jueves, 8 de octubre de 2015

Svetlana Alexievich, y la memoria de un socialismo práctico arcaico.



Parece que empiezan a soplar nuevos vientos, al menos al interior de la Academia Sueca, que anuncian la derrota de una ideología aplastada ya desde hace muchos años por sus actos, empero que sin embargo, cientos aún se resisten a dejar de lado, el fin del socialismo, A mi sencillo punto de vista, pienso que después de Herta Müller, la escritora rumano-alemana, en 2009, en "favor del paisaje de los desposeídos", con excepción del chino Mo Yan, del 2012, o el francés Modiano, del año pasado, esta escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, es justa ganadora de este premio que naciera bajo la iniciativa del propio Alfred Nobel, allá por los años de 1901, premio que siempre ha sido encaminado bajo la obra ideal en todo el sentido humano de la palabra, o como quedaría redactado la noche del 27 de noviembre de 1985, "un elevado idealismo",

Así, "la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, de 67 años, es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015. El dictamen de la Academia sueca destaca "sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo". Escritora y periodista, ha retratado en lengua rusa la realidad y el drama de gran parte de la población de la antigua URSS, así como de los sufrimientos de Chernóbil, la guerra de Afganistán y los conflictos del presente. Es muy crítica con el Gobierno bielorruso.", ha expresado en su edición central el diario El País de España, a través de su portal web, sito, http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/08/actualidad/1444297840_159906.html
Pero, ¿qué significado tiene esto, en el sentido didáctico de la palabra?
Uhm, se me ocurre pensar en dos cosas, a la luz por supuesto de los últimos acontecimientos, al menos de esta parte del mundo.

Primero, que esto se resume en una corta conjetura, a partir de lo plantedo por el diario ABC en su portal web, que el reportaje literario, género que muy bien maneja Alexievich, dada su condición de periodista, relata con toda su crudeza el fracaso de la utopía soviética, y como si fuera una arqueóloga, se sumerge con la ayuda de cientos de entrevistas en los acontecimientos más traumáticos que han marcado la vida del "hombre rojo", o como bien dice ella, «homo soviéticus»,y también "postsoviético" como por ejemplo la participación de las mujeres en la Segunda Guerra Mundial. Así indaga con angustia y sufrimiento sobre el fin de una cultura, una civilización, unos mitos y unas esperanzas, y esto se llama, en una breve frase, "Final del socialismo".

Segundo, que el socialismo real, o socialismo en la práctica, con todas sus taras, clichés y pieles a los que está acostumbrado a echar mano, sí, ese pensamiento tan dañino y lacerador, ha quedado derrotado una vez más esta mañana, con la conseción de este Premio Nobel de Literatura 2015. De allí, que sea necesario definirnos constantemente, ni de derechas, ni de izquierdas, peor aún de centros, solo cuestionadores de nuestras propias consciencias colectivas porque los administradores de los pueblos, los fanáticos redentores, cualquiera sean sus posiciones  o procedencias ideológicas, siempre arrastran con sus decisiones a sus propios pueblos, de allí que cobren vida las palabras de Varlam Shalámov, quien opinaba que «el campo (de trabajo forzado) destruye al hombre, ya que al salir ya no puede seguir viendo, pues cree que el mundo entero es un GULAG», pensamiento que creo convencido que al heredar sus hijos fideístas, siguen el ejemplo de estos monstruosos padres, los viejos socialistas.

Llamados a ejercer la crítica y el cuestionamiento

Finalmente no puedo dejar de expresar mi posición, respecto al hecho de que, si hoy en día, no se es un crítico, un libertario, un contestario, o un pulsómetro de consciencias, entonces, nada o poco sentido tiene la existencia misma para el propio individuo. Por tanto, cobran fuerza las palabras de Alexievich, al decir que, "creímos que nada más con derribar la estatua del fundador (del socialismo), seríamos Europa, errada conjetura. La democracia es un trabajo duro que lleva generaciones». Así, queda demostrado que quienes creemos todavía en la posibilidad de un espíritu nuevo, de una consciencia nueva, no estamos equivocados ni tan alejados de esta ruta en común, el trabajo generacional. Trabajar en vías de una próxima - y mejor- generación, hecho nada sencillo, pero sí, muy necesario a la hora de contemplar el presente inmediato, y creo convencido que para ello, cobran hoy en día con ejemplar urgencia, la presencia de nuevas voces morales al interior de cada una de nuestras propias sociedades. 

Desde Lima, ciudad capital del Perú.
Víctor Abraham.
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FUENTE: Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura http://www.abc.es/cultura/libros/20151008/abci-premio-nobel-literatura-201510081235.html

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