lunes, 25 de febrero de 2013

Sobre las cosas de los hombres

Vemos ahora tantas cosas y sentimos a tantas personas a nuestro alrededor de todas las formas, de todos los colores y de infinidad de sugerentes presentaciones que francamente ya no se sabe si todo esto es verdadero o es apariencia - al menos yo no lo sé-, en fin. El detalle aquí no está en cómo se ven las cosas o como las personas se nos presentan, sino en cómo se las siente para nuestros adentros. Luego, hemos avanzado tanto en tecnologías, en modas, en comidas, en niveles profesionales, en stándares, acreditaciones e isos de calidad, y tal vez en reformas más abiertas, justas entre comillas y liberales, pero lo que me queda claro, es que hemos hemos olvidado hacer avanzar lo que realmente importa, el fortalecimiento de nuestras propias emociones y sensibilidades humanas.

El detalle aquí no está en si hablamos con las mejores palabras, o si escribimos libros o poemas llenos de símbolos, como tampoco está en si vestimos con los atuendos más extravagantes para impresionar o si tenemos los grados y títulos para poder hacer valer nuestra posición social, no, no está en eso, en nada de eso, ni siquiera en si somos dueños de algo, o somos dueños de nada, menos está en decir lo que hacemos, entiendo, entiendo todo esto, tal vez porque sea todo esto necesario al fin y al cabo para incrementar nuestros niveles de autoestima y alter ego que tan venido a menos está por estos tiempos debido a esos extraños vacíos emocionales que no queremos admitir negándonos a llenarlos. Como ya dije el detalle aquí, más que nada está en que los demás sepan quiénes somos realmente.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

sábado, 16 de febrero de 2013

Palabras sin título

Dibujo tomada del portal: Cuaderno de los sueños,
sito en
(http://monica-dreamsbook.blogspot.com
/2007_11_01_archive.html)

Soy un obrero, siempre lo he sido y me siento orgulloso de haberlo sido. Soy un hombre que ha caminado mucho durante toda su vida, un solitario que apenas si llegué a hacer una familia corta, un buscador de respuestas que nunca han terminado de saciar su existencia. Un trazador de objetivos. Sin profesión alguna, eso sí, con muchas ocupaciones, un trabajador manual y mental por excelencia. Amante de los buenos libros y respetuoso de las creencias ajenas por más absurdas e inexplicables que hayan parecido. Me he desempeñado como hotelero, animador eventual de espectáculos muchos de los cuales fueron histriónicos y sin sentido, vendedor de objetos raros -pero necesarios-, trabajador de almacén, peluquero, cocinero, empaquetador, ayudante de bares y de restaurantes. Empecé una carrera que podía haberme significado éxitos, pero que quedó truncada por procesos judiciales que no quiero recordar ahora. Nunca viajé, y no conozco más allá que un par de ciudades, pero las suficientes para haberme enseñado a vivir. Con una culpa de consciencia que jamás olvidaré y que ha golpeado mis recuerdos siempre. Es curioso percatarse que cuando uno llega a ser viejo, sí, sí, mortalmente viejo, el pasado cobra mayor nitidez, y mientras más años lleve de vida este pasado, más nítido se vuelve, tal vez más nítido que el presente mismo, con confesar que ya hasta olvidé el color de vestido que mi hija llevaba ayer, o si al perro de la casa le dieron o no de comer, claro que es mi trabajo hacer recordar este acto cada día a los otros, pero la verdad es que a veces lo olvido. No es mi culpa, y sin embargo lo siento, lo siento mucho.

