miércoles, 24 de diciembre de 2014

De cómo el niño se convirtió en escritor, y el maestro se volvió aprendiz.

El compromiso con los nuevos ciudadanos

Hay  personajes que están ahí. Y la imagen de las cosas tiene mucho que ver con la persona que somos, con la mirada que tenemos, con la sensibilidad que transportamos dentro. Cuando yo me encontré con la naturaleza en mi aldea de Azinhaga, era un niño. 
José Saramago, 2007

Cuando el autor de "Ensayo sobre la ceguera", escribía esta nota, probablemente ya sabía que su tiempo de existencia estaba llegando a su fin; sin embargo - y pienso también que- al mismo instante se activaba en él, en su memoria más vívida, más intensa, más fecunda, una imagen, la imagen frágil, infantil e inquieta de un niño, el niño de Azinhaga, el niño que de pronto se quedaba inquieto mirando una tarde al sapo, o conviviendo días completos con olores y vidas nada sofisticadas de bueyes, cerdos, carneros, cabras, en fin: aprendería a partir de allí -soslayo- a descubrir la vida, la existencia, la naturaleza, o lo que yo llamo a veces, el orden natural de las cosas, en fin.

José Saramago murió tres años después (Me enteré de esta noticia justo cuando viajaba a Trujillo a visitar a mi madre y mis hermanas.) Particularmente lo sentí mucho, creo que más que por el hecho de haber obtenido el Nobel de Literatura, por haber sido un ciudadano, un ciudadano de primera clase, es mas, si hoy tengo definido en mí, mi propio concepto de ciudadanía es gracias a este hombre. Así es, el escritor portugués murió, pero dejó claro en su pensamiento una palabra: compromiso, sí, exacto, compromiso ético. En una entrevista, ocho años antes de su partida, que diera para La Nación de Buenos Aires, el 13 de diciembre de 2000, este hombre se planteó - o mejor dicho, nos planteó- una pregunta, "¿Qué estoy haciendo yo en este mundo?"

Ahora bien, a puertas de cerrar un año más, y de iniciar otro, en una semana aproximadamente, me sobrecojo a esta premisa inicial, ¿qué estamos haciendo nosotros en - y por- este mundo? Indudablemente, que si hacemos un recuento del año que se va, nos daremos cuenta de que no hemos avanzado gran cosa desde el punto de vista formativo e integrador porque aún vemos un mundo que va caminando hacia una degradación inminente desde todas las aristas por las que se intente mirar. 

Triste consuelo, y mención aparte, de haber sido otorgado este año el Nobel de la Paz para dos personajes símbolos de la niñez y de la educación como son la joven paquistaní Malala Yousafzai, y el indio Kailash Satyarthi «por su lucha contra la represión de los niños y jóvenes, y por el derecho de todos los niños a la educación». Percibo, y es lo que más me preocupa, que seguimos subvalorando, esto es: minimizando a esas generaciones pequeñas que están tras de nosotros, a nuestros niños y niñas, a nuestros adolescentes, y no digo a nuestros jóvenes porque ellos ya son el presente. Salvo ejemplos destacados en la práctica real de nuestros anónimos maestros en las escuelas, o personas comprometidas con instituciones que trabajan por los derechos de los más pequeños, aún seguimos en deuda con ese cambio generacional que espero este 2015 pueda irse cuajando al menos un poquito más, y digo un poquito porque es un trabajo que nos compromete- y debe seguir comprometiéndonos- a todos y a todas desde donde nos encontremos, porque señores, el compromiso no conoce territorios, ni idiomas, ni credos, ni fronteras. El compromiso histórico es un llamado unívoco a nuestra propia consciencia y a partir de esta a nuestro propio modo de vida.

La primeras experiencias 

Ahora bien, ¿por qué insisto tanto - y con tanta premura- en un cambio generacional? Por una sencilla razón fundamental, porque esta sociedad presente está lejos de ver con claridad la brújula del camino correcto, y no porque no sea capaz de poder verla, sino porque no quiere. Pienso convencido que en la educación está la salida, el sendero, pero no en esta clase de educación que tenemos hoy en día, porque esta solo sirve a un sector. Ya dije una vez, y lo volveré a escribir siempre que pueda, si queremos un cambio inteligente, este debe partir por iniciativa nuestra, de nuestras propias convicciones, y de la consciencia crítica que podamos ejercitar desde nuestras propias familias, ya sean hijos o hermanos, en fin: porque la mayor parte de escuelas y de universidades están lejos de ofrecernos ello.

Ahora bien, mientras más tiempo demos a nuestras familias, mayores serán las recompensas esperanzadoras de cambio. Solo por ponerme a pensar de pronto en mi propia experiencia, llego a la conclusión que si no hubiera tenido un padre que me leyera reflexiones e historias, que me contara relatos morales y describiera las vidas de los escritores como él lo hacía, y al mismo tiempo una madre que me corrigiera las pequeñas mentiras a las que está tentado de decir un niño a su edad para salvaguardar su imagen de, eso mismo, de "niño", o me alistara para ir a la pequeña iglesia de Buenos Aires a recibir mis clases de catesismo sabatino, otro hubiera sido mi destino, al menos mi destino moral. 

Y es que es la verdad, son los padres quienes construyen al ciudadano a su imagen y semejanza, y no los maestros, porque ellos solo moldean lo que ya se trae de casa. Total, ya escribí una vez para una crónica breve, "El compromiso con la educación no solo es de los profesores, ni de los jóvenes, es de los padres, y de la formación que han dado o dan estos a sus hijos en el tiempo que les toca ser padres, o en todo caso van a serlo, sí, desde sus familias. Ahora bien, si no hacemos de nuestros hijos e hijas hombres correctos y en la medida de lo posible, seres humanos, no hemos hecho nada. La primera formación es la del hogar, de la familia, la otra, la otra formación solo es complementaria a la primera. Cómo puedo pedir un hijo con valores, cuando yo no soy capaz de darle ese mismo cimiento, y por qué, porque sencillamente carezco de fortalezas axiológicas y morales. Es un engaño pensar que el niño o adolescente va a la escuela para ser un buen ciudadano, eso no es cierto, el individuo, ya viene formado del hogar. No lo digo yo, lo deduce Freud, sobre quien recae esa dedicada investigación psicoanalítica, las primeras experiencias determinan al ser humano futuro".

Ahora bien, creo que esta gratitud que le tengo a las letras, y ese cariño entrañable por la escritura me deviene de mi padre. Sí, pienso que a partir de esas primeras experiencias con este ser, y mi relación afectiva que tuve siempre con él me permitieron acceder a ese imaginable mundo de los libros con todos sus personajes y reflexiones. De él aprendí la valoración de un libro, y también el hecho mismo de que ser un escritor es ser un comprometido con la vida misma. Yo era pequeño entonces, y debo mucho a este hombre que fue mi progenitor. Por otro lado, es mi madre la gestora de ese espíritu rebelde y libertario que acompaña mi desasosiego permanente. A veces pienso, qué hubiera sido de mí (tal vez nada de lo que soy ahora), si mi padre hubiera sido un médico o un abogado, y mi madre, una mujer sofisticada, o tal vez si no hubiese transcurrido mi infancia en la suave ribera de Buenos Aires del Perú con toda su miseria cultural. Indudablemente que sin estos preciosos elementos hoy sería otro mi destino, un destino que tal vez detestaría tremendamente. 

Del mismo modo debo a un maestro de primera enseñanza básica las habilidades cognitivas que hasta hoy me acompañan, como el hecho de saber leer respetando los signos de puntuación,  escribir con buena letra, hacer un subrayado, comprender una lectura, analizar una situación problemática, y a una religiosa de la congregación agustina, que se convertiría en mi primera mentora personal, el hecho de aceptar en mí el radical papel de enseñar, porque es verdad, el enseñar siempre me ha parecido un reto, un eje radical de transformación, un acto heroico como diría Mariátegui. Así, la enseñanza siempre me ha enorgullecido; empecé a enseñar a los catorce años, doctrinas teológicas y oraciones breves a un puñado de niños y niñas como yo, que también como yo alternaban la misma edad. Y pienso convencido que a partir de ese instante tomaría en mí forma la figura del profesor que soy ahora, convertirme de pronto en un maestro, fue algo que nunca imaginé, pero que acepté con la plena convicción pura de que algún día me volviese un aprendiz de ellos, porque hay aquí una máxima cierta, un verdadero maestro, el verdadero y trascendente, es aquel que da el complemento - y digo, complemento, no cimiento- cognitivo y moral a su aprendiz, pero que un momento de la vida llega a ser superado por este mismo, cuando eso sucede, entonces valió la pena haber dedicado la vida a la enseñanza, en fin.

Los nuevos retos 

Ahora bien, volvamos al inicio de esta crónica que tiene un sello de reflexión y de sobrecogimiento final, Cada inicio de un ciclo temporal implica un nuevo reto para mirar previamente nuestros errores con detenimiento y a partir de allí, poder analizarlos. "De los errores se aprende", reza un viejo adagio popular en mi país, pero también, del mismo modo, reza otro, "No siempre debemos escudarnos en el hecho de "nadie es perfecto". Y es que hace falta coraje a veces para decir lo que se piensa y expresar lo que se siente sin miedo, sin temor al fracaso inmediato, o a las insulsas interpretaciones, o a esas comparsas burlescas que salen sobrando. Agrego finalmente, que hay desde hoy mismo una tarea grande para el año que se viene, una tarea de justicia ética, y esa es la de hablar, la de escribir, la de enseñar, la de poner sobre la mesa las cosas que están sucediendo alrededor de nuestras sociedades, las cosas que no se dicen, o que no se quieren tocar con claridad, o con nombres propios; como el hecho de que se está matando la propia tierra con toda su gente, especies y recursos.

