lunes, 3 de agosto de 2015

Escritura ética

Aquí todos tienen derecho a opinar, a pensar, a discutir, a quejarse, a analizar y hasta a cuestionar cualquier tipo de dogma o verdad, inclusive la suya propia, aunque alguien diga que se le está faltando el respeto a la institucionalidad democrática, y fermentando por ello espacios anárquicos dentro de la sociedad. No, por allí no va la cosa. No se busca partidarismos de conveniencia, mucho menos cargos públicos, ya que pienso, no se los necesita a la hora de decir la verdad. La cosa va por otro lado, va por el simple hecho, de que si no existe pensamiento en la razón ni esperanza en el corazón se cae, o en el fanatismo religioso, o en el libertinaje absurdo que promueve la maquinaria consumista del hoy, "amo y señor del presente", y peor aún en la angustia y la conmiseración indiferente. (Prefiero vivir dentro de un pueblo que critique y "falte el respeto", así, entre comillas, a sus autoridades corruptas, antes que al interior de un pueblo ajeno e indiferente a sus propios problemas).

Por otro lado, se pretende distorcionar la realidad con mentiras democráticas, con seudoverdades escabrosas, y esto se da cuando precisamente alguien empieza a pensar. Dios santo, cómo son las cosas. Necesitamos gente que diga, "yo pienso esto señor, porque leí que así podía hacer, o he vivido de esta manera y me parece que no es así". Así tenemos que, educación de la mente, y la experiencia son claves para la insurgencia pensante, para frenar la mediocridad, y todo intento de fideísmo exagerado, en donde se apela siempre a un gurú prefabricado, para hacer de su vida algo más digno (no me imagino a jóvenes pensando en esta vía).

Por eso es necesario, y vuelvo reafirmar en ello, que nuestros ciudadanos desde los más pequeños aprendan a decir, "sí", o "no", en función de lo que puedan conocer- y aquí la lectura es clave-, al margen de si son tachados o no por sus ideas, o viceversa aceptados en el otro extremo: eso es lo de menos. Lo importante es decir lo que se conoce o se sabe. Lo importante acá es decir lo que se piensa y hacer lo que se siente. Luego, no importa si lo que se dice o se expresa pueda caer en la acusación de ser panfletario, o no. Eso es lo de menos, total, no toda nuestra inmensa mayoria es académica ni intelectual, y es que decir lo que se piensa es un derecho, sea con un panfleto bajo el brazo o no. Personalmente, yo apoyo a quien intenta decir con su propio lenguaje, basta ya!!

Necesidad de una consciencia personal

A propósito de esto último, subrayo un ejemplo ante una pregunta muy simple y obvia, nada difícil de responder - y hasta superflua diría yo-, pero extraña, y "demasiadamente" útil, para el bagaje léxical de nuestros intelectuales y académicos sobre el hecho de, "¿qué hace malo a un libro?" . Uhm, porque...es que les preocupa tanto hallar respuestas a esta pregunta con aclaraciones sapiencialmente forzadas, en fin. Y es que sucede que un libro, no es culpable de maldad, pienso esto, y digo, "pobre libro", no, que va!!; culpable es el individuo que escribe de manera sosa y vacía, sin el menor escrúpulo de saber que hay vida en las palabras condenando a sus propias creaciones a un vacío tan grande que hace que estas caigan en la mezquindad del mensaje, en la verticalidad de autor hacia lector, solo por esa simple manía, algo absurda, y hasta a veces inexplicable, de escribir por vender o por ganar, en vez de escribir por escribir no más, así libremente sin miedo a las ataduras y convenciones. Luego, en este camino del pensamiento y de la escritura solidaria, las formas sobran, no son importantes ni necesarias, son prescindibles: son los fondos, al contrario, los mensajes, y las respuestas que puedan producir en el lector lo que verdaderamente sirve, ya lo otro, lo demás, es banalidad o esnobismo patético de ser lo que no se es. Total, nadie da lo que no tiene. 

Ahora bien, ante uno de esos tantos escritos que redacto diariamente, un joven amigo mío, me pregunta, ¿es que estamos en una guerra o en una lucha?. Ante ello, mi respuesta es simple, estamos todos en una posición de compromiso y de consciencia personal para - y con- nuestra propia vida y la vida de los demás, y es que aquí es donde las decisiones empiezan a convertirse en un valor importante. Pienso que se trata de una mirada nueva, porque son tiempos de nuevas miradas y reivindicaciones, y aquí créanme que nadie está obligado, más allá de lo que le indique su propia ética, de asumir una acción, una posición, total, cada quien es libre, o bien de empezar a hablar con la verdad, y aportar, o bien de cruzarse de brazos y esperar a que las cosas cambien por su propio rumbo.

Escritura ética

A todo lo dicho anteriormente, no me queda más por agregar que, necesitamos que los hijos del pueblo empiecen a relatar sus historias, a difundirlas, no importa, si es por prensa, si es al interior de cenáculos, o si es por redes sociales, al interior de aulas de clases, en reunión de amigos o encuentros familiares. Necesitamos que los hijos del pueblo empiecen a contar a sus propios vástagos, oralmente sus vivencias, y las vivencias de sus linajes respectivos, los legados valorativos de sus antepasados, los principios de estos, cual relatos breves o extensos, cale en las memorias colectivas de sus propias generaciones tal como se hicera en los albores de la historia. Total, pienso que si logramos hacer esto estaremos volviendo a las vertientes originales de la literatura escrita u oral, en donde y gracias a ello, en tiempos de la amnesia obligatoria y del poder editorial, pudo subsistir. Atrevernos a optar por estas formas de literatura, detalladas inicialmente, es un acto ético y de resistencia a la mediocridad del momento, y de salvaguardar las memorias colectivas de las inmensas mayorías. Luego, la literatura no puede quedar encerrada en esa mera elite de conocedores de formas y estetas vacíos.

Anoto esto, y pienso convencido que este país, como nuestras demás patrias hispanoamericanas, no necesitan autores de libros, eso ya es pasado, simplemente sucede que esa demanda perteneció a otro tiempo, tal vez a épocas de un boom latinoamericano; hoy la rueda ha girado, el tiempo ha movido las circunstancias del pensamiento, hoy se necesitan con URGENCIA agitadores permanentes de consciencias ciudadanas, pensadores, creadores comprometidos con su propio tiempo histórico, personas, seres humanos.

La libertad de las palabras

Para concluir, si la palabra no está puesta al servicio del compromiso ético y moral de los hijos de los pueblos, y la lucha frontal y contestaria en aras de reivindicaciones más justas y fraternas, entonces pasa a un estado de cautiva, de raptada, de violada, aprisionada y forzada por estos personajes que el mundo suele apelar de intelectuales y autores de libros, quienes en su intento inescrupuloso por vender o por ganar, terminan reduciéndola a la perversa jococidad del consumo mediático, y del entretenimiento paupérrimo carente de toda consciencia y de reflexión a todo acto humano. Luego, una palabra es libre, es más, se la identifica como libre, cuando lleva en su verdad la marca personal de la consecuencia, es decir, esa correspondencia entre la conducta ciudadana implícita en esta, y los lineamientos morales que profesa.



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

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