martes, 28 de octubre de 2014

Capítulo XXVII de la "Degradación humana"

Años después Jeremías siguió transitando su propio destino. Fue entregado a los cuartos de confinamiento para desquiciados que le fueron asignados: mojigatos, locos y reducidos escombros de seres irracionales fueron por años sus únicos y últimos acompañantes. Afuera, todo seguía igual, o peor tal vez, puesto que la fiesta revolucionaria que pudieron iniciar en su momento duraría poco tiempo para su generación,  ya que muchos inconformes, luego, fueron recuperados por la sociedad que ellos mismos pretendían cambiar. La realidad había corrompido sus ilusiones, quemado sus esperanzas y debilitado su fe. Quedaba ahora, una sociedad asentada sobre deleznables cimientos donde el consumo, el aburrimiento y la hipocresía serían sustentos permanentes para cada noche de convenciones sociales, sí esta misma sociedad que se presentaba al frente suyo, era distinta a la que había idealizado, Pero, ¿qué podía hacer?

Sí, sí ellos mismos con los que había planeado en cada noche de su juventud sendas conspiraciones y acciones de bien, decidieron no materializar la utopía, decidieron no seguir más, consentían todo esto como estúpido, porque ello era imposible, era difícil seguir, "todo es ahora diferente", solía decir muy a menudo el "gringo", compañero de celda, sin embargo él, Jeremías, el pobrecillo de Jeremías, seguía aferrándose a la idea que aún todo podía ser diferente, sin embargo la realidad de su prisión le devolvía a la misma angustia de la sinrazón, y entonces otra idea tomaba forma en él, y es que estaba seguro que mientras estuvieron de pie, sí, su propia generación, provocaron una saludable crisis, provocaron muchas tomas de consciencia, impulsaron fe. Gracias a ellos y a sus convicciones - mientras duraron, muchos recordaron algo que comenzaron a olvidar, que simplemente el mundo estaba mal planteado y que debía ser mejor.

"Si observáramos con atención crítica", solía decir de vez en cuando con severa autoridad, la misma que ya no tenía, "entonces advertiríamos que aquella prosperidad material y falaz de la que tanto sacan lustre muchos se ha levantado hoy a expensas de lo espiritual, de la sencillez y del abandono de lo bueno".

Solo un muchacho flaco y escurrido que de vez en cuendo se sentaba a escucharlo - según refieren las notas que él mismo escribió por esos años- entendía muy bien la situación,

pero qué podíamos hacer, sino una cosa... salir a la calle y pintarrajear los muros del cuarto de confinamiento, hecho nada razonable dadas las condiciones en las que nos encontrábamos todos. (mayo 16, 2034)
-¡Estás loco, ya no razonas bien!- gritó hoy alguien con voz gangosa y apagada del otro lado de la puerta. (Creo que era el cuidador de los pasillos). Sí, alguien, al escuchar mis tormentos me volvió a vociferar, -¡Estás loco, ya no razonas bien!- (mayo 24, 2034)
Escuchar esto era muy común en la celda de confinamiento de Jeremías, sin embargo, y aún lo recuerdo, sí, porque recuerdo muy bien las notas que mi padre dejó escrito esa misma noche, y que hoy he transcrito para este cuaderno de La degradación humana.

"Este pensar" -dije entonces con firmeza, sí, con la digna firmeza cuerda que aún me quedaba-, "es el resultado de la confusión y la brutalidad de la experiencia que ha devenido producto de compartir con los de abajo, los humildes, aquéllos sin casa y sin nombres, los del montón, aquéllos que están lejos de quienes toman las decisiones y programan las angustias orquestando mentiras y proveyendo facilismos y confort a medias, sin nadie que los frene. Éstos - añadí luego-, son los tejedores de esta gran mentira social que hoy otros siguen. 
"Este pensar" repetí - pero esta vez más fuerte-, "es el resultado de compartir con aquéllos que sólo se limitan a materializar estos programas y a sufrirlo, a sufrirlo todo". 
El desquiciado aquella noche, que según me decían era yo mismo, seguía riéndose estruendosamente orgulloso de haber dicho su verdad, pórque era verdad: había dicho mi propia verdad, hecho que me hizo sentir el ser más infinitamente feliz de la prisión en la que me encontraba. Sí, sí, el eco de las carcajadas remecían los demás cuartos de confinamiento. Era mayo, afuera llovía. (mayo 24, 2034)

(De: La degradación humana. Lima, 2014)

Víctor Abraham

domingo, 19 de octubre de 2014

Jeremías aconseja a Sócrates. Capítulo XL del Libro de "La Degradación Humana" Lima, 2014

Jeremías aconseja a Sócrates.

