sábado, 30 de julio de 2011

De: Los bosquejos de la luna. Lima. Perú. 2011.(Versos sueltos)



Dios mira la noche,
contempla, sonríe, y vuelve a mirar.
¡Tú, mortal; llora, calla, grita, gime!
Soledad natural.

***


Piedra diamante
Piedra forjada por el golpe violento
Piedra de toque,
alimentada por Hefesto
fuego de mar
Yo pienso
Yo quiero
Yo existo

***


Yo diré -Los quiero-
Diré emocionado. ¡Los quiero!
¡Qué más da, les quiero!
¡Qué más da, emocionado!
Estrellas de polvo, de luna
Estrellas de polvo, emocionado

***
Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda

lunes, 25 de julio de 2011

La concesión del Premio Nobel de literatura de 1934 apenas tiene historia...



La concesión del Premio Nobel de literatura de 1934 apenas tiene historia(...). La propuesta presentada por la Academia Italiana halló acogida unánimamente favorable en el seno de su homónima sueca. El prestigio del candidato-Pirandello-estaba refrendado por el éxito de sus comedias ante los públicos y las críticas más exigentes de Europa.

"... Los problemas psicológicos abordados en su teatro tienen -como apunta certeramente uno de los miembros de la comisión dispensadora de los premios- un trasfondo filosófico, que antes no se había sabido apreciar en su justo valor, de la más honda significación para la existencia del hombre."
Pirandello recibió el premio en el cénit de su carrera artística, dos años antes de morir. La citación dice: "Por su audaz y brillante renovación del arte escénico y darmático de Italia."

Pero Pirandello no sólo es un clásico del teatro, junto al dramaturgo genial, encontramos en él uno de los mejores narradors de nuestro tiempo y un incisivo pensador"

Tomado de: Luigi Pirandello. Obras escogidas. Ediciones Aguilar. España.

***
Extracto del Prólogo de: "Seis Personajes en busca de un autor"

Hace muchos años sirve a mi arte (aunque parece que fuera ayer) una criadita agilísima, y por eso nada primeriza en el oficio.

Se llama Fantasía.

Es un poco despectiva y burlona. Aunque le gusta vestir de negro, nadie le negará que no tiene sus ocurrencias, así como nadie creerá que todo lo hace siempre en serio y sólo de esa manera. Mete la mano en el bolsillo, saca de él un gorrito de cascabeles, rojo como una cresta, se lo pone y desaparece. Hoy está aquí, mañana allá. Y se divierte llevando a casa, para que yo componga relatos, novelas y comedias, a la gente más insatisfecha del mundo: hombres, mujeres, muchachos, vinculados a extraños problemas de los cuales no saben cómo librarse; contrariados en sus proyectos, frustrados en sus esperanzas, y con quienes, en fin, de verdad que es muy fastidioso conversar.

Pues bien, esta criadita, Fantasía, tuvo hace ya muchos años la perversa inspiración o el desafortunado capricho de llevar a mi casa a toda una familia, no sé de dónde ni cómo recogida, pero de quienes ella pensaba que yo habría podido sacar el tema para una magnífica novela.

(...)

¿Qué autor podrá contar alguna vez cómo y por qué un personaje nació en su fantasía? El misterio de la creación artística es el mismo misterio del nacimiento. Puede ser que una mujer, amando, desee convertirse en Madre, pero el deseo por sí sólo, por más intenso que sea, no basta. Un afortunado día ella será Madre, sin advertir de manera precisa la concepción. De igual modo un artista, viviendo, recibe muchos motivos de la vida, y no puede jamás decir cómo y por qué, en determinado momento, uno de estos motivos vitales entra en su fantasía y se convierte en una criatura viva, en un plano de vida superior a la voluble existencia diaria.

Sólo puedo decir que sin saber que los había buscado me encontré delante de aquellos seis personajes, tan vivos como para tocarlos, como para oírlos respirar, que ahora se pueden ver en escena. Y aguardaban, allí presentes, cada uno con su secreta tortura y unidos por el nacimiento y desarrollo de sus mutuos percances, que yo los introdujera en el mundo del arte, haciendo de ellos, de sus pasiones y de sus casos una novela, un drama o, por lo menos, un relato.

Habían nacido vivos y querían vivir.

(...)

¿Qué es, para un personaje, su propio drama?

