martes, 3 de febrero de 2015

Vejámenes e inconsistencias durante épocas difíciles

"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar" 

De: "De cómo una carta jamás fue leída" por Hugo Velazco Flores. 
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Con estas palabras Hugo Velazco, de Huancayo, Perú,  ha retratado la imagen de ese hombre, ese cartero, estudiante, muchacho, iluso, y cuzqueño de nacimiento llamado Nicanor Blancas, alguien, quien debe ser perfectamente el ícono de cómo no debe un joven actuar hoy en día, y mucho menos pecar de seguidor ferviente. Pero también se ha acercado a la sociedad contemporánea del protagonista, la sociedad de Blancas, la sociedad peruana de finales del 80, e inicios de 1990, una sociedad marcada fuertemente por la crisis insana  y estúpida que sacudió al Perú durante esos años a raíz del terrorismo. Días, donde todo escaseaba, y la vida no valía nada. Todo era un caos, y un desorden colectivo. El Perú estaba quebrado institucionalmente, económicamente, solidariamente, moralmente. Pueblos de la sierra, y de los ejes de selva, que agitados y reducidos no tenían otra opción- en muchos casos- que hacer frente, por sus propios medios, a estos fanáticos redentores suicidas, enmascarados, cubiertos de pasamontañas, y fusiles al hombro. Agentes del odio que aterrorizaban a la ciudadanía entera, en una sola palabra, criminales. Eran los años en que Alan García, había fracado como presidente constitucional, y abandonado a su suerte los destinos de un país. Situaciones abruptamente engorrosas por los políticos de ese tiempo. Una clase política podrida y alejada totalmente de los intereses del pueblo, o en todo caso pasiva a los requerimientos de ella. Universidades nacionales que alimentaban el odio terrorista, y violento, entre sus miembros, a cuyo fin servían profesores fideístas y nada racionales, so pretexto de imponer justicia y castigar con la cólera del pobre, mal usado cliché, que sirvió para meterse al bolsillo a más de medio sector joven y descontento del momento. Eran los tiempos del MRTA, y Sendero Luminoso, agrupaciones letales portadoras de muerte y destrucción. Eran los tiempos de la Policía Nacional del Perú y sus redadas nocturnas, de los apagones de luz, producto de torres voladas de un momento a otro, Eran los tiempos de las colas interminables por comprar alimentos, y de la devaluación de la moneda nacional. Eran los tiempos de las operaciones de Polay,  y de Abimael Guzmán más conocido absurdamente como "Presidente Gonzalo". Ayacucho, y parte de la serranía, y de la selva sufrirían los más salvajes vejámenes.

Serían los años posteriores, los de Alberto Fujimori, los que acabarían con estos desmanes y reestablecerían el orden público, pero bajo un nuevo modelo económico impuesto, el neoliberalismo, sistema económico que en sus inicios apenas dejaba ver una embrionaria óptica consumista, y corrupta que los demás gobiernos venideros gozarían hasta hoy, en fin. Pienso ahora, años más tarde, que hay una verdad, y esta es, que si bien es cierto por un lado la dictadura impuesta por este mandatario o sencillamente, "chino", así llamado popularmente, acabó este mal por la fuerza, fecundó, al mismo tiempo, un nuevo poder, un poder macabro y sistemático manipulador de consciencias. Yo era niño en ese entonces, y veía con cierta pena cómo mis maestros se diluían entre el temor de enseñar a pensar a sus estudiantes, o hacerlos de pronto callar por la autoridad y la fuerza. La generación adulta que hoy tenemos, mi generación es resultado de ese tiempo histórico. Varios solo aprendieron a hacer lo que en las escuelas se les enseñó. Nunca más, nunca se les enseñó a cuestionar ni a criticar, y cuando ahora quieren hacerlo, ya es tarde, todo es parte de un inmenso boomk comercial y pragmático, donde la razón utilitaria ha terminado aplastando al ideal de ser mejor. El odio ha terminado siendo inminente, y los juicios y razones valorativas junto con la crítica  ha terminado deformándose hasta convertir a las personas en sujetos de hilaridad y comedia del otro.