Además del hecho de que la educación se está elitizando cada vez más convirtiéndose así todo esto en una suerte de mercaderes y compradores donde el dinero y la institución pesan más que una formación moral. Es una realidad también ver hoy en día, y debemos cuestionar ello, que este mundo se está llenando de seres acartonados, de membresías, de resoluciones y títulos, de corbatas y de funciones decorativas, de ofertas sin sentido y de entrampamientos judiciales, sí, un  mundo donde el médico y el político han perdido su sensibilidad porque importa más el poder adquisitivo y el status social, donde el ejercitador del Derecho ha agudizado su maldad, su desidia y su frivolidad, donde el confesor ha perdido su credibilidad obligando al niño a perder su inocencia, sí, un mundo donde las superficialidades, las muecas desdeñosas, los vaivenes del corazón por el orgullo, y las tibias formas de amar están a la orden del día. Es por ello, infiero, que este año debemos mirar bajo una óptica más conscientizadora y crítica dichos sucesos.

Sobre el peregrinaje y el desprendimiento


El año pasado en una de mis últimas crónicas, referí que los peregrinos eran como seres extraños, sí, extraños y paranoicos en sus resultados, maniáticos en sus virtudes propias y distantes respecto a las conductas ajenas que observaban, y que en muchos casos cuestionaban o sencillamente se limitaban a entender desde la soledad. Cuando el novelista danés y Premio Nobel de Literatura en 1917, Karl Adolph Gjellerup escribió su "Peregrino Kamanita", allá por inicios del siglo pasado, intentó mostranos a un hombre, sí, un hombre quien de pronto un día cansado de su aciaga vida  moral decidió salir al encuentro de todas las satisfacciones terrenales que la existencia podría conferirle, así fue como conforme las iba alcanzando notaba en estas fragilidad, muchísima fragilidad. Vio como de pronto, todos aquéllos buscadores de lo terrenal, incluyéndose a sí mismo, iban destruyéndose, destruyendo sus consciencias y su alma a cambio de nada, sintió como su espíritu, y sus esperanzas, se desvanecían para despertar aquí, en medio de la banalidad, "Dejaron sus capullos de loto, sus matices vivos- nos dice- para participar de una danza  ajena, ajena porque no les pertenecía; en vez de danzar al lado de los bienaventurados y someterse a las nuevas encarnaciones, tras lo cual sus almas trasmutarían en una nueva existencia dentro del imperio de Buda, dentro del imperio de los cien mil ciclos".

Es así, y lo pienso mucho, que la única verdad de vida y de redención posible está en asumirse colectivamente- o al menos para uno mismo- en sujetos de valores universales, sujetos del respeto, por ejemplo, o sujetos de la tolerancia, o de la solidaridad, o de la honestidad, o de la sencillez y caridad, o de la prudencia, qué sé yo. Cada quien ha de encarnarse en el valor que mejor pueda representarle - y presentarle-, sin importar, claro está, la latente posibilidad de convertirse en héroes anónimos o solitarios, incomprendidos o hasta desdeñados por una sociedad adversa y contraria a esos principios que intentemos formar. Total, y esto debe ser lo más importante a tener en cuenta, "los caminos para llegar a las virtudes más humanas nunca deben ser dejadas ni apartadas de la visión integradora de los hombres y de las mujeres, sino al contrario, deben estar siempre presentes, en fin". (Miremos el ejemplo, del buen pastor y de la oveja perdida.)

Ahora bien, finalmente planteo -a modo de exégesis- convencido de que una de las mayores virtudes de un individuo debe ser su disposición al desprendimiento, y en ello debe trabajar constantemente. Si este, no aprende a desprenderse de lo que le es irrelevante, de lo banal, y de lo tumultuoso entonces su vida girará en torno a nimiedades, a rezagos de cosas sin importancia, a superficialidades. Luego, ha de valorarse más el tiempo que se está - o en todo caso, que se pueda estar- al lado del otro, porque este omnipresente fenómeno es así, así de justiciero, lo que no se aprecia en su momento, difícilmente vuelve a presentarse ante los ojos mismos del próximo inmediato.

Palabras finales

Si bien es cierto, hablar de cómo un niño se convirtió en un escritor, o de cómo un maestro se volvió un aprendiz, parafraseando el título de esta crónica, no resulta tarea fácil. Tomé este título porque creo convencido que podemos hacer de estos niños y adolescentes aún grandes personajes de su propia vida, podemos hacer de ellos aún sujetos de bien. No todo está perdido, aunque las desidias y superficialidades graviten hondamente, debe estar allí el ejemplo que podamos dar los mayores. Nadie es perfecto, ya lo dije, pero intentemos regalarnos a nosotros mismos y -porqué no-, a los demás también, detalles un poquito más perfectos. Son los maestros los llamados y obligados a devolver la esperanza y la crítica a estas generaciones nuevas, y las que estén tras estas. La vida, debe llenarse de maestros y de maestras reales y significativos, educadores y educadoras del bien, y no de individuos titulados en pedagogía o graduados "en y para..." sin compromiso alguno, o decisión, eso es una estupidez más del sistema, es un engaño pensar que solo educan los profesores de pedagogía (Escribí en uno de mis libros que también un insospechado y minúsculo ser podría erigirse tranquilamente como maestro de un cenáculo de canas y arrugas, sólo con su ejemplo.) Y es que hay una gran verdad, los escalafones y las carreras públicas magisteriales, sólo sirven para ascender de nivel y ganar más, pero no para medir -cual pulsómetro moral y de compromiso- si se está haciendo una buena labor desde las aulas. Señores, necesitamos educadores visionarios de obras claras y concretas, de pensamientos profundos, y no agitadores programáticos que tiran la piedra, porque alguien dice que la tiren, y luego esconden la mano.

Es por ello, que insto a los individuos conscientes de mi generación, y a los que antecedan a esta, si es que aún pueden entenderme, a actuar y participar ciudadanamente con convicción y entereza desde nuestros propios actos humanos, porque aún somos eso, seres humanos, aunque este Sistema del capital y  de los negocios nos muestren a pensar distinto. Aquí, en este pedido por ser de justicia, las latitudes y longitudes han de quedar a un segundo plano, como también las cercanías o distancias. El pensamiento ha de hermanos, en fin.

Finalmente, un abrazo grande para todos y todas porque sé que sin ustedes nada tendría sentido, han sido ustedes estudiantes y amigos quienes sin proponérselos han sido mis mayores maestros y amigos. Gracias una vez más, y que un nuevo y renovado año sea siempre con ustedes.

Recuerden que caminamos en todo momento el mismo sendero.

Desde Lima del Perú

Víctor Abraham les saluda.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Alejandro Romualdo, poeta épico del compromiso con la poesía y la lucha

Si me quitaran las palabras,
o la lengua,
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.

De: Si me quitaran totalmente todo. 
en Edición extraordinaria. Alejandro Romualdo. 

Cuando Salvatore Quasiomodo, poeta italiano y Premio Nobel de Literatura, años más tarde, en 1959, escribía "Aguas y tierras", entre 1920 y 1929, y citaba entre sus versos "Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra/traspasado por un rayo de sol:/ y de pronto anochece.", Alejandro Romualdo nacía en Trujillo, La Libertad, precisamente el año 1926, hace 88 años. Ahora bien, es para mí una satisfacción poder referir algunas líneas breves sobre su quehacer poético - dado la apreciación personal que siempre he tenido de su trabajo literario, y el respeto que le guardo por considerarlo uno de mis maestros de la escritura, a pesar de no haberlo conocido físicamente- a propósito también de esta semblanza que he podido escribir para compartir con ustedes, amigos y amigas, esta noche, por iniciativa de nuestro amigo y poeta Juan Benavente, y en ocasión del Homenaje póstumo por conmemorarse el LXXXVIII aniversario del natalicio de este insigne poeta nacional, hecho que desde ya me enorgullece por tratarse de un hombre comprometido con sus propios ideales y pensamientos, y que supo plasmar durante su vida: obra y pensamiento, y combinarlas para legarnos, a futuros lectores, esa idea clara de lo que significa un verdadero poeta, porque hay que ser claros en afirmar una verdad, el poeta es ante todo un comprometido con la vida, y con lo que acontece alrededor de ella. Sí, un quehacer poético intenso que sin duda, nunca se alejó de su visión social de ciudadano de un mundo imperfecto, y hasta muchas injusto. Porque precisamente, y siempre me dio la impresión que fue así, desde que pude acceder a sus trabajos, que la injusticia como inconsistencia permanente, y el desasosiego personal fueron- sino en gran parte, por lo menos en rasgo fundamental y esencial- importantes ejes de su creación.

Hablar de Alejandro Romualdo, es hablar de un poeta, es hablar de un periodista, pero sobre todo es hablar de un comprometido con la lucha del pensamiento social, es hablar de un hombre que nunca dejó de bregar con afán esperanzador desde la palabra, con el único fin de ver cambiada parte de esta realidad peruana, la misma que él, cual sensible observador preciso y atento pudo percibir: como las duras represiones de los Gobiernos Militares que llenaron las cárceles de militantes partidarios en su época; fue también un espectador realista de los cambios en las dinámicas sociales, y estructurales de las familias de ese tiempo, las migraciones del campo a la ciudad, las olas violentas del terrorismo, y las complacencias del poder político ante un sistema capitalista monetario que recién empezaba a mostrarse en su gran dimensión, y que lamentablemente muchos intelectuales de su tiempo preferían esquivar para ver la vida un poco más romántica, pura o abstracta.

Pasó por las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para luego viajar a España, a la Universidad de Madrid. Pienso luego, que encontrarse de pronto allá, solitario, en tierras desconocidas donde franquismo era inminente, pero también las voces poéticas de los españoles Rafael Alberti, Gabriel Celaya, José Hierro, entre otros, poetas de su generación vibraban claramente fue forjando el sentido real de lo que significaba, ser un escritor comprometido. El deseo de revolución heroica y el marxismo terminaron por absorver sus convicciones, móviles y pasiones.