Me había mostrado un fragmento de su poema. Procacidad completa. No me decepcioné, no, lo entendí. Entendí que su joven vida, y aún impetuosa no sería aún capaz de entender lo que yo pensaba en ese momento, en fin. Le pregunté, "¿Por qué has escrito eso?". No dijo nada, guardó silencio. Entonces le noté asentir ligeramente la cabeza en señal de culpabilidad ligera y de vergüenza. Es raro sentirse de pronto como sujeto de culpabilidad y de justicia a la vez, pero era verdad, así me sentía. Sócrates, mi hijo, que anhelaba tanto ser poeta, estaba allí parado frente a mí, sí, verlo de pronto entrar con la llevaba erguida, y a los pocos minutos: nada. Por un momento no dijo nada. Esto me hizo recordar las interminables pláticas con mi padre, sí, nada más que con el viejo Tobías, un moralista por excelencia.

***

Me quedé perplejo por un momento mirando al vidrio de la ventana que estaba frente a mí, y sentí de pronto un ligero viento. Vi lentamente en mis recuerdos. Buenos Aires, Septiembre de 1992, sí allí - como diría mi abuela- a un canto de la mesa pequeña estaba sentado y de pie mi padre, su camisa a cuadros y su pantalón beige aún me parecían alegorías vívidas. "No importa quiénes seamos, o cuál sea nuestro nombre o apellido, ni siquiera nuestra procedencia ni nuestro estrato o piel artificial que intentemos llevar cada día para impresionar a otros u otras, no, nada de eso importa más que nuestros actos, ¿me has entendido? Escúchame hijo mío, poco importa el hecho de ser mayores o menores en edad o en estatura física, y si nos critican por lo que parecemos, o hacen halago de nosotros sin conocernos, no, eso no debe importar, total, esas muestras sólo son apariencias pasajeras. Lo más importante, sí, sí, lo más importante Jeremías, es ser nosotros mismos y esmerarnos cada día en mostrarnos así. ¿Me has entendido, verdad?" "Los actos, los actos, sí, sí, ya sé, ya sé que me vas a decir que son los actos los que determinan todo, y que las palabras, las interminables palabras nos ayudan, dan fe y esperanza también, Te he escuchado decir esto siempre, tantas veces, tantas veces que ahora lo sé, lo sé muy bien papá, lo sé muy bien, sé muy bien, lo que debemos ser, lo sé".

Nuestros diálogos simétricamente iban de una dirección a la otra, yo lo miraba, él me observaba, las palabras se iban sucediendo - a veces verticalmente, otras horizontalmente, los tonos casi siempre variados, se tornaban gentiles y alegres, a veces un poco duros y ásperos, pero entendía que así mi padre demostraba su afecto, y eso, eso era suficiente para sentirme protegido. Sus nobles palabras eran sinónimo de protección y de amistad, más que padre e hijo, éramos un viejo sabio y roído por el tiempo, y un pedacito de pequeño niño. Hablábamos, y hablábamos a veces también con el silencio, nuestro silencio, silencio que era suficiente para saber que hablábamos de lo mismo, o al menos que nuestra intención era la misma. En un extremo de la esquina amarilla, frente a frente separados por una cuadrada mesa sobre la cual se esparcían muchos periódicos amarillos y viejos, yacían conversaciones, agradables conversaciones, afuera el viento silbaba y las olas del mar se estremecían a cada golpe invernal de septiembre. Cómo amaba a mi padre, cómo recordaba al viejo Tobías, sí, justo ahora cuando yo era lo que él fue en su tiempo para mí, justamente eso, un padre.

***

 "¿Cuál es el punto de inspiración de tus escritos?". Su pregunta me atrajo otra vez, me regreso al momento en que nos encontrábamos, al diálogo, sí, porque debía ser así, entre un padre y un hijo siempre debía haber diálogo.

"Las observaciones que recojo al salir a la calle, toparse con la gente común y sencilla, observarlos, escucharlos, acercar sus figuras a nuestras miradas, a veces de niños, de chicos, de chicas, de hombres viejos como yo, porque sí, hay una gran verdad en ello hijo, de la gente mayor es de quienes más se aprende porque su proceder lleva sabiduría, cuanto más si leen, en fin. Toparse con desconocidos, la soledad, y así, hay tantas cosas de las que al final uno aprende. ¿Sabes hijo?, hubo una vez en que un poeta, sí, un viejo poeta que dijo cuando yo era joven, "que los hombres de la escritura escribían a partir de cosas que le pedían prestado a la vida de las personas".

