domingo, 19 de julio de 2015

Tiempos de decisiones, tiempos de urgencia, tiempos de revisión de valores

Época de utopías necesarias

Resulta que un buen amigo, va a ser medio año de ello creo, una madrugada me compartió una canción, referente a unos niños, en ella, muchos pequeños de distintos puntos del orbe estaban unidos y cantaban alegremente orientados y guiados por unos músicos excepcionales; manifestación extraña de la vida, esa la de unir en voces y sonidos armoniosos, niñez y adultez, en fin.

"What a Wonderful World", o en palabras castellanas, "Qué mundo tan maravilloso". ¿Maravilloso?, me pregunté en ese instante, "maravilloso", me respondí también en ese instante, convencido de que así era, y es que resulta que mientras hayan nuevas nuevas y frescas manifestaciones de vida, este mundo todavía resultará ser maravilloso. Total, todos nacemos, crecemos, envejecemos y morimos, y detrás de nosotros va a ver siempre nueva gente, nuevas generaciones, más niños, y más niños que seguirán cumpliendo este inevitable y - para quien sabe sobrellevarla- ejemplar ciclo de vida. 

"I hear babies crying, I watch them grow. They’ll learn much more than I’ll never know...",  o en nuestro idioma hispano, "Oigo a bebés llorar, y los miro crecer. Ellos aprenderán mucho más de lo que yo nunca sabré...", dice parte de esta canción del género jazz,  interpretada a hace muchos años por Louis Armstrong, músico norteamericano en 1967,  a raíz del fuerte clima político y racial de la década de 1960 en dicho país, y recogida años más tarde, 2002 para ser exactos según fecha de lanzamiento del video, por la Playing For Change, movimiento creado para inspirar y conectar el mundo a través de la música, interpretada en esta ocasión, por el abuelo Elliott, conocido internacionalmente como Tío Remus, músico de Louisiana, Estados Unidos, quien unido a un coro de niños de todo el mundo nos hacen ver y sentir que aún subsiste ese mundo alternativo que está en nosotros mismos seguir afianzándolo, tal como fuera la iniciativa de sus creadores allá por mitad del siglo pasado, Bob Thiele y George David Weiss.

Y es que es cierto, un mundo maravilloso, que bien podría resultar utópico para muchos, no resultaría posible nunca ni concretable, sino se empieza a caminar, al menos a partir de esa "ingenua" utopía ideal, desdeñada por muchosc"realistas" entre comillas, y nada saludable para quienes no quieren cambios futuros generacionales, Galeano decía, que la utopía sirve para caminar, hecho totalmente validero, en fin.

Época de consciencias generalizadas

La escritura es y seguirá siendo un ejercicio libre del pensamiento, una "creación heroica" en palabras de José Carlos Mariátegui, pensador peruano de inicios del siglo pasado, un acto de rebeldía permanente, y un proceso largo de obstinada pasión. Un hecho que no puede alejar al individuo de su realidad inmediata. Un acto de madurez mental que no puede caer en el servilismo de convertir a su autor en pródigo de su propio trabajo para dejarlo abandonado a su suerte, merced de estas hienas editoriales existentes hambrientas de consumo exacervado. Ejercer una escritura consciente y comprometida es marcar a fuego su propia generación, es convertirse en un producto histórico de su tiempo, en un sujeto dialéctico propiciador de cambios, con la esperanza ver mejores ciudadanos futuros. Luego, en palabras de Camus, "la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener, la negativa a mentir respecto de lo que se sabe, y la resistencia a la opresión".