Entre mis gustos: leer la biblia, transcribir pensamientos célebres, ver películas mexicanas, coleccionar libros, ojear revistas, y extraer figuras recortadas de periódicos viejos como anuncios de matrimonios, recetas de cocina, mujeres atractivas y artistas de cine clásico. Soy un católico, eso lo supe desde que mi madre me llevaba a las misas dominicales cada fin de semana. Un trabajador rutinario comprometido con mis obligaciones, un silencioso huraño también, y un orgulloso eso sí, pienso que el orgullo es lo único que nos vuelve invulnerables ante cualquier situación hostil a nosotros dándonos valor para sobreponernos. Nunca me ha interesado saber lo que puedan pensar los demás sobre mí, no vivo de ellos. Aunque sí me es necesario saber que piensa mi familia de mí. Ella es mi única razón de vida. Por otro lado siempre he vivido en una casa grande sin arreglar, pues nunca me ha llamado la atención arreglarla a pesar de los continuos pedidos de mi esposa y de mis hijos, pero en fin quien toma las decisiones siempre he sido yo, y eso lo saben muy bien ellos. El próximo enero cumpliré los 70 años. Es curioso verme ahora ya encanecido y envejecido, sabía que algún día llegaría el día de confrontarme con mis propias arrugas, pero no esperaba que fuera tan pronto, sí justo ahora cuando uno recién comienza a hacer los descubrimientos más elementales e importantes de su vida, pero las cosas son así y hay que saber encarar al destino trágico y oscuro. Sólo los hombres valientes afrontan con el mayor aplomo el último tramo de su vida.

Recuerde, siempre he sido muy perceptivo, muy agudo en mi pensamiento, generoso, pero no tonto; escuché siempre voces estando despierto por las noches llegando al extremo de creer que a mí se me había revelado poder saber lo que pensaban las personas a través de sus muecas raras y grotescas, de intuir cosas y sensaciones que luego pasaron y que advertí en su momento. Soy alguien que si no habla, piensa; alguien que sabe lo que es usted ahora, ni más ni menos que esa apariencia que le acompaña, estoy hecho de ideas como usted está hecho de convenciones, suelo reír y entristecerme de vez en cuando- y usted, ha visto esas dos partes mías, por lo que me alegra-, suelo escribir sensaciones en hojas blancas, amarillas, de distintos tamaños y colores cuando no las puedo vivir, tal vez sea porque me he acostumbrado a ello. Sí, sí, soy ese alguien que quiere mucho y abraza cuando debe abrazar sin importarle lo demás, alguien que ejecuta ademanes más de la cuenta y que grita cuando está emocionado, alguien que sabe lo que es y lo quiere, aunque esto es lo único que le quede. Alguien, alguien, alguien que siempre tuvo esa sensación extraña de estar acá y  de no estar en ningún lado, alguien a quien ese sentimiento de pertenencia que invade a los hombres jamás ha importado, alguien que encontró en las palabras su medio de moverse y de realizarse. ¿Rebelde?, pues claro que fui un rebelde, toda mi vida fui rebelde, pero un rebelde honesto, un satírico de la vida, un interpretador y un buscador -por eso, siempre entendí a los buscadores-, ese soy yo; ah, olvidé decirle que también soy alguien que olvidó desayunar esta mañana y comprar el diario del día de hoy. En fin, no somos perfectos. 

Dibujo de Philip Roth por France Belleville en
http://ultimaspaginas.wordpress.com/page/3/
Debo reconocer que últimamente de pronto hay muchas lloviznas invernales y breves – caray, cómo ha cambiado el clima de un tiempo acá-, ahora hasta se pueden ver más seguido en el cielo tumultos de nubes borrascosas, hasta los meses me parecen últimamente más insensibles de lo que parecen. Supongo que en adelante condiciones climáticas como las de hoy marcarán el inicio retrospectivo de muchos otros amaneceres que el destino habrá de traer consigo a mi vida como vayan transcurriendo los días, claro está. Tal vez haya llegado el momento imperioso de empezar a escribir un diario monótono – es raro que me exprese así de este cuaderno, pero ya está, ya lo dije, y cuando digo o pienso algo jamás me retracto, menos lo borro- que reseñe las ansias, los recuerdos, los sucesos últimos, las necesidades, las alegrías y penas – si es que las hay aún-, las ocurrencias, y bueno todo lo demás que esta consciencia mía vieja y achacosa pueda ser capaz de percibir. Siempre he escrito diarios desde mi juventud no monótonos, sino divertidos, cuando los terminaba, los quemaba por situaciones de confidencialidad; los últimos, los he acabado de quemar, puesto que a nadie le interesa la vida ajena del prójimo; bueno pero si aparece algún buscón respetable de repente tratando de hurgar en nuestra propia vida, lo mejor es dejarlo, es mejor no decirle nada ni engañarle o ocultarle ciertas verdades vitales, está en su derecho de tantear en la vida de uno. Ese es su oficio al fin y al cabo, un buscador.

