sábado, 30 de junio de 2012

Manifiestos de la palabra honrada

Manifiesto de la verdad y la libertad

Escribió una vez  José Saramago entre otras cosas,  antes de morir,  y que a propósito sirvió de contraportada para uno de sus libros póstumos, la siguiente expresión: " el escritor tiene que decir quién es y qué es lo qué piensa.”  Frase muy certera, puesto que llega el momento en que uno mismo debe empezar a cuestionarse, a analizarse, a darse cuenta qué está haciendo, y que está logrando. A entender cuáles son sus motivaciones, y cuáles son sus temores.  A aceptar sus virtudes y a encarar sus defectos. Tarea harta difícil, por el hecho de no existir la perfección, sí, la bondad esperanzadora de los actos. Pues debo admitir que sólo cuando se tiene el conocimiento propio y el control sobre sí mismo es probable alcanzar la profundización no sólo del cuerpo, sino también la del espíritu, de allí que una de las opciones para encontrarse consigo mismo sea la profundización.

Siempre ando diciendo tercamente que somos instantes de un tiempo nada más, que somos instrumentos de una obra mayor, que la honestidad y verdad son secretos del artista, que somos lo que somos, que lo demás es lo de menos, que es necesario un cambio generacional, una mayor apuesta por los niños, por los adolescentes y por los jóvenes, que la libertad tiene caminos únicos e indivisibles que nos empujan a rechazar patrones que van contra nuestros propios códigos de verdad, que debemos ser rebeldes, rebeldes honestos, que vale más crear y proponer que obedecer y seguir, que el diálogo y la comprensión son ante todo las mejores armas, y que la defensa de nuestra convicción es nuestra mayor carta de presentación ante esta realidad que nos envuelve. Pienso que el pensamiento dibujado tras estas afirmaciones son lo que en parte pueda comprender hoy en día acerca de esa misión y compromiso como ser humano en esta vida, luego de muchos intentos de análisis, idas y vueltas, acciones y decepciones, aciertos y caídas, en fin experiencias que son posibles de trascender cuando están fundamentadas en el estudio, la comprensión y las buenas lecturas que moldean en suma nuestra personalidad.

Luego, la personalidad del individuo está definida por la vivencia diaria, y por el constante aprendizaje teórico de leyes y fundamentos, pues ambos aspectos confluyen en contextos determinados que se llaman espacios temporales donde aparecemos, donde vivimos, donde nos movemos, donde amamos  y donde nos posicionamos, espacios que exigen luchas, buenos estados motivacionales, diálogos, comprensiones, pero sobre todo una búsqueda firme y constante de libertad y equidad.

Manifiesto del pensamiento soñador

Soy un hombre que juega con las palabras, un hombre que cree en el poder de ellas. Un hombre que le enseñaron desde pequeño que su patria era el Perú, y sin embargo veinticinco años después se tuvo que dar cuenta que su patria no sólo estaba definida por un territorio geográfico, sino por un territorio humano, un territorio colectivo, porque debo entender, y así lo entiendo desde entonces que donde haya un ser humano vivo allí habrá patria, una patria humana diría yo. Un hombre que sueña, que sueña una realidad mejor y distinta a la que hoy vive, sin descuidar por supuesto el aquí y el ahora.

Por otro lado, cuando uno sueña, no busca pintarle a los demás ideas inexistentes, sino realidades existentes. Cuando uno sueña, no habla o piensa sólo en la posibilidad de diseñar un mundo mejor, qué es la razón de ser de un soñador, sino en prepararlo cada día juntamente con quienes le rodean, prepararlo cada día, cultivarlo cada día con fe y decisión, con palabras que remuevan el corazón. Ya dije una vez, pensar con la razón y el entendimiento, pero elegir con el corazón sincero.

Sobre el estilo y el método de trabajo


Lo interesante aquí sería definir cuál es ese estilo de trabajo que se plantea a sí mismo un escritor -cualquiera sea su dimensión, como poeta, narrador, dramaturgo, o ensayista-, no basta la tensión y la intención ni siquiera los elementos y recursos de estilo, ni las formas importan tanto, es necesario que sepa así mismo hacia donde apunta su personalidad, y eso sólo es posible de determinar cuando uno encuentra en sí mismo su propia filosofía de vida producto de las experiencias vividas, eso es tan importante como encontrar el método de trabajo para la creación porque no basta la emoción de escribir, sino ¿bajo qué forma escribir y qué método usar?, total, los elementos y las formas giran en torno a la personalidad original del escritor, y esta personalidad solo se constituye finalmente cuando hay de por medio- como ya dije-, una filosofía de vida, entonces allí el oficio de escribir recién puede desarrollarse. Para mí, los principios espirituales de mi niñez marcados fuertemente por las lecturas de la biblia, las experiencias diarias de maestro, los viajes planificados y no planificados, los sitios donde he vivido esporádicamente (entre ellos, Buenos Aires del Perú, lugar de mi infancia), la convivencia con todo tipo de personas - y su aceptación o no aceptación-, las lecturas de Aleixandre, Pirandello, Sartre, Camus, Bellow, Solzhenitsin y Böll en mis momentos solitarios, mis acercamientos a los planteamientos filosóficos de Kierkegaard traducidos en un existencialismo espiritual, mi propia inclinación al psicoanálisis y al humanismo psicológico de Maslow han dado forma a esas particularidades mías de escribir: la sensibilización, el desasosiego, la rebeldía, la fe, la franqueza, el cuestionamiento total, la no aceptación, todas, peculiaridades todas y mías unidas bajo un sólo método silencioso de trabajo: el existencialismo. 


Manifiesto del trabajo diario

Mi trabajo es describir la realidad no por el mero hecho quejoso, sí, reflexivo. No persigo más allá que mis palabras no puedan generar algún día con ambición: ese cambio, ese cambio de espíritu generacional, ese cambio de esto que daña y corroe a los individuos; en todos casos asumo para tal fin una crítica con el fin de evitar que más personas sigan viviendo sumidos en la pasividad y la insensibilidad de lo mismo. (Algo muy distinto a no saber cómo hacer las cosas.) Sé muy bien lo que quiero y lo que busco. Me proyecto, todos los días proyecto lo que pienso. 

Mi trabajo no se orienta a un propósito “congraciador” propiamente estético y simplista, donde se aclama con palabras difusas a una belleza física que en realidad no existe- salvo la del alma-, sino a propósitos románticos – en la acepción ideal más amplia de la palabra- donde el corazón y la buenas intenciones se baten a diario en decepciones y en problemas sentimentales, donde  el enamoramiento, sentimiento que obra sobre nuestra voluntad y que alimenta la esperanza de encontrar personas nobles, es tan vital como nuestra fuerza esperanzadora de cambiar muchas cosas de este sistema. Tal vez, por esto sea que el enamoramiento nos cambie a nosotros primero más de lo que imaginamos antes que podamos vernos cambiando al mundo. 