En este país que se llama Perú, y que bien podría generalizarse al resto de nuestras patrias hispanoamericanas, dadas las condiciones similares de salvajismo y explotación consumista, imperialista y nada humano, urge el desarrollo de una nueva consciencia individual y social, una nueva consciencia nacional al interior de cada núcleo social, es decir desde los niveles más simples que se llaman familias empezando por los progenitores para terminar afianzándose en las amplias proles y mayorías participativas ciudadanas. Y sin embargo, a pesar de que pareciera ser siempre recalcitrante, y hablar a partir de lo que sucede en este país, mi preocupación se extiende más allá, porque no podemos negarnos a ver las realidades ajenas que están sucediendo en el resto de Hispanoamérica, narcoestados, corruptelas, pérdida de valores, seudopartidos políticos, mentiras burdas amparadas tras esa palabra democracia, medios de comunicación nada serios, niveles educativos de ínfima calidad, crestas inconmensurables de inseguridad y de violencia social dentro y fuera de las mismas familias, en fin, y tantos otros que bien podrían pintar la realidad de cualquier país de nuestra tierras hispanoamericanas.

Cuando leo artículos en los principales portales web del mundo hispano, e inclusive en los periódicos comprados en Lima, o algunos otros que me llegan gracias a modestos amigos de otros puntos del país mi preocupación se engrandece. Uhm, más diría mis preocupaciones se agigantan, se generalizan porque sé que el opio moderno que se les da a los pueblos, a nuestros de Hispanoamérica, y pienso que también a los pueblos del mundo entero devienen de intereses muy grandes, más cosmopolitas, más fuertes, más destructores que no están acá, solo en mi patria, sino en otros puntos lejanos a ésta. Eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sucede es que me preocupa, sí, así es, me preocupa -y me entristece- lo que pasa acá. Por lo que no puedo quedarme, solo en mis libros publicados, o en mis temas genéricos de apreciación global objetiva, ya sean de carácter literario, cultural, económico, social, religioso o político, sino que me urge, me es necesario volver la mirada a mi país, al Perú, e intentar ayudar, en favor de impulsar las consciencias individuales y estructuralmente sociales, con el arma más subversiva y poderosa que es la escritura, la escritura consciente y programática. Ahora bien, siempre creí - y he sido consciente de ello- que cuando se nos entrega una habilidad o destreza personal al inicio de nuestra existencia, y que por cierto uno va puliendo con los años, es para ponerla al servicio de los demás; por lo que mi visión de escritor comprometido me obliga a no ser incoherente con este principio que anido en mi corazón. No podría perdonarme jamás el claudicar a estas propias ideas gestadas desde mi infancia, y maduradas en mi juventud.

Tiempos de cambio: 

Ser ejemplo de dignidad, de lucha y de resistencia!!


Por lo anteriormente expuesto, urge en todo nuestro orbe hispanoamericano de una nueva generación de educadores, de escritores y artistas, de profesionales y técnicos, de familias. Se requiere urgente de un cambio generacional, un cambio planteado y propiciado por nosotros mismos, por hombres y mujeres de este tiempo, ciudadanos del presente, de a pie, que como usted y como yo: queremos también futuras vidas inteligentes para esas terceras o cuartas generaciones que esperan desde hoy, nuestras decisiones del presente.

Revisión de nuestros valores

El futuro espera nuestras decisiones del ahora, se construye a partir de ello. Luego, las decisiones se toman y punto, esto es lo que legamos al final, resultado de elecciones: por tanto no hay nada más allá de ello, de esta existencia misma, que no valga la pena un compromiso. Si digo esto y lo afirmo con total convencimiento es porque percibo- y es una realidad innegable ello- que las antiguas estructuras y valores morales por las que hemos dependido quizá, por generaciones, sí, esas mismas legadas por padres y ancestros, se están derrumbando, y es necesario asumir una postura frente a este gran conflicto ético. Pienso por tanto, que eso es bueno, porque ha llegado entonces nuestra gran oportunidad para hacer historia, pero adyacente a esta, una enorme responsabilidad, de volver a reconfigurarnos como nuevas sociedades, con nuevos principios y valores humanos. Intentemos crear nuevos códigos de verdad, intentemos escudriñar en nuestros propios valores ciudadanos, dejados por nuestros progenitores, cuáles de ellos siguen vigentes, y libres - en el sentido estricto de la palabra-, y cuales ya no lo son, o en todo caso terminaron siendo sometidos y maquillados a intereses privados nada convenientes  ni saludables, porque han sido tomados como banderas de esta fuerza grande que se llama, estructura sistémica, digo esto, y pienso por ejemplo en la justicia, algo tan falso, corrompido y mal usado por los fervientes seguidores de esa palabra democracia, que al final resultan ser los grandotes del mundo.