Sin embargo este diario por ser el último que escriba- y pienso llevar esta empresa escribidora hasta el final-, tal vez ya no pueda quemarlo, ojalá lo encuentre alguien que luego de leerlo decida hacer lo mismo que siempre hice: quemarlo. Hay cosas que es necesario queden en la absoluta reserva, pero como ya dije si resulta de pronto un buscón respetable lo mejor es dejarle seguir con sus indagaciones, quién sabe a qué conclusiones pueda llegar y servirle para sí mismo, en fin. Es curioso sentir de pronto la necesidad de escribir, de escribirlo todo, de contarlo todo, pero ya no por pura manía de ociosidad, sino por el repentino sentimiento de despedida, de despedida final.

3.00 pm. Mes de agosto. 

***

Fragmento introductorio del libro que vengo escribiendo: "Cuaderno de la existencia", a publicar próximamente.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 12 de febrero de 2013

Entre lo ordinario y lo extraordinario

Pero los hombres somos así de ordinarios, qué hay entonces de extraordinario en nosotros si somos los mismos aunque nos neguemos a reconocernos como tan iguales a los otros hombres. ¿qué, qué como somos?, bien, reímos cuando hay que reír, jugamos cuando hay que jugar, rezamos cuando nos sentimos perdidos, ayudamos de pronto a alguien para sentirnos útiles, levantamos la mano y asentimos levemente la cabeza cuando hay que saludar, esquivamos la mirada cuando hay incomodidad, cocinamos, lloramos, nos abrazamos, guardamos silencios o perdonamos, en fin, muchas cosas. ¿Ves, has visto que somos ordinarios ahora? ¿Qué hay de extraordinario en nosotros? ¿Te has dado cuenta? Lo extraordinario implica más, cuesta más, lo extraordinario es hacer más, reír, pero más de la cuenta, jugar para no morir envejecido, rezar, rezar todos los días sin motivo aparente de hacerlo, ayudar, ayudar harto, ayudar demasiado no para sentir algo, sino porque queramos hacerlo, hacer de nuestro saludo diario un hábito repetitivo hasta hacerlo rutinario, nunca esquivar la mirada, cocinar pero más agradable y con sazón, llorar, llorar sinceramente, abrazar sin esperar a que haya que celebrar algo, no guardar silencios porque condena al interlocutor a una frustración desmedida, eso sí perdonar, perdonar abiertamente, perdonar aunque sea de boca, pero perdonar. Eso, eso es lo que hace a un hombre extraordinario. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 11 de febrero de 2013

En defensa del existencialismo

A Lucero y Lorena, 
muchas gracias.