Pero volvamos a la historia de Velazco, indudablemente, que Nicanor y su historia, me ha dejado triste, pero también solidario respecto a los pueblos alejados de nuestra patria. Es, él mismo, un hombre, un llevador de cartas, un tonto útil para los intereses de un terrorismo que nunca más debe volver a imperar, ni en las zonas alejadas, ni en las zonas urbanas, porque solo es portador de frustración y división para el futuro de su mismas sociedad.
La sociedad- explica- puede ser una posición cómoda, hoy día lo es; pero hay momentos que no toleran ese tipo de actitudes y es urgente tomar un partido por uno u otro bando. Nicanor Blancas, muy presto para las ideas y el análisis, no consideraba pertinente "la acción", ese requisito inexcusable para atizar la revolución. Craso error. En las aulas universitarias de los 80 no solo adquirió los fundamentos para rebatir y asimilar la la vergonzosa realidad nacional, sino que también se relacionó con camaradas, dispuestos a la explosión verbal, a la impulsividad y a la persuación ideológica. Tuvo que aprehender la jerga panfletaria (....), la receta doctrinaria pro China y finalmente para consagración suya, asumir un cargo, una función clave dentro del "Partido". Al inicio fue por presión - aclara-, luego fue por voluntad propia:"Yo tomé la decisión no debía ser tan complicado, después de todo, llevar cartas de los caudillos estudiantiles a los dirigentes sediciosos a cualquier hora, de cualquier forma, en cualquier lugar"  (Pág. 18)
Imagen (Archivo del autor Hugo Velazco)
Así es como el joven autor de "De cómo una carta jamás fue leída", se acerca a nosotros, los lectores, con una prosa limpia y sencilla, sin tantas maromas estúpida cargadas de frases soeces, como las que imperan en nuestra literatura limeña, en su gran mayoría, sino que alejado de ello, nos muestra - y confirma una vez más en mí mismo- que nuestras sociedades, hoy requieren de gente preparada mental y espiritualmente, ya que la inconsistencia no puede vencer a la nobleza. Somos ciudadanos ante todo, vivimos dentro de un Estado de Derecho, y es deber nuestro decir sí, a las cosas correctas, al estudio, al razonamiento y al cuestionamiento, y no, a lo incorrecto, lo degeneradamente subversivo y anárquico. El debate de ideas, debe imponerse ante todo, sí un debate ideológico por encima de estos líderes de opinión e intelectuales, pobres espiritual y moralmente, que solo están preocupados por llenar el cerebro, colgarse medallas en el pecho, o llenar las paredes de sus casas con diplomas absurdos.

La historia termina con un final trágico propio de las historias ambientadas por el terrorismo, Nicanor Blancas torturado por una policía sedienta de corroborar la participación de "el mensajero" dentro de la organización terrorista mediante el encuentro de una carta, de la que jamás se llegó a saber su contenido, y puesto en libertad finalmente, y el terrible desenlace antes de la intervención militar al campus universitario del autor de la misma, asesinado. (Nos imaginamos ya por quienes: por estos mismos fanáticos y redentores suicidas, para quienes el valor humano no vale nada).
"El 12 de enero de 1990, cinco meses antes de que el ejército realizara su primera incursión en la UNCP*, y detuvieran a más de un centenar de estudiantes, el estudiante dirigente, autor de la carta, fue asesinado en el campus universitario". (Pág. 18)
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Finalmente, felicito a Hugo Velazco, por tan impecable entrega dentro de la revista Incontrastable, editada en Huancayo, Perú , coincidiendo al mismo tiempo con su director, Sr. Sergio Girón Santibañez, que sobre el autor dice,"el poeta y narrador Hugo Velazco nos sorprende (...) atrapa, conmueve y hace reflexionar aquella época que nunca debemos de olvidar".

Mis aprecios hasta Huancayo, a Sergio Díaz Gurón, a su equipo peridodístico, a Hugo Velazco Flores, autor de la crónica literaria que hoy se ha analizado, pero sobre todo a la profesora Patricia Tauma Romero, colaboradora personal y amiga mía, quien me dejó esta semana un ejemplar de la revista Incontrastable, en su edición No 9, durante su última visita a Lima. Hecho, sin el cual no hubiera podido acceder a tan importante escrito, en fin.

Imagen: Portada de la Revista Incontrastable de Huancayo, Perú.
(archivo del equipo periodístico)
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(*) UNCP (Universidad Nacional del Centro del Perú. Huancayo, Perú)


Desde Lima del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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