"Pero, por qué has escrito eso", repetí. Añadí luego, señalando la hoja que me había mostrado, "¿crees que un poeta deba usar un lenguaje procaz en sus escritos?".

"Yo pienso que sí, que el arte no tiene reglas".

"¿Quién hace esto?".

"Charles, no has oído hablar de él"

"Me imaginaba, ya veo".

"Pero no es que me base en ello, uno va madurando"

"¿Crees que el lenguaje procaz es sinónimo de maduración? Tienes que acercarte a los maestros, no para imitarlos, sino para conocerlos, conocer sus pensamientos"

"No te digo que es bueno escribir así, pero tampoco es bueno forzarlo. Mi escritura es libre, no tengo reglas, pienso que la literatura no debería tenerlas".

"No quiero que seas como los de mi generación. ¿Sabes? por esas épocas también la poesía se había vuelto muy superflua, y eso se debía a que el alma también era superflua, todo era superfluo porque se carecía de sentido, de sensibilidad real, un alma ególatra jamás puede hacer un arte bello ni inspirarlo. Fíjate que antes, todavía mucho antes de que mi generación subsista, el escritor escribía por convicción y se entregaba a ello, aunque eso lo llevara a convertirlo en un contestatario de la vida, eso lo sabían estos grandes hombre y mujeres, y a pesar de ello escribían desde el silencio o desde la soledad. Querido Sócrates, un poeta desde que empieza a hacer su primer bosquejo sabe que es un poeta, al margen de la opinión externa, un poeta aprende de un maestro para superarlo a partir de su primer acercamiento, un poeta jamás se desdice de lo que escribe y piensa en todo caso hace. Lamento, y te lo reafirmo otra vez que mi generación no te haya dado buenos ejemplos de escrituras verdaderas, nuevos insumos, como los que si llegamos a recibir nosotros, aunque lamentablemente ya para ese entonces nuestra visión del mundo se había hecho simplista. Hijo, sé tu mismo, y marca la diferencia, de lo contrario sé un Bukowski si quieres, o un Vallejo. Total la decisión de progreso y de originalidad sólo la marca el hombre. Está en ti, ser tu mismo. Ser un poeta sincero o no, nada mas que eso. Si hay algo cierto, eso está contenido en esto: "Vive primero, vive existencialmente, nada más que ello, y luego, luego escribe lo que puedas a partir de tus propios sentimientos. Es todo lo que tengo que decirte. Así que ánimo hijo mío".

"Uhm, padre, me conmovió lo todo lo que dijiste, ahora siento tristeza porque mis escritos no valen,
eso siento, solo me queda trabajar duro, muy duro".

La generación de Jeremías

"Sócrates, Sócrates, hijo mío, conocí a un hombre una vez cuando era como tú, joven, y empezaba a hacer mis primeras anotaciones, que me dijo, "camina primero, y luego correrás". Sí, cuando tenía tu edad, quise demostrar a mi generación que existían muchos adolescentes y jóvenes como tú atrás de nosotros, que debíamos apostar por ellos porque también eran talentosos y por tanto debían ser reconocidos también. Fue un batallar duro, y no sé si se logró al fin porque en cada generación siempre subsistirán charlatanes y truhanes dispuestos a distorsionar y enceguecer la mente de las nuevas generaciones".

"Creo hijo, que toda generación adulta debe reconocer el trabajo de sus jóvenes. Yo pertenezco a una generación que vivió encasillada en el silencio por más de diez años. Fueron años de represión, la era tecnológica aún estaba lejos de ser lo que hoy es, y de alcanzar la magnificencia de la que hoy goza. Durante este tiempo nos acostumbramos a que se nos diga qué hacer o qué no decir, nos acostumbramos a ser conformistas; nuestra adolescencia fue acaparada por una época de dictadura, y muchos se criaron bajo esos estigmas. Eran los años de 1990. Varios de esta generación sólo aprendieron a hacer lo que en las escuelas les enseñaron. Nunca se les enseñó a cuestionar ni a criticar, y cuando quisieron hacerlo, ya era tarde, todo era parte de un inmenso boomk comercial y pragmático, donde la razón utilitaria terminó aplastando al ideal de ser mejor. El odio empezaba a ser inminente, y los juicios y razones valorativas, la crítica empezó a deformarse hasta convertir a las personas en sujetos de hilaridad y comedia del otro. Ese lenguaje procaz y simplista que hoy me has mostrado, no es sino el fruto de lo que mi generación les ha legado".