"Esta tarea exige otra cosa más: exige que “cree valores”, decía Nietzsche, en su "Singularidad del filósofo", en alusión a la tarea humana de la crítica individual que del medio se hace o se intente hacer, "recorrer el círculo de los valores humanos y del sentimiento de los valores, para poder mirar, con ojos y con conciencia dotada de facultades múltiples a todas las lejanías y a todas las alturas y a todos los horizontes", nos dice este filósofo alemán para reafirmar finalmente, "abreviar todo lo que es largo, el “tiempo” mismo, y subyugar todo el pasado(...) que se han hecho predominantes, y, durante un cierto tiempo, han sido llamados “verdades”, valores en el dominio lógico, político (moral) o artístico". Y es que todo ello, pienso, encierra una verdad indudable tan latente, pero que nadie - o muy pocos- quieren ver, y eso pasa por el hecho que los valores capaces de enaltecer hoy en día a los individuos de este tiempo, sí nuestros valores, parece que no han tenido repercusión en las consciencias indivioduales porque sencillamente se han yuxtapuesto a otras necesidades de tipo estrafalarias, salvo el amor que es imperecedero, los demás han pasado a convertirse en alegorías disimuladas de ejecución. Yo propongo, como valores fundamentales de este presente inmediato solo tres, principales para mí en todo caso, la consciencia, el compromiso, y la sencillez.

El uso de las correctas decisiones

Por otro lado, las propias decisiones suelen definir a todo hombre y a toda mujer, he allí la razón de su existencia, estas determinan sus actos y su ser. Luego, los sentimientos profundos nos llevan a pensar a la hora de tomar estas decisiones, el miedo, la alegría, la conmoción, el dolor, la fe e inclusive la misma necesidad de redención. Pienso que la religión es una probable respuesta -paupérrima en realidad, si sólo queda en el aspecto institucionalizador -a los sucesos de orfandad que rigen nuestra vida, pero sin embargo no es todo, decir que yo creo en algo o alguien es importante, pero más importante es ir más allá, es ir más allá del simple "creo", la idea es ir a desentrañar la idea del ¿por qué creo en esto o en aquéllo?

Es importante saber aquí- qué- y- cómo- está pensando la ciudadanía respecto a determinado aspecto o punto en común, respecto a cada noticia, a cada suceso del día a día. Indudablemente que en este camino del conocimiento diario, del aprendizaje mayor -no de aquel tipo operativo de saber fórmulas algorítmicas o normativas gramaticales, no, no de ese aprendizaje sistemático, sino de ese aprender a vivir, y por ende a convivir- siempre estamos allí parados con un cuaderno y un lápiz convertidos en neófitos aprendices. Uhm..., pienso luego que a ello ayudan mucho las propuestas colectivas, las propuestas individuales, ya que hacen posible el análisis.

Recuerdo ahora que una vez escribí para una crónica, "debemos acostumbrarnos a proponer, no a imponer, luego, lo otro, ya le toca a cada quién tomarla o no para su existencia, pero eso sí, cada quién será responsable de su propia elección". Por otro lado -y sin apartarme de la propuesta inicial del saber qué y cómo se piensa- pienso que hoy -más que nunca-, debemos tener claro que lo más importante es estar al servicio de la vida, de la razón y de la verdad, ya que todo fideísmo, apasionamiento, o mitificación siempre sobra y entorpece los pasos que demos por este camino de la construcción de nuestra propia identidad. Ergo ahora, como ciudadanos autónomos, ha de primar siempre en nosotros una respuesta moral clara, un rechazo hacia todo intento de mentir respecto de lo que se sepa porque está en cada uno tomar su propia posición respecto a lo que pueda o no ser correcto, ya que es indudable que somos libres de expresar nuestras propias determinaciones y de convertirlas - o no- en actos para determinados momentos de nuestra historia personal, así como responsables de nuestras propias elecciones. Ojalá que nuestros actos siempre hablen por nosotros.