Mi arte va más allá. Mi comprensión del mundo va más allá, va a una marcada realización y reafirmación por definirme y redefinirme cada día, por evolucionar cada día – y tal vez más que evolucionar con esta realidad, evolucionar con lo que pueda significar más adelante-. Mi trabajo va encaminado a sugerir cada día nuevas definiciones en las demás vidas ajenas, un trabajo orientado a una motivación a favor de la esperanza. Mi compromiso está referido a la comprensión del espíritu y a la búsqueda de un diálogo justo  y coherente. Tal vez la igualdad como concepto, no pase de estar enmarcado como una categoría puramente utópica de la mente, algo intangible o irreal, que no es posible de concreción alguna; sin embargo pienso que es necesario alimentar este concepto en nuestra consciencia y las de los demás, o suponer - en el mejor de los casos- que existe para hacer más llevadera esta vida. Tanto justicia, igualdad y equidad son ejercicios trascendentales del proceder humano para alcanzar una mayor convivencia. Pienso que hoy más que nunca se hace necesario, muy necesario que asumamos con mayor valentía estos valores.

Por otra parte, debo aceptar que no distingo religión si hacer el bien es más justo y gratificante. Anoche alguien refirió muy bien que el compromiso y el estudio son pilares para la realización diaria, creo en esto también, sólo que a mi modo. Pienso que ante todo está el respeto y las buenas opciones para generar un bienestar, ya sea en intención o en proceder. Total estamos para compartir y enseñar. La soledad y la indiferencia en muchos casos son difíciles de entender y de asimilar, sea tal vez por esto que la soledad no sólo conlleve a la meditación personal, sino a desarrollar según Thomas Mann: “pensamientos más confusos y más intensos, más graves, más extraños, más originales y atrevidos.”  A comparación -pienso- de la indiferencia, que nos muestra siempre los lados más sórdidos del alma humana.

En realidad, creo convencido que el escritor escribe para un colectivo mayor, al margen de ser o no comprendido. ¿Quién en realidad es comprendido a cabalidad? Las escasas explicaciones y difusos cuestionamientos internos que hace el artista- sea escritor, músico, pintor, qué sé yo- de su vida quedan resumidas a eso, a simples explicaciones y especulaciones, que jamás son descifradas. Quedan sumidas a preguntas sin respuestas, a acertijos sin soluciones, a falacias ambiguas que sólo pueden ser resueltas al final de la vida, cuando ya la reflexiva experiencia es superior a la joven impaciencia.


Manifiesto de la elección

Me equivoqué una vez, y debo ser justo en aceptarlo con el fin de tomar un rumbo nuevo, hace mucho tiempo creí ser un escritor de izquierda. Me definí como un hombre de izquierda, sin embargo me he dado cuenta que esto no es así. Mi comprensión me ha llevado a determinar que no debe ser así, aunque mi intención fue buena, sin embargo creo que no era suficiente. No, no considero que un escritor deba inclinarse a una derecha o a una izquierda determinada, y más orientar sus palabras para llevar a otros a su decisión. No, no considero que un escritor para expresar lo que piensa y defender lo que cree tenga que situarse en uno de esos extremos. Así no funciona el desarrollo de la vida, ya que estas denominaciones: de derecha o de izquierda,  salvo como categorías conceptuales, no existen en la sociedad. Sí existen sus actos y sus elecciones y las consecuencias que se desprenden de estas elecciones, de sus creencias, en fin de todo lo que acarrea. La mal llamada derecha y la mal llamada izquierda dividen al mundo quizás más de lo que ya la han dividido sus hemisferios geográficos. Generan en los hábitos humanos rencor, no cooperación, choque de fuerzas por imponer su propia verdad y poder sobre otros, generan discusiones, víctimas, atrasos,  hasta temo que algún día puedan desatar guerras de exterminio como en el pasado. Creo que los buenos hombres y las buenas mujeres dejan más que clichés nominativos, actos de justicia y de amor, actos de solidaridad y de compromiso diario, actos de valentía y terca creencia en la buena fe, actos de lucha en su incansable defensa por llevar a cuestas sobre los hombros y sobre sus vidas lo que piensan. Soy un escritor, un escritor humanista, un escritor humanista social.


Manifiestos de la esperanza


Finalmente, quiero dejar por escrito a los hombres y mujeres de mi país que hoy más que nunca necesitamos tener a los 30 millones de peruanos unidos bajo un mismo objetivo y bajo un mismo pensamiento. Necesitamos familias comprometidas con sus miembros integrantes; necesitamos grupos sociales más predispuestos al diálogo que a la confrontación; necesitamos escuelas que promuevan la investigación, la invención, el buen estudio, pero sobre todo los espacios de libertad necesarios para formar individuos conscientes de su propia libertad; necesitamos organizaciones políticas que se levanten como escuelas de ciudadanía y liderazgo, más que de ideologías partidarias y mezquinas; necesitamos una comunidad de migrantes peruanos en el exterior más solidaria, desde embajadores de todo tipo hasta obreros asalariados que proyecten buena imagen para nuestra comunidad afuera; necesitamos que esos miles de jóvenes que conforman esa gran población económicamente activa de nuestra sociedad sigan aportando con su trabajo diario al crecimiento económico sostenible del país, pero también dejando ejemplos firmes en nuestras nuevas generaciones: en esos niños y adolescentes que hoy están en la escuelas. Necesitamos dejar de lado todas nuestras creencias y estereotipos de discriminación que en la práctica real siempre están presentes, así como esas falsas creencias sobre el hecho de que Dios sólo está presente en los altares y no en los hombres mismos, porque es necesario- y urge hoy-  creer en un Dios cercano, y amigo de los hombres y mujeres, no lejano a ellos. Necesitamos que esos pensamientos adolescentes constructivos y rebeldes circulen con más fuerza en las redes sociales, que circulen sus frases, sus canciones, sus pareceres hasta liderar poco a poco la opinión pública joven, porque hay muchos, muchísimos, y pienso sin temor a equivocarme, que mientras más jóvenes y frescos sean estos aportes, mayor será la esperanza de los adultos.


jueves, 28 de junio de 2012

El húngaro Imre Kertész: Premio Nobel de Literatura 2002

 ...yo morí una vez, así que podría vivir. Tal vez esa es mi verdadera historia. Si es así, dedico este trabajo, que nace de la muerte de un niño, a los millones que murieron y a aquellos que aún recuerdo. Pero, puesto que estamos hablando de literatura, después de todo, el tipo de literatura que, a juicio de la Academia, -es también un testimonio y  mi trabajo- puede servir a un propósito útil en el futuro, y este es finalmente el deseo de mi corazón. Cada vez que pienso en el impacto traumático de Auschwitz, me insisten la vitalidad y la creatividad de las personas que viven hoy en día. Por lo tanto, al pensar en Auschwitz, reflexiono, paradójicamente, no en el pasado sino el futuro.

 Conferencia Nobel. Estocolmo, 7 de diciembre de 2002.