El Canto coral a Túpac Amaru es una muestra de ello, esta oda completa es una exaltación plena de libertad que emula ese deseo de todo ser humano de sentirse libre, a pesar de los sufrimientos y tiranías por las que el individuo atraviesa en su lucha por hacer prevalecer su causa o su razón de vida. Aquí el elemento hombre, en su mayor acepción posible, vuelve a la misma tierra que lo ha engendrado, a pesar de que todo pareciera bíblicamente consumado, es decir acallado finalmente, para decirle no a la muerte, sí, a la libertad, sí a la vida porque donde triunfa la libertad perece la esclavitud y muerte.
Querrán volarlo y no podrán volarlo. Querrán romperlo y no podrán romperlo.Querrán matarlo y no podrán matarlo.Al tercer día de sus sufrimientos, cuando se crea todo consumado,gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra, ha de volver,¡Y no podrán matarlo! (De: Edición Extraordinaria. Lima, 1958) 
Dedicado al oficio del periodismo, y a la enseñanza, escribió sus artículos y poesías bajo el apodo - en algunos casos -de "Xanno", aunque para ser exactos Alejandro Romualdo siempre fue Alejandro Romualdo. así firmó, y así murió. Este hombre, a quien la crítica literaria peruana lo ha ubicado con justicia, dentro de la generación del 50, fue ante todo un poeta, un poeta del compromiso y de la lucha, sí, de la lucha por devolverle a la palabra misma esa connotación que ya Vallejo anunciaba en sus apuntes de "El arte y la revolución", el sentido de "la palabra justa". No dudo que sus viajes posteriores a las ciudades mexicanas de Octavio Paz, y a la Cuba, aún revolucionaria de la época terminaron por acentuar aún más ese rasgo característico que la consciencia introduce en los hombres independientes, el rasgo social.

Finalmente, debo aclarar que no cité inicialmente al enorme poeta Salvatore Quasimodo por pura casualidad, sino que encuentro en este, la similitud cuasi perfecta. Me imagino ahora, al escritor de " La torre de los alucinados" caminando el mismo sendero, que su par italiano a la hora de definir con claridad la función real del poeta, la misma que quedara expresada en las palabras de "El poeta y el político", discurso de aceptación al premio la noche del 10 de diciembre de 1959, quien refiere,
" El poeta es un inconformista y no penetra la cáscara de la civilización literaria falsa, que está llena de torres de defensa como en la época de las comunas. Él pasa de poesía lírica a la poesía épica para hablar sobre el mundo y el tormento en el hombre vive racional y emocionalmente. (...) El poeta se convierte en un peligro para los jueces de la Libertad Cultural, quienes ponen bajo sospecha sus actos y palabras, es así como por medio de la crítica conformista tratan de hacer que el concepto mismo de la poesía sea condenada a la inmovilidad." 
Indudablemente, y es una gran verdad, que Romualdo fue ese hombre que pasó de la poesía lírica a la poesía épica para hablarnos en algunos casos de modo estruendoso, y en otros de modo armónico, de ese tormento racional y emocional en el que está incrustado el individuo, producto de unos jueces sociales que intentan ver todo menos su propia consciencia, en fin. Ahora bien, amigos y amigas, a pesar de ya no estar físicamente entre nosotros este digno representante de la poesía peruana, porque murió la noche del 27 de mayo de 2008, su tiempo vivido fue suficiente para dejarnos ese gran pensamiento que implicaba desde ya una trayectoria limpia de amor por la literatura, de amor por la poesía, pero sobre todo de lucha poética en afán de ver en el futuro una sociedad cada vez más humana e igualitaria. 

Muchas gracias.
Atte. 
Víctor Abraham

***
Disertación en Homenaje póstumo por conmemorarse el LXXXVIII aniversario del natalicio del poeta nacional Alejandro Romualdo, celebrado en la ciudad de Lima, en ocasión de la edición 1031 de los Viernes Literarios, el viernes 19 de diciembre de 2014.

Imagen: Internet

Imagen: Afiche de la Edición 1031
de los Viernes Literarios. Lima, Perú



domingo, 14 de diciembre de 2014

El circo de la COP20 (parte 1)

Me preguntan, personas allegadas a mí, qué es lo que pienso yo respecto al caso: Greenpaece y las líneas de Nazca, ¿has visto me dicen?... Uhm..., medito mucho esta inquietud, y llego a una sola conclusión, compulsivos activistas que buscan hacer publicidad mediática porque saben que en este país, quien quiere portada es quien obra escandalosamente, y para ser sincero, lo han conseguido gracias a nuestros medios informativos mediocres... Ahora bien, según declaraciones del señor Ollanta Humala, "Nos han faltado el respeto...", sin embargo considero que sus discursos nacionalistas poco sostenidos en una política clara hacen que sus palabras queden sin piso, considero, al menos para mí que están demás, ya que vivimos en un país en el que a diario se falta el respeto a la ciudadanía, ¿y cómo es esto?.... Pues bien, pésima educación, corrupciones impunes, negociados ilícitos, desalojos intempestivos y abusivos, leyes sin pies ni cabeza, en fin. No sé que piense la mayoría de ciudadanos al respecto, pero me interesa más hacer un análisis riguroso sobre esta última COP20 que la considero evento más importante, no por la envergadura de tratarse de las Naciones Unidas o por su temática manoseada, sino porque considero que hay muchos cabos sueltos y que es necesario intentar atarlos, o por lo menos conocerlos. Es mas, creo que deberíamos dedicarnos a investigar a fondo ello, en fin... Personalmente, me importa más analizar lo que atenta contra la vida misma del individuo a gran escala, que lo que pueda pasarle a un patrimonio que ya de por cierto está tan olvidado, porque seamos claros, este como tantos otros del país...solo son retomados como "cultural" cuando conviene a las arcas del Gobierno a la hora de hacer prevalecer todas estas mentiras del turismo interno, Marca Perú, PromPerú, y etc..etc, uhm... así están las cosas.

Días de grandes celebraciones y encuentros de Coffee COP

La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP-20, se llevó a cabo en Lima, del 1 al 12 de diciembre, hasta hace poco, y según nuestra prensa los ojos del mundo nos estuvieron mirando (Supongo que Greenpaece y sus fideístas activistas, no iban a dejar pasar esta oportunidad, en fin.). Fueron días -como lo vino informando la prensa- de continuos diálogos y debates, inclusive jóvenes universitarios del mundo, mandatarios, y personalidades del activismo ecológico.

No faltaron los recursos diplomáticos del MINCETUR, Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, y sus palaciegas noches y tardes de brindis y coffee COP, como lo denominaron. Según el portal web de Gestión, diario de economía y negocios del Perú, del diario El Comercio, que cito al final de esta crónica, refería la mañana del viernes 12, "El Perú ha sido la sede del evento más importante del calendario anual de las actividades de Naciones Unidas para el cambio climático (...) nuestro país ha construido una reputación por buena comida, los ojos estaban alerta". Luego señalaba, "la COP 20 debió atender la demanda de alimentación de 14,000 asistentes registrados (...) se ofrecieron platos amazónicos. La organización escogió a los restaurantes El Ostrero y Amazonic Grill para esta área.
(...) las Coffee COP funcionaron las 24 horas con ensaladas, sándwiches, quiches, jugos, postres y un sushi bar. Para la bienvenida se trabajó junto a PromPerú para ofrecer un menú marino a 4,000 invitados. En los cocteles para las autoridades, ofrecidos en el Parque de la Reserva y el Teatro Nacional, se implementaron estaciones de quesos peruanos como el characato y se sirvieron platos como langostinos crocantes con miel de rocoto. Chefs mediáticos como Virgilio Martínez y Gastón Acurio también asistieron a la COP20. Este último preparó un cebiche vegetariano junto a Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas. Acurio explicó que el cambio climático afecta directamente a los productos naturales que son la base de la cocina local."

El meollo del asunto

Como se puede apreciar, las atenciones palaciegas no se dejaron esperar, la pregunta sería, ¿Cuánto dinero no?¿Cuánto de ello se cederá a los proyectos de Medio Ambiente?¿Es coherente Gastón Acurio con sus precios, y cadenas de restaurantes, ahora bien, podrá un poblador de a pie de Cerro de Pasco o de La Oroya pagarse solo una semana de almuerzos en alguno de sus restaurantes?. La respuesta es simple, no señores, como tampoco creo destinen algo para proyectos de Medio Ambiente, por una razón sencilla, todo es negocio privado.

Por otro lado, El diario "La república", a través de su columnista Mirko Lauer, que cito como fuente No.2, sostiene que a puertas de cerrarse este capítulo, "La cobertura de esta COP como megaevento mundial ha disimulado los intensos conflictos entre delegados que son la norma en este ciclo de reuniones.(...) muchos participantes sostienen que el borrador presentado por los países desarrollados no está balanceado, y que más bien ha vuelto a ser concebido para permitirles zafarse de sus obligaciones. Lo cual equivaldría a patear hacia las calendas griegas medidas urgentes para avanzar en la lucha contra el calentamiento global, motivo de la reunión.". Añade también, "La madre del cordero fue que los co-presidentes de la Plataforma de Durban, el más sensible de la reunión por ser el que redacta las decisiones para el 2015 en París, insistían en redactar el texto de las decisiones y luego someterlo a votación. Esto se ha logrado, pero de todas maneras quedan intensos conflictos en el aire de la COP20".

Un alcance significativo que es necesario anotar

Un amigo mío,  miembro del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores/as), para cuyo email cito convenientemente: demossocial@yahoo.es, para cualquier alcance mayor, me hizo llegar un comunicado que luego de un análisis profundo, pude inferir. Por un lado, como sostiene esta información, y que certifico como precisa, "quien mire el mapa geográfico del Perú encontrará que casi todo nuestro territorio está concesionado a las empresas mineras, petroleras y agroindustriales, y gran parte se superponen a los territorios de las comunidades nativas y campesinas. Además la mayor parte de conflictos en el Perú, es de carácter ambientalista".

Por otro lado, se está matando nuestra propia tierra, con sus recursos y su propia gente. Ahora bien, el cambio climático, no es producto- y en eso hay mucha verdad- de la actividad humana en general, esa es una mentira que nos hacen creer, sino de la expansión de un sistema capitalista muy grande - y demasiado ,sanguinario- al que el país como tantos otros solo funcionan como alcancías, y cuyos gobernantes solo son piezas de un juego mayor, la desertización. Aquí, en este macrosistema la producción, distribución y consumo de mercancías, basado todo ello, en la competencia, la búsqueda incesante de la ganancia y de la acumulación, se apoya en la superexplotación de los trabajadores del campo y la ciudad y en la utilización de un sistema energético de combustibles fósiles (reservas que se agotan) como el petróleo y sus derivados, el gas natural y carbón mineral; ahora bien, el problema acá que es de gran envergadura, si se tiene en cuenta que estos combustibles constituyen casi el 80% de la oferta mundial de la energía.

