jueves, 15 de diciembre de 2016

Derecho de declaración

Me escriben que el fujimorismo es sinónimo de ignorancia, y en eso estamos de acuerdo todos. El problema que viene luego entonces es, ¿qué hacemos para erradicarlo?, o mejor dicho, expresado de otra manera, ¿Qué se hace para erradicar una ignorancia? Se me ocurre algo, por ejemplo, y es empezar a trabajar sobre la consciencia crítica de las nuevas generaciones a la luz de los acontecimientos de la historia. Formar e imprimir una nueva dinámica de compromiso y participación ciudadana en ellas, una nueva óptica del cuestionamiento y del rechazo a lo convencional. Puesto que la tendencia al fideísmo, al seguimiento puro e irracional, al conformismo, a la resignación, al qué dirán, aún es muy grande y sumamente notorio y aburrido. Mención aparte, y urgente de análisis, esa extraña relación de codependencia producto de medidas populistas y asistencialistas que en nada favorecen a la ciudadanía.

Foto: Internet
Contarles, por qué no, a esos miles de estudiantes que aún están en las escuelas, o tal vez a nuestros hijos, qué impacto produjo la figura de Alberto Fujimori en el inconsciente poblacional, cómo se construyó este arquetipo. Explicarles cómo influyeron los años comprendidos entre 1990 y el 2000 sobre las memorias colectivas y la dignidad del país, y cómo estos años hiceron que la unidad se desfragmentara, ocasionando el surgimiento de una clase política pésima, carente de valores, cínica y sobre todo convenida. Decirles en qué momento la izquierda abandonó sus valores reales y pasó a formar parte de esa clase inorgánica muerta, discriminadora, aprovechativa, insulsa, que si sobrevive hoy es porque terminó poniéndose de rodillas al servicio de la alta burquesía y las desnaturalizadas ONGs de mercado. Narrarles quiénes fueron los autores y actores de esta degradación degenerativa y sistemática moral del país, quiénes, los beneficiarios; quiénes, los perjudicados; quiénes resistieron y quiénes desaparecieron. Explicarles cuál fue el papel real de la izquierda de aquéllos años y sobre todo qué ganancias alcanzó el neoliberalismo y a expensas de qué; cómo es que cayó ese régimen, y qué posibilidad hay de qué se fortalezca hoy en día.

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Contarles que esa extraña esperanza que hace que algunos jóvenes aún sigan estas propuestas modernas"principistas" (de izquierda) no existen porque fueron fabricadas en el preciso momento en qué se decidió que era mejor vender la idea de una gobernabilidad, y rentabilidad a la lucha de los principios ciudadanos. Jóvenes, entiendan bien, que las épocas de Mariátegui pasaron, junto con las de Haya de La Torre, las de César Vallejo, las de Magda Portal, las de José Antonio Encinas, las de Manuel Scorza, las de Horacio Zevallos, las de Hugo Blanco, todas pasaron, fueron síntomas de una época que dio luz a las generaciones de su tiempo, he dicho de su tiempo, no del nuestro, quienes usan sus rostros hoy, y levantan arengas en sus nombres son vividores de lo que estos hicieron, vividores eternos de la izquierda política y de la cultura "reformista" y "progresista" de este país. Jóvenes, nuestra época es otra, obedece a otros acontecimientos, a otros móviles; ustedes tienen que empezar a crear, a plantear ideas renovadoras, no a seguir las viejas prácticas establecidas.

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Decirles, hoy más que nunca, que vale mucho más una cultura de resistencia, de preparación para el futuro, de rechazo al oportunismo, de estudio, y sobre todo de compromiso individual. Luego, el día en que la nueva gente de este país entienda esto, entonces no solo se habrá derrotado al fujimorismo, sino a cualquier otra tendencia política que intente, en su camino de construcción, hacer escarnio de la ciudadanía, porque el problema no es la práctica política en sí misma, sino los operadores políticos, quienes trabajan, y siguen trabajando, si a esto se llama trabajo decente, para "x gente", o desde "y posición".

Lima, Perú
Víctor Abraham

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