Me escuchaba atentamente, escuchaba aquel funesto relato. El muchacho me tenía cariño, eso era indudable, no sólo - y pienso ahora- por el hecho de ser su padre, sino por ser su amigo porque eso éramos al in y al cabo, luego de la muerte de Sara, su madre, éramos amigos".

"Pienso, hijo mío, que no fue ni es culpa de mi generación. Fue una maquinaria más grande, fue una peste, así debía ser, así debía ser para que el hombre tome sentido a su existencia", asentí. "A veces me da pena ver que sólo pocos pudimos sobrevivir a esta barbarie caótica del absurdo relativista de esos tiempos, solo pocos pudimos salvaguardar nuestra integridad moral y optimista.  Muchos de aquélla época se casaron pero al poco tiempo maldijeron a sus parejas, abandonaron sus familias, otros tomaron vías no tan convenientes como el odio y la desidia indiferente, algunos se refugiaron en el nihilismo hasta acabar con sus vidas, unos se hicieron profesionales, pero no despertaron mayor conciencia en los demás, al contrario los cartones solo sirvieron a su propio individualismo, y cuando se dieron cuenta de lo que equivocado que estaban, ya su existencia los había devorado. Hubo gente, amigos, que prefirieron encerrarse en sus burbujas egoístas, en fin eran otras épocas. Sé que a estas alturas la sociedad se ha vuelto más destructora consigo misma, pero también, sé que hay jóvenes dispuestos a seguir batallando éticamente. Sócrates, el avance del espíritu era pobre en mi tiempo, sin embargo sé que ahora es distinto y mi corazón se llena otra vez de optimismo al sentir a diario a tantos jóvenes como tú que han ido asumiendo posiciones críticas y conciencias positivas frente a lo que les rodea. Eso es muy meritorio, ¿no crees? Así que hay que impulsar esto. No debemos permitir que esta sociedad joven se disocie y se desencante otra vez".

"Padre, las posibilidades de salir adelante en esta vida llena de envidia y competencia sucia están latentes siempre", me dijo. "Lo sé", dije. "Costará, pero te aseguro que la juventud cambiará. Pisará muy bien el territorio de sus vidas". Añadí, "Necesitamos obreros del conocimiento y de espíritu también".

"Sí, así es, Recuerda esto siempre: que el trabajo de la escritura encierra una especie de pasión, de cariño por lo que se escribe, de continua terquedad y fascinación, de sacrificio y compromiso para con el próximo, de entrañable sensibilidad, y de generosa comprensión, pero también - y sé muy bien ello- conlleva en sí misma cuotas de responsabilidad, de heroísmo épico y de defensa del bien común, defensa de un bien que se proyecta en las palabras. En suma, la escritura es un trabajo arduo porque implica trabajar métodos, no solo de construcción sintáctica y a veces semántica sino también de pensamiento reflexivo. Un escritor debe concebir la escritura como un trabajo, como un oficio tenaz tan igual como lo es la enseñanza y el periodismo. Un escritor tiene que concebir vida en sus palabras, imprimirlas con dosis de inyección emotiva. Un escritor debe hurgar, está obligado a hurgar en la historia, en la filosofía y en la psicología para aprender más, para nutrirse más, debe escuchar a sus maestros, esos viejos creadores de la palabra que se entregaron en su tiempo como paladines de la paz y la justicia a través de su trabajo escrito, en fin. Luego, la escritura implica un caminar, un reconocerse a sí mismo como sujeto de imperfección, pero que se puede ir limpiando espiritualmente de sus múltiples desasosiegos sólo con la capacidad del saber escuchar y atender a lo más sencillo y simple del orden natural de las cosas, sí, yo pienso que la escritura es un camino, un arduo camino que se decide recorrer un día para toda la vida desde el silencio propio para hacer de su existencia una parábola que sirva luego a las generaciones venideras, sí, sí, eso mismo es la escritura una suerte de parábola del sembrador".

La tarde se venía apacible tras el acogedor diálogo. Hojas verdes eran levantadas por el viento y caminaban.


Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

jueves, 9 de octubre de 2014

La escritura de la memoria de Patrick Modiano

¿Qué significa que hoy, a primeras horas de la mañana el nombre del francés Patrick Modiano, haya dado la vuelta al mundo al ser el nuevo laureado por la Academia Sueca para este año 2014?

De 65 años, este escritor de padre judío italiano y madre belga inscribe su nombre al lado de los catorce franceses que le precedieron desde Sully Proudhome, en 1901, hasta Jean-Marie Gustave Le Clézio hace seis años, 2008. Sí, el premio Nobel de Literatura ha recaído hoy en este escritor que según la Svenska Akademien, ha llevado su escritura por una suerte de «contra historias», sí, contra historias  de varios barrios parisinos, muy marcados por catástrofes también históricas. El portal del diario español ABC.es , resume así parte de su trabajo, "El novelista se «pierde» corriendo tras las sombras de oscuros personajes cuyas ambigüedades hablan de las ambigüedades más atroces de personajes emblemáticos, protagonistas de siniestras historias bien históricas, durante la ocupación, durante la guerra de Argelia, durante las sucesivas crisis de una Francia errante por las oscuras aguas de una grave crisis de identidad".

Siguiendo esta sinopsis anterior breve de su trabajo se tiene entonces que estamos frente a un hombre que atrapa lo inatrapable, sí esa experiencia horrenda que no se quisiera recordar ni tener siquiera registro de ella. Sin embargo, como buen escritor, éste se vale de la escritura para intentar asir esta experiencia y retenerla para siempre, guardándola en la memoria, obligándola a quedarse almacenada en ella, experiencia humana caótica que solo desearía entregarse por completo a una amnesia efectiva. Y al decir esto, me lleva a recordar e intentar parafrasear las palabras de la escritora inglesa Doris Lessing, que en el prólogo de su libro, "El cuaderno dorado" deja por expreso esta sentencia,  “Que poco he logrado decir la verdad, que poco he logrado de toda esa complejidad, cómo puede esa cosa pequeña y pulida ser verdadera, cuando lo que experimenté era tan rudo y aparentemente deforme y sin modelar”.

Indudablemente, que si algo sabe manejar muy bien el escritor, es su capacidad de percepción aguda para atender a los detalles, y absorber a partir de allí los instantes de tiempo, por más pequeños e insignificantes que parecieran ser para el común denominador,  con el fin de volcarlos a hojas interminables de escritura. Esto es ya conocido, todos sabemos ello, sí, sí, sabemos como opera el escritor, o sino lo intuimos. Pero, en este caso cuando hablamos del trabajo de Patrick Modiano, estamos frente a un caso distinto, y muy poco visto, alguien para quien los destinos humanos no le son poco irreconocibles, para él estas suertes de existencias inasibles, no capturables ni atrapables, pueden retenerse en la memoria, en los registros de la memoria.Por tanto, toma forma y compatibilidad la apreciación que hace el diario español, añadiendo, "sus novelas comienzan siempre con la búsqueda de lejanas «raíces» de oscuros personajes perdidos en la historia íntima de seres perdidos y descarriados."; para luego terminar acentuando, "Se trata del triunfo espectacular de una carrera consagrada esencialmente a reescribir algunas de las páginas más oscuras y siniestras de la historia de Francia. El padre de Modiano  fue un personaje oscuro, muy relacionado con traficantes y policías que trabajaron e hicieron grandes negocios vendiendo de casi todo -mercancías, hombres, mujeres- al ejército de ocupación nazi. Modiano hijo nació en 1945. Toda su vida y su obras están marcadas por esa historia paterna." (Ello confirma, esa óptica psicoanalítica que yo también comparto, y que dice, que las primeras esperiencias determinan el sentir y proceder futuro.)

Pero qué significa «por el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inasibles y descubierto el mundo de la ocupación», motivo del premio. Uhm, pienso, pienso a partir de estas interrogantes, ¿qué se puede pensar por arte de la memoria?¿destinos humanos inasibles?, e inclusive, ¿mundo de la ocupación?.

Ello me lleva a plantear dos cosas, por un lado: las vivencias humanas no pueden ser atrapadas vívidamente porque le pertenecen a la memoria sin espacio ni tiempo. No se puede volver a vivir una misma situación, de allí el hecho de su no aprehensión y difícil evocación tan igual como resultó en su estado inicial. (percepción, también hecha por Lessing). Tal vez los libros constituyan intentos por atraparlas, por atrapar esas vivencias. Sin embargo,  existen detalles, detalles realmente puros y humanos, que resultan difícil ser cogidos y adheridos, salvo por los instantes circunstanciales del tiempo que transcurren dejándolos para siempre en la memoria de lo vivido.