Finalmente, a modo de resumen de esta nota, es por tanto, menester nuestro, intentar ser mejores seres humanos, puesto que ser un ser humano, es único, y en palabras de Camus, "este, no tiene definición...!!"

Desde Lima, ciudad capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

PD.- Dejo la canción "What a Wonderful World", en sus dos versiones, la de 1967, interpretada por Louis Armstrong, y una de las últimas versiones producidas por la Playing For Change, interpretada por el abuelo Elliott, unido a un coro de niños de todo el mundo.





sábado, 11 de julio de 2015

Del hombre, su ciudad y su trabajo

El escritor y su ciudad

Nunca me he sentido tan cómodo como me siento acá, en Lima, no porque sea la capital del Perú simplemente, sino porque he encontrado acá el espacio perfecto, que estos últimos diez años de mi vida han hecho producir en mí: sanas tomas de consciencia y de reflexión, las mismas que han servido de génesis y exégesis para esas ideas mías que me acompañan. Magaly Victoria está acá, mis actividades periodísticas y docentes están acá, mi visión de país está acá. Mis tres libros que he escrito están publicados acá, y dentro de poco verá luz el nuevo trabajo que estoy preparando, ese que he resuelto, llamar, "Los latidos secretos del corazón", un pequeño universo provisto de ideas, de retazos de análisis, de propuestas, de reflexiones vertidas a modo de máximas, relatos breves, ensayos cortos, artículos de opinión y colaboraciones, aforismos tal vez, en fin. Claro, que he conocido otras ciudades, producto de mis esporádicos viajes, pero siempre he tenido la necesidad de volver acá, no tanto porque se trate de ser peruano, porque al fin y al cabo, ese solo es un aspecto de individualidad geográfica, de pasaportes, de carné de ciudadanía, sino porque siempre he sentido una deuda con este hermoso pueblo que es el mío, y con la educación que se le da a su gente.

Mis preocupaciones son generales porque sé que el opio moderno que se les da a los pueblos, a nuestros de Latinoamérica, y pienso que también a los pueblos del mundo entero devienen de intereses muy grandes, más cosmopolitas, más fuertes, más destructores que no están acá, solo en mi patria, sino en otros puntos lejanos a ésta. Eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sucede es que me preocupa, sí, así es, me preocupa -y me entristece- lo que pasa acá. Por lo que no puedo quedarme, solo en mis libros publicados, o en mis temas genéricos de apreciación global objetiva, ya sean de carácter literario, cultural, económico, social, religioso o político, sino que me urge, me es necesario volver la mirada a mi país, al Perú, e intentar ayudar, en favor de impulsar las consciencias individuales y estructuralmente sociales, con el arma más subversiva y poderosa que es la escritura, la escritura consciente y programática. Ahora bien, siempre creí - y he sido consciente de ello- que cuando se nos entrega una habilidad o destreza personal al inicio de nuestra existencia, y que por cierto uno va puliendo con los años, es para ponerla al servicio de los demás; por lo que mi visión de escritor comprometido me obliga a no ser incoherente con este principio que anido en mi corazón. No podría perdonarme jamás el claudicar a estas propias ideas gestadas desde mi infancia, y maduradas en mi juventud.

Plaza San Martín. Lima, Perú.
Por otro lado, muchas veces se da un extraño caso de dualidad entre el escritor y su ciudad, relación provista de profundo significado para la obra, el tiempo, el contexto y el autor mismo. Aquella presupone una simbiosis particular, la ciudad nutre al autor, a su pequeño mundo sensible, es el caparazón delicado, cubierto de símbolos inmanentes, de figuras humanas, de eventos circunstanciales y experimentales, da materia de ideas, de creación al autor, tanto como este devuelve retratos de ella y de su gente- y aquí, la gente, la gran masa de personas adquiere vital importancia-. La ciudad que puede ser adoptiva en muchos casos como Munich, para Heyse, Weimar para Goethe, Madrid para Alberti, París para Vallejo, o como Lanzarote lo fue para Saramago, en fin, termina determinando los momentos claves de su existencia y pensamiento. (Escribo estas líneas, y tarareo las letras del genial Joe Arroyo, "En Barranquilla me quedo...").