Cada fantasma, cada criatura del arte, para llegar a existir debe tener su propio drama. Es decir, un drama del cual sea personaje y por el cual es personaje. El drama es la razón de ser del personaje, es su función vital: lo necesita para existir.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda

jueves, 21 de julio de 2011

El romanticismo literario de Allan Poe




Por la noche del mismo día el hombre y su esposa tuvieron que huir de su casa por un incendio, por la mañana él visitó la casa en ruinas y observó que solo una pared quedaba en pie donde había la imagen de un gran gato. Esto le provocó vivir con remordimientos y mal sueño. (de: El gato negro)





“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!" (de: El cuervo)





Me parecía que acababa de despertar de un sueño confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol Berenice estaba enterrada. Pero del melancólico periodo intermedio no tenía conocimiento real o, por lo menos, definido. Sin embargo, su recuerdo estaba repleto de horror, horror más horrible por lo vago, terror más terrible por su ambigüedad. Era una página atroz en la historia de mi existencia, escrita toda con recuerdos oscuros, espantosos, ininteligibles. (de: Berenice)





La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. (de: La máscara de la muerte roja)



-¿No lo has visto? -dijo bruscamente, después de echar una mirada a su alrededor, en silencio-. ¿No lo has visto? Pues aguarda, lo verás -y diciendo esto protegió cuidadosamente la lámpara, se precipitó a una de las ventanas y la abrió de par en par a la tormenta. (...)Era, en verdad, una noche tempestuosa, pero de una belleza severa, extrañamente singular en su terror y en su hermosura. (de:La caída de la casa Usher)



«¡Duerme en paz! Pues el espíritu del Amor reina y gobierna y, abriendo tu apasionado corazón a Ermengarda, estás libre, por razones que conocerás en el Cielo, de tus juramentos a Eleonora.» (de: Eleonora)






Súbitamente, el movimiento y el sonido ganaron otra vez mi espíritu: el tumultuoso movimiento de mi corazón y, en mis oídos, el sonido de su latir. Sucedió una pausa, en la que todo era confuso. Otra vez sonido, movimiento y tacto -una sensación de hormigueo en todo mi cuerpo-. (de: El pozo y el péndulo)
 

 



Porque la luna no luce sin traérme sueños
de la hermosa Annabel Lee;
ni brilla una estrella sin que vea los ojos brillantes
de la hermosa Annabel Lee; (de: Annabel Lee)


¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!(de: El corazón delator)


(...), el escritor se inspira en un caso contemporáneo o bien, en el mejor de los casos, se las arregla para combinar los hechos sorprendentes que han de tratar simplemente la base de su narración, proponiéndose introducir las descripciones, el diálogo o bien su comentario personal donde quiera que un resquicio en el tejido de la acción brinde la ocasión de hacerlo.
(...)Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.(de: Método de composición)

***

Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda

miércoles, 20 de julio de 2011

El último video del Che


A la luz de una vela con que alumbrábamos el mate; las facciones contraídas del obrero ponían una nota misteriosa y trágica. En un idioma sencillo y expresivo contaba de sus tres meses de cárcel, de su mujer hambrienta, de los compañeros comunistas que la policía había fondeado en altamar, o lo habían desaparecido misteriosamente. (…)

Aterido en la noche del desierto acurrucado uno contra el otro, era la representación del proletariado de cualquier lado del mundo. Nos apiadamos de ellos ya que no tenían ni una mísera manta con que taparse y les prestamos las nuestras. Fue ésa, una de las noches en que he pasado más frio, pero también una de las noches en las que me sentí un poco más hermanado con los hombres. (Diarios del Che)

Desde la Civdad de Los Reyes del Perv
Víctor Abraham les saluda

domingo, 17 de julio de 2011

"El gato Negro" Fragmento del cuento de Poe

No espero ni pido que nadie crea el extraño aunque simple relato que voy a escribir. Estaría completamente loco si lo esperase, pues mis sentidos rechazan su evidencia. Pero no estoy loco, y sé perfectamente que esto no es un sueño. Mañana voy a morir, y quiero de alguna forma aliviar mi alma. Mi intención inmediata consiste en poner de manifiesto simple y llanamente y sin comentarios una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de estos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no voy a explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barroques. En el futuro, quizá aparezca alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes, una inteligencia más tranquila, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que voy a describir con miedo una simple sucesión de causas y efectos naturales.
(...)

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por el centro de la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo agarré y, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al instante se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separaba de un golpe del cuerpo; y una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Saqué del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras seguía sujetando al pobre animal por el pescuezo y deliberadamente le saqué un ojo. Me pongo más rojo que un tomate, siento vergüenza, tiemblo mientras escribo tan reprochable atrocidad.
(...)

