domingo, 19 de julio de 2015

Tiempos de decisiones, tiempos de urgencia, tiempos de revisión de valores

Época de utopías necesarias

Resulta que un buen amigo, va a ser medio año de ello creo, una madrugada me compartió una canción, referente a unos niños, en ella, muchos pequeños de distintos puntos del orbe estaban unidos y cantaban alegremente orientados y guiados por unos músicos excepcionales; manifestación extraña de la vida, esa la de unir en voces y sonidos armoniosos, niñez y adultez, en fin.

"What a Wonderful World", o en palabras castellanas, "Qué mundo tan maravilloso". ¿Maravilloso?, me pregunté en ese instante, "maravilloso", me respondí también en ese instante, convencido de que así era, y es que resulta que mientras hayan nuevas nuevas y frescas manifestaciones de vida, este mundo todavía resultará ser maravilloso. Total, todos nacemos, crecemos, envejecemos y morimos, y detrás de nosotros va a ver siempre nueva gente, nuevas generaciones, más niños, y más niños que seguirán cumpliendo este inevitable y - para quien sabe sobrellevarla- ejemplar ciclo de vida. 

"I hear babies crying, I watch them grow. They’ll learn much more than I’ll never know...",  o en nuestro idioma hispano, "Oigo a bebés llorar, y los miro crecer. Ellos aprenderán mucho más de lo que yo nunca sabré...", dice parte de esta canción del género jazz,  interpretada a hace muchos años por Louis Armstrong, músico norteamericano en 1967,  a raíz del fuerte clima político y racial de la década de 1960 en dicho país, y recogida años más tarde, 2002 para ser exactos según fecha de lanzamiento del video, por la Playing For Change, movimiento creado para inspirar y conectar el mundo a través de la música, interpretada en esta ocasión, por el abuelo Elliott, conocido internacionalmente como Tío Remus, músico de Louisiana, Estados Unidos, quien unido a un coro de niños de todo el mundo nos hacen ver y sentir que aún subsiste ese mundo alternativo que está en nosotros mismos seguir afianzándolo, tal como fuera la iniciativa de sus creadores allá por mitad del siglo pasado, Bob Thiele y George David Weiss.

Y es que es cierto, un mundo maravilloso, que bien podría resultar utópico para muchos, no resultaría posible nunca ni concretable, sino se empieza a caminar, al menos a partir de esa "ingenua" utopía ideal, desdeñada por muchosc"realistas" entre comillas, y nada saludable para quienes no quieren cambios futuros generacionales, Galeano decía, que la utopía sirve para caminar, hecho totalmente validero, en fin.

Época de consciencias generalizadas

La escritura es y seguirá siendo un ejercicio libre del pensamiento, una "creación heroica" en palabras de José Carlos Mariátegui, pensador peruano de inicios del siglo pasado, un acto de rebeldía permanente, y un proceso largo de obstinada pasión. Un hecho que no puede alejar al individuo de su realidad inmediata. Un acto de madurez mental que no puede caer en el servilismo de convertir a su autor en pródigo de su propio trabajo para dejarlo abandonado a su suerte, merced de estas hienas editoriales existentes hambrientas de consumo exacervado. Ejercer una escritura consciente y comprometida es marcar a fuego su propia generación, es convertirse en un producto histórico de su tiempo, en un sujeto dialéctico propiciador de cambios, con la esperanza ver mejores ciudadanos futuros. Luego, en palabras de Camus, "la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener, la negativa a mentir respecto de lo que se sabe, y la resistencia a la opresión".

En este país que se llama Perú, y que bien podría generalizarse al resto de nuestras patrias hispanoamericanas, dadas las condiciones similares de salvajismo y explotación consumista, imperialista y nada humano, urge el desarrollo de una nueva consciencia individual y social, una nueva consciencia nacional al interior de cada núcleo social, es decir desde los niveles más simples que se llaman familias empezando por los progenitores para terminar afianzándose en las amplias proles y mayorías participativas ciudadanas. Y sin embargo, a pesar de que pareciera ser siempre recalcitrante, y hablar a partir de lo que sucede en este país, mi preocupación se extiende más allá, porque no podemos negarnos a ver las realidades ajenas que están sucediendo en el resto de Hispanoamérica, narcoestados, corruptelas, pérdida de valores, seudopartidos políticos, mentiras burdas amparadas tras esa palabra democracia, medios de comunicación nada serios, niveles educativos de ínfima calidad, crestas inconmensurables de inseguridad y de violencia social dentro y fuera de las mismas familias, en fin, y tantos otros que bien podrían pintar la realidad de cualquier país de nuestra tierras hispanoamericanas.