 ***

" Cuando salía para la escuela, también mi madrastra se sinceró conmigo. Estábamos a solas, en la entrada de casa y me dijo que en aquel día tan triste para todos nosotros esperaba "contar con un comportamiento adecuado" por mi parte. No sabía qué responderle, así pues no dije nada. Quizá haya interpretado mal mi silencio, porque continuó diciéndome que no había querido herir mi sensibilidad y que sabía que su advertencia era, en realidad, innecesaria. Estaba segura de que yo, un muchacho de quince años, era perfectamente capaz de calibrar la "gravedad del golpe que habíamos recibido"; ésas fueron sus palabras. Asentí con la cabeza y vi que con eso le bastaba. Entonces, hizo un gesto con la mano, y temí que fuera a abrazarme. No lo hizo, se limitó a soltar un largo y profundo suspiro entrecortado. Me di cuenta de que sus ojos se ponían húmedos; me sentí incómodo. Después, me dejó ir. Fui andando desde la escuela hasta el almacén. Era una mañana limpia y tibia para ser el principio de la primavera. Hubiera podido desabrochar mi abrigo, pero desistí: la ligera brisa podía haber hecho que las solapas hubieran ocultado de manera antirreglamentaria mi estrella amarilla. "

De: Sin destino (1975)



Sobre el escritor:

Escritor húngaro nacido en Budapest en 1929, vástago de una familia judía. Contaba 15 años cuando fue deportado al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. El año 1945 fue liberado del campo de exterminio de Buchenwald. Siguieron después 15 años, hasta que Imre Kertész comenzó a trabajar en la novela Sin destino (1975). Cuando, después de diez años, concluyó el manuscrito, había escrito una de las obras literariamente más destacadas sobre el llamado holocausto, una obra maestra estremecedora y al mismo tiempo provocadora. Trabajó inicialmente como periodista, pero el diario para el que escribía fue declarado en breve tiempo órgano del Partido Comunista, y él fue despedido el año 1951.

Ha escrito musicales y piezas amenas para la escena teatral, y después de publicar su libro Sin destino comenzó a trabajar como traductor. Ha traducido al húngaro a Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud, Hugo von Hofmannsthal, Elías Canetti, Ludwig Wittgenstein, Joseph Roth, Arthur Schnitzler, Tankred Dorst y otros muchos. El prestigio de que goza Imre Kertész es fiel reflejo del expresivo vigor filosófico con el que se enfrenta a la vida. Cuenta entre los escritores del presente siglo que han devuelto a la tarea narrativa su honda seriedad vital. El no quiere emplear para sus narraciones la levedad de la invención poética. Conoce bien la gravedad de un relato que no se aparta de la vida, sino que permanece firme ante ella, plena de inquietud existencial y de tensión intelectual. La terrible experiencia del campo de exterminio constituye el horizonte de su incansable meditación. Hay que tomar también en serio a Imre Kertész en sus nocturnos paseos intelectuales. Este escritor no gusta de filosofar a la luz diurna de los tratados lógicos o ensayísticos. Prefiere a ella la oscuridad protectora y reveladora propia de la narración. No será posible superar la consternación que se apodera del lector cuando recorre las páginas de Sin destino, si acaso, reprimirla. Pero si aprenderá a comprenderla si está dispuesto a seguir a Imre Kertész en su línea de pensamiento. 

Sus novelas son una reflexión profunda de toda una vida, y muy cercana a esta, sobre el destino y la falta del mismo, sobre la libertad y la angustia de sobrevivir, sobre el sistema y la moral. Sin destino, es una de las obras más importantes de la literatura europea de este siglo. Ha escrito también, la novela El fracaso (1988), Un instante de silencio en el paredón (1998) y Kaddish para un niño no nacido (2001), así como el Diario de la galera (1992) y el diario Yo y el Otro (1997). En el año 2002 fue galardonado con el premio Nobel de literatura, siendo el primer escritor húngaro que lo consigue.

***
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 27 de junio de 2012

Fiódor Dostoievski: El escritor del realismo ruso



El hombre es un misterio, hay que resolver el misterio y si uno pasa la mayor parte de su vida intentando resolver el misterio: no diran que ha perdido el tiempo.

De: Carta a su hermano (1839)

 ***

" A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado. Se levantó bilioso, irritado, de mal humor, y consideró su habitación con odio. Era una jaula minúscula, de no más de seis pies de largo, y tenía un aspecto miserable con su papel amarillento y lleno de polvo colgando en jirones de las paredes.
(...)
Le dió el golpe precisamente en la mollera, a lo que contribuyó la baja estatura de la víctima. Enseguida, le hirió por segunda y por tercera vez, siempre con el revés del hacha y siempre en la mollera. La sangre brotó cual una copa volcada, y el cuerpo se desplomó hacia delante en el suelo. El se echó atrás para facilitar la caída y se inclinó sobre su rostro: estaba muerta. Las pupilas de los ojos, dilatadas, parecían querer salírsele de sus órbitas; la frente y la cara muequeaban en las convulsiones de la agonía.
(...)
¿Donde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!
"


De: Crimen y castigo(1866)

***

Me gustaría hacer referencia a un asunto. En el número de octubre, informaba del suicidio de la hija de un emigrante: ‘Empapó un algodón en cloroformo, se lo llevó a la cara y se acostó en la cama. Así murió. Antes de morir escribió una nota: “Me apresto a emprender un largo viaje. Si el intento no sale bien, que se reúnan para celebrar mi resurrección con copas de Clicquot. Si sale bien, ruego que no me entierren hasta que esté muerta del todo, pues resulta muy desagradable despertarse en un ataúd bajo tierra. ¡No es nada chic!.” El señor N.P., lleno de arrogancia, se enfada con esa suicida “frívola” y saca la conclusión de que su acto “no es digno de la menor atención”. De buenas a primeras añade: “Me atrevería a afirmar que una persona que desea festejar su vuelta a la vida con una copa de champán en la mano, no ha sufrido mucho en esta vida, cuando la retoma de manera tan solemne, sin alterar sus costumbres y sin pensar siquiera en ellas…”


¡Qué idea y qué razonamiento tan ridículos! Lo que más le ha fascinado es el champán. No obstante, si le hubiera gustado tanto el champán, habría seguido viviendo para beberlo, pero lo que hizo fue referirse a él antes de morir, antes de morir de verdad, sabiendo muy bien que seguramente iba a morir. No podía tener mucha confianza en sus posibilidades de volver a la vida, y además esa eventualidad no le ofrecía ningún atractivo, porque en su caso volver a la vida significaba enfrentarse a un nuevo intento de suicidio. Aquí el champán no significa nada; seguramente no tenía la menor intención de beberlo… ¿De verdad es necesario explicarlo? Mencionó el champán porque, antes de morir, deseaba permitirse una extravagancia abyecta y repugnante. Eligió el champán porque no pudo encontrar un cuadro más abyecto y repugnante que una borrachera para celebrar su “resurrección de entre los muertos”. Necesitaba escribir algo así para cubrir de barro todo lo que dejaba en el mundo, para maldecir la tierra y su propia vida, para escupir sobre ellas y dejar constancia de ese escupitajo a sus deudos, a quienes abandonaba. ¿Cómo explicar tanto rencor en una muchacha de diecisiete años? ¿Y contra quién iba dirigido ese rencor? Nadie la había ofendido, no tenía necesidad de nada; se diría que murió también sin ningún motivo. Pero es precisamente esa nota, es precisamente el hecho de que en un momento semejante estuviera tan interesada en permitirse una extravagancia tan abyecta y repugnante, es precisamente todo eso lo que lleva a pensar que su vida había sido incomparablemente más pura de lo que sugiere esa ocurrencia abominable, y que el rencor, la inmensa amargura de su ocurrencia, testimonian, por el contrario, los sufrimientos y las torturas a que estaba sometida su alma, así como la desesperación del momento postrero de su vida. Si se hubiera dado muerte llevada de cierto apático hastío, sin saber muy bien por qué, no se habría entregado a esa extravagancia. Para analizar esa disposición de espíritu es necesario adoptar una actitud más humana. En este caso, el sufrimiento es evidente, y no cabe duda de que murió de angustia espiritual, después de muchos tormentos. ¿Cómo pudo atormentarse tanto una criatura de sólo diecisiete años? Pero ésa es la terrible cuestión de nuestro tiempo. He avanzado la hipótesis de que murió de angustia (una angustia demasiado precoz) y del convencimiento de que su vida carecía de sentido… y que ambas afecciones eran consecuencia exclusiva de la depravada educación que recibió en casa de sus padres, una educación basada en un concepto erróneo del sentido supremo y los objetos de la vida, que destruyó deliberadamente en su alma cualquier fe en su inmortalidad. Todo eso no pasa de ser una hipótesis personal, pero lo cierto es que no pudo quitarse la vida con la única intención de dejar esa miserable nota y asombrar a la gente, como parece sugerir el señor N.P. "

