jueves, 24 de noviembre de 2016

Manifiesto de la sinceridad: formación del compromiso (*)


OPINIONES DE UN PAYASO. INTERNET
En el preciso momento en que su madre le vuelve a insinuar, decepcionada y atónita, a Hans Schnier, sobre qué va a hacer de su vida, y en recíproca orientación, su padre, ante una respuesta nada convencional de "payaso", intenta, en esfuerzos perdidos, convencerlo: "Querrás decir actor — bien — quizás pueda enviarte a una escuela". Ese "¡no…, actor no, he dicho payaso, y las escuelas no me sirven para nada!”, ese ¡no! resulta magistral en los labios de ese muchacho de veintisiete años, porque – para quienes hemos leído Opiniones de un payaso, (1963) – , sencillamente esa necesidad de autoafirmación toma mayor fuerza a partir de allí. Esa furia contenida del padre entonces, y solo escapada por un perdido, "Pero, ¿qué te has creído?", y otra vez esa respuesta del hijo. "Nada", "Nada", fueron puntos claves para afianzar este oficio mío de escritor independiente, libre y crítico que me acompaña ahora, épocas en las que, hasta ese momento, no tenía definido. Fue aproximadamente hace ocho años, y ya había publicado mi primer trabajo de poemas. Por esos días tenía entre mis manos, el libro del alemán Heinrich Böll, autor del citado libro, y por situaciones de la vida, edad coincidida con la del payaso, protagonista de la historia.

EL EXTRANJERO. INTERNET
Al año siguiente, 2009, por los primeros días de ese verano, llegaría a mis manos el trabajo del escritor francés, Albert Camus. Se trataba de un discurso cuyo título era, La misión del escritor, preparado, y pronunciado por este, la noche del 10 de diciembre de 1957, como respuesta de agradecimiento a la concesión del Premio Nobel de Literatura; texto que hice mío, y que jamás aparté de mi mente y mi corazón. Es más, su contenido dio esa estocada final que me faltaba, la rebeldía a lo impuesto, y la necesidad implícita de siempre defender la verdad, ya que en sus palabras, "un escritor no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino de quienes la sufren", y "la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión", quedó cifrada mi más grande enseñanza.

ARCHIPIÉLAGO GULAG. INTERNET.
Llegaron posteriormente, para seguirme nutriendo mental y moralmente: la "escritura decididamente comprometida" del también francés Jean Paul Sartre, los "ejemplos de lucha y resistencia al propio stalinismo soviético, que ese “incompresiblemente” para su tiempo Archipiélago Gulag, (1973), me hizo entender: un nuevo binomio política- escritura", de la mano de su escritor Alexander Solzhenitsyn. Los italianos Luigi Pirandello y Salvatore Quasimodo, con su "pasión por el sufrimiento del alma humana", y esa "visión clara de lo que, en la acción y en la consecuencia, representa un poeta épico", respectivamente me sirvieron de mucho. Más adelante, las "preocupaciones constantes en torno al anarquismo, el sindicalismo, la educación y la libertad en sí misma", escritas por el filósofo, pensador y escritor británico Bertrand Russell me sirvieron del mismo modo para aclarar ciertos conceptos que a mi visión ya tenía como profesor, los cambios estructurales de una sociedad y los movimientos cíclicos operantes en ella.

HERZOG. INTERNET
Por otro lado, leer las páginas de Herzog, (1964), del canadiense de origen judío Saul Bellow, me acercaron a entender la descarnada lucha de "ese profesor que dejándolo todo decide de pronto vivir una vida más real y más consecuente en sintonía con su propia consciencia, en afán de mostrarnos que la humanidad del individuo siempre está latente y que no debe olvidarse jamás en ningún tiempo". El joven poeta español Miguel Hernández, también ha servido de mucho para entender a través de "El rayo que no cesa", (1936), y "Vientos del pueblo", (1937), que "el individuo no está solo en su lucha por devolver la justicia a este mundo, y que ante la sombra de un poeta siempre se levantan otros como instrumentos que ruedan desde la eternidad de la nada hasta los corazones esparcidos".


LA PALABRA DEL MUDO. INTERNET
Entre los últimos escritores comprometidos, José Saramago, portugués, impecablemente "honesto, claro, directo en su decir exactamente cómo pensaba, y consecuente con ese ciudadano que todo escritor es ante todo", y Eduardo Galeano, uruguayo, "noble y extremadamente sencillo, preocupado porque no dejásemos nunca de soñar y de develar los misterio de las cosas chiquitas", también han servido a esa extraña formación mía del desasosiego. Por otro lado, volviendo los ojos a mi país, reconozco que leer parte de esa "creación heroica", de ese pensamiento cifrado en una preocupada expresión "Peruanicemos al Perú", en palabras del mismo José Carlos Mariátegui, o en Julio Ramón Ribeyro, quien a través de sus cuentos, hace lo que es difícil para el artista vivo, "dar la palabra al mudo, aquel que no puede hablar pero está allí, sintiendo, sufriendo, y esperando que alguien imprima su voz misma". Alejandro Romualdo y César Vallejo, también han sido grandes maestros dentro de esta formación mía de comprender que "la solidaridad universal y el amor traducidos a los actos humanos pueden lograrlo todo".

Lima, Perú
Víctor Abraham

(*) Artículo escrito para la revista cultural "Pluma de gallinazo". Editada por la Cámara Popular de Libreros de Amazonas. Lima, Perú.