Cierta tarde un par de jóvenes me preguntaron qué como era posible que en este tiempo exista aún alguien que se quisiera encasillar como existencialista. Sabemos, dijeron, que esta opción de vida sólo conduce a la frustración y a la no realización material ni espiritual de una persona alejándola por completo de la realidad inmediata que vivimos, es probable que también lo lleven al límite de su propia vida, al suicidio, ¿me ha entendido? (silencio) Escuché, escuché muy bien toda su conversación con el mayor respeto que se merecían, pensé en la respuesta. Ellas no merecían una respuesta a la ligera. Pensé, y dije, "Contrariamente, a lo que se cree y se tiene, el existencialismo, sólo sirve para llevar al hombre a bordear el límite de su propia vida, el único límite que separa la vida de la muerte, el mismo que separa la consciencia de la inconsciencia, y una vez traído aquí, para escudriñar en sí mismo las marañas mentales e interpretativas de lo que le rodea, de ese mundo absurdo e idiota en el cual está obligado a vivir- pero también obligado a entenderlo-, de esa incompatibilidad penosa que existen entre el "hacer" y el "decir", no se toma el existencialismo para tirarse al suicidio ni físico ni mental, sino para comprender los móviles más humanos, lamentablemente muchos resultados desagradables obedecen a tristes consecuencias experimentales surgidas en el camino, en fin. El existencialismo, no es una pose snobista, menos una suerte de martirio, sí en cambio, un legado que uno mismo recoje y hace suyo en el camino de su vida, el existencialismo, es una muestra clara que los hombres y las mujeres de hoy necesitan tener como mayor aliado a la fe, sí, sí, esa misma fe, no la institucionalmente cristiana, sino la humana, la verdadera y esperanzadora fe humana.


Foto tomada del dibujante Max Aguirre, cito su página
http://maxaguirre.blogspot.com/2009/12/
adn-cultura-la-nacion-esnobismo.html
La vía existencial más que una pose puramente snobista, es el mayor compromiso de vida que pueda asumir un escritor en su propia existencia, de allí que imperiosamente sus personajes, sus diálogos, o versos deban llevar mucho de sí mismo, o de los seres más afectos a él, no me refiero a los conocidos o a los desconocidos, sino a los significativos. El existencialismo es en sí mismo una esencia, una esencia pura que lleva y trae al hombre como un fuerte viento haciéndolo divagar sobre sus propias emociones e interpretaciones. No se estudia para tomar esta vía, se la profundiza en la propia vida cada día, aparece, resulta de la nada, se revela al propio sujeto, y es allí cuando el individuo recién comprende su propio hilo conductor, finalmente es así como el mismo hombre se convierte en experimento de sus propios ensayos, dramas, comedias, afectos y desafectos que confluyen en conclusiones nada desagradables, la cáscara pueda que lo sea, pero jamás el interior. El mundo es en sí mismo el mayor laboratorio para el hombre existencialista, el pensamiento y las emociones sus instrumentos, él mismo el experimento, y las múltiples operaciones sus vivencias - cabe resaltar acá que como toda operación siempre hay un riesgo, pero ese el precio-, en fin. Sin embargo los resultados son los más maravillosos, ellos hacen posible la comprensión del hombre por el hombre. En fin.

Es muy probable que los destinos de los hombres y de las mujeres -o lo que yo llamo su trascendencia humana-, sólo pueda ser revelada a través de los ojos del existencialismo. Por eso, lo más importante aquí es vivenciar, vivenciar mucho existencialmente, sentir, sentir mucho existencialmente, dialogar, mirar, escuchar, sonreir y entregarse a la posibilidad de percibir todo, todo lo que sea posible de percibir.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

viernes, 1 de febrero de 2013

A propósito de la sencillez

Foto tomada del portal:
http://www.fotosqueimportan.com/2011/05/sencillez.html
Aquí, lo desmedidamente material, lo rimbombante, lo enfermizamente decoroso sobran, el intelecto es lo más necesario porque hace que esa misma sencillez jamás se pierda. El intelecto imprime bondad a nuestra sencillez, complementa ese lado de las emociones tan desordenadas e impetuosas que rigen nuestra vida. El intelecto clarifica nuestra propia sencillez, de allí que el perfil moral sea mucho más superior que el perfil profesional en sí mismo. Sin embargo, la sencillez en sí misma es vacía cuando no hay desafíos: ni morales, ni intelectuales, ni procedimentales. La sencillez significa vivir lo más humanamente a lo que realmente somos, sin necesidades de apariencias. Las apariencias, no determinan nada, sólo obnubilan la realidad más de lo que realmente significa. 

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.