De: Diario de un escritor (1873 - 1881)


***



Sobre el autor: Dostoievski fue un novelista ruso, uno de los más importantes de la literatura universal, que escudriñó hasta el fondo de la mente y el corazón humano. Su narrativa ejerció una profunda influencia en todos los ámbitos de la cultura moderna. Su infancia fue bastante triste y, cuando contaba sólo diecisiete años, su padre, que era un médico retirado del ejército, le envió a la Academia Militar de San Petersburgo. Pero los estudios técnicos le aburrían y, al graduarse, decidió dedicarse a la literatura. 

Al regresar a San Petersburgo, Dostoievski retomó su carrera literaria, lanzando una publicación mensual en colaboración con su hermano Mijáil, llamada Vremya (Tiempo). En ella publicó, en capítulos, Memorias de la casa muerta, al igual que Humillados y ofendidos (1861). En esta melodramática historia, muy apreciada por los lectores debido a su compasivo tratamiento de los desheredados, el autor ruso presenta por primera vez el tema de la redención y del logro de la felicidad a través del sufrimiento. Su primer viaje al extranjero, un deseo que había acariciado desde mucho tiempo atrás, quedó reflejado en Notas de invierno sobre impresiones de verano (1863), ensayo en el cual describe la mecánica monotonía de la cultura de la Europa occidental.

Cuando la revista fue cerrada, por un artículo supuestamente subversivo que se publicó en ella, los dos hermanos se embarcaron, en 1864, en el proyecto de Época (Epoja) otra revista de corta vida. En ella se publicó el comienzo de la única novela filosófica de Dostoievski, Memorias del subsuelo (1864). Esta obra, considerada como el prólogo a las obras mayores de su autor, es un autoflagelante monólogo en el que el narrador, un rebelde contrario al materialismo y al conformismo imperantes en la sociedad, constituye el primero de los antihéroes enajenados de toda la historia de la literatura moderna. Tras la larga enfermedad y muerte de su mujer en 1864, y la de su hermano, cuyas deudas financieras se vio obligado a pagar, quedó prácticamente en la ruina. A cambio de un préstamo, se comprometió con un poco escrupuloso editor a cederle todos los derechos de sus obras si no le entregaba una novela completa en el plazo de un año. Dos meses antes de cumplirse ese plazo, le presentó El jugador (1866), basada en su propia pasión por la ruleta. Para transcribir esta novela había contratado los servicios de una mecanógrafa, Anna Snitkina, con la que se casaría poco después, y con la que alcanzaría felicidad y satisfacción.

Dostoievski se pasó los siguientes años fuera del país, para escapar de los acreedores. Fueron años de pobreza, pero de gran creatividad. Durante este periodo, consiguió finalizar Crimen y castigo (1866), que había comenzado antes que El jugador, y Los endemoniados (1871-1872). Cuando regresó a Rusia, en 1873, había obtenido ya el reconocimiento internacional. Su última novela, Los hermanos Karamazov (1880), la completó poco antes de su muerte, acaecida el 9 de febrero de 1881 en San Petersburgo. Sobre estas cuatro últimas novelas, en las que Dostoievski traslada a sus narraciones los problemas morales y políticos que le preocupan, descansa el reconocimiento universal. En Crimen y castigo, probablemente su mejor novela, un estudiante pobre, Raskolnikov, asesina y roba a una vieja avara a la que considera un parásito, con el fin de destruir esa vida que le parece miserable y salvar la de sus familiares, sumidos en la indigencia. Atormentado por su culpa y su aislamiento, termina por confesar y por redimirse espiritualmente. El tema principal de esta novela es un análisis sobre si un ser, que se ve como un individuo extraordinario, tiene derecho a quebrantar el orden moral. En cambio, el protagonista de otra de sus novelas, El idiota, es un personaje mesiánico, concebido por el autor como el paradigma del hombre bueno. El príncipe Mishkin irradia sinceridad, compasión y humildad, y se convierte en un defensor público de estas virtudes, pero es derrotado finalmente por sus propios odios y deseos. Los endemoniados es una novela sobre un grupo de conspiradores revolucionarios que usan tácticas terroristas para conquistar sus metas. El protagonista, Stavrogin, es un personaje demoníaco y autodestructivo, con una ilimitada inclinación hacia la crueldad. Los hermanos Karamazov, considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura universal, constituye la expresión artística más poderosa de la habilidad de Dostoievski para traducir a palabras sus análisis psicológicos y sus puntos de vista filosóficos. 


La gran aportación de Dostoievski a la literatura universal consistió en dar un nuevo enfoque a la novela según el cual el narrador ya no está fuera de la obra relatando acontecimientos más o menos ajenos a él, sino que su presencia se manifiesta con voz propia, como si de otro personaje se tratara.

Extraído de: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1660


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 22 de junio de 2012

Formadores de actitudes, no preparadores de aptitudes. Fragmento del prólogo del libro: "Las actitudes científicas"

(*) Siempre escucho decir, se requiere mayor tecnología operativa y mayor presupuesto a cuestiones netamente investigadoras, como estudios profundos de ingeniería, medicina, ciencia ambiental, y técnicas de exportación e importación. Se necesita mayor presupuesto para los sectores judiciales, y hasta para los sectores vulnerables- cosa paradójica, dado que estos sectores se hacen vulnerables precisamente porque no hay atención especial a su educación y desarrollo temprano-. Escuelas dotadas de poco o nada que signifique valor académico y formativo, salvo construcciones externas y equipos multimedia frívolos que en nada contribuyen a reducir el bajo nivel de desarrollo cultural. No hay una atención real al problema, que es en realidad la desatención generalizada a la parte formativa, cultural y cognitiva de los niños, niñas y adolescentes. Todos están preocupados en tantas cosas, de carácter más de forma que de fondo. Bajo esta óptica, sólo grupos privilegiados – y debo reconocer aplaudibles y respetables por la forma en cómo se dirigen institucionalmente- acceden al desarrollo real y por ende a aprendizajes significativos. Pero, nuestra realidad es otra, qué pasa con el común general, qué sucede con los otros alumnos, aquellos que no pueden acceder por medios socioeconómicos a estos tipos de formación. Esto hace pensar que la gran mayoría sólo se dedicaría a “practicar por practicar” sin tomar en cuenta la vital importancia que tendrían entonces sus resultados, esto muchas veces producto de la escasez de materiales y profesores que no cuentan con una verdadera formación en el campo de investigación, y no teniendo en cuenta que la educación es comprensión más no un activismo.

