domingo, 23 de marzo de 2014

La consciencia moral del individuo: sobre la búsqueda del amor, el problemas de género, y la necesidad del cuestionamiento

Los patrones de búsqueda

La búsqueda del supuesto amor obra en los individuos como una sucesión de hechos repetitivos y contradictorios ajenos a la propia felicidad humana. Puesto que aquí se parte de un imaginario de "mundo feliz", de la necesidad por constituirse en ese "Ser feliz" individual, que sólo piensa para sí mismo, en su propia comodidad dentro de su propio espacio personal, descuidando y -lo que es peor- olvidando que esa búsqueda inicial del supuesto amor conlleva a deberes y obligaciones en beneficio del otro. Luego, yo no podría buscar a alguien pensando en mí mismo, en mi propia satisfacción de placer material o fisiológico, de hacerlo estaría sobredimensionando ese egoísmo patógeno del inconsciente que me dice, "piensa en ti, luego en el otro: si no funciona, ni modo".  Esto que sostienen muchos psicooterapeutas no tiene fundamento humano ya que crea seres disociados de su propia esencia, para quienes  sólo hay un tipo de felicidad, la pragmática y utilitaria, o lo que ellos llaman la felicidad relativa que no es visible ni medible, cuanto menos ejemplificable, ésa, defendida por muchos sectores consumistas y libertinos de la sociedad- y se me ocurre ahora citar a las feministas, los fanáticos religiosos, los vouyeristas de la cultura, los intelectuales carentes de matiz ideológico, en fin, y tantos otros que desde sus propias posturas defienden la felicidad individual y por ende el acomodo o conveniencia-.

Cuando el señor Walter Riso dice, "Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilación psicológica donde el amor propio, el autorrespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracional-mente", se está olvidando de una noción de amor fundamental que sobredimensiona la caridad por el otro, y ése es el amor altruista, que echa cimientos en la relación de pareja. Aquí no se trata de depender de nadie, sino de asumir cuál es el papel que cada miembro de la pareja acepta dentro de la relación, y ser simplemente justos con éste, al hombre, lo que es del hombre, y a la mujer, lo que es de la mujer. ¿Existe otra propuesta?, claro, claro que existe, ésa, que promueven - como ya he afirmado- movimientos de boom consumista y libertino, pero que no sirve de nada porque sume al individuo en su propia soledad de "independencia" haciéndole creer que en la medida que está sólo, desprovisto de emociones, pero con una autosuficiencia material está mucho mejor porque entonces puede elegir qué hacer y no hacer. Sinceramente, no me veo pensando en esto porque ello sólo promueve individuos operativamente y funcionalmente mejor, pero afectivamente y espiritualmente peor.

El problema de los géneros

Imagen tomada de: http://www.elexitoenvida.com/
Tal vez sea por eso que yo no creo en feminismos ni en machismos porque estos originan libertinajes descarados y abiertos, sentimientos de superioridad hacia el otro género al que menoscaban, así como una serie de frustraciones y resentimientos enloquecedores en los que sus propios actores terminan siendo envueltos por su propia desidia convirtiéndose a su vez  en víctimas "activas" de ese boom insano que lo único que hace es promover toda serie de incapacidades morales y espirituales que entorpecen el camino hacia la propia felicidad consecuente. Luego, todo intento de liberación exagerada del Ser termina dañándolo así mismo porque lo empobrece a nivel de su propia consciencia humana.

Se habla hoy en día -y con mayor reincidencia en algunos sectores femeninos, y hasta masculinos-, que desde el punto de vista antiético las mujeres son vistas como meros objetos sexuales, y es deber de la sociedad orientar a la ciudadanía desde sus tempranas edades hacia una corriente de pensamiento que deseche este mental razonamiento, y eso se hace, estamos en camino de la conscientización, esto es cierto, muy cierto, pero también es cierto, que los hombres son vistos hoy en día como meros objetos de mercancía económica, ¿los ejemplos?, ah, claro, los ejemplos, los ejemplos que saltan a la vista en los medios de información, pero veo que poco se avanza en este aspecto o se promueve en reorientar este punto de vista también antiético. Esto no hace más que afirmar lo que yo llamo: Cosificación de las relaciones personales entre los individuos, y es que en la práctica las mujeres jamás han aceptado ni aceptarán esta subvaloración personal y social, hecho que aplaudo, a diferencia de los hombres que se han terminado conformando con quedar encerrandos en esta triste categorización. Luego, una cosa es defender los derechos de género, y otra muy distinta- y hasta patógena diría yo- es abusar de las libertades que proporcionan estos derechos negándose a reconocer que detrás de ellos también hay deberes y respetos por el otro.

Escribo esto, y recuerdo a Simone de Beauvoir, y a Gabriela Mistral - librepensadoras  que jamás debatieron en torno a un café-, escribiendo en los tiempos de la postguerra sobre las luchas de género, su lucha entonces pienso que era honesta, pues estaban cimentadas en una verdadera razón,  y ésta era la urgencia de libertad ante una sociedad que reprimía con desdén los derechos de una mujer; de reconocimiento y de valía ante la concepción de una mujer desdeñada y culturalmente vejada; las sociedades eran distintas en ese entonces, había - pienso yo- una ideología sana tras esa ambición de independencia, sin embargo hoy en día, los pliegos de estas protestas ya no tienen sustento de libertad cultural, sino que se cimientan en un confort mediático de consumo, de no ver la realidad, y de aprovechamiento por el otro, y esta es una verdad que muchos colectivos feministas no quieren ver porque sencillamente choca con los intereses de quienes reciben respaldo.

La importancia del cuestionamiento a partir de la experiencia y la lectura

Finalmente, para tal fin, es importante que el manejo de las relaciones humanas esté siempre fundada en ello que yo llamo, mayor comprensión de la vida, y esto sólo se alcanza cuando se lee, y se profundiza o reflexiona a partir de ello, cuando se la contrasta con la experiencia del día a día, ya que la teoría muchas veces da soporte no sólo intelectual, sino también moral, puesto que el haber leído tantas historias, apuntes o enfoques nos ayuda a sobrellevar con mayor entereza nuestro paso por esta vida, caso contrario nos haríamos siempre trizas a nosotros mismos culpando a los otros de nuestra propia infelicidad inmediata. Y he allí el problema, cuando la persona trata de tapar sus propios vacíos emocionales con otro tipo de vacíos materiales, sin hacer nada por cuestionar este proceder y superarlo, mas bien acomodándose a esto que él mismo repite cuando escucha decir a la sociedad pragmática y relativa de la que él forma parte pasiva que esto no es sino un "nivel de vida" con el que hay que aprender a convivir. Por tanto, no me imagino asumiendo este nivel de vida sin cuestionarlo duramente, sí, sí , no me imagino no cuestionar este nivel de vida pasivo y escabroso donde operan mentiras y verdades a medias junto con ilusiones utópicas de "bienestar individual y social" alimentados por egos absurdos de comodidad mediática, y que - y eso es lo peor- atañen la consciencia de la propia persona humana. Es  por ello necesario inculcar en el otro el deber de leer, pero también inculcarle qué cosa leer o  por qué leer, y lo más importante orientar al otro a cómo traducir a la obra diaria de la experiencia lo que lee, caso contrario estaremos convirtiéndonos en agentes vouyeristas y snobistas  de una cultura vacía y frívola desentendida de toda acción real. En suma, si no traduce a la práctica lo que se lee, de nada sirve, y si no se cuestiona el propio proceder diariamente tampoco en nada se avanza.

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.