Uhm...

Este hecho me lleva a pensar que este es un ciclo que va a continuar irremediablemente nos guste o no: los próximos treinta años. Sin embargo, lo que si me indigna es la pasividad con la que nuestros intelectuales y líderes de opinión reaccionan, ...pero qué van a decir, si también son parte de esta degradación moral y social que a la larga conlleva a la misma desidia enmarañada de falsas verdades.

Ahora bien, hay que entender aquí una cosa, y de eso no me queda la mayor duda, que en este lapso de tiempo - al menos durante esta últimas semanas- considero que el Gobierno ha gastado decenas de millones de dólares para atender a la alta burocracia de la ONU y lanzar discursos demagógicos al exterior mientras que al interior del país se sigue atacando - y faltando el respeto, en palabras del Presidente citadas al inicio de este trabajo, a nuestra biodiversidad ecológica como todos los gobiernos neoliberales reprimarizadores de nuestra economía que le han antecedido y que sin duda alguna, los demás que vengan seguirán esta misma directriz, porque hay aquí una gran verdad: se da apoyo absoluto a las industrias extractivas de la minería y el petróleo, al mismo tiempo que se subsidia la economía de los empresarios saqueando la de los trabajadores. Esto significa que mientras a los empresarios se les provee adecuadamente, los intereses territoriales y ambientales de los campesinos, nativos quedan vulnerados, ni que decir de la economía de las regiones, en fin, dándoles así a los trabajadores de las ciudades una migaja a cambio de quitarles derechos laborales en seguridad y salud. Como vemos, así están las cosas por acá, por la "capital de la gastronomía mundial".

sábado, 6 de diciembre de 2014

Definiendo algunos rasgos de la vida: Entrevista

Escenario: Casa de la Literatura Peruana. Lima, Perú
Día: Domingo 30 de noviembre, 2014
La entrevista la llevan a cabo las estudiantes: Alison Miranda, Luz Souza, Pamela Silva y Xiomara Andrés
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- Buenas tardes, díganos, ¿cómo nace en usted el gusto por las letras?
- A partir de las primeras experiencias con mi padre, y mi relación afectiva que tuve siempre con él. De él aprendí la valoración de un libro, y también el hecho mismo de que ser un escritor es ser un comprometido con la vida misma. Yo era pequeño entonces, y debo mucho a este hombre que fue mi progenitor.

-¿Es necesario tener cierta edad para que el escritor pueda descubrir sus propias experiencias o inquietudes?
-Yo creo que sí porque como tú lo has dicho, todo basa en experiencias de vida, de aprendizajes que uno va recogiendo a lo largo de su existencia. Mientras se es joven no se valora ni se entiende el significado real de la vida misma; eso no pasa cuando ya vas madurando, o sea te vas haciendo cada día un poquito más viejo. Pero, claro está que eso no quita que puedes escribir desde una corta edad, sin embargo recuerda esto, que los años afianzarán más tu trabajo.

-¿Desde cuándo decidió escribir y por qué?
-Desde que era un adolescente tal vez, no podría precisar con detalle, sin embargo todo pienso que empezó con las primeras anotaciones en forma de versos que hacía para una chica que me gustaba en mi adolescencia, y bueno… allí inició todo, luego fui comprendiendo que habían otros temas más amplios y globales, preocupaciones mayores como el hecho de combatir la ignorancia y la mediocridad, además de denunciar los problemas sociales que percibía se iban sucediendo en la vida que me envolvía. Sabía, entonces porque así lo entendí, que había que usar un arma, y esa era la literatura comprometida, después de eso…pienso que nada. Claro está por supuesto que las necesidades varían de acuerdo a la edad del escritor, y lo que quiere para sí mismo, y eso lo sabe muy bien toda persona que se dedique a este oficio. Yo tengo la convicción clara de que si un escritor no se compromete con las causas buenas en su vida y en su obra, de nada sirve lo demás.

-¿Cuáles son los escritores que han influido en su creación literaria?
-Generalmente los escritores europeos de la posguerra, esto es: luego de la Segunda Guerra mundial, entre ellos el francés Jean Paul Sartre, el alemán Heinrich Böll; aunque debo citar también al ruso Alexander Solzhenitsin. Ah, también me he identificado mucho el estadounidense Saul Bellow, entre otros.

-¿En qué se inspira para escribir?
-En las cosas cotidianas y sencillas de la vida.

-¿Qué género escribe?
Generalmente ensayos de interpretación, crónicas y textos narrativos, aunque he publicado también poesía.

-¿Cuál fue su primera obra?
-Contemplaciones del Ser, Lima. 2008.

-¿Cuánto tiempo tarda para escribir un libro?
-Varía en realidad, porque eso depende del libro, lo que sucede es que uno siempre está corrigiendo cosas. Es difícil terminarlo. Sin embargo mi último trabajo “Sueños de la Realidad” me ha llevado casi 8 años.

-¿Para escribir un libro es necesaria una investigación previa?
-Depende del trabajo, si es histórico, sí. Pero, si partes de una experiencia personal, no.

-¿Cuál es el escritor que más admira o le gusta leer?
-En realidad guardo cierto afecto a muchos que considero han sido y serán mis maestros, de ellos he rescatado muchas virtudes que rigen hoy en día mi vida, son ellos de quienes hube de aprender lo que con mi padre quedó inconcluso en su momento. Mis maestros, los geniales escritores de la posguerra, de las entreguerras, de los períodos duros de la Guerra civil española, de la filosofía existencialista y humanista, de la psicología analista: aquéllos hombres y mujeres a quiénes nunca conocí, pero asimilé demasiado bien.

-¿Para quién escribe?
- Creo que para todos y a la vez para nadie, sucede que un hombre obedece más a sus convicciones e imperativos morales.

-¿Fue difícil abrirse paso como escritor   en un principio?
-Como todo: cuando uno empieza, empieza de cero. Sin embargo es luego, la persistencia la que te va dando un espacio relativo entre los lectores. Aunque debo aclarar que eso a mí no me preocupa, creo que mejor es ser un desconocido a veces.

-¿Qué eslogan propondría para una campaña nacional de la lectura?
-“Decir lo que se piensa y expresar lo que se siente. Ser honestos consigo mismo”, todo eso se afianza leyendo: no uno, sino muchos libros.

-¿Qué consejo daría a los jóvenes que quieren seguir sus pasos como escritor?
-El ser uno mismo siempre, a pesar de las contrariedades o duras e incomprensivas críticas diarias y ajenas. Total, lo demás, siempre será lo de menos.

- Gracias Sr. Víctor Abraham.
-No, gracias a ustedes, y muchos éxitos en los años académicos que vengan para ustedes en adelante.

----------------
(Ya se va cerrando todo. Son las siete y treinta y cinco de la noche. La gente se va retirando. Se ha pactado una nueva reunión para el día de mañana Lunes 1 de diciembre con el fin de poder firmar el trabajo concluido para ser presentado a la maestra del curso).










Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 4 de diciembre de 2014

De profesión, profesor y periodista... de oficio, escritor

A Alison Miranda, Luz Souza, Pamela Silva y Xiomara Andrés
jóvenes estudiantes que inspiraron esta crónica... 

De profesión, profesor y periodista

Escribí estas líneas, a partir de una entrevista que me hicieron unas estudiantes este fin de semana. Sí, cuatro jovencitas que no dudaron en desafiar mis propios límites del asombro intelectual para poder absolver a algunas de sus preguntas, y es que es una verdad, me gustan los retos intelectuales, y cuando me topo con jóvenes muy acuciosos me veo obligado a usar ese tono un poco moralista y retador, en fin. Sin embargo debo afirmar que casi no me gustan las entrevistas, las detesto, ni entrevistar, ni que me entrevisten; alguien diría algo ilógico para usted que es periodista, pero es la verdad. Casi nunca me gusta contestar a lo que refiere a mi trabajo de escritura porque sucede que a veces me siento corto y hasta algo nervioso por ello creo, o tal vez sea porque no me gusta nada de lo que tenga que ver con eso de los egos, y es que es la verdad, cuando uno responde a algo, a veces puede estar tentado a caer en ese error, en hablar más de lo debido, pero en fin. Ahora bien, cuando sucede esto, sólo atino a decir, "lean mis libros, allí está todo, y si no tienes uno, te lo doy ahora mismo". Porque debo reconocer una verdad, no me gustan las entrevistas, y cuando accedo: lo hago bajo dos razones, o es porque se trata de jóvenes que me lo piden, o bien porque se trata de alguna tarea escolar de adolescentes; mas allá de eso, no me interesan. 

Por otro lado, si relato esto a modo de crónica es porque, como ya dije inicialmente, cuatro jovencitas acompañadas de una mamá se me cruzaron de pronto, ocurrió inesperadamente, y debo reconocer que me resultó muy gratificante. Me resultó grato porque pude hablar con jóvenes adolescentes, y es que siempre me ha fascinado estar rodeado de ellos, tal vez... ello explique el porqué de mi profesión, y es que es verdad soy profesor. Estudié para eso, y eso es lo que sé hacer, después de escribir, claro está, y jamás he puesto algo por encima de estas dos actividades. Dediqué cinco años de mi vida a convertirme en profesor. Luego de llevar a cabo una tesis sobre actitudes científicas que concluí en un primer momento- y digo esto porque aún hay investigación para rato-, obtuve por fin el diploma que me acreditaba para ejercer la enseñanza básica, hecho que me sigue enorgulleciendo hasta el día de hoy, y es que hay una gran verdad, o al menos para mí...debo todo a esta hermosa profesión. Sí, debo mucho de lo que soy a ellos, los jóvenes adolescentes con los que me he topado. Vivo de mis estudiantes como trato de que ellos vivan de sus propias experiencias. He aprendido tanto y pienso, sin temor a equivocarme, que han sido ellos sin proponérselo mis mejores amigos y maestros.

