ser perfectamente el ícono de cómo no debe un joven actuar hoy en día, y mucho menos pecar de seguidor ferviente. Pero también se ha acercado a la sociedad contemporánea del protagonista, la sociedad de Blancas, la sociedad peruana de finales del 80, e inicios de 1990, una sociedad marcada fuertemente por la crisis insana  y estúpida que sacudió al Perú durante esos años a raíz del terrorismo. Días, donde todo escaseaba, y la vida no valía nada. Todo era un caos, y un desorden colectivo. El Perú estaba quebrado institucionalmente, económicamente, solidariamente, moralmente. Pueblos de la sierra, y de los ejes de selva, que agitados y reducidos no tenían otra opción- en muchos casos- que hacer frente, por sus propios medios, a estos fanáticos redentores suicidas, enmascarados, cubiertos de pasamontañas, y fusiles al hombro. Agentes del odio que aterrorizaban a la ciudadanía entera, en una sola palabra, criminales. Eran los años en que Alan García, había fracado como presidente constitucional, y abandonado a su suerte los destinos de un país. Situaciones abruptamente engorrosas por los políticos de ese tiempo. Una clase política podrida y alejada totalmente de los intereses del pueblo, o en todo caso pasiva a los requerimientos de ella. Universidades nacionales que alimentaban el odio terrorista, y violento, entre sus miembros, a cuyo fin servían profesores fideístas y nada racionales, so pretexto de imponer justicia y castigar con la cólera del pobre, mal usado cliché, que sirvió para meterse al bolsillo a más de medio sector joven y descontento del momento. Eran los tiempos del MRTA, y Sendero Luminoso, agrupaciones letales portadoras de muerte y destrucción. Eran los tiempos de la Policía Nacional del Perú y sus redadas nocturnas, de los apagones de luz, producto de torres voladas de un momento a otro, Eran los tiempos de las colas interminables por comprar alimentos, y de la devaluación de la moneda nacional. Eran los tiempos de las operaciones de Polay,  y de Abimael Guzmán más conocido absurdamente como "Presidente Gonzalo". Ayacucho, y parte de la serranía, y de la selva sufrirían los más salvajes vejámenes.

Serían los años posteriores, los de Alberto Fujimori, los que acabarían con estos desmanes y reestablecerían el orden público, pero bajo un nuevo modelo económico impuesto, el neoliberalismo, sistema económico que en sus inicios apenas dejaba ver una embrionaria óptica consumista, y corrupta que los demás gobiernos venideros gozarían hasta hoy, en fin. Pienso ahora, años más tarde, que hay una verdad, y esta es, que si bien es cierto por un lado la dictadura impuesta por este mandatario o sencillamente, "chino", así llamado popularmente, acabó este mal por la fuerza, fecundó, al mismo tiempo, un nuevo poder, un poder macabro y sistemático manipulador de consciencias. Yo era niño en ese entonces, y veía con cierta pena cómo mis maestros se diluían entre el temor de enseñar a pensar a sus estudiantes, o hacerlos de pronto callar por la autoridad y la fuerza. La generación adulta que hoy tenemos, mi generación es resultado de ese tiempo histórico. Varios solo aprendieron a hacer lo que en las escuelas se les enseñó. Nunca más, nunca se les enseñó a cuestionar ni a criticar, y cuando ahora quieren hacerlo, ya es tarde, todo es parte de un inmenso boomk comercial y pragmático, donde la razón utilitaria ha terminado aplastando al ideal de ser mejor. El odio ha terminado siendo inminente, y los juicios y razones valorativas junto con la crítica  ha terminado deformándose hasta convertir a las personas en sujetos de hilaridad y comedia del otro.