Buenos Aires del Perú
Buenos Aires del Perú. Imagen de mi última visita.

Sí, es cierto que mi lugar de procedencia es otro, nací y me crié en Buenos Aires, mi infancia le pertenece a esa ribera lejana, apacible provista únicamente de miseria cultural y material porque allí no habia nada, salvo una comunidad casi fantasmal y de poca gente, quienes por las tardes, o muy temprano del día siguiente, no hacían más actividad que una pesca milagrosa, o uno que otro pequeño comercio en cada puerta abierta de casa. Ese era el lugar a dónde mi padre cuando era muy niño nos llevó a vivir a mi madre y mis dos hermanas, pues pasé mis primeros años allí, en un entorno en el que los poderosos de la tierra no tenían lugar en la tierra de los pobres y los humildes. Su lugar era otro. Ese lugar prohibido, al que los niños de mi edad con nuestros padres jamás podríamos visitar algún día. Fue así que el amor y respeto a la cotidiana vida rutinaria del humilde y a sus criaturas era el único mandamiento moral que llevé sobre los hombros de mi infancia. Tal era la única convicción, no hacer daño a un ser vivo y colocar a los pequeños y humildes por encima de todo lo demás.

Luego, es necesario precisar la casa grande porque sirve a estas memorias, la morada grande y vieja de adobe, la casa inmensa de mi padre, cuyos cuartos y corredores alrededor de un jardín, nos llevaban a un solo lugar, al cuarto de la biblioteca. Leer allí, las obras de "El Erial" de Constancio Vigil, las docenas de libros de psicología del Dr Vander, "Las mil y una noches", las decenas de libros religiosos, periódicos viejos y amarillentos de épocas pasadas, libros de historia, de gramática antigua, de urbanidad y buenos modales, revistas de selecciones de Reader's Digest , Life, que le pertenecían a mi padre, entre otras, es más creo que nunca olvidaré ese precioso libro llamado Biblioteca de Selecciones, volumen II, 1969, que años más tarde me traje a Lima conmigo, mi primer libro grueso que leí, un libro de cuatro historias, novelas cortas, que agrupaban: "Trío", una colección de relatos de W. Somerset Maugham; "Nicolás y Alejandra", de Robert K. Massie, la historia novelada de la sociedad rusa a través de la vida  de su último zar y su zarina, más preocupados por la hemofilia del pequeño Alexis hasta el punto de entregar la nación a un nombre apodado Rasputín, todo ello previo a la Revolución de 1917; "El capitán" de Jan de Hartog, ese emocionante relato de los convoyes de Murmansk, y del conflicto sentimental hasta erótico de su joven capitán Martinus Harinxma; e inclusive la tierna historia de "Rafa", de Weldon Hill, creo, hasta cierto punto considerado por mi pequeña personalidad de ese tiempo, mi propio "alter ego", sí, ese niño granjero de nombre Rafael Laydon, quien de ser un pésimo jugador de beísbol se convierte de pronto en el protagonista de una historia que pondría a prueba la fuerza y valor para encarar asuntos maduros en mundo de gente también madura, en fin. Tantas y tantas buenas lecturas cosas que solo me hicieron entender una cosa por aquellos años, un mundo allí, diferente al que había afuera en las polvorientas calles de paraderos de carros varados. Mi padre era un cultor de estos trabajos, y yo me convertí en algo así, como su guardián.