Ahora bien, una vez en Trujillo, cuando yo aún tenía algo menos de 16 años, y estaba justo parado en la larga cola de inscripción para postular a la universidad, alguien me preguntó- supuse que vio el rótulo del formulario que llené, y que por consiguiente decía, CARRERA PROFESIONAL: EDUCACIÓN-, “¿por qué quería ser profesor?”. No respondí, sólo supe que quería serlo. Éste “alguien”, sólo sonrió, y me dijo, “que tengas suerte”. Comprendí luego, que la esencia de una carrera profesional que en el futuro se ejercitaría, sino iba cimentada desde el inicio de un fuerte sentido de vocación personal, de nada serviría, es más no llenaría más adelante mis expectativas. Dieciséis años después me di cuenta que sí, que sí era como lo pensé esa remota tarde, la vocación personal es la que hace posible que un individuo viva orgulloso de lo que hace. Sentirse en muchos casos contento con lo que uno hace, y más aún percibir un sueldo por ello, francamente no tiene comparación.

Y es que mucha gente me ha preguntado, cómo, cómo si usted es escritor y estudió periodismo por qué no ejerce ello, o escribe para un diario, por qué se conforma usted con ser un simple maestro de escuela, por qué se condena al anonimato y se niega a hacer lo que al escritor le es permitido a hacer. Uhm, sinceramente, que escuchar esto, de vez en cuando, me pone francamente en una situación algo incómoda, nunca respondo, o tal vez esquivo esta respuesta, y es que sucede que mandé en un par de ocasiones un par de artículos a la prensa para que los revisaran, me los aceptaron y los publicaron por intermedio de un amigo, luego vinieron dos publicaciones más, hecho que agradecí en su momento, sin embargo esta vez este amigo quería dinero, lo mandé al diablo, y dejé de hacerlo, después fui invitado enviar trabajos a algunas personas más ligadas a revistas y medios culturales impresos, y es que sucedía entonces - para sorpresa mía- dos cosas, o no querían del todo mi trabajo porque era, según ellos, muy fuerte y les asustaba, o segundo me lo publicarían a cambio de reducir algunos términos o enunciados: igual los mandé al diablo, al margen de ello, he seguido escribiendo para el blog de La Generación Desconocida desde hace siete años. Por otro lado, un tiempo la BBC MUNDO estuvo recibiendo mis comentarios, pero perdí el contacto: emitía opiniones y juicios sobre temáticas internacionales, pero ya dije, perdí el contacto. Me he preocupado desde entonces a usar las redes sociales y tener como vehículo, las escuelas en las que he laborado con el fin de difundir los trabajos, sí, debo reconocer que mis viajes también me han ayudado en dicho propósito, aunque para ser sincero, no me interesa correr detrás de alguien para buscar la novedad e imprimir el titular del día, me interesa más y me seduce más el acto de conscientización en si mismo que pueda generar entre mis propios estudiantes.

De oficio, escritor

Cuando pienso en lo que significa un oficio, no puedo dejar por mi cabeza, las impresiones primeras que tenía acerca de este término antes, y entonces se me viene a la mente, los múltiples trabajos que realizaba mi padre para proveer nuestra subsistencia diaria mientras dependimos de él cuando éramos niños, mis hermanas y yo. Mi padre era un hacedor de oficios, un inventor de trabajos que - sabe Dios cómo- traía algo a la casa por las noches, desde hotelero hasta vendedor de cosas absurdas. Uhm..., pero así era. Supongo que a él le pagaban por lo que hacía, que si bien no era mucho ya era algo, y eso era lo más importante, en fin. Desde niño siempre se me venía a la cabeza cuando escuchaba la palabra oficio, las imágenes de un cartero, un peluquero, un zapatero, un sastre, y otras actividades más, pero jamás cruzó por mi cabeza la idea de un nominativo más, escritor. Pero es la verdad, un oficio es algo que se aprende por cuenta propia, que se descubre por sí mismo al darse cuenta de que hay - o en todo caso se reúne de- ciertas habilidades. 


Un oficio lleva un sello más de estilo práctico y de adiestramiento interior, implica dedicación y cariño por lo que se hace. No hay un sustento académico o un diploma que avala ello, son los visitantes, los que se sirven del trabajo hecho por este tipo de hombre, quienes reconocen generosamente esa dedicación desplegada. Aquí no hay motivación más intrínseca que la satisfacción de hacer un buen trabajo o de servir mejor al otro que acude en búsqueda de la solución al problema. El oficio está lejos de ser una profesión porque simplemente no hay más crédito por lo que se hace, que el que puedan darle sus beneficiarios. Una profesión está enmarcada en un rango social que obliga a competir por escalar posición. Un oficio no, un oficio es una actividad más sencilla, más libre, aquí no hay presión: hay dedicación, sí, exclusiva dedicación, que no está enmarcada en nada, salvo en una propia necesidad de satisfacer una necesidad del otro a cambio de una pequeña y hasta a veces ínfima cantidad pecuniaria. Un oficio- y no he dicho carrera técnica porque eso es otra cosa-, es libre de ser ejercido cuando las circunstancias lo requieren. Una profesión, no. Una profesión demanda profesionalización, demanda roce social, demanda diplomas y estudios de especialización. Un oficio en cambio, demanda mayor compromiso consigo mismo, mayor entereza y mayor destreza, cuando no, a veces hasta una cuota mayor de ingenio para poder sobrevivir en el mundo injusto de titulados. Un oficio es más libre de ser ejecutado; una profesión, no, está atada al convencionalismo de ser o de estar dentro de algo, necesita de ese algo para sobrevivir porque simplemente el mundo exige más. Ello no quiere decir que hablemos de dejadez, no, simplemente pienso que un oficio implica mayor tentación a la precariedad y al vacío de la rudimentariedad. En consecuencia, y puestas sobre las íes todas estas expresiones, debo afirmar que el oficio de la escritura está acompañada de muchos matices complejos que van desde un compromiso mayor de energía misma y consigo-mismo hasta una voluntad de desprendimiento total...

Bueno, si decidí escribir esto fue porque debía aclararme- al menos a mí mismo- sobre lo que implicaba esta actividad, ante una de las preguntas de estas jóvenes adolescentes...¿Desde cuándo decidió escribir y por qué?

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Hijos de México!

Ahí está el detalle!

Eran las seis y treinta de la mañana. Recuerdo que había amanecido soleado el día. Una estación radial, "Radio Universo", anunciaba - tal vez desde hace un buen rato atrás- la irreparabble pérdida de un gran mexicano. Era el 22 de abril de 1993, yo vivía por esas épocas en Buenos Aires del Perú. Estaba en quinto grado de primaria. Tenía 10 años. Mi padre estaba triste, sí, pues desde pequeño mi padre me habló siempre de Mario Moreno, de "Cantinflas", decía que era un gran hombre, un gran artista comprometido siempre con las causas justas, y al servicio de la sociedad. Él, mi progenitor lo admiraba mucho. Tenía cientos de recortes de su ídolo, hasta le había hecho un álbum de imágenes, todas extraídas de periódicos viejos y amarillentos. Sí, alli figuraba en el libro de imágenes de ilutres mexicanos junto a Jorge Negrete, Pedro Infante, Agustín Lara, Domingo Soler y María Félix, en fin, porque es sabido -y siempre lo he reafirmado a cuánto sitio he ido- que  mi padre era un gran admirador de la Cultura mexicana. Es más creo que luego de él, al menos durante mi niñez, no hube conocido jamás hombre como éste que apreciara con buenos ojos dicha sociedad. Así pues, a mi padre debo en parte todo lo que he aprendido sobre México, su hermosa cultura, su sociedad, su arte, y su cine; lo demás, la otra parte, debo a los libros de Octavio Paz y los viejos textos de historia antigua que leí sobre la Revolución Mexicana, además de los buenos amigos y amigas que he podido hacer en el camino. Son estas ricas experiencias la razón de mi- hoy también- admiración y respeto hacia esta hermosa cultura.

Pero, volvamos a nuestro cometido inicial. Sí, asi fue ahora que lo recuerdo esa mañana del JUEVES, 22 de abril de 1993. Mañana en que partió un ídolo grande, querido y amado por su pueblo, pero a la vez respetado por ese mundo de la cinematografía estadounidense. Su comportamiento sencillo, y sus hábitos austeros, según data -haciendo un repaso breve por su biografía- el diario El País de esa época. Yo no conocí a "Cantinflas", al menos nunca leí una nota que se publicara en vida, o una entrevista en vivo y en directo por televisión - en blanco y negro por esa época-. No, si sabía algo era porque me padre me hablaba de él, luego de su deceso, sin embargo me bastó ver sus películas, algunas en blanco y negro, y otras muchas a color, sí, ver "El profe", "El patrullero 777", "El siete machos", "El padrecito", entre otras tantas películas que me emocionaban mucho y me hacían reír por esos años de niñez y adolescencia. Con el tiempo me di cuenta, que Mario Moreno quiso imprimir en sus películas ese propio sello suyo, de la marginación social y del desacato a la autoridad, dando vida así  ese "pelado", pero bueno, y hasta a veces ingenuo, cuyo único pecado era decir "cantinfladas", ¡ah!, pero que estilo para rebelarse contra la autoridad dictatorial y para mostrar ese lado solidario con el hombre y la mujer de a pie. Sin duda, que don Mario Moreno fue un gran mexicano como ya referí anteriormente, y que espero sirva su imagen como paladín de la justicia y su entereza moral y sencilla  como ejemplo de vida para los hombres del hoy y del mañana.

¡Fue, sin querer queriendo!

Por otro lado, esta semana, hace dos días, viernes 28 de noviembre, cuando regresaba del trabajo a las 4 pm, me enteraba de la noticia de última fuente por una cadena radial, que decía: "¡Atención, atención, Roberto Gómez Bolaños acaba de partir a la inmortalidad. "Chespirito", ha muerto!". Uhm, me quedé en silencio, pensé por un momento en todas las series que había visto de su personaje emblemático "El chavo del 8", sí, ese niño que durante todos los capítulos que atiné a ver jamás develó su nombre, sí, un niño sin nombre ni apellido, sin casa, salvo un único y desgastado barril, sin nada que ofrecer, salvo su noble corazón y su tierna ingenuidad - mal interpetada muchas veces como torpeza inútil-, no, este niño no era torpe, era simplemente un niño con alma de triste sufriente y con un buen corazón. Si bien es cierto, a diferencia de un joven"Cantinflas", este niño al no poder rebelarse contra los grandes, sólo atinaba a dejarlos en ridículo, que es ya una forma sintomática de revelarse contra el poder inmediato.