Yentonces se presentó, para mi derrota final e irrevocable, el espíritu de la PERVERSIDAD. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu. Sin embargo, estoy tan seguro de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano... una de las facultades primarias indivisibles, uno de los sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en los momentos en que cometía una acción estúpida o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que nos enfrenta con el sentido común, a transgredir lo que constituye la Ley por el simple hecho de serlo (existir)? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y ese insondable anhelo que tenía el alma de vejarse a sí misma, de violentar su naturaleza, de hacer el mal por el mal mismo, me empujó a continuar y finalmente a consumar el suplicio que había infligido al inocente animal. Una mañana, a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol, lo ahorqué mientras las lágrimas me brotaban de los ojos y el más amargo remordimiento me retorcía el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivos para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que pondría en peligro mi alma hasta llevarla- si esto
fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del dios más misericordioso y más terrible.
 
Sobre el cuento: "El Gato Negro"
 
El gato negro (título original en inglés: The Black Cat) es un cuento de horror del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, publicado en el periódico Saturday Evening Post de Filadelfia en su número del 19 de agosto de 1843. La crítica lo considera uno de los más espeluznantes de la historia de la literatura.
 
La trama: El protagonista era un hombre de carácter dócil y bondadoso. Convive junto a su esposa y sus animales, afición que comparten. Él tenía más amistad con su gato negro llamado Plutón que con los demás animales, el gato lo seguía a todas partes mostrándole su cariño. Pero esto cambió cuando el hombre empezó a sufrir un cambio en su personalidad por causa del alcohol. Maltrataba a su esposa y animales, excepto al gato que le tenía un enorme respeto, en cambio una noche cuando llegó a casa, le sacó un ojo al gato por mordisquearle la mano, pero esto no fue el final, para acabar con el daño que le hizo al animal, a la mañana siguiente lo ahorcó en un árbol. Por la noche del mismo día el hombre y su esposa tuvieron que huir de su casa por un incendio, por la mañana él visitó la casa en ruinas y observó que solo una pared quedaba en pie donde había la imagen de un gran gato. Esto le provocó vivir con remordimientos y mal sueño.
 
Una noche el hombre descubrió en un bar un gato negro parecido a Plutón, que se llevó a su casa. Pero pronto empezó a sentir odio por el animal. Un día el hombre bajó al sótano de la nueva casa donde vivían, por culpa del gato él casi se cae por las escaleras, así que cogió un hacha para acabar con él. En vez de matar al gato mató a su mujer por intentar impedírselo. El protagonista escondió el cadáver de su esposa dentro de una de las paredes del sótano y sin darse cuenta también al gato, que lo delató con sus gemidos cuando la policía estaba registrando la casa.
 



Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda

miércoles, 13 de julio de 2011

La literatura de Jorge Luis Borges

«Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía.» J.L.Borges




La obra: El aleph es una colección de cuentos filosóficos. Fue publicado en 1949, y reeditado por el autor en 1974. Característico del escritor bonaerense, sus textos hacen uso de una infinidad de fuentes y bibliografías, y mediante ellas reconstruye los mitos y las metáforas de la tradición literaria universal. La obra está compuesta por diecisiete cuentos. He aquí el cuento: La casa de Asterión.

***

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, iii, I.

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridicula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, anadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se posternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. no en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espiritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duremo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canalta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reimos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, asterión. quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La cremonia dura pocos minutos. uno tras otro caen sin que yo me ensangrinte las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadaveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llgaría mi redentor. desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mo oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.

[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para creer inferir que, en boca de asterión, el número catorce vale por infinitos.

***

Sobre el autor:

Jorge Luis Borges fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento humano, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye cualquier tipo de dogmatismo.

Es considerado como uno de los eruditos más grandes del siglo XX, lo cual no impide que la lectura de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrece tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.

Ciego a los 55 años, personaje polémico, con posturas políticas que le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años, Borges siempre soñó con que la posteridad le perdonara sus errores y le concediera la gloria de que se lo recordase por sus mejores textos.

Víctor Abraham les saluda
Desde la Ciudad Capital del Perú

domingo, 10 de julio de 2011

El mundo humanizante de Asturias



Su obra:

El Señor Presidente es una novela de Miguel Ángel Asturias. La narración tiene por objeto la descripción y denuncia de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, sanguinario dictador guatemalteco de la primera mitad del siglo XX y, por extensión de todas las dictaduras latinoamericanas. Pero en otra parte Miguel Ángel Asturias muestra aspectos sociales y políticos de Guatemala, la miseria de ese tiempo. Asturias nos lleva a otra dimensión donde lo mágico con lo real se fusionan y nos entregan esta increíble novela que le ayudó a ser galardonado con un Premio Nobel de literatura.





Fragmento:

Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.

