domingo, 1 de noviembre de 2015

Qué está sucediendo con la literatura del Perú...??

Estimado Oscar Rojas Montoya,
Apreciado Ángel Valeriano Saavedra,
Hermanas poetas, hermanos poetas: 

Ha sido un honor para mí compartir esta noche del 31 de Octubre con cada uno ustedes, un mismo escenario, una misma mesa, el mismo sentir guiado por esa misma reflexión también de lo que significa un diario quehacer. Sí, pero sobre todo, y tal vez sea lo que más me alegre en sobremanera, el hecho de saber que estamos en igual ruta, con visión, vocación, convicción y compromiso semejante, mas allá de cualquier individualidad, pasado vivencial y geográfico, o de sueño personal que cada quien pueda anhelar para su propia existencia. Escribo esto, y me alegro mucho de que así sea.

Ahora bien, de que hay una conclusión final, la hay, porque de todo evento, de toda ocasión de encuentro, y al margen de cualquier rango de error (total, somos seres humanos y nos equivocamos), o interpretación ajena, finalmente importa más dicha conclusión, y esta está relacionada con el triunfo del pensamiento, de la constitución mental de nuevos individuos, novedosas reacomodaciones de estructuras de aprendizajes, y aunque no queríamos mirarlo así, al inicio, sabemos hoy que una nueva forma de interpretación literaria, de escritura, está empezando a germinar en el Perú, o más bien diría yo, está retomando la posta de quienes, hace noventa años intentaban hacer: una escritura seria de compromiso, de ética, de lucha, de preocupación por la formación del espíritu y del pensamiento, de la consciencia y la resistencia; una escritura que era capaz de proponer ideas en cualquiera de los campos sociales de intervención humana, y de remecerlos, sino miremos a Vallejo, Mariátegui, Antenor Orrego, José Antonio Encinas, Haya de La Torre, Luis Alberto Sánchez, y más tarde Ciro Alegría, una constelación más que de luminarias, de personas comprometidas con su espacio y su tiempo histórico, a cuya cabeza ineludible no podría ser otra que el enorme anarquista y pensador Manuel González Prada.

¿Qué está sucediendo con la literatura del Perú?

Expreso esto porque una nueva generación de poetas, de artistas, de personas comprometidas con-y-para-la-vida... está empezando a dar luces en este país, a asumir orgánicamente un papel, un papel que por años estuvo ausente, decenios huecos y vacíos donde todo importaba, la jocosidad venida por lenguajes soeces e irrelevantes- nada artísticos ni serios en realidad-, el lucro y la desesperación por la fama y los premios -esto me hace acordar a las palabras que diría el francés Julien Graf, en su Literatura como bluff, "tipos capaces de prodigar su trabajo por una botella de licor o una comida de banquete", la avaricia y la mediocridad editorial que ha terminado por hacer invisible lo visible, o sea la realidad social (escribir esto, me hace pensar no solo en esos grandes aparatos transnacionales, sino en la aparición de pequeños dueños de editoriales que, como una suerte de islas en medio de un inmenso archipiélago de consumo se proclaman, como diferentes cuando en realidad no son sino remedo de estos primeros), la indiferencia de clases sociales, quieren un ejemplo.,.??, allí tienen, estudiantes de institutos y universidades- entre privados y nacionales, entre capitalinos y provincianos-, pequeños y grandes comerciantes creyentes en la fe de la empresa y el emprendimiento que no tiene otro cauce que el entrapamiento sanguinario con los bancos, trabajadores convertidos en hormigas de sobrevivencia -que solo viven para trabajar, para cubrir sus necesidades, no reales sino exageradas, y bueno cumplir medianamente con sus familias-, todo ello, convertido en una escritura sin son ni ton, o como diría Vallejo en su Defensa de la vida de 1926, artistas carentes de vida, de absorción de aire humano, de una suerte de existencia de las que no puede salir mas que una gran técnica en el verso y habilidad de composición, pero en cuanto a contenido vital,, nada.(París, 1926); ello apadrinado por una prensa asolapada y servil dispuesta a cumplir con intereses plenamente creados, intereses netamente empresariales, y nada orgánicos.

