martes, 17 de febrero de 2015

Deber de educar

Abro el periódico de la mañana y leo, veo, y percibo sentimientos de frustración, dolor, reclamo, angustia, superficialidad, temas irrelevantes. Es indudable que nuestros periodistas, para nada independientes, siguen afanosos de llenarnos - cuánto no, de transmitirnos- sentires absurdos, sin embargo, esto no hace más que afirmar mis especulaciones diarias en cuanto a la pobreza del alma humana. La televisión, convertida hoy en aparato de degradación sistemática ya no tiene nada que ofrecernos, salvo programas irresponsables de cable, en muchos casos llenos de películas ficcionarias, magazines divertidos, con algo de cultura es cierto porque no voy a negarlo, pero poco, poco en comparación a lo que debería ser o hacerse desde ese medio comunicativo (además, me pongo a pensar ahora que no es la gran mayoría la que accede a una señal de cable, sino una minoría, a pesar de la baja de tarifas económicas. Al diantre con esto, la gente en su mayoría tiene - y ve todo por- señal abierta). Escucho a los líderes de opinión decir, "ni la televisión ni la prensa educan, sino la escuela, es tarea de los padres y profesores", y pienso en dos cosas: qué irresponsable e infantil manera de zafarse de esa responsabilidad de la conscientización permanente que urge de más héroes anónimos en vez de acusadores de actos ajenos, pero también tal vez tengan razón, nadie da lo que no tiene, dudo que estos señores periodistas de prensa escrita o señoritas animadoras de TV, tengan algo que dar, y eso es lo más lamentable; sí, es lamentable cuando alguien, probablemente más por el hecho de no poder, que de no querer, tira la toalla y dice, "esto es así, o no es así, no sé pero no es mi problema".
 Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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