La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían. Ni almohada ni confianza halló jamás esta familia de parientes del basurero. Se acostaban separados, sin desvestirse, y dormían como ladrones, con la cabeza en el costal de sus riquezas: desperdicios de carne, zapatos rotos, cabos de candela, puños de arroz cocido envueltos en periódicos viejos, naranjas y guineos pasados.

(...)

Comidos y con el dinero bajo siete nudos en un pañuelo atado al ombligo, se tiraban al suelo y caían en sueños agitados, tristes; pesadillas por las que veían desfilar cerca de sus ojos cerdos con hambre, mujeres flacas, perros quebrados, ruedas de carruajes y fantasmas de Padres que entraban a la Catedral en orden de sepultura, precedidos por una tenia de luna crucificada en tibias heladas. A veces, en lo mejor del sueño, les despertaban los gritos de un idiota que se sentía perdido en la Plaza de Armas. A veces, el sollozar de una ciega que se soñaba cubierta de moscas, colgando de un clavo, como la carne en las carnicerías. A veces, los pasos de una patrulla que a golpes arrastraba a un prisionero político, seguido de mujeres que limpiaban las huellas de sangre con los pañuelos empapados en llanto. A veces, los ronquidos de un valetudinario tiñoso o la respiración de una sordomuda en cinta que lloraba de miedo porque sentía un hijo en las entrañas. Pero el grito del idiota era el más triste. Partía el cielo. Era un grito largo, sonsacado, sin acento humano.

Los domingos caía en medio de aquella sociedad extraña un borracho que, dormido, reclamaba a su madre llorando como un niño. Al oír el idiota la palabra madre, que en boca del borracho era imprecación a la vez que lamento, se incorporaba, volvía a mirar a todos lados de punta a punta del Portal, enfrente, y tras despertarse bien y despertar a los compañeros con sus gritos, lloraba de miedo juntando su llanto al del borracho.

Ladraban perros, se oían voces, y los más retobados se alzaban del suelo a engordar el escándalo para que se callara. Que se callara o que viniera la policía. Pero la policía no se acercaba ni por gusto. Ninguno de ellos tenía para pagar la multa. «¡Viva Francia!», gritaba Patahueca en medio de los gritos y los saltos del idiota, que acabó siendo el hazmerreír de los mendigos por aquel cojo bribón y mal hablado que, entre semana, algunas noches remedaba al borracho. Patahueca remedaba al borracho y el Pelele —así apodaban al idiota—, que dormido daba la impresión de estar muerto, revivía a cada grito sin fijarse en los bultos arrebujados por el suelo en pedazos de manta que, al verle medio loco, rifaban palabritas de mal gusto y risas chillonas. Con los ojos lejos de las caras monstruosas de sus compañeros, sin ver nada, sin oír nada, sin sentir nada, fatigado por el llanto, se quedaba dormido, pero al dormirse, carretilla de todas las noches, la voz de Patahueca le despertaba:

—¡Madre!...

***

Sobre el autor:

Miguel Ángel Asturias (Guatemala, 1899 – París, 1974) Poeta, narrador, dramaturgo, periodista y diplomático guatemalteco, considerado uno de los protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. El empleo personal que hace de la lengua castellana constituye uno de los mundos verbales más densos, sugerentes y dignos de estudio de las letras hispánicas.

Se graduó de abogado en la Universidad de San Carlos, en Guatemala, donde participó en la lucha contra la dictadura de Estrada Cabrera, hasta que éste fue derrocado. Fundó y dirigió la Universidad Popular en 1922. Ya en ese entonces empezó escribir. Partió luego a Europa, donde vivió intensamente los movimientos y sucesos que la transformaban. Estudió lingüística y antropología maya con Raynaud, y de esa época es su traducción del Popol Vuh, junto con José María Hurtado de Mendoza.

Regresó a Guatemala en 1933, donde ejerció la docencia universitaria, fundó el Diario del Aire, primer radio periódico del país y vivió una agitada vida cultural y académica. En el período revolucionario de 1944 a 1954 desempeñó varios cargos diplomáticos. En 1966 ganó el Premio Lenin de la Paz y en 1967 el Premio Nobel de Literatura. Murió en Madrid el 9 de junio de 1974, pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París.

Para comprender su obra se debe tomar en cuenta el profundo influjo que ejercieron en él tanto la cultura maya como la vida europea. Lo maya se arraiga en la cosmovisión de un mundo que está asentado en un profundo y auténtico pensamiento mágico y que atrapa en sus relatos. Por otro lado, el influjo del surrealismo, la amistad con P. Eluard, el contacto con el Ulises de J. Joyce, son las otras fuerzas que marcan su escritura. Asturias es considerado precursor del boom hispanoamericano por su experimentación con estructuras y recursos formales propios de la narrativa del siglo XX.