Por otro lado, el mundo de la ocupación, me lleva a pensar en una posibilidad de identidad y filiación hacia  un algo o hacia un todo, un sentido de aspiración a negarse a no dejar de pertenecer a algo. Se pertenece, eso es innegable, de allí los diagramas de Venn y Euler, se pertenece a algo, a la familia, a la identidad consigo misma, al territorio, e inclusive a las mismas experiencias pasadas. Sí, el mundo de la ocupación que hoy ha tomado por observación la Academia para premiar a este laureado, va por allí, por el hecho de crear imágenes y guardarlas en la memoria a partir de la pertenencia a la que se ha sometido, sino en cuerpo por lo menos en recuerdo de un pasado duro y horroroso que no se estaría dispuesto ma repetir, de eso estoy seguro.

Habrá que leer ahora, El lugar de la estrella -1968-; La ronda de noche -1969- y Los bulevares periféricos -1972-, trilogía de la ocupación nazi en Francia, y primeras novelas, en fin. En todo caso, bien por las letras francesas. Por lo demás, a seguir leyendo.

Para mayor información ver: 
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/10/141009_ultnot_premio_nobel_literatura_2014_patrick_modiano_jp

http://www.abc.es/cultura/libros/20141009/abci-nobel-literatura-201410091238.html

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.

lunes, 6 de octubre de 2014

Puentes para un mejor desarrollo ciudadano

Opiniones, comentarios, ácidas palabras y procaces lenguajes que transitan desde un descontento común hasta convertirse en ofensa a la estima de la persona. Opiniones al fin y al cabo. He escuchado siempre decir que a veces nos equivocamos al momento de poder expresar una intención, sin embargo este escrito que hago llegar NO TIENE SELLO DE FE DE ERRATAS, sino al contrario para reafirmar el motivo de mi decisión de apoyar con mi voto una candidatura, que a juicio mío y honesto, me parecía la más acertada al margen de cualquier disyuntiva ideológica, total, se debaten y discuten las ideas, mas no se impropera con injurias desmedidas ni desatinos lexicales a las personas. Detesto cuando alguien hace escarnio de las ideas y razones del prójimo. Me pregunto, ¿dónde está nuestra cultura ciudadana y alturada para justificar nuestros reclamos o descontentos?¿dónde quedamos ubicados culturalmente dentro de nuestra propias sociedad, si no somos capaces de expresarnos alturadamente?, no, no puede ser que caigamos en la barbarie del lenguaje cuando algo no sale cómo queremos. Ejemplo cívico y ciudadano.

Acabo de escuchar muchas opiniones regadas por las calles, o lugares dónde paso, inclusive el establecimiento de comida que suelo frecuentar de noche no se salva de opiniones un poco subidas de tono. Regreso a casa, y veo al abrir mi bandeja de mensajes que está llena de improperios. Uhm, entiendo, entiendo mucho, y veo, percibo una indignación ajena- aunque fuera de lugar y de contexto-, supongo - y pienso-que es natural, sí, es muy natural que la gente hoy en día no crea, no confíe, es más, desestime la posibilidad de volver a mostrar un respaldo (Uhm, y supongo que es normal que la gente abandone su esperanza propia), sin embargo no debería ser así, no deberíamos actuar así, ¿no se supone que vivimos bajo una democracia?

Es bueno saber que hay alguien que cuestiona y no sigue por seguir. La critica y la razón - y sigo pensando convencido en ello- son ante todo capital de una sociedad si quiere progresar., de allí mi interés en difundir siempre la importancia del cuestionamiento primero interior, y luego exterior. Me agrada, me agrada mucho que esta sociedad en la que vivo pueda emitir su opinión, pueda juzgar. Es cierto, es cierto, le decía a decía a un joven amigo hace poco, cada quien es libre de expresar su opinión al margen de los decires ajeno, sin embargo el canal y la forma importan mucho. Eso es lo más importante para un diálogo alturado.