Como ya dije sólo algunas escuelas experimentales y particulares cuentan con una infraestructura adecuada y materiales educativos apropiados para satisfacer las inquietudes de sus estudiantes, sin embargo poco o nada hacen para estimular aquello, ya que prima más el aspecto lucrativo y comercial, asumiendo ante todo roles de una “Escuela-Empresa” más que de una “Escuela-Esencia”. Y aunque en estos centros de formación se trabajara esta segunda premisa “Escuela-Esencia” solo generaría- triste consuelo para nuestro desarrollo social- el ambiente para desarrollar y fomentar aspectos de carácter investigador a un sector de nuestra población estudiantil.



La propuesta entonces debe ser otra, una propuesta más real y adaptable a cualquier estrato social y económico en el que todos – niños, niñas y adolescentes, razón de ser del desarrollo nacional- puedan acceder a mejoras de desarrollo, acceder a una investigación de calidad en dónde se les enseñe desde temprana edad a investigar, acceder a una orientación tutorial ejemplar que les permita desarrollar sus actitudes científicas y potenciar sus talentos- porque los hay, y he conocido a lo largo de estas experiencias docentes a muchos, muchísimos estudiantes talentosos y creativos-, acceder a una educación de calidad preocupada más por medir resultados cualitativos que cuantitativos. Un 20 (veinte) resulta insuficiente hoy en día. Se necesitan resultados reales, investigaciones que partan de un pensamiento inventivo, libre y creador de gran trascendencia para un desarrollo personal y nacional. Se necesitan maestros formadores de actitudes, no preparadores de aptitudes para rendir exámenes mediocres de ingreso a universidades que también atraviesan por serios problemas. He allí la importancia de impulsar políticas de investigación educativa gradual que se inicien en las escuelas a temprana edad y se consoliden en el nivel superior universitario.



Nuestro sistema educativo siempre ha sido criticado por sus propios beneficiarios porque ha estado desligado de la realidad y además de las necesidades económicas y sociales de la región y del país, porque no ha estimulado convenientemente la investigación, la creatividad y la invención, porque no se ha partido de la premisa de que todo aprendizaje debe ser significativo y que lo conlleve a una adecuada reflexión de un “saber hacer”, porque se ha asumido con mayor frecuencia y rapidez “modelos alienantes o copiados”, en vez de asumir actitudes más innovadoras dignas de cambio. Pienso, que tales críticas parten en muchos casos de las escuelas, porque que es allí donde debe empezar a formarse “el Ser como Ser” con nuevas vistas y derroteros predispuestos y atentos para un posible cambio.

Los estudiantes hoy en día que tener otra formación, porque estamos en la Era del Conocimiento, pues las sociedades que produzcan y tengan mayor conocimiento, además que generen actitudes para investigar, crear e inventar estarán a la vanguardia globalizadora. Se desarrolla cada vez más la Informática, el que no se adapta a su tecnología tendrá menos posibilidades de conservar y de aplicar estos nuevos conocimientos para su desarrollo. Del mismo modo se necesita conocer y practicar el idioma, el arte y el deporte en la formación integral del educando, así como las buenas prácticas ecológicas frente a los problemas de contaminación.

Por lo anterior es que se hace un deber impostergable para los educadores tener que proponer, crear y recrear planteamientos, modelos y programas que promuevan la creatividad en nuestros estudiantes para que desarrollen y produzcan cada vez mejor tecnología, mejor conocimiento, mejores formas de adaptación para insertarnos de a pocos dentro de un mundo más humano, no sólo competitivo, sino también justo y equitativo. Pienso, que éstas vías son más que necesarias para impulsar por fin cambios substanciales, tanto cognitivos como evolutivos sumados a un mayor desarrollo formativo y cultural.


(*) Fragmento extraído del libro: "Las actitudes científicas" Editorial Académica Española. 1era Edic. Saarbrücken, Germany. 2012

PD.- Para mayores informes del libro, ver en el link. https://www.morebooks.de/store/es/book/el-desarrollo-de-las-actitudes-cient%C3%ADficas/isbn/978-3-659-03023-9

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 21 de junio de 2012

Prólogo para un cuento de niños


ADVERTENCIA
a los niños enormes que lean este cuento


I

Conocí alguna vez a un niño en mi etapa infantil, en realidad era un hombre, un hombre bonachón con alma de niño. Reímos, hablamos y compartimos cosas, cosas que sólo comparten los muchachos sencillos.

Pasaron los años ambos crecimos, bueno, uno de nosotros creció más que el otro. A veces la mente y el espíritu no crecen directamente proporcionales al cuerpo. Cosa curiosa, pero es la verdad. Alguien dijo una vez que un adulto creativo es un niño sobreviviente a la barbarie de la realidad adulta. ¡Gracias, Dalal Yehia! Debe ser así, seguramente que sí. En fin.

A veces pienso que la realidad no es más que una selva de concreto en la que diariamente todos hablan, hablan y hablan, y sin embargo nadie sabe nada. Todos creen tener la razón, y sin embargo esa extraña categoría que  llaman razón es tan pequeña y limitada que sólo conciben en ella números, portadas sensacionales, modas, términos políticos, ajetreos semanales, citas a ciegas y per capitas nada serios a lo que realmente significa estar vivos.

Por eso mientras seas niño, vive como niño, ama como niño, sé ingenuo como niño, ríe como niño, sueña como niño. En suma se un niño.


¡Oh, pobre de aquel que desestime el poder de un niño!
¡A él le está asegurado el cielo!

Un niño, es un pequeño ser que está vivo, enteramente vivo. Un niño puede ser un músico, puede ser un médico, puede ser un arquitecto o tal vez un maestro, inclusive ser poeta. Un niño puede ser y no ser. Un niño puede encantar sin proponérselo. Un niño puede asumir que lo sabe todo, y vaya que su poderosa imaginación hace que lo sepa, y si no hacer que lo construya. El mundo de un niño es la ficción. Su teoría es la ficción.

La teoría de la ficción suele puede ser comprendida por un niño.


II

¿La historia? Ah, sí claro que la historia.

La mano que escribe estas líneas pertenece a un hombre que aún se aferra a seguir el camino que una vez dejó trazado un pequeño niño.

El mensaje que encierra este pequeño idilio ya no están infantil, sin embargo ello no quiere decir que por las tempranas nostalgias y  sueños no haya sido alimentado. Es que la verdad, todos alguna vez hacemos caso al pequeño ser que llevamos dentro.

Así empieza esta historia que  se hace más verosímil al volver a ser leída. Esta historia que no es más que la de una casa, una casa donde habitaron una vez cinco personas, una casa tan grande como esta pequeña historia, una casa tan pequeña que aún puede guardarse en la memoria. La historia de una casa pintada a veces verde, pintada a veces amarilla.

Muchas de las cosas y detalles, formas o colores, que alcanzan a describir nuestros ojos sobre lo que se ve en un tiempo, desaparecen. Muchas de estas cosas sólo son instantes de tiempo y punto.

Una ribera, un mar, unos niños, inclusive unos animalitos, todos, absolutamente todos  enlazan dulcemente escenas y pasajes que sin duda se escribieron pacientemente por muchos años en la mente.

V.A.