Su obra se inserta en la vanguardia literaria y abarca géneros diversos. Según Albízurez Palma, un exhaustivo estudioso de la obra de Asturias: "Como poeta lírico, ha dejado constancia de sus ricas posibilidades en variedad de creaciones, algunas de temas íntimos, otras vinculadas a temas folclóricos, otras políticos, otras con sugestiones mágicas, barrocas y de sorprendente fuerza imaginativa. Como dramaturgo, creó un teatro tocado por el realismo mágico, denso en significación humana y de notable poderío verbal. Como narrador, Asturias alcanzó su máximo prestigio. Sus novelas y cuentos revelan una apasionada y subjetiva captación de la realidad en diversas facetas: la tragedia de las dictaduras, el mundo mágico del indígena, el mundo de magia y ensueño de la niñez, las tradiciones de Guatemala, en sus novelas asoman los influjos entremezclados de diversas tendencias, movimientos y corrientes literarias".



Un gran saludo a los hermanos guatemaltecos por tan significativo aporte a las letras hispanas.
Desde la Civdad de Los Reyes Del Perv.
Víctor Abraham les saluda

jueves, 7 de julio de 2011

La llamada a crear conciencia joven: Nuevas generaciones.

Para todo joven artista las ilusiones positivas son el motor de su vida. Son las utopías las que permiten nuestro crecimiento y es en el día a día donde nos forjamos y aprendemos. Las lecciones son cada vez más enriquecedoras si van precedidas por fuertes emociones, sean positivas o negativas. No es esto lo importante, sino el nivel de intensidad con que las haga vibrar. Artistas los hay. Existen, yacen en su lejanía y crecen en diversos puntos. He dicho los hay en toda su calidad.

Nuestros lazos siempre serán los mismos: el deseo del arte, de ver nuestras esperanzas utópicas cada vez más reales. Somos generaciones que nos formamos en nuestras andanzas y nos perfeccionamos con nuestros conocimientos adicionales como el pulir lo ya manejado. Recurramos a los enormes y talentosos artistas que nos antecedieron y aprendamos de ellos. Hoy somos ese mensaje claro de luz y voluntad. Mañana serán otros los que sigan nuestro arte. Cada generación inspira a su menor hemana generacional, la alimenta, ya que cuando a ésta, hoy fresca adolescencia, le llegue su momento de estar al frente de sus otras menores harán lo mismo; esto será posible si hoy les enseñamos a hacerlo.

Somos nosotros los llamados a aportar y dejar mensaje de ejemplo a nuestra adolescente generación que nos precede, sean nuestros hermanos pequeños, alumnos, familiares, amigos o simplemente pequeños vecinos; de ellos es el futuro, claro está guiados por lo que logremos. Apostemos por ellos. Apostemos por nuestros muchachos. Un saludo a todos mis contemporáneos y a los que me preceden. Los llevo en mi corazón.

Insto a mi generación contemporánea a seguir adelante, conocidos o aún desconocidos, lejanos o distantes, no importe su profesión o su ocupación dando muestras de noble ejemplo y noble moral.

Desde la Civdad de Los reyes del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

Víctor Abraham les saluda

domingo, 3 de julio de 2011

Música ligera de Soda stereo



***

Sobre el recordado grupo argentino y su tema principal:

"De música ligera" es una canción y sencillo creada por Gustavo Cerati e interpretada por la banda argentina Soda Stereo, es uno de los temas más conocidos, populares y emblemáticos del grupo, cuya influencia musical ha sido notable en la historia del rock latino desde hace más de dos décadas y que es considerada un himno del rock latino y del Rock en español. Fue lanzada como tema Nº 6 del álbum Canción Animal, que salió a la venta el 20 de diciembre de 1990, considerado la obra maestra del grupo. Precisamente la letra habla de esta secuencia de sonidos (Música ligera). Ha sido considerado el 2º mejor tema de la historia del rock hispanoamericano y 4º mejor tema del Rock latino como del argentino.

Fue con esta canción con la que Soda Stereo culminó el legendario último concierto de la banda (El Último Concierto), tras el cuál la banda se separó luego de 15 años juntos. Al finalizar el tema, Cerati, evidentemente emocionado, dió un agradecimiento a todos los fanáticos y colaboradores que, de una u otra forma, hicieron posible su éxito y al finalizar pronunció la emblemática y - y a partir de ese momento - famosa frase, "gracias... totales". Este momento es recordado como uno de los más emocionantes de la historia de el rock latino y la música latina en general de todos los tiempos.

Desde la Civdad de Los Reyes del Perv.
Víctor Abraham les saluda