La influencia del padre


Siempre he dicho, y diré que cuando era niño, él, me introdujo en este mundo de las palabras, él era un obrero que cada fin de mes durante toda su juventud se dedicó a comprar libros. Lo admiraba aunque nunca se lo dije, tal vez fue una esas pocas personas a quien hube admirado tanto en los albores de mi niñez. Llegó a armarse bibliotecas grandes en casa, muy grandes que el tamaño mismo que me acompañaba resultaba insuficiente para competir con ellas. Tal vez allí, entre esos libros empolvados y entregados al tiempo sin memoria se haya gestado, tal vez sin saberlo el inicio para mí de esta aventura por dar vida a la ficción y entenderla en mi mente aún cerebralmente infante. Fue una etapa emocionante. Después de haberlo conocido, ya nadie me ha leído nada. Ese hombre fue mi progenitor.

Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, y eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacía una conversación, una agradable conversación, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de septiembre. 

De vuelta al compromiso 

Entre viajes fuera de la ciudad, regresos esporádicos a los sitios de infancia que siempre me vuelven a recordar el pedacito de niño que aún subsiste en mí, caminatas hasta altas horas de la noche por las grandes avenidas de Lima, clases que uno da todos los días por la mañana, descubrimientos nuevos tras conversaciones en patios con jóvenes estudiantes, trabajos de escritura que nunca faltan y que hago con sutil dedicación por la tarde para sortearlos al próximo día entre los posibles diarios honestos que aún queden, subidas y bajadas en la estación de tren, salidas a comer en cualquier lugar por la noche- algunas veces con Magaly Victoria, otras con Ángel, en fin-, para finalmente tejer regresos solitarios, cual madejas distintas que me devuelvan a la misma habitación amarilla para seguir haciendo lo mismo, leyendo, escribiendo, preparando las próximas clases, hasta que llegado el momento, voces suplicantes aparecen otra vez, estados de la consciencia y del compromiso. Descansos entrecortados breves hasta que amanece, y salidas otra vez para conocer personas nuevas cuyos nombres casi nunca retienes - ello, debido a ese despistado espíritu de la retención de cosas exageradas que a veces nos embarga-, muchas personas: a veces desconocidas, pero eso me ayuda a vivir como comprenderás. Conozco, tal vez sin proponérmelo a mucha gente; otros dicen conocerme, y sin embargo yo no - es raro todo este juego de rostros y palabras-. Y así vas pasando, pasando los días que van y vienen y bueno también vas viviendo y también aprendiendo. Risas, muchas risas, jaajaj, cosas mías, cosas mías; pero cuéntame tú, háblame de ti, ¿quieres?

Ahora bien, me preguntan muchas veces personas allegadas a mí, otras, simples conocidas mías, si soy un moralista o espiritualista, si soy un izquierdista o un católico creyente en Dios (cuándo no, hasta me han tildado de anarquista y francotirador porque sencillamente no pertenezco ni quiero pertenecer a "a...", o a "b..."). Uhm, yo no sé qué cosa encierran estos chiclés - y así lo supiera no tendría por qué asumir esas poses-. Lo que digo, y lo que expreso tiene que ver mucho con mi diario vivir, con lo que sueño y lo que aspiro para mí y para los demás que me rodean o estarán en un futuro tras de mí, nueva gente: esta forma de concebir mi existencia se debe a algo simple, a que soy profesor de escuela. Mi filosofía no pertenece al budismo, ni a ninguna religión. Luego, el existencialismo me ha ayudado mucho como método de trabajo a orientar mis derroteros, sí, no puedo negar ello, empero sin embargo mi filosofía, la filosofía que intento comunicar es otra, es una filosofía de la consciencia y del compromiso, ya que el trabajo de la consciencia es largo y requiere consistencia permanente, requiere constancia, valor, no hay feriados para ello ni retribución alguna, es algo que se hace porque se siente y punto, pero usted, sí, usted mismo, tal vez dirá por qué? Uhm..., porque sencillamente sucede que cada día hay algo nuevo que decir!, y eso, créame que es lo más extraordinario que uno puede experimentar sobre sí mismo.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