De: La casa de papá y mamá. 
Lima. Perú. 2012



***
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 18 de junio de 2012

Aula virtual de Literatura 1. Clase 1: Un realismo peruano entre González Prada y Clorinda Matto de Turner

Después de mucho tiempo he retomado mis labores docentes. He vuelto, porque así lo he creído conveniente a replantear otra vez el proyecto que desde el año 2010 empecé, - y probablemente lo siga desarrollando por muchos años más-, denominado: Aula virtual de Literatura. Esta iniciativa nació como necesidad mía de acercarme más a los estudiantes del curso de Literatura, de modo muy general, dado el alcance mayor que hace posible la red informática. Entendí que muchas veces, dos horas pedagógicas eran muy poco para profundizar en determinados temas, dada la importancia y significación que tiene el legado crítico y analítico de los hombres y mujeres de pensamiento que conocemos como escritores o escritoras.

En esta oportunidad dejo en vuestra crítica la siguiente clase virtual denominda: El realismo literario en el Perú, que pueden descargar si lo desean.




El Realismo Peruano

Es una corriente literaria que se originó en Francia, en las últimas décadas del siglo XIX. Se inicia, en el Perú, cuando estábamos sumidos en el dolor que nos causó la guerra con Chile. No sólo estábamos en crisis por las consecuencias funestas de la guerra, sino que exhibíamos cierta descomposición política y moral.

La literatura realista, en nuestro país, levantó los ánimos de los escombros, hizo análisis y planteamientos político-doctrinarios, cuestionó el sistema imperante y criticó el comportamiento de los caudillos militares. Sobre sale más el ensayo y la novela.

El pensamiento nacionalista y el afán renovador caracterizan a esta escuela. Brinda testimonio de los problemas del país, visualiza sus causas y propone alternativas.

Conspicuos representantes de esta tendencia fueron Mercedes Cabello de Carbonera (Sacrificio y Recompensa, El Conspirador), Manuel Gonzáles Prada (Pájinas Libres, Horas de Lucha), Clorinda Matto de Turner (Aves sin Nido), Teresa Gonzáles de Fanning, Abelardo Gamarra (La Ciudad de Pelagatos) y otros. En esta época, la mujer desempeñó un papel muy importante.

De todos ellos, el mayor exponente, de talla hispanoamericana, es el intelectual clásico Manuel Gonzáles Prada.

***


Algunos enlaces sobre el tema:
  • Manuel González Prada
Biográfico: http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Gonz%C3%A1lez_Prada

Pájinas libres: http://evergreen.loyola.edu/tward/www/gp/libros/paginas/index.html

Horas de lucha: http://evergreen.loyola.edu/tward/www/gp/libros/horas/index.html
  • Clorinda Matto de Turner
Biográfico: http://es.wikipedia.org/wiki/Clorinda_Matto_de_Turner

Sobre Aves sin nido, un estudio del crítico Antonio Cornejo Polar http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/06928407599128495632268/p0000001.htm


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 17 de junio de 2012

Un tercer domingo de junio.


Aproximadamente hoy, Tercer domingo de junio, un promedio de 55 países celebran este día con alegría y júbilo, fecha asimismo que sirve no solo para celebrar, sino también para reflexionar o recordar según sea el caso. Pues así es, el Tercer domingo de junio está signado en el calendario cívico peruano con rojo, signado para hacer un alto a las labores diarias y homenajear al padre, a ese ser progenitor y protector, a ese amigo y compañero, a ese confidente y paradigma, a ese guía moral y pragmáticamente intelectual, a ese ser combativo de lucha diaria, porque padre es todo esto, y muchas cosas más. Pienso por tanto que un padre es necesario en todo clan familiar sin importar edad o condición, total, no se nace siendo padre, se aprende a serlo en el camino. Por tanto, muy significativa resulta su presencia durante los primeros años de formación y crecimiento de los que serán como él también futuros padres, puesto que los hijos en parte asumen lo que su padre les lega, y no me refiero tanto a cuestiones materiales, sino más bien a cuestiones tácitas: esos modos de actuar, estilos de proceder, las buenas prácticas de tal o cual fe, o de tal o cual valor, la responsabilidad para asumir las consecuencias de una elección precipitada, el buen ejemplo, qué sé yo.

Entiendo, aunque me cueste aceptarlo, que últimamente las demandas económicas y sociales sumadas a los nuevos estilos contemporáneos de vida por asegurar la estabilidad familiar reclamen hoy en día también una dinámica laboral de la mujer - hecho desde ya muy loable y sacrificado por parte de este noble género femenino-, pero sin embargo advierto que estos nuevos modos de vida que hoy rigen sobre nuestras sociedades también están trayendo una mayor superficialidad en las relaciones familiares, una pérdida significativa del rol real que corresponde tanto a padres como a hijos porque de algo estoy seguro que los roles de los padres siempre serán los mismos y muy distintos a los roles de los hijos, pues ambos roles son complementarios para establecer la armonía en el hogar. Sí, pareciera que estos nuevos estilos contemporáneos de vida y sus múltiples ajetreos de espacio y de tiempo, están menoscabando hasta cierto punto el compromiso de la paternidad llegando en algunos casos al detrimento, desgasto o deterioro de esa imagen perfecta de ser padre. El ausentismo es hoy mayor en las mesas a la hora de almorzar, o la hora de cenar, entendible por un lado supongo, pero por otro, debería tomarse con cuidado. Falta de compromisos personales de padres que aún no han terminado de ser hijos, y conyugales también son de cuidado y de delicada observación porque hacen meollo en este asunto de la estoica paternidad, pero a pesar de todo- y créanme que es cierto-, que la figura paterna, la progenitora, no la secundaria ni la civil que se contrae en unas segundas nupcias, sino esa figura real y primigenia siempre será irremplazable en un hogar. Triste consuelo de aquéllas personas, cuyos padres están durmiendo piadosamente por múltiples circunstancias, sin embargo pienso que hoy, el solo hecho de evocar su sola imagen ya es suficiente para seguir haciendo bien las cosas como buenos hijos.

Del mismo modo que el Día de la madre, muchas,  muchas familias acostumbran reunirse y realizar alguna celebración en nombre de esos padres, de esos abuelos, e inclusive de esos hijos que ahora son padres también, todos maravilllosos. En familia se organizan para preparar algún platillo, hacerles pequeños obsequios, o simplemente pasar un rato agradable. Otras familias, van llevando flores a dejar en las tumbas de los extintos padres a los que recuerdan con nostalgia y emotivo cariño.

***

Recuerdo, que llegado el Día del padre todos los niños de la escuela hacíamos - y creo que hasta ahora se hacen-, corbatas en cartulina que las coloreábamos para regalarles a cada uno de nuestros padres. Yo aún tengo muy claro estos hechos en mi memoria. Ese día, nos levantábamos temprano, dábamos un abrazo a papá y entregábamos la tarjeta. Eran otros tiempos. Mi padre sonreía, algunas veces salíamos de paseo; otras, sencillamente la pasábamos trabajando como cualquier otro día. Eso sí, los almuerzos eran cautivadores, se hablaba de todo, se daba gracias a Dios, y bueno se intercambiaban algunas cosas en común. Como ya dije, yo aún tengo muy claro estos hechos en mi memoria.