Dije una vez, y lo escribí en una de mis notas, que uno debe ser uno mismo en donde se encuentre y con quién se encuentre, sí, ser auténtico y transparente vale mucho. Añadí luego, en aquella ocasión que si esto era posible de trabajarse al interior de la consciencia propia de los ciudadanos entonces estábamos caminando bien, puesto que la perfección sólo subsiste en el alma, y trasciende con ella, cuando se sabe y se entiende conscientemente que ésta no camina sola, sino de la mano de la sencillez. Ser humilde ayuda mucho, y no se confunda la humildad con el pasivismo, la permisividad, o la mediocridad, no, ser humilde o sencillo, implica reconocerse que mientras uno está vivo no está acabado en la perfección ni ha aprendido los secretos de la existencia, por tanto es susceptible de fallar y equivocarse para aprender de su error mismo y ser así mejor persona.

Si alguien perdió hoy, no fue por mi culpa, ni por la culpa del pueblo de Lima, fue por su propia soberbia de quien alimenta su ego de ello. Yo no voté por un ladrón (Uhm, lamento que calificativos como estos no sean meditados y razonados previamente), no, yo voté por un gestor de obras comprobadas. Esa es la verdad, voté por el Sr. Castañeda Lossio porque simplemente, y ya lo dije con anterioridad, una ciudad grande y cosmopolita como Lima necesita, nos guste o no, gente con capacidad y experiencia de gestión. Para esto, mi decisión partió de una honda reflexión, no necesité hacer proselitismo previo ni ponerme un polo amarillo o ir a un mitin de campaña. Si lo hice fue por ser fiel a mis convicciones, convicciones de que la sociedad no puede vivir de odios ni mofas absurdas, tiene que volver a confiar, tiene que cambiar, leer más y preocuparse más por alimentar el espíritu, no por sermones, sino por discernimientos reflexivos. Yo creo en la regeneración humana, pienso mucho en ella, y mis esfuerzos cognitivos y experienciales los encamino a consolidar ello, a intentar demostrar ello, esa es mi gran teoría en la que vengo trabajando desde muchos años, y hoy más que nunca, al percibir estas crisis colectivas no podía abandonar ello, y dejar que las palabras se desangren y desarmonicen por sí mismas en las bocas y labios ajenos. Cuando alguien cree en algo firmemente no puede desdecirse ni abandonarse a la noria de la sinrazón.

Por otro lado, pienso y comulgo muy bien con la óptica del Sr. colega periodista de El Comercio, Mario Mejía Huaraca, que si hoy ganó Castañeda entre las muchas razones fue, porque hizo obras, porque fue prudente en su diálogo - el cuándo y el dónde vertir las palabras-, porque fue - y ello queda demostrado una vez más que el atacado siempre es visto como victimizado- eso mismo victimizado, y que bueno porque esto indirectamente nos dice que las personas sí se solidarizan, aunque el orgullo a veces impertinenete, no quiera hacer que la persona se pueda reconocer como tal, como sujeto de solidaridad. Pero, sobre todo el antivoto que la misma oposición sembró en la ciudadanía sumada a un matiz, ya dicho con anterioridad, de soberbia, en fin.

Mañana volveré a las aulas, a dictar mis clases, como cualquier ciudadano común, pero me alegrará decirle a mis estudiantes una vez más que la soberbia y el encono no pudieron imperar, es más, jamás deberán imperar en sociedades tan frágiles emocionalmente como la nuestra. Espero me entiendan, caso contrario saludaré y respetaré su decisión personal de quedarse con el mejor final, sin embargo a pesar de ello, me sentiré contento de saber que existen jóvenes adolescentes que cuestionan y eso me dejará tranquilo una vez más.

Pd. Cito el portal web de Mejía Huaraca para su propio análisis,http://elcomercio.pe/politica/elecciones/que-gano-luis-castaneda-lossio-aqui-cinco-razones-noticia-1761885?ref=nota_politica&ft=mod_leatambien&e=titulo

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú. Víctor Abraham les saluda.

sábado, 4 de octubre de 2014

Palabras de un ciudadano

No pienso anular mi voto, jamás he sido partícipe del voto en blanco: quienes promueven ello, lo hacen porque simplemente ni fu ni fa con lo que pase afuera. Y si digo esto, no es porque se trate de un asunto de democracia participativa porque ésta no existe en sí misma, más allá de lo que pueda significar una categoría nominal. Decía Saramago, y en esto coincido mucho con el autor de "Ensayo sobre la ceguera", que la democracia en sí misma no tenía existencia ni calidad, dependía mas bien del nivel de participación de los ciudadanos. "Democracía -y parafraseo sus palabras- es apariencia, es para los ricos, donde prima el factor riqueza, no el conocimiento, no la sabiduría, no la sensibilidad ni la libertad". Si refiero esto, es para delimitar términos y significaciones, y nos quede claro esto, de democracia participativa que los teóricos de las Ciencias Políticos andan inventando. 