Cuando leo artículos en los principales portales web del mundo hispano, e inclusive en los periódicos comprados en Lima, o algunos otros que me llegan gracias a modestos amigos de otros puntos del país mi preocupación se engrandece. Uhm, más diría mis preocupaciones se agigantan, se generalizan porque sé que el opio moderno que se les da a los pueblos, a nuestros de Hispanoamérica, y pienso que también a los pueblos del mundo entero devienen de intereses muy grandes, más cosmopolitas, más fuertes, más destructores que no están acá, solo en mi patria, sino en otros puntos lejanos a ésta. Eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sucede es que me preocupa, sí, así es, me preocupa -y me entristece- lo que pasa acá. Por lo que no puedo quedarme, solo en mis libros publicados, o en mis temas genéricos de apreciación global objetiva, ya sean de carácter literario, cultural, económico, social, religioso o político, sino que me urge, me es necesario volver la mirada a mi país, al Perú, e intentar ayudar, en favor de impulsar las consciencias individuales y estructuralmente sociales, con el arma más subversiva y poderosa que es la escritura, la escritura consciente y programática. Ahora bien, siempre creí - y he sido consciente de ello- que cuando se nos entrega una habilidad o destreza personal al inicio de nuestra existencia, y que por cierto uno va puliendo con los años, es para ponerla al servicio de los demás; por lo que mi visión de escritor comprometido me obliga a no ser incoherente con este principio que anido en mi corazón. No podría perdonarme jamás el claudicar a estas propias ideas gestadas desde mi infancia, y maduradas en mi juventud.

Tiempos de cambio: 

Ser ejemplo de dignidad, de lucha y de resistencia!!


Por lo anteriormente expuesto, urge en todo nuestro orbe hispanoamericano de una nueva generación de educadores, de escritores y artistas, de profesionales y técnicos, de familias. Se requiere urgente de un cambio generacional, un cambio planteado y propiciado por nosotros mismos, por hombres y mujeres de este tiempo, ciudadanos del presente, de a pie, que como usted y como yo: queremos también futuras vidas inteligentes para esas terceras o cuartas generaciones que esperan desde hoy, nuestras decisiones del presente.

Revisión de nuestros valores

El futuro espera nuestras decisiones del ahora, se construye a partir de ello. Luego, las decisiones se toman y punto, esto es lo que legamos al final, resultado de elecciones: por tanto no hay nada más allá de ello, de esta existencia misma, que no valga la pena un compromiso. Si digo esto y lo afirmo con total convencimiento es porque percibo- y es una realidad innegable ello- que las antiguas estructuras y valores morales por las que hemos dependido quizá, por generaciones, sí, esas mismas legadas por padres y ancestros, se están derrumbando, y es necesario asumir una postura frente a este gran conflicto ético. Pienso por tanto, que eso es bueno, porque ha llegado entonces nuestra gran oportunidad para hacer historia, pero adyacente a esta, una enorme responsabilidad, de volver a reconfigurarnos como nuevas sociedades, con nuevos principios y valores humanos. Intentemos crear nuevos códigos de verdad, intentemos escudriñar en nuestros propios valores ciudadanos, dejados por nuestros progenitores, cuáles de ellos siguen vigentes, y libres - en el sentido estricto de la palabra-, y cuales ya no lo son, o en todo caso terminaron siendo sometidos y maquillados a intereses privados nada convenientes  ni saludables, porque han sido tomados como banderas de esta fuerza grande que se llama, estructura sistémica, digo esto, y pienso por ejemplo en la justicia, algo tan falso, corrompido y mal usado por los fervientes seguidores de esa palabra democracia, que al final resultan ser los grandotes del mundo.