lunes, 6 de julio de 2015

Hely León Navarrety

Era un hombre delgado, de pocas palabras, eso sí, muy cano y a veces algo risueño. Infundía en cada una de sus clases esa extraña norma conservadora que muchos llamarían respeto y solemnidad. Seis años convivimos con él: tiempo en que nosotros, aún niños, mirábamosle con cierto temor y distancia, pero también con mucha consideración y gratitud. Hely León Navarrety, dejaba marcado su sello de revisión en cada cuaderno, o esa firma impecable provista de una caligrafía muy ejemplar. Fue esta persona, a quien guardo hasta hoy mucha gratitud, la responsable directa de que yo aprendiera a leer y a escribir, a sumar y a restar, a respetar y a valorar a mis mayores. Era nuestro maestro de enseñanza primaria, o se conoce también en algunos lugares como básica. Por lo que supe luego, fuimos su última promoción de escuela, la del 93´, pues dejaría de laborar allí al año siguiente. No lo volvimos a ver más por Buenos Aires, lugar donde viví mi primera infancia. Ahora que puedo recordar, jamás supimos de él lo que era una huelga porque nunca parábamos, siempre había un lugar para estudiar. Yo era el primero de la lista, y era el primero que debía responder por mis actos y por mis obligaciones escolares.

Me contó mi padre que terminado el jardín, porque ese nombre recibía el lugar a donde uno tenía que ir a hacer su primera escolaridad, una especie de lo que hoy algunos llamrían kinder, tenía serias dudas, si dejarme estudiar en donde vivímos o llevarme al centro, al centro de Trujillo, e inscribirme en el Centro Viejo, uno de los colegios más antiguos de esa ciudad. Decía a menudo, que en donde vivíamos no me darían una buena educación. "Tamaño error", diría años más tarde, "qué equivocado estaba". Por suerte para mí, no había vacante en ese lugar, asi que me terminó matriculando en el número 81025, escuela llamada hasta hoy, "José Antonio Encinas", que paradójicamente, llevaba asimismo el nombre de ese gran educador peruano inicador de la Escuela Activa por los inicios del siglo pasado. Jamás me imaginaría porque así lo he sentido desde entonces que este nombre, este maestro de primaria y sus ejemplares muestras de valor y estoicismo, y estas primeras experiencias como beneficiario infantil de mi propio proceso educativo quedarían marcados en mí  como una especie de estigma flagrante que acompañaría y marcaría mi futura existencia.

Así fue ahora que lo recuerdo, así fue que en esta escuela. un hombre nos recibió el año 88, y a partir de allí jamás nos dejaría. Exigente con la caligrafía, descubrirdor de mi apego a las letras. Pienso, evocando aquéllos años de trabajo infantil dentro de la escuela, que de no haber sido por este maestro, no hubiera llegado a desarrollar mis primeras habilidades comunicativas ni morales, ni qué decir de esas primeras pinceladas de niño pensante. Soy un resultado de lo que un hombre intentó hacer una vez conmigo, enseñarme y educarme. Fue un proceso como todo en la vida, lo sé, pero sirvió de mucho, en fin.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 5 de julio de 2015

Anotaciones alrededor de una madrugada.