Se me ocurre plantear algo, como una suerte de experiencia literaria que está sucediendo en el país, y que este señor Mario Vargas Llosa encabeza , el hecho de manosear la guerra interna del país, capítulo difícil de nuestra historia, y que por decisión de estos señores no puede zanjarse de una vez por todas, y esto es lo que se conoce como terrorismo de los años 80 y 90, expresión impronunciable, y hasta detestable por la "seguridad del Estado", así...claro..., como no?... Lo que pasa es sencillo: si no se ha cerrado hasta hoy por completo este tema de la violencia interna, es porque el poder editorial, político y de prensa no quieren. Viven de esto, de hacer comidilla y de sacar siempre a la luz estos hechos del pasado con imágenes grotescas, so pretexto reportajes en favor del ejercicio de la memoria. (¡Cuánto lucran con ello...!). Coincido con Eduardo Galeano, al afirmar que hay mas bien un problema, un problema grande, y este lo originan las prensas y editoriales, que andan por allí tildando a la gente de terroristas si se oponen al juego que arman los estados seudodemocráticos, porque al final si alguien dice, "Sr, usted es ladrón y corrupto", inmediatamente la prensa dirá, "hay intento de desestabilización", "se van a tirar la economía". Qué tipos estos, malos tejedores de las palabras. Luego, creo que esa palabra "terrorismo", no es más que todo, al menos hoy en día, usada para dos cosas, por un lado, para vender, sino miremos las novelas y relatos ganadores de los concursos literarios que se presentan acá, todo es temática de violencia terrorista, y a veces hasta mal contada, qué estupidez, o bien por otro lado, para intimidar a quien se atreve a reclamar. Dios mío, dónde estamos.

¿Pero, qué ha pasado con la literatura del Perú en los cincuenta o sesenta últimos años? Simple, ha habido una tibia o nula respuesta por parte de nuestros escritores y líderes de opinión, tipos nada serios ni comprometidos salvo con su propio ego y bienestar, pero en cuento a respuesta social, nada. ¿Excepciones?, Por supuesto que hubo excepciones que aparecieron como chispazos personales, como luces individuales, claro está, y que se encendieron en su momento y se apagaron, y no por ello quiera decirse que no tuvieron eje trascendente, sino más bien que el intento de apertura y organización les quedó corto e incompleto (pensar esto, no me hace más que volver a la mirada de Unamuno en cuanto a la existencia humana). Pienso que tal vez no fueron los tiempos aún, no había el espacio necesario que si tuvo por ejemplo, la generación del Centenario a inicios del siglo XX pasado. Yo diría más bien que hablar de Sebastián Salazar Bondy, de Manuel Scorza, de Alejandro Romualdo, de Enrique Congrains, de Miguel Gutierrez, o de Julio Ramón Ribeyro, es hablar de ejes precursores, de claros ejemplos de deber ciudadano que no dudaron nunca de aperturar sus trabajos para orientar la ruta de nuevos derroteros, de nuevas miradas.

Amigos, amigas, poetas y artistas, escritores en general, diremos sencillamente que por lo explicado anteriormente, hoy hay una responsabilidad inmensa, un deber moral grande sobre nuestros hombros, y este es precisamente devolverle a la escritura de nuestro país otra vez, ese sentir humano, provisto de calidez y de apertura, de contenido vital y de pedagogía.

Compañeros, se necesitan nuevas palabras con vida propia, palabras con novedosa sensibilidad capaces de tocar todos los espacios y atender a las distintas miradas, palabras capaces de recorrer y de remecer los campos del saber y del conocimiento social. Recordemos siempre, que la realidad está afuera de nuestros escritorios, de nuestras mesas de trabajo y de creación, está en las calles, en las plazas, en los centros de estudio y debate, en los centros ordinarios de comida y de bebida: la realidad está en la esperanza de la consciencia, en la esperanza de nuestros miles de jóvenes y adolescentes, en la esperanza de una mejor vida ciudadana, y para ello nosotros, sí, nosotros mismos, tenemos las armas necesarias, nuestra crítica, nuestro sentido común y por supuesto nuestro valor y libertad individual.

Muchas gracias.

Víctor Abraham.

Casa de la Literatura. 31 de diciembre de 2015. Lima, Perú.