Escribí, y me pronuncié, ya una vez en contra de la revocatoria del año pasado, sí, sí esa promovida en Marzo porque sencillamente no creía pertinente un desatino como éste, como el desaforo de una gestión municipal cuando esta aún estaba pleno ejercicio institucional. Aún había tiempo por culminar, el ciclo no estaba cerrado. Hoy las cosas son distintas, son otras.

Escribí en ese entonces, "Aquí el problema no está en que si alguien actuó mal, o si de dio cuenta tarde que debía actuar bien, no aquí no está la raíz del problema, sino en el egoísmo y el rencor con que muchos han actuado al sentirse despreciados o desairados, tal vez hasta incomodados" ( y sigo pensando esto aún, los individuos actúan movidos por el odio y el rencor producto de sus propias frustraciones de poner su confianza en personas que pueden ser susceptibles de fallar) . 

Pensé inicialmente, no promunicarme respecto a los comicios electorales de mañana, ya que no creía muy necesaria mi participación. Sin embargo, visto los últimos días de agitación política en Lima e intento de manipulación joven por ciertos sectores proselitistas, acostumbrados a mediar entre la hipocresía y la utilización mediática de jóvenes, tomé la decisión de manifestar abiertamente mi posición. Hice un alto a mis escritos de La Degradación Humana, y decidí compartir esta semana algunos de ellos entre amigos y conocidos de las redes sociales. MIS CONJETURAS no se equivocaron, confirmé mis sospechas,por un lado, la gente está harta de la manipulación, de la mentira y del silencio asolapado, y por otro- y esto es lo más preocupante- subsiste una pasividad frívola joven por no cuestionar, a partir de la reflexión, y ser mas bien condescendientes con esa propia manipulación externa que de sus consciencias usa. 

Yo le digo Sí, a la señor Castañeda Lossio, porque es, nos guste o no, un hombre con capacidad de gestión comprobada. Claro que también pueden haber otros, no dudo de su capacidad, sin embargo, me quedan muchas dudas sobre su procedencia y lo que han hecho: a las personas las conocemos y les tomamos respeto o consideración más por sus actos férreos y decisiones al margen de toda crítica maldiciente. Si refiero todo esto es porque las críticas, cuando van acompañadas de la desidia y del hablar por hablar, no encuentran verdad, sino al contrario acaban por entramarla y la mezclarla con otras emociones que nada tienen que ver con el buen juicio racional.Total, aquí no está en cuestionamiento lo que convenga o no, a alguien como yo, a pocos como los otros, sino lo que convenga a todos, al pueblo de Lima, en primer lugar. 

Al referir esto, no hago proselitismo político en favor de nadie porque sencillamente no me interesa coaligarme con ninguna tendencia, creo convenido más bien en la libre consciencia y en la determinación a partir de una conjetura analizada previamente. Y no me interesa para ello, para expresar lo que pienso, tener puesto un polo verde o amarillo o con estrella o con ningún otro símbolo o color para tomar una decisión, el poder político nunca me ha seducido, sin embargo, hoy de cara a estas elecciones de mañana, y reflexionado mucho respecto a lo hecho por esta gestión municipal. Una ciudad grande y cosmopolita como Lima necesita, nos guste o no, gente con capacidad y experiencia de gestión. 

Por eso INSTO a amigos, estudiantes, familiares, y toda persona vecina en posibilidad de sufragar A HACER un VOTO no llevado por lo leído o lo escuchado fatuamente, sino decidido, decidido y convencido de que lo que hoy se necesita es desarrollo urbano. OPTEMOS POR un voto consciente, al margen de cualquier cartel o propaganda mediática. Total, y ya lo escribí una vez -y sigo sosteniendo lo mismo-, resulta fácil  salir a la calle y protestar diciendo, "no más corrupción", cuando sin embargo se forma parte del partido político contrario al que se critica como también fácil es ser un opositor mediático o cuando se tiene un respaldo político y partidario detrás, y lo que es mayor, se tiene la certeza que siempre hay seguidores detrás, seguidores que no cuestionan sino hacen precisamente esto, "seguir", en fin, quien esté libre de pecado, tire la primera piedra.

Decidí mi voto, y apoyaré a CASTAÑEDA LOSSIO!

Desde Lima, Ciudad Capital del Perú.
Víctor Abraham les saluda.