Parecería que a veces podría ser un ingrato con quienes me escriben, me cuentan, me dejan ver las motivaciones de su alma, las preocupaciones permanentes de su sentido común, las razones de su diario sentir, y tantas otras cosas más: parecería que la ingratitud cierne esos espacios de silencios y de vacíos verbales, pero no, no es así, no..., sucede que me tomo el tiempo con mi día a día y mi vivir intenso, me tomo un tiempo para pensar también, para caminar, para detenerme en cualquier lugar de pronto, para reír, para escuchar vivamente, de mis propios oídos, lo que acontece en las calles de Lima, ver sobre que se está hablando en los centros de comida, en los supermercados, en las reuniones de amigos, leer que se está escribiendo en la prensa nacional, visitar personas muy queridas, regalarme un tiempo con Magaly Victoria, dialogar reunidos en una mesa con Ángel, con Eberth, o pasarme algunas horas de la noche y parte de la madrugada en plena avenida Alfonso Ugarte con Oscar , con Fernando, encontrarme con alumnos, exalumnos ya jóvenes, saludarlos gratamente y abrazarlos, en fin.... Luego, volver para ver una vez más lo mío, para regresar a mi trabajo de escritura, a mi compromiso, y las tantas fraternas letras de amigos y amigas, hecho causante de una alegría efusiva, de saber y ver que allí estamos caminando ese mismo sendero, pensando en esa misma preocupación, anidando esa misma esperanza, encontrando seres comprometidos, estudiantes preocupados y hasta una niña mexicana indignada - agradezco a Montserrat Marrugat, amiga de la tierra de Octavio Paz, por el enlace-, preguntándose por qué. Francamente que esto me lleva a arrojar una cosa, indefectiblemente se necesitan, nuestras sociedades urgen con apremio de consciencias morales, de voces morales, de referentes morales, y esto qué significa..., dos palabras, ciudadanos responsables.

Preocupaciones constantes 

Por otro lado, en aras de agregar sendos acápites a la última crónica que pude escribir para esta página blog, referente a mi propia decepción respecto a lo que significa esa palabra "democracia", al menos para mí, y que pareciera seguir descancarándose cada día más, a pesar de los esfuerzos que hacen los grandotes por sostener lo insostenible a la luz del sentido común: para muestra un botón, las enormes arcas financieras que se engrosan todos los meses con el sueldo de la población y cuyos funcionarios no pueden ser juzgados, so pretexto del derecho jurídico que les asiste. Sí, así es, esa misma incompatibilidad me lleva a pensar en una cosa, preferir de pronto que alguien me diga, "eh, es usted un hombre sin puerto fijo, un buscador, un librepensador", a que me exprese -cosa más ridícula-, "eh, es usted un demócrata, un hombre con altos principios democráticos".

Debería, pienso luego, haber un curso en las escuelas que se llame, CORRUPCIÓN: Puesto que todo ese rollo que se imparte dentro de las currículas educativas de nivel medio secundario, SI DE ASIGNATURAS HABLAMOS, llamadas por ejemplo, aquí en el Perú, FORMACIÓN CIUDADANA Y CÍVICA, no hacen más que caer en el mero vacío de la hipocresía social al no llamar a las cosas por su nombre, y a los individuos por sus actos. Luego, ESTOY SEGURO QUE SI NUESTROS TECNÓLOGOS DE LA EDUCACIÓN SE ATREVERÍAN A ESTO, ESTARÍAMOS COMO MAESTROS CONTRIBUYENDO POR LO MENOS A SER MÁS SINCEROS CON NUESTROS ESTUDIANTES MISMOS, Y BUENO, DE PASO HACIENDO MUCHO POR CONVERTIRLOS EN PERSONAS MÁS CRÍTICAS Y MENOS CONTEMPLATIVAS CON ESTA LACRA CONDUCTUAL que corroe nuestras sociedades presentes, en fin.

Finalmente, llego a pensar, a modo de respuesta crítica, que votemos por quien votemos, siempre perderemos: ahora entiendo a los jóvenes españoles cuando simplemente deciden no acudir a una urna o en todo caso, viciar su voto... al final, pienso que un voto viciado es más limpio que un voto en blanco, y más honesto que una seudolibertad de elección. En cuanto a mí, respaldaré y mentendré mi posición firme de apoyar a los colectivos juveniles de Lima que se vienen gestando (...fundamentaremos si es necesario!!!), quienes en su intento por crear consciencia poblacional están pensando, desde ya, anular su voto, no blanco, sino viciado, lo que resultaría más saludable, en fin. Que así sea, estas cosas recién empiezan! Pienso que ha llegado el momento de que el Perú, como población de inmensas mayorías, le diga por fin, no esa clase seudopolítica que intenta seguir administrando este país, bajo encargo de los grandotes, quienes en su mayoría ni siquiera viven acá.


Imagen: Foto extraído del portal web del diario El Comercio
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Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.