Sí, a don Roberto Gómez Bolaños, sí lo llegue a ver, si lo llegué a escuchar, sí llegué a disfrutar de su arte, estando aún él vivo. No recuerdo exactamente la edad que empecé a ver sus secuencias cómicas, pero de algo estoy seguro, es que las sigo viendo hasta hoy, y me sigue embargando la pena cuando veo la injusticia que se comete muchas veces con aquel que nada puede hacer por defenderse. Eran otro tiempos aca´en Perú, por lo menos en esa época había programas para niños y para la familia decentes, cultores del buen arte y del sano entretenimiento. Cómo duele ver que nada de eso queda ya en mi país, ¿lo que abunda hoy?, sí, solo burdos remedos de entretenimiento televisivo que lejos están de ser los de hace viente años atrás.

Gracias...!

Finalmente, debo afirmar que tengo 32 años, y sí, debo confesar que a esta edad estoy muy agradecido con ambos personajes porque formaron y formarán parte de mi vida, si bien es cierto uno con mayor locuacidad expresiva y arrojo, que otro que nada debe envidiar al primero, que usando su espíritu infantil es capaz de hacernos entender innumerables omisiones que a veces se hace del pobre y marginado.

Gracias, dignos hijos de México. Mi solidaridad con los hermanos mexicanos que han perdido - en medio de tanta violencia generada los últimos días- a dos grandes del arte contemporáneo. Gracias Mario Moreno, y gracias Roberto Gómez Bolaños una vez más por haber llegado a mi vida, y haber calado con sus mensajes tan hondamente en mi, y creo convencido mas que nunca que también en la vida de muchos jóvenes del hoy, y del ayer. Que su genialidad, pero sobre todo su carisma personal no deje de sembrar buenos ejemplos de vida en nuestras futuras generaciones.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ángel Valeriano, enorme pensador y poeta del nihilismo existencial

"Visten muy a la moda/ con zapatos brillosos que esconden sus sucias garras/ llevan esmoquin/ y un collar de perlas/(...) Así son las aves de rapiña/almuerzan guisado de costillas/ y cenan a la medianoche/ encerrados en un salón dorado/cenan carne asada de sus propias víctimas/ beben sudor en tazas de porcelana/ y para satisfacer su buche/ beben la sangre de la patria,/ luego duermen, y cuando amanece/se disfrazan de tiernas palomas blancas/ vuelven a vestir con ropas caras/ se adornan con sus alhajas/ perfuman sus alas y sus corbatas/ y esperan una vez más/ (...) para desgarrar y picotear a sus víctimas, / para alimentarse entre ellas/ hasta saciar con la gula sus tripas;/ así son,/ porque son aves de rapiña/ llevan el hedor a muerte en sus patas/ y donde pican,/dejan la mancha de su desgracia”. (Pág. 14) 
*** 
"Ahora mismo nos estamos mirando/ sin saber en verdad quiénes somos/ sin conocer lo que hay detrás de nuestros ojos/ puede haber aquí muchos colores falsos/ muchas palabras embusteras(...)". (Pág. 23) 
***

"La consciencia humana/ ha llegado al punto más bajo de su existencia,/(...) hemos llegado al hoyo más hondo de la imperfección/ al punto álgido en el que los únicos que ganan,/son las moscas de dos patas/ y los gusanos que nunca se arrastran". (Pág. 25) 
***  
"(...) Este es el mundo de los niños vendidos/ de los animales torturados/ de las plantas cautivas/ del negocio y la educación nociva,/ es un mundo que muere lentamente/ ahogándose en su propio charco de sangre,/ (...) este es el mundo donde reinan los carnívoros/ los homínidos sapientes/ que rocían veneno sobre el agua/ gases tóxicos en el viento/ y extirpan de las entrañas terrenales/ el alimento sagrado del útero materno, (...)" (Pág. 29) 

*** 
"Vivimos actualmente una época marcada por la violencia, el crimen, la corrupción, la contaminación del medio ambiente, etc.
Esta es sin duda una de las épocas más duras de la historia humana, en la que, si bien es cierto, el hombre se ha vuelto “moderno” y “civilizado”, sin embargo habría que preguntarse cuál es el verdadero significado de estas palabras, puesto que al parecer, el hombre, cuantas más comodidades tiene, más robotizado y destructor se vuelve.
Charcos De Sangre, siendo mi primer libro en publicar, es una obra que a través de la poesía describe esa cruda realidad que aqueja a nuestro país y a nuestro mundo".  (Prólogo. Fragmento)

Extractos del libro: "Charcos de sangre", Lima, 2014. Perú. por Ángel Valeriano.

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La obra y el autor, aspectos indisolubles para acercarnos el pensamiento de quien escribe

Foto:Servicios Fotofílmicos
de Rodolfo Moreno, poeta peruano
Conocí a Ángel Valeriano, un viernes 6 de julio, hace ya casi cuatro años, era viernes porque el lugar en el que coincidimos por vez primera esa noche fue precisamente el local institucional de la Casa Museo José Carlos Mariátegui, ubicada en el viejo jirón Washington del Centro de Lima, lugar que servía esa noche como espacio cultural de uno de los tantos Viernes Literarios conducido indesmayablemente por otro buen amigo, poeta y editor  Juan Benavente, y que por coincidencias de la vida terminó convirtiéndose en editor de ambos libros publicados este año, el de Ángel y el mío, en fin.

Pero como ya dije, conocer a Ángel Valeriano, no solo ha significado la apertura de una amistad más, sino esa posibilidad de aproximarme a un nuevo aprendizaje de la mano de otro gran poeta y joven escritor, dentro de mi propia existencia, y es que es así: siempre estamos aprendiendo del otro, o en todo caso reafirmando gracias a esta nueva persona algo que ya veníamos conjeturando.

Aunque parezca que esta crónica se pueda desviar por momentos hacia el lado más familiar y coloquial, no puedo dejar pasar el otro factor, sí, el hecho motor que me conmina a escribir esta noche en vísperas de la presentación de "Charcos de Sangre", primer libro de poemas de Ángel Valeriano, editado bajo el sello de Ediciones Viernes Literarios en la ciudad de Lima. Por mi parte sería mezquino no reconocer ni valorar su trabajo literario, cegándome a mí mismo no ver la calidad de escritura tras sus buenas intenciones de observador.

Son veintidós (22) poemas los que conforman este primer volumen lírico presentado por su autor, los mismos que no llevan una estructura seccionaria, sino un único hilo conductor, esto es: dispuestos uno tras otro. Esto es, empieza con un poema y termina con un poema, hoja tras hoja. Hecho que creo que obedece a la personalidad de su autor mismo de presentar las cosas sin tanto rodeo de por medio, así simple y directo, sin tanto preámbulo, salvo un único prólogo escrito por él mismo, y que me he extraer en fragmento líneas arriba).

Ahora bien, hablar de Ángel Valeriano Saavedra, es hablar de un poeta, sí, de un enorme poeta y pensador para cuya fortaleza existencial reside, a mí parecer, del nihilismo existencial. Y es que es cierto, estamos frente a un trabajo elaborado por un hombre que basa sus aproximaciones filosóficas e intelectuales -sino en todo, en mucha parte- en sus lecturas hechas del propulsor del superhombre, el alemán Friedrich Nietzsche, el francés Charles Baudelaire, y el norteamericano Charles Bukowski, uno de los últimos representantes de la literatura transgresora.

Esto, desde ya, deja clara su posición  fuertemente marcada a su propio desasosiego existencial y personal, hecho que da un giro más profundo y crudo a su cuidadosa escritura que junta pensamiento, poesía y lucidez.

El contexto como espacio- tiempo para entender al autor

Imagen: Archivos del poeta Ángel Valeriano
Respecto, al trabajo lírico del poeta, me he tomado la atribución de escribir algunos fragmentos, y que he colocado al inicio de esta nota para que sea el lector quien juzgue e interprete al yo poético del artista, No sin antes, anteponer mi opinión personal respecto a ello: poemas escritos a partir de una descripción cruda de la realidad, con un lenguaje claro, sencillo, directo y sin ambigüedades, características que no hacen más que contrastar lo que ya el norteamericano Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura 1954, llamara en una de sus entrevistas, literatura de verdad, y es que es la verdad, es cierto, puesto que dentro de tanta literatura plagada de lenguajes enrevesados e insulsos, y hasta procaces y lastimadores de la buena fe, que proliferan hoy en día, a merced de estos emporios comerciales de editoras, que ven por un lado, en sus lectores oportunidad de hacer negocio, y por otro, haciendo de sus escritores obreros pródigos de congratulaciones; solo pocos se empeñan en llevar a cabo esa loable misión del escritor, que es el compromiso y la conscientización social.

Sí, y seamos claros en afirmar que en eso, estas editoras han convertido a los escritores de hoy: en almas superfluas que sólo ansían a como de lugar falaces premios y masivos reconocimientos, y que para escapatoria de este mundo absurdo, no ven otra salida que deambular por los laberintos de la vida social, sin pensar que hay un sendero mayor, y ese, ese creánme es el camino de la reflexión y la maduración espiritual, Sí, sí, editoras que no hacen más prostituir el nombre de la buena literatura sedando las mentes de la población misma al negarse a darles pensamiento, análisis y crítica real porque saben que sólo así, un pueblo jamás será capaz de despertar. Pero qué van a despertar si hasta los más altos líderes de opinión y de cultura se muestran complacientes con los propios verdugos del pensamiento de la población.

Finalmente, y ya lo venía escribiendo para el libro de "La profesión del pensamiento", es difícil encontrar pensadores jóvenes hoy en día, pensadores tan acuciantes y sin miedo a decir y a definirse así mismos tal como se vislumbran diariamente en todo lugar y momento, porque el escritor es eso, convicción y férrea voluntad, lo demás, lo demás fuera de esta gran verdad queda reducida a la nada, a la nada de esa propia nada existencial.