Cuando era ya un adolescente recuerdo que mi padre -un hombre viejo y  roído por el tiempo-, cada noche traía bajo el brazo muchos libros, algunos amarillentos, otras veces eran periódicos antiguos, - muchos de los cuales me leyó siempre-. Se sentaba en una mesita que quedaba en una de la esquinas angulares de la casa, y empezaba a escribir en cuadernos que él mismo compraba. El viejo, escribía siempre, escribía memorias, escribía pensamientos, hacía muchas transcripciones, realizaba dibujos y anotaciones. Siempre me llamaba y me decía: "Ven para leerte". Yo lo miraba fijamente, me sentaba y escuchaba. Como ya dije una vez para una crónica que escribí anteriormente, "creo años más tarde que estos encuentros y estas acciones que tuve con este hombre, cimentó y motivó mi oficio de escribir. Pues, nunca hasta hoy he conocido a nadie con su amor y respeto por la palabra escrita y sus creadores". 

Él se ponía allí a transcribir "pensamientos célebres" como los llamaba.  Los tres volúmenes de cuadernos que compuso los había ordenado muy bien, títulos en rojo decían: amor, paz, alegría, fortaleza, superación, fe, espiritualidad, risa, nacimiento, trabajo, justicia, bondad, honestidad, y otros tantos títulos que omito para no extender esta redacción. Él siempre me buscaba para hablar, yo siempre tenía algo para contar. Cosas, que aún recuerdo.

***

Finalmente, quiero terminar esta pequeña crónica dejando por expreso hoy a través de estas palabras, un feliz día, un feliz día a todos los padres de este país, para los que pertenecen a esta patria y para los que están de paso, para los que sin serlo también se sienten peruanos y para los que están fuera, igual también saludos. Saludos para todos de la manera más amplia posible. Un día bueno para mis amigos y compañeros de labor diaria que son padres y también para sus padres. Un día grande y feliz para los padres de mis amigas y para los padres de mis estudiantes. Para todos en general, para todos los padres. Me aúno con solidaridad explícita a esos tantos hijos e hijas huérfanos, pero creo sin embargo desmedidamente que desde donde estén sus padres hoy están orgullosos de ustedes. A esos hermanos mayores, o a esas madres viudas, que siguen cumpliendo. A todos, a todos, una gratitud y consideración afecta. Pienso que los buenos ejemplos que dejemos en los demás, y más si son pequeños es vital y trascendental para forjar la personalidad futura de quienes queremos. 

¡UN ENORME Y FELIZ DÍA DEL PADRE!



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

miércoles, 13 de junio de 2012

Buenos Aires del Perú

Las ciudades grandes siempre tienen mucho que enseñarnos. He aprendido mucho de los viajes, me han permitido conocer gente, mucha gente, gente de todo tipo, lugares entre exóticos y no tan exóticos, sortear dificultades y recibir alegrías esporádicas, en fin. Pero estas cosas, sólo son el follaje de lo que representa y sostiene mi vida, mi raíz. 

Gran parte de experiencias que ha asimilado esta joven vida mía, se han gestado al borde de esta pequeña ribera llamada  Buenos Aires, Buenos Aires del Perú como suelo citarla en mis escritos. Una pequeña comunidad con gente tan común y sin embargo significativa. Nací, propiamente allí, no en Trujillo como se piensa. Allí nací, allí nació esta loca aventura de narrar y contar cosas, las salidas, las ilusiones, las alegrías y las primeras vivencias, todas, absolutamente todas han quedado grabadas en mi memoria. Allí aprendí a leer y a escribir, allí aprendí a saludar a mis mayores, aprendí a ver la vida con silencios nostálgicos, aprendí a sonreír. Se dice que las primeras experiencias forman y moldean en gran parte el pensamiento final de un adulto, y creo que sí, que de eso se encarga el tiempo. En mis memorias viajo, camino, recorro, conozco mucha gente, y sin embargo vuelvo, siempre vuelvo.

Se dice que uno habla y describe lo que sus ojos le han enseñado a ver, y debe ser cierto porque mis ojos me han llevado a internalizar muy de memoria esas límpidas calles, algunas anchas y otras cortas, entre polvorientas y coloridas fachadas, aún - aunque pocas- están las casas antiguas de madera. Muchas casas están hechas de adobe y caña como la mía, otras han crecido con el tiempo y se han revestido de concreto. Sin embargo, están todas. La gente es sencilla, muchos van y vienen cada día del centro de la ciudad, Trujillo,  que queda a unos treinta minutos. Muchos trabajan como empleados, y otros han preferido iniciar un negocio propio en su casa. Hay muchas tiendas, bastantes. Dos únicos mercados. Decían que uno era para la gente de otra condición, y la otra para gente como la nuestra, sin embargo yo me las arreglaba siempre para comprar en los dos lugares. Dos jardines pequeños, antes de que aparezcan tantos absurdos kinders. Actualmente hay muchos niños, demasiados niños, creo que han sobrepoblado la comunidad. Ellos temprano van a estudiar, todas las mañanas suelen pasar cogidos de la mano de sus mamás. Las escuelas siguen siendo las mismas, las mismas en las que estudiamos los chicos y yo. Las mismas palmeras, los mismos sardineles. La plaza, que ahora de noche se ve iluminada por mágicas aguas de colores ha sido cambiada, creo que para mejoras, antes había allí un arco, que parecía más bien una nave interplanetaria. En realidad nunca supe lo que llegó a significar. El mar, por último el mar, este maravilloso mar que de no ser por su presencia, nada tendría sentido, ni habría sido posible tampoco contar esta historia. Aprendí, que nuestra comunidad se llamaba Buenos Aires, cosa curiosa, casualmente por los buenos aires que por allí corrían. Bueno, así se dice, y debe ser cierto. 

Cuando éramos pequeños con los amigos de la cuadra, que ya no hay casi ninguno, muchos han emigrado como yo, otros ya no están por circunstancias ajenas, ajenas sencillamente, pero no para eso que todos conocemos como muerte. Los pocos que han quedado han hecho raíces, han cimentado su vida dando nuevas vidas. Los viejos están muriendo, supongo que llegará también nuestro tiempo. Pero no ahora, no aún, han mucho por hacer. Me debo en mucha parte, en bastante parte a este lugar, que como diría mi padre, tu lugar. 

Allí han quedado retratadas en mi memoria, varias imágenes desde el juzgamiento a un inocente pelícano por un grupo de inescrupulosos chicos una tarde del 94´ hasta el día en que vi por primera vez las enormes crestas de casi más de dos metros de olas furiosas que parecían salir no sé si a saludar o a intimidar, en todo caso, cosa verdaderamente admirable y curiosa, jamás sentimos miedo. Cuando el contacto con la naturaleza se gesta a diario, ya se sabe lo que quiere ella de nosotros. Allí han quedado las múltiples historias del ahogado, de la loca Tina, del negro Mary, y tantas historias que ahora sólo me causan gracia. Una enorme y verdadera gracia de nostalgia. Creo que allí está, allí estará, como ya dije, siempre que vuelva. Recorrer latitudes y volver, volver a la matriz principal de donde he sido creado. 

Escribo esta crónica pequeña, en memoria de la mucha gente que ha pasado por esta ribera, y también en gratitud por quienes pasaron y se quedaron, se hicieron amigos, amigos míos y de los demás. Una gratitud para quienes me acogen cuando regreso, infinitas gracias para todos.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 10 de junio de 2012

Carta para un idealista

(...) Hemos conversado un par de veces, coincidimos en algunos puntos, y discrepamos en otros, pero total, lo importante es que nuestras coincidencias son más que nuestras discrepancias, hecho suficiente para entablar una amistad, muchos pensarían que esto no es verdad, pero es cierto. Me pidió anoche que te escribiera, supongo que debe tener sus razones. ¡Qué sé yo!