"Esta tarea exige otra cosa más: exige que “cree valores”, decía Nietzsche, en su "Singularidad del filósofo", en alusión a la tarea humana de la crítica individual que del medio se hace o se intente hacer, "recorrer el círculo de los valores humanos y del sentimiento de los valores, para poder mirar, con ojos y con conciencia dotada de facultades múltiples a todas las lejanías y a todas las alturas y a todos los horizontes", nos dice este filósofo alemán para reafirmar finalmente, "abreviar todo lo que es largo, el “tiempo” mismo, y subyugar todo el pasado(...) que se han hecho predominantes, y, durante un cierto tiempo, han sido llamados “verdades”, valores en el dominio lógico, político (moral) o artístico". Y es que todo ello, pienso, encierra una verdad indudable tan latente, pero que nadie - o muy pocos- quieren ver, y eso pasa por el hecho que los valores capaces de enaltecer hoy en día a los individuos de este tiempo, sí nuestros valores, parece que no han tenido repercusión en las consciencias indivioduales porque sencillamente se han yuxtapuesto a otras necesidades de tipo estrafalarias, salvo el amor que es imperecedero, los demás han pasado a convertirse en alegorías disimuladas de ejecución. Yo propongo, como valores fundamentales de este presente inmediato solo tres, principales para mí en todo caso, la consciencia, el compromiso, y la sencillez.

El uso de las correctas decisiones

Por otro lado, las propias decisiones suelen definir a todo hombre y a toda mujer, he allí la razón de su existencia, estas determinan sus actos y su ser. Luego, los sentimientos profundos nos llevan a pensar a la hora de tomar estas decisiones, el miedo, la alegría, la conmoción, el dolor, la fe e inclusive la misma necesidad de redención. Pienso que la religión es una probable respuesta -paupérrima en realidad, si sólo queda en el aspecto institucionalizador -a los sucesos de orfandad que rigen nuestra vida, pero sin embargo no es todo, decir que yo creo en algo o alguien es importante, pero más importante es ir más allá, es ir más allá del simple "creo", la idea es ir a desentrañar la idea del ¿por qué creo en esto o en aquéllo?

Es importante saber aquí- qué- y- cómo- está pensando la ciudadanía respecto a determinado aspecto o punto en común, respecto a cada noticia, a cada suceso del día a día. Indudablemente que en este camino del conocimiento diario, del aprendizaje mayor -no de aquel tipo operativo de saber fórmulas algorítmicas o normativas gramaticales, no, no de ese aprendizaje sistemático, sino de ese aprender a vivir, y por ende a convivir- siempre estamos allí parados con un cuaderno y un lápiz convertidos en neófitos aprendices. Uhm..., pienso luego que a ello ayudan mucho las propuestas colectivas, las propuestas individuales, ya que hacen posible el análisis.

Recuerdo ahora que una vez escribí para una crónica, "debemos acostumbrarnos a proponer, no a imponer, luego, lo otro, ya le toca a cada quién tomarla o no para su existencia, pero eso sí, cada quién será responsable de su propia elección". Por otro lado -y sin apartarme de la propuesta inicial del saber qué y cómo se piensa- pienso que hoy -más que nunca-, debemos tener claro que lo más importante es estar al servicio de la vida, de la razón y de la verdad, ya que todo fideísmo, apasionamiento, o mitificación siempre sobra y entorpece los pasos que demos por este camino de la construcción de nuestra propia identidad. Ergo ahora, como ciudadanos autónomos, ha de primar siempre en nosotros una respuesta moral clara, un rechazo hacia todo intento de mentir respecto de lo que se sepa porque está en cada uno tomar su propia posición respecto a lo que pueda o no ser correcto, ya que es indudable que somos libres de expresar nuestras propias determinaciones y de convertirlas - o no- en actos para determinados momentos de nuestra historia personal, así como responsables de nuestras propias elecciones. Ojalá que nuestros actos siempre hablen por nosotros.

Finalmente, a modo de resumen de esta nota, es por tanto, menester nuestro, intentar ser mejores seres humanos, puesto que ser un ser humano, es único, y en palabras de Camus, "este, no tiene definición...!!"

Desde Lima, ciudad capital del Perú.

Víctor Abraham les saluda.

PD.- Dejo la canción "What a Wonderful World", en sus dos versiones, la de 1967, interpretada por Louis Armstrong, y una de las últimas versiones producidas por la Playing For Change, interpretada por el abuelo Elliott, unido a un coro de niños de todo el mundo.





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