Pero volvamos a la historia de Velazco, indudablemente, que Nicanor y su historia, me ha dejado triste, pero también solidario respecto a los pueblos alejados de nuestra patria. Es, él mismo, un hombre, un llevador de cartas, un tonto útil para los intereses de un terrorismo que nunca más debe volver a imperar, ni en las zonas alejadas, ni en las zonas urbanas, porque solo es portador de frustración y división para el futuro de su mismas sociedad.
La sociedad- explica- puede ser una posición cómoda, hoy día lo es; pero hay momentos que no toleran ese tipo de actitudes y es urgente tomar un partido por uno u otro bando. Nicanor Blancas, muy presto para las ideas y el análisis, no consideraba pertinente "la acción", ese requisito inexcusable para atizar la revolución. Craso error. En las aulas universitarias de los 80 no solo adquirió los fundamentos para rebatir y asimilar la la vergonzosa realidad nacional, sino que también se relacionó con camaradas, dispuestos a la explosión verbal, a la impulsividad y a la persuación ideológica. Tuvo que aprehender la jerga panfletaria (....), la receta doctrinaria pro China y finalmente para consagración suya, asumir un cargo, una función clave dentro del "Partido". Al inicio fue por presión - aclara-, luego fue por voluntad propia:"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar"  (Pág. 18)
Imagen (Archivo del autor Hugo Velazco)
Así es como el joven autor de "De cómo una carta jamás fue leída", se acerca a nosotros, los lectores, con una prosa limpia y sencilla, sin tantas maromas estúpida cargadas de frases soeces, como las que imperan en nuestra literatura limeña, en su gran mayoría, sino que alejado de ello, nos muestra - y confirma una vez más en mí mismo- que nuestras sociedades, hoy requieren de gente preparada mental y espiritualmente, ya que la inconsistencia no puede vencer a la nobleza. Somos ciudadanos ante todo, vivimos dentro de un Estado de Derecho, y es deber nuestro decir sí, a las cosas correctas, al estudio, al razonamiento y al cuestionamiento, y no, a lo incorrecto, lo degeneradamente subversivo y anárquico. El debate de ideas, debe imponerse ante todo, sí un debate ideológico por encima de estos líderes de opinión e intelectuales, pobres espiritual y moralmente, que solo están preocupados por llenar el cerebro, colgarse medallas en el pecho, o llenar las paredes de sus casas con diplomas absurdos.

La historia termina con un final trágico propio de las historias ambientadas por el terrorismo, Nicanor Blancas torturado por una policía sedienta de corroborar la participación de "el mensajero" dentro de la organización terrorista mediante el encuentro de una carta, de la que jamás se llegó a saber su contenido, y puesto en libertad finalmente, y el terrible desenlace antes de la intervención militar al campus universitario del autor de la misma, asesinado. (Nos imaginamos ya por quienes: por estos mismos fanáticos y redentores suicidas, para quienes el valor humano no vale nada).
"El 12 de enero de 1990, cinco meses antes de que el ejército realizara su primera incursión en la UNCP*, y detuvieran a más de un centenar de estudiantes, el estudiante dirigente, autor de la carta, fue asesinado en el campus universitario". (Pág. 18)
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Finalmente, felicito a Hugo Velazco, por tan impecable entrega dentro de la revista Incontrastable, editada en Huancayo, Perú , coincidiendo al mismo tiempo con su director, Sr. Sergio Girón Santibañez, que sobre el autor dice,"el poeta y narrador Hugo Velazco nos sorprende (...) atrapa, conmueve y hace reflexionar aquella época que nunca debemos de olvidar".

Mis aprecios hasta Huancayo, a Sergio Díaz Gurón, a su equipo peridodístico, a Hugo Velazco Flores, autor de la crónica literaria que hoy se ha analizado, pero sobre todo a la profesora Patricia Tauma Romero, colaboradora personal y amiga mía, quien me dejó esta semana un ejemplar de la revista Incontrastable, en su edición No 9, durante su última visita a Lima. Hecho, sin el cual no hubiera podido acceder a tan importante escrito, en fin.

Imagen: Portada de la Revista Incontrastable de Huancayo, Perú.
(archivo del equipo periodístico)
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(*) UNCP (Universidad Nacional del Centro del Perú. Huancayo, Perú)


Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.