Uhm, bueno Él quiere que hoy yo te escriba, - la verdad, que pienso que se preocupa mucho por ti, como yo me preocupo por Charlie, aunque él no se dé cuenta o no quiera reconocerlo. El pobre de Charlie es muy tímido en el fondo-.(...)Ah, también sé que...a veces pareciera que fueras de otro mundo, o que tal vez quisieras vivir en otro mundo. (Eso me ha llamado mucho la atención) Uy, cómo te explico, uhm, a ya, sí de ese mundo mágico que siempre ando buscando también. Siempre he sido muy intuitivo ¿sabes?. A veces suelo entender todo lo que dicen los humanos con los que interactúo, sin ser precisamente humano. Siempre ando soñando sobre mi propia caseta con horizontes diferentes a los que la vida nos va diseñando y en los que la fantasía puede convertirnos. Siempre he querido ser un escritor, cuánto no un músico, por eso creo que accedí a escribirte, tal vez porque sencillamente seas un ser  tan soñador como yo. Él lo sabe, y espero que tú también lo sepas ahora.

Siempre he comenzado mis aventuras literarias con "Era una oscura y tormentosa noche...", pero allí nada más he quedado, debo confesarte que eso me apena, me apena mucho;  sin embargo espero seguir aprendiendo, porque en el fondo todos aprendemos y nada es imposible. (...) A veces, Charlie Brown me dice que debo ser más realista (creo que se enfada por eso)  y que no puedo ir por la vida así fantaseando; con tristeza llego a pensar a veces que él también ha perdido la fe como muchos de los que nos rodean. Cómo dice Él, tu amigo también, ¿qué hay de malo en ser un idealista o  un rebelde honesto? En eso me deja contento Emilio, mi mejor amigo, quien siempre  coincide conmigo, aunque Lucy tal vez me diga lo contrario. Total es lo que pienso.


Schulz, mi creador,  a veces dice que “siempre busco adentrarme en mi propio mundo fantástico para poder sobrevivir. De otra manera, piensa que llevaría una vida monótona, miserable”. La verdad creo que es mi vida, la mía y única que me acompaña. Yo no envidio a los perros por la clase de vida que tienen que llevar, no, no los envidio, al contrario me alegra que puedan encontrar  esa vida distinta que yo no tengo, sin embargo esta vida es la que me hace feliz."

Somos lo que somos(...), nada más que eso, y nuestro porvenir siempre debe ser visto por nosotros con mucho optimismo.

(...)creo que nuestro encuentro obedece mucho en parte a Él, a quien es tu amigo también y te aprecia, no sé por qué extraña razón, aunque puedo suponerlo porque seres como tú, como Él o como yo, pienso que en esencia somos buenos.
Atentamente.
Tu ahora amigo también.
Snoopy

***

Este es el fragmento de una carta que decidí escribir esta mañana para una persona muy grata- hice que  Snoopy la redactara por mí-. Decidí porner el mensaje en las palabras de este personaje finalmente, porque pienso convencidamente que así como él hay muchos, muchos seres- entre personajes reales y ficticios- que repartidos por el mundo están allí diariamente motivándonos. Son ellos los que merecen nuestro mayor agradecimiento. Por último decidí también subir este video porque lo considero muy importante y complementario al propósito del escribiente. Gracias John Lennon.



Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
 Víctor Abraham les saluda.

martes, 5 de junio de 2012

Ofelias repartidas por el mundo


Mi estimada amiga Dalal Yehia, hace poco hizo un hermoso comentario que lo compartió a través de su cuenta personal de Facebook. He creído conveniente reproducirlo, tal cual me envió porque considero muy reflexivo su mensaje. Personalmente me hizo pensar mucho, entender algunas cosas, y poder sacar conjeturas de otras. Estaba directamente relacionada a uno de los personajes un poco complejos de la trama de Hamlet, la siempre incomprendida Ofelia. Bueno, la nota, llevaba por título: y yo qué? (Espero puedan leerla y sacar sus propias apreciaciones.) Gracias ante todo apreciada Dalal.

y yo qué?
(Dalal Yehia)

Blancanieves, La Bella Durmiente, Rapuncel, Cenicienta.

Doncellas jóvenes y hermosas, bienintencionadas, ingenuas. Antes o después estas lindas muchachas se meterán en problemas, y antes o después un príncipe habrá de llegar a rescatarlas. Y mientras esperan a que llegue este príncipe salvador en su blanco corcel sólo tienen dos opciones: o sufrir o suspender su vida en un sueño o una prisión. Todo menos vivir... Claro que los cuentos nunca nos cuentan lo que ocurriría si los príncipes estuvieran demasiado ocupados con sus propios asuntos para venir a salvarlas.

Parece que algo similar es lo que le ocurrió a Ofelia. Su vida se desintegraba. Su hermano no está, su padre muere, ella deja de tener novio… Si ya no es ni hermana, ni hija, ni novia, ¿quién es Ofelia? ¿Acaso bastaba con ser ella misma? Se ve que no. Hamlet está demasiado ocupado en su venganza y sus propios problemas como para hacer caso a esta pobre chiquita que tampoco parece capaz de arrimar el hombro y convertirse en compañera de igual a igual. Ella sólo puede esperar, desesperar. Y desaparecer. Lo hace por partes: primero desaparecen sus seres amados y con ellos, su corazón. Tras él su mente, y con ella su razón. Después será su cuerpo y su vida.

De todos modos no hay que olvidar que Ofelia no es una mujer. Nunca lo ha sido. Shakespeare dibujó el personaje de la joven doncella enamorada de Hamlet como el retrato de un tipo de mujer, de un arquetipo.
Ofelia es buena, ingenua, , loca y suicida. Frente a ella tenemos otro personaje, la mala. Es Gertrudis: una mujer perversa, calculadora, adúltera y promiscua. Ella, por supuesto, muere asesinada: jamás se le ocurriría poner fin a su vida por su propia mano. Lo correcto entonces hubiera sido hacerlo por ella.

 ***

UN BREVE COMENTARIO APARTE a la luz de la nota compartida por nuestra amiga Dalal!

Gertrude refiere que Ofelia, parecía "incapaz de sostener su propia angustia". Ella, Ofelia, es como una persona loca debía ser. Bueno, eso es lo que refería Gertrudis. Pienso, que a veces nuestra presencia, y más si es requerida, aunque sea simbólicamente física o abstracta, pero nuestra presencia al fin y al cabo, es suficiente, para calmar en parte, o sustituir porque no, esa locura o intranqulidad de la otra parte. El detalle, es saber, ¡cuándo es el momento! Diantre!. Yo me pregunto, Cuántas Ofelias podrían ser diferentes al arquetipo de Shakespeare, si tan sólo nos preocupáramos de estar allí en el momento justo y preciso. Creo que el problema no está tanto en las miles de Ofelias repartidas por el mundo, sino en cuánto podemos hacer - o qué solución damos a ellas, los miles de Hamlets, de Laertes o de Polonios repartidos de la misma manera por el mundo.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.