Felicitaciones Ángel Valeriano, escritor y pensador peruano, Estoy seguro, que el devenir de los tiempos hará que nuestras nuevas generaciones tomen otros rumbos, y emulen tu ejemplo. Un abrazo siempre cordial.

(De: Generación de pensadores en Profesión del pensamiento. Lima, 2014)

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Jeremías inicia su propia degradación

Así escribió Jeremías:

"Y allí estaba Jeremías, otra vez, solo parado frente a su propia nada. No sabía nada, no sabía como sucedieron las cosas. La cuidó, la cuidó mucho, cuidó mucho de Sara, pero ya ella había contraído la terrible y mortal enfermedad de la degradación humana misma que terminó devorando su joven vida. Sócrates, la esperanza del mundo, sí, ese mismo niño que los anacoretas del pasado profetizaron a Zacarías, su abuelo, sí ellos que habían anunciado su nacimiento hacía ya hace más de cien años, y que por cierto acababa de venir al mundo, sí, sí, ese mismo niño que era ahora luz, la esperanza nueva de un mundo, la esperanza de la regeneracióh humana había llegado junto con su propio desastre existencial, ¿pero, a qué costo?, sí, sí, ¿a qué costo había llegado el pequeño Sócrates, ahora Sócrates Jeremías, como redentor de los hombres?, Sara había muerto, sí, sí, murió mientras soñaba con la ilusión de ser mejor. Jeremías se había vuelto loco, sus trastornos de la desilución terminaron fragmentando su vida, su vida que hasta hace poco pendía del único hilo del amor, del amor por una mujer que fue una vez una Magdalena, que fue una vez una María, que fue una vez su redentora: que fue su mujer, y es que a veces los destinos y recorridos interminables de las vidas de los hombres y de las mujeres son así, caminos llenos de desilución mortal, de desidias repetitivas que rotan como inmensas norias aferradas a pasados de otras vidas. Sara, Sara Jerusalen había muerto, como llegó una vez, así indefensa y sola, así se fue, así la recibió el féretro de la desolación. Esa noche, en toda la noche Jeremías no lloró, no tenía porqué hacerlo, tampoco sintió nada, sí, sí, Jeremías, el eterno hombre anunciador de la degradación humana, sí, aquel pedacito de hombre que solo servía a una ilógica retrospectiva de su fe que terminó, sí, terminó por fin esa misma noche su vida, se convirtió a partir de allí, en eso que él mismo quiso ser de siempre, un loco, un loco para cuya consciencia urente terminó por abrazarlo, y esta vez, sin remedio alguno, porque esta vez, Jeremías al fin pudo comprender su destino, su destino de irresoluto loco, ahora solo y desgraciado, sí, sí, entendió que él jamás sería el salvador, jamás, era Sócrates, indefectiblemente que era Sócrates, era él a quienes los filósofos del siglo pasado referían, "llegará un salvador, pero será en la tercera generación", Tobías, Jeremías, Sócrates. sí, y no Zacarías, Tobías y él, Jeremías, esa, esa era la lógica correcta que al fin el pobrecillo, ahora loco entendía, el destino de los anacoretas se había burlado de él. No había nada por hacer, rasgó sus vestimentas y entregó al niño a su propio destino. Sí, sí, indudablemente que ese sería el salvador, Sócrates Jeremías, hijo de Sara Jerusalen, una inocente prostituta, y de Isaac Jeremías, un loco, un peregrino loco que esa misma noche empezó a caminar su propia degradación". (Octubre 22, 2014)


Víctor Abraham en: Degradación humana. Lima, 2014

***
Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

martes, 28 de octubre de 2014

Capítulo XXVII de la "Degradación humana"

Años después Jeremías siguió transitando su propio destino. Fue entregado a los cuartos de confinamiento para desquiciados que le fueron asignados: mojigatos, locos y reducidos escombros de seres irracionales fueron por años sus únicos y últimos acompañantes. Afuera, todo seguía igual, o peor tal vez, puesto que la fiesta revolucionaria que pudieron iniciar en su momento duraría poco tiempo para su generación,  ya que muchos inconformes, luego, fueron recuperados por la sociedad que ellos mismos pretendían cambiar. La realidad había corrompido sus ilusiones, quemado sus esperanzas y debilitado su fe. Quedaba ahora, una sociedad asentada sobre deleznables cimientos donde el consumo, el aburrimiento y la hipocresía serían sustentos permanentes para cada noche de convenciones sociales, sí esta misma sociedad que se presentaba al frente suyo, era distinta a la que había idealizado, Pero, ¿qué podía hacer?

Sí, sí ellos mismos con los que había planeado en cada noche de su juventud sendas conspiraciones y acciones de bien, decidieron no materializar la utopía, decidieron no seguir más, consentían todo esto como estúpido, porque ello era imposible, era difícil seguir, "todo es ahora diferente", solía decir muy a menudo el "gringo", compañero de celda, sin embargo él, Jeremías, el pobrecillo de Jeremías, seguía aferrándose a la idea que aún todo podía ser diferente, sin embargo la realidad de su prisión le devolvía a la misma angustia de la sinrazón, y entonces otra idea tomaba forma en él, y es que estaba seguro que mientras estuvieron de pie, sí, su propia generación, provocaron una saludable crisis, provocaron muchas tomas de consciencia, impulsaron fe. Gracias a ellos y a sus convicciones - mientras duraron, muchos recordaron algo que comenzaron a olvidar, que simplemente el mundo estaba mal planteado y que debía ser mejor.

"Si observáramos con atención crítica", solía decir de vez en cuando con severa autoridad, la misma que ya no tenía, "entonces advertiríamos que aquella prosperidad material y falaz de la que tanto sacan lustre muchos se ha levantado hoy a expensas de lo espiritual, de la sencillez y del abandono de lo bueno".

Solo un muchacho flaco y escurrido que de vez en cuendo se sentaba a escucharlo - según refieren las notas que él mismo escribió por esos años- entendía muy bien la situación,

pero qué podíamos hacer, sino una cosa... salir a la calle y pintarrajear los muros del cuarto de confinamiento, hecho nada razonable dadas las condiciones en las que nos encontrábamos todos. (mayo 16, 2034)
-¡Estás loco, ya no razonas bien!- gritó hoy alguien con voz gangosa y apagada del otro lado de la puerta. (Creo que era el cuidador de los pasillos). Sí, alguien, al escuchar mis tormentos me volvió a vociferar, -¡Estás loco, ya no razonas bien!- (mayo 24, 2034)
Escuchar esto era muy común en la celda de confinamiento de Jeremías, sin embargo, y aún lo recuerdo, sí, porque recuerdo muy bien las notas que mi padre dejó escrito esa misma noche, y que hoy he transcrito para este cuaderno de La degradación humana.

"Este pensar" -dije entonces con firmeza, sí, con la digna firmeza cuerda que aún me quedaba-, "es el resultado de la confusión y la brutalidad de la experiencia que ha devenido producto de compartir con los de abajo, los humildes, aquéllos sin casa y sin nombres, los del montón, aquéllos que están lejos de quienes toman las decisiones y programan las angustias orquestando mentiras y proveyendo facilismos y confort a medias, sin nadie que los frene. Éstos - añadí luego-, son los tejedores de esta gran mentira social que hoy otros siguen. 
"Este pensar" repetí - pero esta vez más fuerte-, "es el resultado de compartir con aquéllos que sólo se limitan a materializar estos programas y a sufrirlo, a sufrirlo todo". 
El desquiciado aquella noche, que según me decían era yo mismo, seguía riéndose estruendosamente orgulloso de haber dicho su verdad, pórque era verdad: había dicho mi propia verdad, hecho que me hizo sentir el ser más infinitamente feliz de la prisión en la que me encontraba. Sí, sí, el eco de las carcajadas remecían los demás cuartos de confinamiento. Era mayo, afuera llovía. (mayo 24, 2034)

(De: La degradación humana. Lima, 2014)

Víctor Abraham

domingo, 19 de octubre de 2014

Jeremías aconseja a Sócrates. Capítulo XL del Libro de "La Degradación Humana" Lima, 2014

Jeremías aconseja a Sócrates.

Me había mostrado un fragmento de su poema. Procacidad completa. No me decepcioné, no, lo entendí. Entendí que su joven vida, y aún impetuosa no sería aún capaz de entender lo que yo pensaba en ese momento, en fin. Le pregunté, "¿Por qué has escrito eso?". No dijo nada, guardó silencio. Entonces le noté asentir ligeramente la cabeza en señal de culpabilidad ligera y de vergüenza. Es raro sentirse de pronto como sujeto de culpabilidad y de justicia a la vez, pero era verdad, así me sentía. Sócrates, mi hijo, que anhelaba tanto ser poeta, estaba allí parado frente a mí, sí, verlo de pronto entrar con la llevaba erguida, y a los pocos minutos: nada. Por un momento no dijo nada. Esto me hizo recordar las interminables pláticas con mi padre, sí, nada más que con el viejo Tobías, un moralista por excelencia.

***

Me quedé perplejo por un momento mirando al vidrio de la ventana que estaba frente a mí, y sentí de pronto un ligero viento. Vi lentamente en mis recuerdos. Buenos Aires, Septiembre de 1992, sí allí - como diría mi abuela- a un canto de la mesa pequeña estaba sentado y de pie mi padre, su camisa a cuadros y su pantalón beige aún me parecían alegorías vívidas. "No importa quiénes seamos, o cuál sea nuestro nombre o apellido, ni siquiera nuestra procedencia ni nuestro estrato o piel artificial que intentemos llevar cada día para impresionar a otros u otras, no, nada de eso importa más que nuestros actos, ¿me has entendido? Escúchame hijo mío, poco importa el hecho de ser mayores o menores en edad o en estatura física, y si nos critican por lo que parecemos, o hacen halago de nosotros sin conocernos, no, eso no debe importar, total, esas muestras sólo son apariencias pasajeras. Lo más importante, sí, sí, lo más importante Jeremías, es ser nosotros mismos y esmerarnos cada día en mostrarnos así. ¿Me has entendido, verdad?" "Los actos, los actos, sí, sí, ya sé, ya sé que me vas a decir que son los actos los que determinan todo, y que las palabras, las interminables palabras nos ayudan, dan fe y esperanza también, Te he escuchado decir esto siempre, tantas veces, tantas veces que ahora lo sé, lo sé muy bien papá, lo sé muy bien, sé muy bien, lo que debemos ser, lo sé".

Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, a veces un poco duros y ásperos, pero entendía que así mi padre demostraba su afecto, y eso, eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y de amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacían conversaciones, agradables conversaciones, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de septiembre. Cómo amaba a mi padre, cómo recordaba al viejo Tobías, sí, justo ahora cuando yo era lo que él fue en su tiempo para mí, justamente eso, un padre.

***

 "¿Cuál es el punto de inspiración de tus escritos?". Su pregunta me atrajo otra vez, me regreso al momento en que nos encontrábamos, al diálogo, sí, porque debía ser así, entre un padre y un hijo siempre debía haber diálogo.

"Las observaciones que recojo al salir a la calle, toparse con la gente común y sencilla, observarlos, escucharlos, acercar sus figuras a nuestras miradas, a veces de niños, de chicos, de chicas, de hombres viejos como yo, porque sí, hay una gran verdad en ello hijo, de la gente mayor es de quienes más se aprende porque su proceder lleva sabiduría, cuanto más si leen, en fin. Toparse con desconocidos, la soledad, y así, hay tantas cosas de las que al final uno aprende. ¿Sabes hijo?, hubo una vez en que un poeta, sí, un viejo poeta que dijo cuando yo era joven, "que los hombres de la escritura escribían a partir de cosas que le pedían prestado a la vida de las personas".

"Pero, por qué has escrito eso", repetí. Añadí luego, señalando la hoja que me había mostrado, "¿crees que un poeta deba usar un lenguaje procaz en sus escritos?".

"Yo pienso que sí, que el arte no tiene reglas".

"¿Quién hace esto?".

"Charles, no has oído hablar de él"

"Me imaginaba, ya veo".

"Pero no es que me base en ello, uno va madurando"

"¿Crees que el lenguaje procaz es sinónimo de maduración? Tienes que acercarte a los maestros, no para imitarlos, sino para conocerlos, conocer sus pensamientos"

"No te digo que es bueno escribir así, pero tampoco es bueno forzarlo. Mi escritura es libre, no tengo reglas, pienso que la literatura no debería tenerlas".

"No quiero que seas como los de mi generación. ¿Sabes? por esas épocas también la poesía se había vuelto muy superflua, y eso se debía a que el alma también era superflua, todo era superfluo porque se carecía de sentido, de sensibilidad real, un alma ególatra jamás puede hacer un arte bello ni inspirarlo. Fíjate que antes, todavía mucho antes de que mi generación subsista, el escritor escribía por convicción y se entregaba a ello, aunque eso lo llevara a convertirlo en un contestatario de la vida, eso lo sabían estos grandes hombre y mujeres, y a pesar de ello escribían desde el silencio o desde la soledad. Querido Sócrates, un poeta desde que empieza a hacer su primer bosquejo sabe que es un poeta, al margen de la opinión externa, un poeta aprende de un maestro para superarlo a partir de su primer acercamiento, un poeta jamás se desdice de lo que escribe y piensa en todo caso hace. Lamento, y te lo reafirmo otra vez que mi generación no te haya dado buenos ejemplos de escrituras verdaderas, nuevos insumos, como los que si llegamos a recibir nosotros, aunque lamentablemente ya para ese entonces nuestra visión del mundo se había hecho simplista. Hijo, sé tu mismo, y marca la diferencia, de lo contrario sé un Bukowski si quieres, o un Vallejo. Total la decisión de progreso y de originalidad sólo la marca el hombre. Está en ti, ser tu mismo. Ser un poeta sincero o no, nada mas que eso. Si hay algo cierto, eso está contenido en esto: "Vive primero, vive existencialmente, nada más que ello, y luego, luego escribe lo que puedas a partir de tus propios sentimientos. Es todo lo que tengo que decirte. Así que ánimo hijo mío".

"Uhm, padre, me conmovió lo todo lo que dijiste, ahora siento tristeza porque mis escritos no valen,
eso siento, solo me queda trabajar duro, muy duro".

La generación de Jeremías

"Sócrates, Sócrates, hijo mío, conocí a un hombre una vez cuando era como tú, joven, y empezaba a hacer mis primeras anotaciones, que me dijo, "camina primero, y luego correrás". Sí, cuando tenía tu edad, quise demostrar a mi generación que existían muchos adolescentes y jóvenes como tú atrás de nosotros, que debíamos apostar por ellos porque también eran talentosos y por tanto debían ser reconocidos también. Fue un batallar duro, y no sé si se logró al fin porque en cada generación siempre subsistirán charlatanes y truhanes dispuestos a distorsionar y enceguecer la mente de las nuevas generaciones".

"Creo hijo, que toda generación adulta debe reconocer el trabajo de sus jóvenes. Yo pertenezco a una generación que vivió encasillada en el silencio por más de diez años. Fueron años de represión, la era tecnológica aún estaba lejos de ser lo que hoy es, y de alcanzar la magnificencia de la que hoy goza. Durante este tiempo nos acostumbramos a que se nos diga qué hacer o qué no decir, nos acostumbramos a ser conformistas; nuestra adolescencia fue acaparada por una época de dictadura, y muchos se criaron bajo esos estigmas. Eran los años de 1990. Varios de esta generación sólo aprendieron a hacer lo que en las escuelas les enseñaron. Nunca se les enseñó a cuestionar ni a criticar, y cuando quisieron hacerlo, ya era tarde, todo era parte de un inmenso boomk comercial y pragmático, donde la razón utilitaria terminó aplastando al ideal de ser mejor. El odio empezaba a ser inminente, y los juicios y razones valorativas, la crítica empezó a deformarse hasta convertir a las personas en sujetos de hilaridad y comedia del otro. Ese lenguaje procaz y simplista que hoy me has mostrado, no es sino el fruto de lo que mi generación les ha legado".

Me escuchaba atentamente, escuchaba aquel funesto relato. El muchacho me tenía cariño, eso era indudable, no sólo - y pienso ahora- por el hecho de ser su padre, sino por ser su amigo porque eso éramos al in y al cabo, luego de la muerte de Sara, su madre, éramos amigos".

"Pienso, hijo mío, que no fue ni es culpa de mi generación. Fue una maquinaria más grande, fue una peste, así debía ser, así debía ser para que el hombre tome sentido a su existencia", asentí. "A veces me da pena ver que sólo pocos pudimos sobrevivir a esta barbarie caótica del absurdo relativista de esos tiempos, solo pocos pudimos salvaguardar nuestra integridad moral y optimista.  Muchos de aquélla época se casaron pero al poco tiempo maldijeron a sus parejas, abandonaron sus familias, otros tomaron vías no tan convenientes como el odio y la desidia indiferente, algunos se refugiaron en el nihilismo hasta acabar con sus vidas, unos se hicieron profesionales, pero no despertaron mayor conciencia en los demás, al contrario los cartones solo sirvieron a su propio individualismo, y cuando se dieron cuenta de lo que equivocado que estaban, ya su existencia los había devorado. Hubo gente, amigos, que prefirieron encerrarse en sus burbujas egoístas, en fin eran otras épocas. Sé que a estas alturas la sociedad se ha vuelto más destructora consigo misma, pero también, sé que hay jóvenes dispuestos a seguir batallando éticamente. Sócrates, el avance del espíritu era pobre en mi tiempo, sin embargo sé que ahora es distinto y mi corazón se llena otra vez de optimismo al sentir a diario a tantos jóvenes como tú que han ido asumiendo posiciones críticas y conciencias positivas frente a lo que les rodea. Eso es muy meritorio, ¿no crees? Así que hay que impulsar esto. No debemos permitir que esta sociedad joven se disocie y se desencante otra vez".

"Padre, las posibilidades de salir adelante en esta vida llena de envidia y competencia sucia están latentes siempre", me dijo. "Lo sé", dije. "Costará, pero te aseguro que la juventud cambiará. Pisará muy bien el territorio de sus vidas". Añadí, "Necesitamos obreros del conocimiento y de espíritu también".

"Sí, así es, Recuerda esto siempre: que el trabajo de la escritura encierra una especie de pasión, de cariño por lo que se escribe, de continua terquedad y fascinación, de sacrificio y compromiso para con el próximo, de entrañable sensibilidad, y de generosa comprensión, pero también - y sé muy bien ello- conlleva en sí misma cuotas de responsabilidad, de heroísmo épico y de defensa del bien común, defensa de un bien que se proyecta en las palabras. En suma, la escritura es un trabajo arduo porque implica trabajar métodos, no solo de construcción sintáctica y a veces semántica sino también de pensamiento reflexivo. Un escritor debe concebir la escritura como un trabajo, como un oficio tenaz tan igual como lo es la enseñanza y el periodismo. Un escritor tiene que concebir vida en sus palabras, imprimirlas con dosis de inyección emotiva. Un escritor debe hurgar, está obligado a hurgar en la historia, en la filosofía y en la psicología para aprender más, para nutrirse más, debe escuchar a sus maestros, esos viejos creadores de la palabra que se entregaron en su tiempo como paladines de la paz y la justicia a través de su trabajo escrito, en fin. Luego, la escritura implica un caminar, un reconocerse a sí mismo como sujeto de imperfección, pero que se puede ir limpiando espiritualmente de sus múltiples desasosiegos sólo con la capacidad del saber escuchar y atender a lo más sencillo y simple del orden natural de las cosas, sí, yo pienso que la escritura es un camino, un arduo camino que se decide recorrer un día para toda la vida desde el silencio propio para hacer de su existencia una parábola que sirva luego a las generaciones venideras, sí, sí, eso mismo es la escritura una suerte de parábola del sembrador".

La tarde se venía apacible tras el acogedor diálogo. Hojas verdes eran levantadas por el viento y caminaban.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.